Hablemos de productividad en serio

¿Es imposible pensar en incrementar el salario mínimo en México sin antes observar un incremento en la productividad?

Uno de los temas económicos que en fechas recientes se ha posicionado en la agenda de discusión pública es el de la evolución reciente de la productividad en la economía mexicana. La razón por la que el tema ha sonado tanto en los medios se debe a que para no pocos comentaristas, la caída en la tasa de crecimiento de la productividad es la explicación detrás del estancamiento económico. Ese diagnóstico es compartido por el gobierno federal, quien ha justificado ese programa de reformas señalando que éstas permitirán a la economía alcanzar un mayor nivel de productividad y acelerar el crecimiento de la economía.

Sin embargo, el tema por el que más recientemente la palabra productividad ha aparecido en columnas, desplegados, comunicados y discursos es la propuesta de incrementar el monto del salario mínimo. En particular, los opositores a la propuesta han repetido en más de una ocasión que es imposible pensar en incrementar el salario mínimo sin antes observar un incremento en la productividad.  El argumento que subyace a este punto es que incrementar el salario nominal a quien continúa produciendo la misma cantidad de bienes y servicios que ayer lo único que traería consigo es un incremento en el nivel de precios, pues la cantidad de bienes y servicios se incrementó en menor medida que la capacidad de demanda de los trabajadores, generando en consecuencia que los bienes se vuelvan más escasos y con ello se eleve su precio. El resultado final, de acuerdo a esta línea argumentativa, es que el incremento en el salario mínimo nominal no se traduciría en un incremento en el salario mínimo real por el alza en los precios (nótese que implícitamente se asume que el incremento en los precios es de la misma proporción que el incremento en el salario nominal, sin proporcionar evidencia que apoye ese supuesto).

Dicho de otro modo, lo que se está diciendo es que los trabajadores no pueden pedir un incremento salarial mientras no sean más productivos, pues sólo de esa forma el incremento nominal se traduciría en un incremento real (pues no ocurriría el alza en los precios). Hay dos cosas interesantes en ese argumento: por un lado, se omite que a nivel sectorial han ocurrido incrementos sustanciales en la productividad del trabajo que no han sido compensados por alzas salariales en términos reales, como muestra Luis Felipe Munguía en este artículo. Esto implica que una mayor productividad no necesariamente lleva a un mayor salario. Por otro lado, no pocos columnistas adjudican a los trabajadores la mayor parte del problema del bajo crecimiento de la productividad (a modo de ejemplo, estas cuatro columnas: aquí, aquí, y acá y acá). Pero ¿En realidad es así? ¿El bajo crecimiento de la productividad necesariamente se debe en su mayor parte a características vinculadas a los trabajadores?

Vale la pena recordar que la productividad no es otra cosa que la razón entre el producto y los insumos utilizados en la producción. Un incremento en la productividad implica que haciendo uso de la misma cantidad de insumos, el volumen de bienes o servicios es mayor al producto antes del incremento en la productividad. Cuando se habla de productividad laboral, se habla del producto que se obtiene por cada hora trabajada. El principal elemento que permite hacer un mejor uso de los insumos (y por tanto ocasiona que la productividad se incremente) es la incorporación de avances tecnológicos dentro del proceso de producción. En ese sentido, la tasa de crecimiento de la productividad refleja en realidad la tasa de incorporación del progreso técnico a la producción.

Dicho eso, vale la pena preguntarse cómo es que se incorpora progreso técnico a la producción. El principal vehículo en el que residen los avances tecnológicos es en el capital, tanto humano como físico. Es decir, el progreso técnico se materializa dentro de la esfera productiva a través de nueva maquinaria, en donde como señaló Kaldor (1961) en su momento, se encuentran embebidos los últimos adelantos tecnológicos. Otra parte del progreso técnico se incorpora vía un mayor conocimiento sobre los procesos productivos y capacidades operativas de los trabajadores. De hecho, ambos tipos de capital se interrelacionan íntimamente en el proceso productivo, y si uno escasea, difícilmente el otro podrá ser aprovechado por completo.

Piénsese en el caso en el que un trabajador se encuentra bien calificado para su empleo pero solamente tiene disponible en su trabajo herramientas o equipo obsoleto. Por más conocimientos que el trabajador posea, será incapaz de producir lo mismo que si tuviera a su disposición equipo no obsoleto. Por ejemplo, un trabajador de la industria manufacturera con el grado de ingeniero pero obligado a emplear tecnología de hace treinta años será incapaz de producir lo mismo que su par que tiene a su disposición tecnología de punta. De igual forma, un trabajador con una calificación menor a la necesaria pero que cuenta con tecnología de punta a su disposición, no podrá utilizarla, inicialmente, de forma tan eficaz como lo haría un trabajador mejor calificado.

Vale la pena agregar algo sobre la calificación de los trabajadores. Salvo en los empleos vinculados a altos grados de especialización o a la investigación, el propio trabajador puede aprender sobre la marcha cómo realizar mejor su labor y cómo aprovechar mejor las herramientas a su disposición. Este tema se conoce desde los años sesenta gracias al trabajo de Kenneth Arrow (1962), quien señaló que en varios ramos de la producción los trabajadores veían incrementar su productividad conforme producían más bienes. Es decir, conforme se repite el proceso de producción, los trabajadores aprenden a hacerlo mejor y de esa forma se vuelven más productivos. En parte, la función de los programas de capacitación laboral es acortar el tiempo de aprendizaje y empezar desde un mayor nivel de calificación.

El progreso técnico no es un maná del cielo que se incorpora al proceso de producción automáticamente, depende de decisiones de inversión ajenas al trabajador pero que impactan sobre su productividad. Omitir este hecho puede ser conveniente para algunos, pero no para la discusión pública y mucho menos para la economía mexicana. 

 

Conoce más de Equilibrios múltiples


 

Referencias

Arrow, Kenneth. «“The economic implications of Learning by Doing”.» The Review of Economic Studies 29, nº 3 (1962): pp.155-173.

Kaldor, Nicholas. «Capital accumulation and economic growth.» En The Theory of Capital, editado por Frederick Lutz y Douglas Hague, 177-222. Londres: St. Martin Press, 1961.

Anuncios

Populares

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: