¿Por qué una Gendarmería Nacional?

Durante la campaña de Enrique Peña Nieto a la presidencia, el entonces candidato declaró que frente a los graves índices de inseguridad en el país, el debate no estaba en combatir o no al crimen -haciendo mención a las diversas propuestas de regulación de sustancias ilícitas- sino en replantear la estrategia y centrarla en reducir la violencia y proteger al ciudadano.

Según Carlos Montemayor el razonamiento oficial tiende a apoyarse no en una comprensión de la naturaleza social del conflicto, sino en la necesidad de reducir al máximo los contenidos sociales y sus motivaciones políticas, pues en la medida en que se reduzcan al mínimo estos datos de causalidad social se favorece la aplicación de medidas solamente policiacas o militares.[1]

Eso es justamente lo que sucede con las políticas de seguridad del gobierno federal, donde primero se actúa, creando fuerzas policiales y militares, se presume la disminución de los conflictos y luego se trata de comprender la problemática que vive nuestro país en esta materia. Aunque esta afirmación Montemayor la utilizó específicamente para describir y analizar los movimientos sociales armados, me parece que aplica también para la grave situación de inseguridad que vivimos hoy en día.

Gendarmería Nacional

Durante la campaña de Enrique Peña Nieto a la presidencia, el entonces candidato declaró que frente a los graves índices de inseguridad en el país, el debate no estaba en combatir o no al crimen -haciendo mención a las diversas propuestas de regulación de sustancias ilícitas- sino en replantear la estrategia y centrarla en reducir la violencia y proteger al ciudadano.[2] Así, uno de los compromisos que firmó para hacer frente a la situación de violencia en el país, fue la creación de una gendarmería nacional, constituida por un grupo de origen militar pero de mando civil que tendría como objetivo principal combatir a los grupos delictivos en localidades violentas con mayor debilidad institucional y operativa.

Pero, ¿en verdad ésta es una estrategia que junto con otras medidas que ha anunciado el gobierno funcionará?, ¿por qué crear una nueva policía? y ¿por qué ésta no caerá en los mismos errores que las administraciones anteriores? Los expresidentes de los cuatro sexenios anteriores han buscado disminuir la violencia en nuestro país con esta misma estrategia: Salinas creó la Coordinación de Seguridad Pública de la Nación; Zedillo, en 1999, la Policía Federal Preventiva[3] (PFP); Vicente Fox la Secretaría de Seguridad Pública, con el objetivo de que dicha entidad realizara trabajos de prevención, investigación, persecución, defensoría de oficio y sanción y; Felipe Calderón que convirtió la Policía Federal Preventiva en la Policía Federal. En ninguno de los tres sexenios mencionados, se lograron disminuir los índices de inseguridad de manera sostenida; por el contrario, el saldo final en cada caso, fue un aumento de la violencia en casi todas sus manifestaciones, aparejado al incremento exacerbado del uso de recursos financieros públicos.

El camino seguido, a casi dos años del gobierno de Peña Nieto, pareciera ser el mismo en términos de seguridad. La Gendarmería ha entrado tarde y por la puerta equivocada: aún no está en funciones formalmente pese a ya tener presupuesto desde el año anterior (6 mil millones de pesos), a la fecha no tiene un programa de acción claro que pueda ser evaluado. El llamado constante de diversas organizaciones sociales para abrir el debate en torno a su creación no ha sido tomado en cuenta por el gobierno actual y las acciones que hasta ahora ha llevado acabo, según la Comisión Nacional de Seguridad, han sido para reforzar operativos turísticos,[4] actividad que no estaba planeada inicialmente, pues dicha división tenía el objetivo de fortalecer aquellos municipios que tuvieran altos niveles de incidencia delictiva y debilidad institucional.

Además de los problemas ya mencionados, organizaciones como Fundar han analizado a la Gendarmería mexicana, y sostienen que la principal dificultad que han encontrado es que la militarización y la participación castrense en las funciones y tareas de seguridad pública generan condiciones propicias para la permanencia de violaciones graves a los derechos humanos.[5]

Frente a este oscuro panorama lo mínimo que tendría que hacer el gobierno federal, para que la nueva Gendarmería no se convierta en uno más de los tantos experimentos policiacos fallidos, sería presentar públicamente el diseño de las funciones y atribuciones que tendría., pues la información con la que se cuenta es escasa -hasta ahora, oficialmente solo hay un informe entregado a la comisión permanente del Senado en junio de 2014- y hace dudar cual va a ser el resultado que se tendrá con dicha estrategia.

Abrir la puerta del debate a expertos, organizaciones y experiencias internacionales al respecto; la única retroalimentación que se ha sostenido es con el gobierno francés y públicamente sólo se conoce que ha sido para capacitación y no para debatir sobre los resultados que en México podría tener un esquema militar-policial.

Lo más prudente sería esperar el resultado de las encuestas y estudios que se están realizando, como es la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (Ecopred), para conocer la dimensión de la problemática de las inseguridades en el país, y sobre dichos resultados actuar consecuentemente.

Las y los mexicanos tenemos el derecho a saber cómo, cuándo y dónde ha estado la Gendarmería, qué resultados ha tenido y cuáles serán los controles que tendrá para no llevar a cabo violaciones a derechos humanos. En este sentido, la Secretaría de Gobernación, por medio de la Comisión Nacional de Seguridad, debería transparentar el gasto exorbitante que hasta ahora se ha destinado a la creación de la gendarmería y mostrar los resultados de las primeras operaciones –negativas o no- que se han realizado.

Considero que de no tomar en cuenta lo anterior, nuevamente estaríamos en la misma situación de los sexenios anteriores, en donde pesará más la política de la amnesia selectiva y la utilización política, mediática y electoral de operativos y estrategias militares fallidas que una verdadera estrategia integral que en principio reflexione y comprenda el problema de las violencias en nuestro país para actuar responsablemente en beneficio de la población, tal y como el escritor Carlos Montemayor lo describió hace tiempo.

Sígueme en @angelaguerreroa

Conoce más sobre “La partitura del gran garrote”


[1] Carlos Montemayor, La guerrilla recurrente, (México: DEBATE, 2007), p.16.

[2] Enrique Peña Nieto, Propuesta de seguridad de Peña Nieto, Periódico El Universal, Sec. Opinión, Colaboración Especial, 2 de mayo de 2012.

[3] Azpiroz José, Doce años después: SEGOB, Revista Letras Libres, México, 11 de diciembre de 2012.

[4] Comisión Nacional de Seguridad. “Boletín #16”, Comisión Nacional de Seguridad, http://cns.gob.mx/portalWebApp/wlp.c?__c=fe3 (Fecha de consulta 26 de julio de 2014).

[5] Miguel Moguel y Nicholas Zebrowsky, El debate entre políticas de seguridad, democracia y derechos humanos: El caso de la nueva Gendarmería Nacional, (México: Fundar, 2014), p.41.

Anuncios

Populares

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: