¿Quién vigila al vigilante?

Si se ha logrado que los legisladores den cabida a la participación de la ciudadanía, hace falta seguir trabajando para que esa participación sea efectiva y sin engaños.

Las legislaturas se han ganado a pulso una de las peores reputaciones entre las instituciones políticas del país. Desde hace un tiempo para acá, con el ánimo tal vez de tomarse en serio su legitimidad -o de seguir llenando las talegas legítimamente-, los legisladores han buscado llevar a cabo sus funciones con una mayor participación de la sociedad civil organizada. En una de sus funciones por excelencia que es el proceso de creación de las leyes, por ejemplo, se ha permitido que la ciudadanía ahora tenga la posibilidad casi imposible (a causa de los enormes requisitos exigidos para ello) de presentar iniciativas de ley.

Pero además de esa función, los órganos legislativos intervienen en el nombramiento de ciertos servidores públicos que dirigen órganos de suma importancia para el Estado, tales como la Suprema Corte de Justicia de la Nación (en el caso del Senado) o los organismos autónomos como las comisiones locales de derechos humanos (considerando las legislaturas locales), por mencionar algunos. En esos procesos de designaciones poco a poco se ha querido contar con la colaboración de la ciudadanía para que, frente a los intereses de los partidos políticos o de otros actores, el ojo ciudadano garantice por lo menos la designación de las o los más profesionales; si este objetivo se ha ido logrando o no, es muy discutible, pero mientras tanto sienta un precedente en la práctica legislativa que con posterioridad es difícil de soslayar. Hay que recordar que esta participación ciudadana en los procesos de designación, al contrario de las iniciativas de ley, en la mayoría de las legislaciones locales no se encuentra regulada, por lo que siendo sinceros, se trata de una mera concesión o deferencia de los legisladores hacia la ciudadanía.

Esa tendencia la ha querido seguir la Asamblea Legislativa del Distrito Federal recientemente en la designación de la Comisionada Ciudadana al Instituto de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales del Distrito Federal (InfoDF). Sin embargo, la Asamblea Legislativa demostró que si la sociedad civil no está alerta para denunciar las irregularidades, los legisladores pueden aprovecharse de ella para encubrir sus mañas. Luego de haber dado a conocer la lista de las candidatas que cumplían con los requisitos para competir por la vacante en el InfoDF, las Comisiones Unidas de Transparencia a la Gestión y Administración Pública Local acordaron que, siguiendo la propuesta formulada por el Colectivo por la Transparencia, en el proceso para la designación intervendría un comité técnico evaluador integrado por tres especialistas. Estos especialistas debían ser, como se supone, personas que en virtud de su conocimiento técnico y prestigio en la materia, fueran capaces de evaluar objetivamente y sin presiones de ningún tipo a las candidatas y formular una terna con las mejor punteadas; para ello, además, las organizaciones de la sociedad civil les allegaron un instrumento para garantizar la objetividad de la evaluación. Tal mecanismo pretendía lograr que las candidatas finalistas fuesen realmente las tres mejores de las once y, dado el respaldo que proporcionaría ese comité, los legisladores no tendrían que preocuparse por la legitimidad de su elección a partir de la terna propuesta; la legitimidad se daría por obvia.

A los asambleístas se les había dado todo, como quien dice, peladito y a la boca; lo único que habían tenido que hacer era comportarse como verdaderos profesionales. No obstante, comenzaron mal y pervirtieron una herramienta que de haberse cuidado, habría redundado en un importante beneficio a su favor frente a la opinión pública. De repente y sin justificaciones de parte de los legisladores, Marco Cancino, Cecilia Azuara y Lourdes Morales resultaron ser los elegidos para señalar con su mano santa a quiénes eran las buenas para el InfoDF. Esperando que tales personas se condujeran con probidad, nadie chistó sino hasta que llegó la hora de la prueba y los expertos eligieron a tres candidatas que en las entrevistas hablaron más de sí mismas que de sus respectivos proyectos de trabajo: Rosa María Bárcena, Gabriela Inés Montes y Elsa Bibiana Peralta.

Uno de los rubros a calificar por el comité evaluador fue la “Objetividad, autonomía e independencia”. Sin embargo, todo indica que esto fue lo que menos importó. Rosa María Bárcena resultó que contaba con el apoyo del PAN en el Senado y se dijo que también con el del diputado Víctor Hugo Lobo; además, había sido colaboradora de Jacqueline Peshard quien fue su impulsora desde que compitió en abril pasado para el IFAI junto con Cecilia Azuara, miembro del comité evaluador[i]. Azuara y Bárcena habían sido equipo de Peshard, ¿no debió excusarse Azuara por un posible conflicto de intereses? Pero hay más, pues según Joel Ruiz, “algunos de ellos [del comité evaluador] cobran a los órganos de transparencia y otros más fueron subordinados de las aspirantes”[ii]. En el caso de Gabriela Inés Montes, desde un principio era sabido que estaba siendo impulsada por Oscar Guerra Ford, ex comisionado cuya vacante ahora se disputaría y sin embargo, nadie lo hizo notar[iii]. Una persona que había sido tan cercana colaboradora del ahora comisionado del IFAI, representaría la conservación de esa esfera de poder. Por último, Elsa Bibiana Peralta, como reportó el Reforma, se quiso ganar la simpatía de los miembros de las Comisiones Unidas al hacerles llegar ciertos obsequios a sus oficinas[iv], lo cual parece haberle funcionado porque fue ella quien terminó siendo, para el asombro de quien esto lea, la elegida por los diputados de las Comisiones.

Ante tanta irregularidad, uno se pregunta si los miembros del comité evaluador no se dieron cuenta, o si lo advirtieron lo obviaron por los intereses a los que servían, o si de plano las tres candidatas seleccionadas, pese a lo señalado, resultaban tener los mejores perfiles (lo cual es para mí muy dudoso). Lo ignoro. Pero hay que darse cuenta del tremendo poder que se dio al comité y de la habilidad de los diputados para lavarse las manos: al fin y al cabo si resultaron tan malas las candidatas finalistas, la responsabilidad había sido del comité y no de ellos.

Los asambleístas designaron a un comité para que vigilara el proceso, ¿pero quién vigiló al comité? A nadie más que a la sociedad le correspondía vigilarlo, lo cual hubiese sido más fácil si se hubiese transparentado correctamente todo el proceso. Para empezar, debieron publicarse las reglas conforme a las cuales se elegiría al comité y la manera de verificar que entre este y las candidatas no hubiese interés o vínculo alguno; asimismo, debieron ser publicados los expedientes completos de las candidatas de tal suerte que la ciudadanía fuera capaz de elaborar por sí misma su opinión. Respecto de los medios de comunicación, estos debieron evitar la publicación de rumores (como en efecto lo hicieron Reforma y El Excélsior) desde el principio y evitar la subinformación, pues en este último caso, debieron difundir a tiempo la información respecto del soborno cometido por Elsa Bibiana Peralta acontecido con anterioridad a la elección de la terna y que el mismo Reforma dijo haber conocido con antelación.

“¿Quién vigila al vigilante?” se preguntaba Juvenal en sus Sátiras (VI, 347-8), y con sátira hoy parece que sugieren responder nuestros representantes: solo Dios, solo Dios. Esto por supuesto, es inaceptable. Si se ha logrado que los legisladores den cabida a la participación de la ciudadanía, hace falta seguir trabajando para que esa participación sea efectiva y sin engaños.

Conoce más de El club de los nomófilos


 

[i] Aguirre M., Alberto, “El final del nuevo IFAI”, El Economista, 24 de abril de 2014, http://eleconomista.com.mx/columnas/columna-especial-politica/2014/04/24/final-nuevo-ifai

[ii] Ruiz, Joel, “En la recta final del InfoDF”, La Crónica, 6 de agosto de 2014, http://www.cronica.com.mx/notas/2014/849316.html

[iii] Robles, Johana, “Once mujeres se disputan un lugar en el InfoDF”, El Universal, Metrópoli, 6 de julio de 2014, http://www.eluniversal.com.mx/ciudad-metropoli/2014/impreso/once-mujeres-se-disputan-un-lugar-en-infodf-124519.html

[iv] “Titubea aspirante a InfoDF al explicar regalos en ALDF”, Reforma, Ciudad, 8 de agosto de 2014.

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