Dinero llama dinero o la esclerosis de una parte del sistema financiero mexicano

El sistema financiero en México tiene a una de sus áreas funcionales atrofiada, puesto que los bancos prestan poco, caro y a quien lo necesita menos.

La frase “dinero llama dinero” explica cuando los ricos se hacen más ricos, fenómeno bastante frecuente en una sociedad con escasa movilidad social como la mexicana. En términos de conocimiento, éste es un problema porque estamos utilizando una causa para explicar su efecto. Sin embargo, si invertimos la frase a “falta de dinero aleja al dinero” o “soy pobre porque soy pobre” podemos entender también el fenómeno contrario: gente que no sale de su condición de pobreza o que, aun sin ser pobre y quizá hasta con buenas ideas de negocio, no asciende de su estrato social debido a la carencia de capital para invertir en sí mismo mediante educación, o en sus emprendimientos. Difícilmente a alguien pobre se le presta porque es poco lo puede dejar en prenda y, cuando se hace en México, es a tasas leoninas que imposibilitarán alguna ganancia.

De acuerdo con Stiglitz (2002: 113), el sistema financiero podría

[…] ser comparado con el cerebro de la economía [debido a que] asigna el capital escaso entre usos alternativos intentando orientarlo hacia donde sea más efectivo, en otras palabras hacia donde genere los mayores rendimientos […] [y] vigila los fondos para asegurarse de que son empleados en la forma comprometida.

Sin embargo, en México este cerebro tiene a una de sus áreas funcionales atrofiada, puesto que los bancos prestan poco, caro y a quien lo necesita menos. A continuación, presentaré algunas cifras, obtenidas principalmente de las Enterprise Surveys del Banco Mundial, que nos ayudan a observar los síntomas de esclerosis que padece una parte fundamental del cerebro de la economía, mexicana en comparación con otros países de América latina. Si bien estos datos no son suficientes para agotar los factores explicativos de la diferencia en el crecimiento económico que ha experimentado México en relación con la mayoría de los países de América latina durante los años recientes, sí arrojan luz a uno de los factores que pudieran estar incidiendo en la parálisis del organismo mexicano.

juguera

Disponibilidad de cuentas de ahorro o de cheques.

En América latina, México ocupa el segundo lugar con el menor porcentaje de empresas con una cuenta de ahorros o de cheques, sólo precedido por Guatemala. En México, el 61.8% cuenta con una. Sin embargo, en Belice, Ecuador y Jamaica, el porcentaje es cercano al 100%; En Honduras, Perú, y Paraguay, superior al 80%, y en Uruguay, El Salvador y Bolivia, incluso por arriba del 90%.

Si se desagrega esta información por tipo de empresa, en México, son más las empresas grandes (más de 100 empleados) las que tienen una cuenta, ya que este cifra es del 69.6%; seguidas por las empresas medianas (de 20 a 99 empleados) con 66.9%, y por las pequeñas (de cinco a 19 empleados), con 58.6%. En Brasil, en todas las categorías de tamaño de empresa, la cifra es superior al 98%.

Disponibilidad de crédito bancario o línea de crédito

México también se encuentra en una posición desfavorable dentro del contexto latinoamericano. Sólo Panamá, Santa Lucía, Jamaica y Honduras tienen porcentajes inferiores. Por el contrario, en Chile el 79.6% de las empresas pequeñas tienen un crédito o línea de crédito; en Perú, el 66.8%; en Brasil, el 65.3%; en Paraguay, el 60.2%, mientras que en México, este porcentaje sólo llega al 26.8%. Para el caso de las empresas grandes, en México, la cifra es del 54%, mientras que en Brasil es del 89.6%.

Valor de la garantía para respaldar el crédito obtenido.

En México, a las empresas se les requiere un porcentaje promedio relativamente alto del valor del crédito como garantía (208.9%) mientras que en Brasil es del 71%; en Uruguay, del 165.2%; en Colombia del 169.6%, y en Argentina del 181.3%.

Empresas que no requieren financiamiento.

En México, el porcentaje de empresas que respondieron no haber necesitado un préstamo alcanza al 53.7%; mientras que en países como Argentina es del 17.1%; Perú, 22.8%; Brasil, 30.2%; Chile, 30.8%, y Colombia, 33.7%. Sin embargo, de acuerdo con un documento del banco BBVA (2011: 16), la principal razón por la cual las empresas mencionaron que no necesitan crédito es porque consideran que los intereses son altos (41%). Existen también diferencias si se considera el tamaño de las empresas, ya que el 41% de las microempresas considera que los intereses son altos. En el caso de las pequeñas empresas, el porcentaje es de 27%; 20%, para las medianas, y sólo 9%, para las grandes.

Entre las empresas que obtuvieron préstamos y créditos, existen también diferencias importantes en términos del pago promedio de intereses según su tamaño. Para las micro y pequeñas empresas resultó más barato obtener financiamiento con intermediarios no bancarios  puesto que pagaron  en promedio 193,322 y 438,008 pesos, por contraposición a 292,345 y 531,440 pesos que pagaron aquellas que obtuvieron créditos bancarios, respectivamente. Para las medianas y grandes empresas la relación fue contraria pues, en promedio, las del primer tipo que obtuvieron créditos bancarios pagaron 1,877,487 pesos vs. 2,009,644 pesos de las que obtuvieron financiamiento no bancario y, para las del segundo tipo, estas cifras fueron de 11,019,756 pesos vs. 111,802,536 pesos, respectivamente.

Empresas que recurren a los bancos como fuentes de financiamiento.

Sólo el 16.2% de las empresas en México recurren a los bancos. En América latina, sólo Panamá, Uruguay y las Bahamas tienen porcentajes menores de uso. Por el contrario, estos porcentajes ascienden al 48.4%; en Perú, al 45.9%, y en Chile, al 44.8%.

Las cifras que anteriormente expuse nos muestran los síntomas de una esclerosis dentro del sistema financiero mexicano. En comparación con el resto de América latina, los bancos mexicanos prestan poco, caro y a quien poco lo necesita. De esta forma, los bancos parecen funcionar más como un mecanismo que reproduce la desigualdad social (mantienen el “dinero llama dinero”), en vez de revertirla si prestaran, por ejemplo, al juguero para que compre un exprimidor eléctrico y pueda hacer más jugos de los que prepara a mano. Este tipo de préstamos, especialmente al sector informal (tema del cual me ocuparé en alguna otra ocasión para refutar argumentos talibanes antiinformalidad), son los que realmente podrían democratizar la productividad.

Recientemente, se aprobó una reforma financiera que, en teoría, debería ocasionar que los préstamos bancarios fueran más y más baratos mediante la reducción del riesgo. Ahora es más fácil embargarle el salario a alguien, por ejemplo, lo cual constituye muchas veces en la única garantía para quien no tiene más activo que su fuerza de trabajo (es decir, un proletario). Quedará pendiente ver si éste es el origen más poderoso del problema de pocos y caros préstamos para la inversión o, si persiste, quizá se encuentre en el modelo de negocios de los bancos mexicanos, que parece ir más por el lado de las comisiones, y de una posible colusión entre ellos. Asimismo, queda claro que persiste una amplia ventana de oportunidad para la banca de desarrollo, actualmente reducida a un órgano vestigial de algún otro periodo de la historia en que la economía mexicana evolucionaba.

Conoce más de Marxista guadalupano, tecnócrata liberal

Referencias:

Banco Mundial (2014) Enterprise Surveys, disponible en:
< http://www.enterprisesurveys.org/graphing-tool&gt;

BBVA Bancomer (2011) Banking Outlook Mexico, México: BBVA Research Publications.

Stiglitz, J. (2002) Globalization and Its Discontents, Nueva York: W.W. Norton & Company, Inc.

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1 Comentario en Dinero llama dinero o la esclerosis de una parte del sistema financiero mexicano

  1. “En términos de conocimiento, éste es un problema porque estamos utilizando una causa para explicar su efecto.”

    ¡Sofista detectado! “It’s the ‘suppositio’, Stu…”

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