La falacia de la prevención

Las cifras sobre consumo de sustancias ilícitas a nivel mundial han revelado que la política prohibicionista seguida por los gobiernos ha sido equivocada, debido a que la disponibilidad de la mayoría de las drogas se ha mantenido y los índices de violencia e inseguridad vinculados al narcotráfico han aumentado de manera sostenida.

Durante décadas una de las principales justificaciones que han utilizado los gobiernos a favor de la prohibición de drogas, es que el combate es necesario para evitar que la población tenga acceso a ellas y así se ponga en riesgo. La lógica utilizada es que al reducir el abasto de droga los precios de venta al menudeo subirán y así disminuirá el número de usuarios que pudieran comprarlas.

Sin embargo, las cifras sobre consumo de sustancias ilícitas a nivel mundial han revelado sistemáticamente que la política seguida por los gobiernos ha sido equivocada, debido a que la disponibilidad de la mayoría de las drogas se ha mantenido y los índices de violencia e inseguridad vinculados al narcotráfico han aumentado de manera sostenida.[1]

En México, desde principios de la década de los ochenta se ha seguido al pie de la letra la política prohibicionista en prácticamente todas sus aristas. Se han gastado miles de millones de pesos en detener y “abatir” narcotraficantes. Los gobiernos han despilfarrado dinero en la quema de plantíos y en la intercepción de cargamentos; han puesto a tope el sistema de procuración e impartición de justicia para detener productores y consumidores, los cuales eran justamente el principal objetivo de dicha política.  

Es decir, se ha puesto el aparato de gobierno al servicio de esta guerra-sin que realmente sea nuestra- y se ha dedicado una ínfima parte del presupuesto disponible a la implementación de programas de prevención y atención a adicciones, al punto que actualmente se le destina aproximadamente un peso en prevenir y atender adicciones por 20 en combatir el narcotráfico.

Pero no sólo ahí recae la gravedad del asunto. Además de que la implementación de programas sobre prevención y tratamiento de adicciones se ha realiza con recursos insuficientes, éstos se han utilizado a ciegas, desde una perspectiva punitiva en la que el consumidor se debate entre centros de salud o bien, centros de readaptación social.

Tal es así que en las evaluaciones oficiales[2] realizadas en los últimos tres años, se encontró que los programas no contaban con reglas de operación claras que facilitaran el trabajo de los operadores o bien, que no se acreditaba varios de los resultados esperados, entre ellos la disminución del consumo de drogas en la población mexicana.

Ahora bien, ¿qué sucedió con la llegada del nuevo gobierno? Si bien el programa tuvo algunas modificaciones como fue la eliminación del vínculo del programa de atención a adicciones y al de prevención del delito, el primer examen no tuvo calificaciones positivas; Según CONEVAL, en 2013 disminuyó la población atendida en casi 40 por ciento, lo cual podría deberse al subejercicio de alrededor del 4.3 por cierto que tuvo el presupuesto destinado al programa.[3]

Lo anterior nos lleva a pensar que el principal argumento de la política prohibicionista es y ha sido la protección de la población a dichas sustancias, no es más que una vulgar herramienta discursiva enfocada en hacer creer que existe una política integral hacia las drogas cuando en realidad no es así.

La política de los gobiernos ha sido plenamente coercitiva y dirigida a combatir la oferta de sustancias ilícitas, la cual ha tenido como resultado una desproporción similar a la del presupuesto, pues mientras decenas de miles de consumidores han sido detenidos y sentenciados a varios años de prisión y sólo unos cuantos dedicados a la venta de drogas, en gran escala, han sido procesados por la justicia, de los cuales puedo aventurarme a decir que su menor delito sea la producción, distribución o venta de drogas

Más allá del mal funcionamiento de los programas enfocados en prevenir y atender adicciones y que lo poco que se les destina no se gasta correctamente, dichas políticas siempre serán insuficientes, pues el problema en este caso es el fondo y no la forma. Mientras esta política no cambie y el gobierno siga empecinado en seguir por el camino de la prohibición, las cárceles continuarán llenas y los cementerios sobrepoblados.

 

Conoce más de La partitura del gran garrote

 

[1] UNODC, Informe mundial sobre las drogas, Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, Viena, 2014.

[2] Espinoza Guadalupe, Patricia Sánchez y Ríos Gloria, Informe final de la evaluación final del programa E025 Prevención y atención contra las Adicciones, Analítica Consultores-SHCP, México, 2012.

[3] CONEVAL, Monitoreo del programa de prevención y atención a adicciones, CONEVAL, México, 2014.

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