¿Dr. Lecter o Elba Esther Gordillo?

Los delincuentes racionales cometerán un delito si el pago total, una vez descontando el costo esperado de las sanciones, es mayor que lo obtenido a partir de una actividad legal, este fue el caso de Elba Esther. ¿Cuáles son las implicaciones de política pública?

Cuando el Dr. Lecter era pequeño, nos cuenta la tercera película, unos criminales de guerra se comieron a su hermana e, incluso, le dieron a probar un consomé hecho con su carne. Ésta es la gran explicación que, en mi opinión, echó a perder al personaje. El Dr. Lecter estaba loco porque tenía un trauma de la infancia.

Éste no fue el caso de la Maestra. Al menos hasta en el libro Los socios de Elba Esther de Ricardo Raphael, no se narra algún hecho de tal magnitud que pudiera haberla trastornado. La mayoría de los criminales no están locos (¡y qué bueno que es así!). Los que no están locos responden a los incentivos que fija la ley en forma de sanciones y a la capacidad de las instituciones encargadas de la procuración y administración de justicia para detectarlos, detenerlos y aplicarles los castigos. Es decir, son racionales.

Por el contrario, los delincuentes irracionales están, literalmente, más allá del  bien y del mal. La ley y las instituciones les importan menos que un comino. Es por ello que no son condenados a muerte, en los países en donde esta práctica barbárica continúa aplicándose, ni recluidos con los demás delincuentes. Incluso son sujetos de investigación y atención sicológica y siquiátrica (sólo por esto un siquiatra loco como el Dr. Lecter podía entender la mente de otros delincuentes irracionales).

Afortunadamente, entender la mente de delincuentes racionales como la Maestra es más sencillo. Los corruptos son una subcategoría de los delincuentes racionales, como lo son también los narcotraficantes. Los delincuentes racionales cometerán un delito si el pago total, una vez descontando el costo esperado de las sanciones, es mayor que lo obtenido a partir de una actividad legal.

El modelo básico para explicar la decisión del delincuente racional se basa en el concepto de utilidad esperada, el cual se explica por la fórmula:

E(U) = PU(Y-f) + (1-P) U(Y)

donde

  • P representa la probabilidad subjetiva (que no siempre es igual a la objetiva) de ser detenido y condenado.
  • Y representa las ganancias monetarias y no monetarias (incluyendo hasta la emoción o satisfacción monetizadas por cometer el crimen).
  • f es el costo del castigo convertido a unidades monetarias (costo del juicio, costo de estar en prisión traído a valor presente, costo de oportunidad por salarios no percibidos, costo del estigma social, entre otros).

Esto explica por qué Elba Esther (y su grupo, porque evidentemente no actuó sola) cometió tantos fraudes al erario. Ella sabía que la probabilidad de que fuera detenida y condenada era bajísima, incluso por debajo de los delitos de cuello azul. En un estudio ya clásico, Zepeda (14) estimó en un estudio ya clásico denominado La investigación de los delitos y la subversión de los principios del sistema penal en México que:

[…] de cada 100 delitos sólo se denuncian 25, si del total de los delitos denunciados sólo se esclarece 23.25% y si cuando se logra esclarecer la identidad del presunto responsable se logra poner a disposición de los jueces al 56.1% de los inculpados […]; entonces esto indica que la posibilidad de que una persona cometa un delito y sea puesta a disposición de un juez es de 3.3%[.]

Esta probabilidad, para Elba Esther y su grupo, al pertenecer a la clase política, es incluso todavía menor, pues ellos cometían (o quizá sigan cometiendo) delitos de cuello blanco. De acuerdo con Sutherland (1961: 9), el crimen de cuello blanco “[…] es cometido por una persona de alto status social o respetable en el curso de su ocupación”. Slapper y Tombs (1999: 3) ahondan afirmando que

[…] los criminales de “clase alta” generalmente operan sin ser detectados, que en caso de ser detectados no son perseguidos y, en caso de ser perseguidos, no son condenados, el número de personas condenadas está lejos del total de la población total de criminales de cuello blanco. 

La cosa se complica (para nosotros, aunque para ellos se les facilita aún más) si se considera que los crímenes de cuello blanco reciben sentencias indulgentes que se relacionan con “[…] una ausencia de intencionalidad, falta de victimización directa y el estatus criminal ambivalente de las ofensas”.

A ojo de buen cubero, es fácil ver que aun estando en la cárcel, Elba Esther y su grupo ganaron. Según cálculos de Ricardo Raphael en el libro Los socios de Elba Esther, durante el periodo de 1989 a 2007 pasaron por el SNTE alrededor de 200,000 millones de pesos. Evidentemente no todo quedó en sus manos. Seamos conservadores y tomemos la famosa cifra del Mr. 10%, es decir, 20,000, millones de pesos como comisión por sus “servicios prestados”. Seamos también conservadores y supongamos que no sentía placer por robar (pagos no monetarios) y tampoco consideremos el resto de los recursos que continuó recibiendo de 2007 a 2012. Asumamos como costos del juicio 10 millones de dólares, una cantidad estratosférica incluso para Estados Unidos, y un millón de dólares por gastos de manutención por cada año que le queda en el hotel más caro del mundo (la Maestra actualmente tiene 69 años y la esperanza de vida para la mujer en México es de 77 años, es decir, pasaría ocho años). Supongamos que en la cárcel tampoco viste de Louis Vuitton. Sin embargo, también seamos realistas y asumamos (o mejor apechuguemos) que no se le confiscará nada de lo mal habido. Es decir, el costo aproximado por sus fechorías sería de aproximadamente 234 millones de pesos. Visto así, la utilidad esperada de Elba Esther y su grupo fue de 19,992,278,000 pesos. ¿Fueron racionales la Maestra y su grupo en su actuar?

Las implicaciones de política pública son varias: 1) Se necesitan reducir la magnitud de los beneficios que se obtienen por la comisión de este tipo de delitos. Esto se puede lograr mediante la incorporación de mecanismos de rendición de cuentas—y no sólo de transparencia—a los recursos públicos que son transferidos a entidades como los sindicatos (pero también en el otorgamiento de contratos). 2) Se necesita incrementar los costos por la comisión de este tipo de delitos. Y con esto no me refiero a penas de muerte, exilios a Marte y demás populismos de derecha, sino la confiscación de bienes mal habidos. 3) La más importante: se necesita incrementar la probabilidad de detección, detención y sanción de los delincuentes y para lograr esto, se requiere del fortalecimiento de las capacidades institucionales de las instituciones de procuración y administración de justicia.

 Conoce más de Marxista guadalupano, tecnócrata liberal


Referencias:

Croall, H. (2001) Understanding white collar crime, Buckingham: Open University Press.

Eide, E., P. Rubin y J. Shepherd (2006) “Economics of Crime”, Foundations and Trends in Microeconomics, Hanover: now Publishers Inc.

Raphael, R. (2011) Los socios de Elba Esther, México: Booket.

Slapper G. y S. Tombs (1999) Corporate crime, Essex: Pearson.

Sutherland, E. (1961) White Collar Crime, Nueva York: Holt, Rinehart ad Winston.

Zepeda, G. La investigación de los delitos y la subversión de los principios del sistema penal en México, México: CIDAC, disponible en: < http://www.congresoson.gob.mx/docs_biblio/docBiblio_39.pdf&gt;

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3 Comentarios en ¿Dr. Lecter o Elba Esther Gordillo?

  1. Interesante opinión, sobre todo tratándose de un no abogado ni criminólogo.

  2. Igor vs Muppet y Nana // agosto 29, 2014 en 17:53 // Responder

    aplausos. Primero por el marxista guadalupano, luego por la claridad “desenvolvedora” y simple del hilo de Ariadna. Sólo me queda la duda de cómo monetizar las emociones y satisfacciones… no por crítica chaira sino para empezar a ponerle tarifa a las mías. Abrazote.

  3. Jack Crawford // agosto 29, 2014 en 23:54 // Responder

    Le falta…

    Hablar del “trauma” psicológico, it’s so 1950’s…
    Las sanciones no son incentivos; es contradictorio.
    No te comas las “p”’ en psicología y psiquiatría, porfa…
    Consejo para el fin de semana: revisar concepto de “irracionalidad” y confrontarlo a psicopatía o a visiones estructurales de la psique.
    ¿“probabilidad subjetiva” y “probabilidad objetiva”? ¿Seriously?
    Cuestionable que E.E.G. cometiera fraudes al “erario”. El SNTE es un organismo de trabajadores, no del Estado.
    Y no aplicas bien la formulilla aquella: te faltó “monetizar” la emoción por cometer el crimen, así como el costo de estar en prisión, costo de oportunidad por salarios no percibidos, costo del estigma social, entre otros”. Me queda claro que no cambia la conclusión, pero da oportunidad de mostrar lo ridículo de la fórmula propuesta.
    Y faltó el punto 4, descubrir el agua tibia.

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