132, el clima, la primavera

Jesús Pérez Gaona

 

Para variar, en vísperas de 2012 el pronóstico del tiempo no fue el más acertado. Y si porque en medio globo el tiempo se volvió loco, y si porque tal fenómeno seguirá ocurriendo sin que podamos anticiparlo (ya había ocurrido en el ’68), ¡qué más da! Pues tan bello como extraordinario, a ciertas primaveras les dio por llegar cuando nadie las esperaba.

Contra todo reporte meteorológico, ese año la primavera llegó a México en el mes de mayo. A continuación, como todos lo aseguraban, no vino un largo verano de disipación e indiferencia, ni tampoco sobrevino una helada que cubriera al país de apatía y abatimiento. En un extraño fenómeno visto pocas veces, tras la primavera rebelde, el país entró a un invierno revolucionario, a la nueva guerra fría: Y cuando despertó el dinosaurio, aún habíamos 132.

Al inicio, el clima parecía propicio para que el poder hiciera lo de costumbre: ignorar a las víctimas y a los indignados. Pero no sabía a lo que se enfrentaría. Nadie lo sabía.

Ese año la mayoría, la inmensa mayoría, salió a las calles. ¿La explicación? El buen clima, el buen clima de indignación global. Y sucedió: como siempre lo habían hecho, como nunca lo habían hecho, sin entender lo que pasaba aunque deseando que sucediera, una multitud de personas pisó con firmeza el duro asfalto de la realidad, y les gustó.

La calle les gustó para manifestarse, para conocerse, para acampar, para festejar, para hacer la revolución. Todo se hizo en la calle, todo se probó. A finales de 2011 y principios del ‘12, la lucha callejera mandó al diablo esa imagen del espacio público como dominio del gobierno, como sitio privado y peligroso, para volver una vez más al punto de encuentro, a la plaza pública. De ahí #MéxicoTomaLaCalle.

Por entonces, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad suma entre la sociedad lágrimas y silencios, mientras el nuevo clima de indignación desata la euforia y convoca alegrías y entusiasmos, ¡y quién dijo miedo, chavo!: México está de luto, pero no muerto, carajo, Revive, México, que aún nos has muerto, Por nuestros compañeros, ¡ni un minuto de silencio!, ¡toda una vida de lucha!, se leerá en las pancartas o se escuchará en los mítines de aquel clima que en muy poco tiempo se precipitará en varios movimientos.

Pero antes de que la primavera rebelde esté entre nosotr@s, antes de que seamos la primavera, un pretexto más denotará la indignación y multiplicará las simpatías.

En otro hecho insólito, un viernes 11 de mayo de 2012, el candidato oficial del Partido de la Repetición Incesante (PRI), Enrique Peña Nieto, es abucheado y perseguido hasta el baño, donde se refugiará para eventualmente salir corriendo de la Universidad Iberoamericana, luego de un acto de campaña en el que fue cuestionado sobre Atenco.

Pedro Joaquín Coldwell, entonces presidente nacional del PRI y ex alumno de la Ibero, acusa en los medios de «porros» a los estudiantes, sin que ellos tengan derecho de réplica. El azar quiso que 131 de esos estudiantes grabaran y subieran a la red un video en el que, con credencial en mano, narran lo sucedido y se defienden de las injurias.

No hay duda de que la auténtica solidaridad invoca más solidaridad, y fue precisamente aquí cuando los estudiantes que habían gritado: Atenco no se olvida, recibieron el apoyo de todos para quienes Atenco también fue un agravio personal. Y así como en el fútbol la afición es el jugador número 12, esta solidaridad se congregaría en torno al hashtag yo soy el número 132. Así, con ellos, se dijo: #YoSoy132 porque, PRI, Atenco No Se Olvida.

La Estela de Luz (la «Estela de la Paz», para el Movimiento por la Paz; la «Suavicrema» para el resto), ahora es el sitio de reunión de las personas y los movimientos nacidos en solidaridad a los estudiantes de la Ibero. Aunque la «Estafa de Luz», como así se llama ahora, la usarían para denunciar la manipulación informativa y exigir su única demanda original: la democratización de los medios. Lo demás se agregará después, lo que no quiere decir que sean demandas menos importantes, pero son tantas y tales que, de entrada, reflejan lo sui géneris de 132, un movimiento que «se nutre de los lazos de solidaridad entre compañeros, de igualdad entre ciudadanos, de fraternidad entre hermanos, de confianza entre colegas, de amor entre camaradas, de respeto entre seres humanos; a partir de estas raíces crece y seguirá creciendo»(“Segundo manifiesto”, 10 de junio de 2012).

Estos compañeros-ciudadanos-hermanos-colegas-camaradas-humanos no saben cómo llamarse porque, aunque lo sientan, no saben lo que son, o no quieren saberlo. Sin embargo, el movimiento tendrá ciertas certezas que se dicen en voz alta pero que solo se explican puestas en práctica: ya no nos pueden engañar (desobediencia y comunicación), y si no pueden engañarnos, tampoco desorganizarnos (horizontalidad y democracia), y si no pueden desorganizarnos, quizá podamos ganar (utopía y alegría).

Para su sorpresa, #YoSoy132 no es el único que ignora lo que es. Nadie lo sabe. La prensa y el poder se arrancan los pelos al no comprender qué hace tanta gente en las calles, sin que la asocie un partido político, un partido de fútbol o una celebración religiosa. Pues no hay una identificación, hay muchas, ninguna tan clara como su interminable lista de demandas. “¿Y a esos, qué bicho les picó?”, preguntarán la presa y el poder. Y la respuesta es inverosímil: “les picó el bicho de la primavera”. “Sí, cursi, pero, ¿qué cosa es La Primavera?”, insistirán. “Pues un clima, un clima de indignación global”, responde 132. “No puede ser un clima —interviene ahora la academia—, si por clima se refieren a un «movimiento de emergencia», o a una nueva «resistencia cultural», o a una «lucha social»”.

Pero el clima que en México se hizo llamar #YoSoy132, en España 15-M, y en EEUU e Inglaterra Occupy, admite todas las definiciones y ninguna. En esta primavera es posible salir a las calles con ideas tan contradictorias como sus consecuencias: somos guerrilleros y estamos dispuestos a tomar las armas, con la única condición de que nadie salga herido; y no nos importan ni el voto ni las elecciones, pero nosotros vamos a votar en contra del PRI.

Dos de las consecuencias de una escurridiza primavera rebelde son: una increíble ausencia de nombres-protagonistas y una frustrante sensación de falta de control (pues no puede orientarse a un clima, ni usarse como botín político, ni puede votarse por él). En cambio, la inercia de la indignación será el único control y, por mucho que suene imposible, el protagonista fue y seguirá siendo: tod@s. De modo que —como lo escribió un periodista— «hemos pasado de la revolución por asalto a la revolución por asedio», donde el factor sorpresa y el kaos (con k de punk) vuelan la cabeza de quienes piensan en los movimientos sociales como algo hecho, y no como algo por inventarse o imaginarse.

En México, tras el control de daños, la prensa y el poder se expresarán de #YoSoy132 en los siguientes términos: “la dizque primavera llevó a los jóvenes de clase media a convertirse en fresocialistas”, asquerosos traidores a los que hay que estereotipar por su rechazo a engrosar los cuadros del fresafascismo. Y ahí están los lobos de la Ibero ensayando una porra, por primera vez, lejos de un campo de futbol y en defensa de la gratuidad de la educación. Y ahí están los borregos salvajes del Tec de Monterrey cumpliendo, año con año, la dolorosa ceremonia en memoria de Javier Arredondo y Jorge Mercado, jóvenes neoloneses asesinados en 2010 por el presidente por el que sus padres votaron.

Lo cierto es que, en México, 132 se ve como el ’68 del siglo XXI: una referencia para quienes luchan ahora (Renaceremos en miles), una inspiración para futuras generaciones (Naceremos las veces que tengamos que nacer), una molestia constante para los medios (Si la televisión no me quiere ver, estamos a mano), una piedra en el zapato de la izquierda y la derecha (Quédense con los medios, nosotros tenemos las calles), y una probadita de la imaginación de la rebeldía (Si no ardemos juntos, quién iluminará esta oscuridad).

A dos meses de la elección presidencial de julio de 2012, nada de lo que haga el poder detendrá la primavera, aun cuando pronto, muy pronto, el clima cambiará. Y siendo las 00:00 horas del 1 de diciembre de 2012, el invierno caerá al país, como había caído en España con la llegada de Rajoy y en EEUU con el segundo triunfo de Obama. Por todos lados se siente un temblor… Y si la tierra está temblando: ¡Es el 132 que está marchando!

En memoria de Juan Francisco Kuykendall y Gabriel García Márquez


Jesús Pérez Gaona. Estudiante de Periodismo, ex alumno de la Facultad de Derecho (UNAM), redactor de la revista Really?, cazador de tesoros en Tijuana, practicante del ocultismo y el yedaismo, miembro Boy Scout desde 1999 y campeón nacional de Acampada Urbana 2006 por mi participación en el certamen de Reforma. 24 años. Michoacano (de los Pérez de José Rubén Romero). Desde 2008, felizmente casado con Rucca Page en Montevideo.

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