Pensar en la ciudad que queremos

La gestión del espacio público debe ser progresiva. Debe darse preferencia en su uso a los menos favorecidos y debe gastarse proporcionalmente más en los espacios públicos de colonias con menores ingresos. La gestión de este tipo debe ser un mecanismo de redistribución de la riqueza.

Conforme crece la población de nuestras ciudades, un recurso cuyo uso es indispensable para todos se va agotando: el espacio público. Éste es un bien que todos, literalmente, ocupamos. En él nos transportamos, nos recreamos, nos manifestamos. Nuestras calles, banquetas, plazas y parques son lo que hace bonitas nuestras ciudades y donde se da el encuentro con los demás, es donde creamos (o deberíamos crear) comunidad.

Por un lado, el uso del espacio público es un derecho: ¡cómo se va a negar a alguien el uso de algo público! Por otro lado, el espacio público es un recurso escaso y como tal, enfrenta problemas de sobrexplotación, ¿cómo lo resolvemos? Queremos que todos tengan acceso al espacio público, pero a la vez, queremos asignar mejor su uso. Nuestro instrumento para atacar este problema es la gestión del espacio público. Ésta es una de las principales tareas de las autoridades locales.

Como sociedad, nos conviene sostener un debate abierto sobre qué políticas queremos que se apliquen en la gestión del espacio público y aquí destaco dos razones para ello. Primera, en esta gestión nos encontraremos ante la disyuntiva de usos alternativos, por ejemplo, el mismo espacio puede ser usado por un grupo de manifestantes y por un grupo de automovilistas, pero no por los dos al mismo tiempo. Segunda, la gestión del espacio público debe ser congruente con los objetivos que nos fijamos como sociedad. Si decidimos que se debe proteger a grupos vulnerables o que ciertos derechos humanos requieren especial cuidado, eso debe reflejarse en la gestión del espacio público.

Entrada 1 Víctor

La gestión del espacio público debe ser progresiva. Debe darse preferencia en su uso a los menos favorecidos y debe gastarse proporcionalmente más en los espacios públicos de colonias con menores ingresos. La gestión de este tipo debe ser un mecanismo de redistribución de la riqueza.

Debemos incentivar los usos de este espacio que ocupen menos de este recurso. En el caso del transporte, esto es claro: debemos incentivar caminar, usar bicicletas o transporte público sobre el uso de motocicletas y automóviles para reducir la saturación de nuestras calles, el ruido y la contaminación. No es común reflexionar sobre cómo nuestro propio uso del espacio público afecta a los demás. También como individuos, debemos ser conscientes que nuestro uso del espacio impacta el uso que pueden hacer los demás.

El espacio público debe ser un medio para ejercer nuestras libertades y derechos y su uso debe ser seguro, sustentable y hasta agradable. Sin embargo, es complicado y muchas veces inseguro transitar nuestras ruidosas ciudades. La calidad del aire es mala. La gestión del espacio público ha sido inefectiva en resolver estos problemas, ante la inacción de la mayoría de los ciudadanos que los padecen a diario. Si queremos resolver estos problemas, debemos preguntarnos (y escucharnos) ¿Qué ciudad queremos construir?

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