Zocaloparking: por qué tanto escándalo

Lo que pasó es, ni más ni menos, un uso indebido de recursos públicos para beneficio de unos servidores públicos. Las reacciones al Zocaloparking no eran para menos.

El pasado 2 de septiembre, en el marco del Informe Presidencial, se utilizó la mismísima Plaza de la Constitución, la plancha del Zócalo, como estacionamiento para los invitados al Informe. Las imágenes son tan elocuentes que no vale intentar describirlas. Tales fueron las expresiones sobre este hecho que el mismo día la Presidencia de la República emitió un comunicado[1] para reconocer que fue “una decisión equivocada”, asumir la responsabilidad, disculparse y prometer que no volvería a pasar.

En efecto, el Artículo 12 del Reglamento de Tránsito Metropolitano[2] prohíbe estacionarse: “sobre las banquetas, rampas, camellones, andadores, retornos, isletas u otras vías y espacios reservados a peatones y ciclistas”. La sanción es una multa de 10 a 15 días de salario mínimo y remisión del vehículo al depósito. El Secretario de Gobierno del Distrito Federal, Héctor Serrano, reconoció que se había cometido una infracción[3]. Unos días después el Secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, Jesús Rodríguez Almeida, dijo que “ningún reglamento está por encima de la Constitución” y que no iba a haber sanciones para nadie[4].

Como el Gobierno de la República lo reconoció, hubo un “uso incorrecto del Zócalo”, que no tiene justificación legal, por causas de interés público, por razones de seguridad, ni ninguna otra. La declaración del Secretario de Seguridad Pública es lamentable, pero no nos dice nada nuevo. Ya sabíamos que las autoridades de la capital no tienen intención de hacer que se cumpla el Reglamento de Tránsito Metropolitano, ¿pero qué más nos dicen estos hechos?

Los bienes públicos tienen dos características que los hacen buenos candidatos a ser provistos públicamente. Primero, su consumo no es excluible. Esto implica que una vez que el bien está disponible, no se puede privar a nadie de su uso. La iniciativa privada tendría pocos incentivos a proveer estos bienes si no puede excluir del uso del bien a quienes no paguen por él, por lo que el Estado tiene un papel importante en la provisión de estos bienes. Segundo, su consumo no es rival. Esto implica que una vez que el bien está disponible, puede ser consumido por muchas personas sin que el bien se agote. El costo promedio de los bienes no rivales suele disminuir con la escala, incentivando a que exista un solo proveedor y no varios proveedores compitiendo entre sí, es decir un monopolio. Los monopolios generan resultados socialmente indeseables que el Estado debe corregir.

El espacio público es un bien no excluible, por lo que debe ser provisto públicamente. Sin embargo, el espacio público si tiene rivalidad en el consumo. Por esta razón el espacio público no es un bien público. A diferencia de otros bienes que sí son bienes públicos, como la cultura o el aire limpio, el espacio se vuelve escaso cuanto más use. Más que en un bien público, el espacio es un recurso público. No basta con proveerlo, el espacio público debe ser gestionado para beneficio de todos. En este aspecto el espacio público no es diferente de otros recursos públicos, por ejemplo los recursos fiscales. En lo que sí difieren es que la forma como se gestiona el espacio público no hay manera de esconderla. Lo que pasó con el Zócalo es, ni más ni menos, un uso indebido de recursos públicos para beneficio de unos servidores públicos.

Aunque la Presidencia de la República quiso echarle la culpa a “quienes controlaban el acomodo vehicular”, no deja de ser alarmante. Estos servidores públicos no sólo no vieron que era totalmente incorrecto usar el Zócalo como estacionamiento, no pudieron ni prever la reacción de la opinión pública. Y sus jefes, los invitados al Informe, esas personas por cuyas manos pasa casi la cuarta parte del PIB, tampoco lo pudieron prever. Tal es su concepción de las cosas.

El incidente del Zócalo es una expresión más de la corrupción endémica de las instituciones. El Gobierno de la República ve la corrupción como un problema cultural y no tiene una estrategia para atacarla. Este tema, que no se tocó dentro de Palacio Nacional, afuera se manifestaba con un poderoso simbolismo. Las reacciones al Zocaloparking ocuparon espacios que de otra manera se hubieran dedicado al contenido del Informe. No era para menos.

Conoce más de Espacio público

[1] “Comunicado”, Presidencia de la República, 2 de septiembre de 2014, http://www.presidencia.gob.mx/?p=388092

[2] “Reglamento de Tránsito Metropolitano”, Gobierno del Distrito Federal, http://www.df.gob.mx/index.php/reglamento-de-transito-metropolitano

[3] “Prevén sanciones por estacionar autos en Zócalo”, El Universal, 3 de septiembre de 2014, http://www.eluniversal.com.mx/ciudad-metropoli/2014/preven-sanciones-por-estacionar-autos-en-zocalo-1035254.html

[4] “SSPDF descarta multas por estacionamiento en Zócalo”, El Financiero, 4 de septiembre de 2014, http://www.elfinanciero.com.mx/politica/sspdf-descarta-multas-por-estacionamiento-en-zocalo.html

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