Mona se quedará

—Ora sí que por este caminito, Meche.
—¡Ya qué nos queda, Rosita!

—Ora sí que por este caminito, Meche.

—¡Ya qué nos queda, Rosita!

—Pinchis maestros, que se pongan a trabajar; nomás andan de huevones, ¿o no?

—No, pos sí.

—Fíjese, la hija de mi Nancy no ha ido a la escuela.

—¿Por los maestros, Rosita?

—No, es que se enfermó la niña. Por eso es de que vamos a la París.

—Yo creiba que íbamos a la Parisina.

—¿Cuál Parisina, Meche? Yo le dije la París. La Nancy no podía venir. O venía o cuidaba a la niña.

—¿Y el Kevin por qué no vino?

—Ése qué va a andar viniendo. Apenas se aparece pa’ dejarle unos centavos a mija. En la mañana dejó pal’ jarabe y eso porque la Nancy le estuvo rogando ayer por teléfono toda la noche.

—¿Y entonces sí lo dejó?

—Pus orá sí que ni hizo falta que la Nancy lo dejara. Él solito se fue. De repente va a la casa a dejarle que para la comida o la lechita de la niña pero uh… eso cada que se acuerda el cabrón.

—¿Y ora cómo le hacemos, Rosita?

—¿Pa’ qué, Meche?

—Pos pa’ llegar a la París. ¿No que quiere ir a la París?

—Pus sí. Déjeme ver… esto es la catedral. Es de que vamos a darle la vuelta porque salimos del otro lado. Tenemos que llegar a la 5 de febrero.

—No la chingue.

—No hay de otra, Meche. ¿Cómo ve, no la aventamos por entre los pinches mugrosos y le damos ora sí que vuelta por allá?

—No pos, como uste’ vea, Rosita. Yo la verda’ no conozco.

—Le digo que no sé por qué se le ocurrió ora enfermarse a mi nieta. Y pa’ acabarla no había su medicina en las farmacias de por ahi. Le dimos mija y yo vueltas a toda la Chima y nada. Hasta que me harté y le dije: “pos voy al centro, ya qué”. Y mire que ni ganas: con este desmadrito de los maestros a uno ni le dan ganas de moverse pa’ ningún lado.

—Sí, inches maestros. Ve que la Carmen es maestra y anda de acá pa’ allá moviéndose disque pa’ que no le quiten la plaza a su hijo; que la evaluación y su pinche madre. ¿Y los niños qué, Rosita? Los pinches chamacos sin clases sólo porque estos mugrosos quieren. Ya ve lo que dijeron en las noticias que hasta con palos y no sé con qué más andaban pagándole a los policías.

—Yo también lo vi, Meche. Yo no sé qué esperan pa’ venirlos a quitar; nomás no dejan pasar. Debería venir la policía de una vez. Ora por su culpa amos a tener que rodearle por acá.

—¿Oiga, Rosita, segura que es pa’ acá?

—Sí, Meche, ora sí que por este caminito.

A tan solo unos metros:

—¿El que te iba a traer el objetivo para tu Réflex te citó a las tres?

—Pues sí. Ya hubiéramos llegado de no ser por estos pendejos.

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