Una desilusión (más) de la alternancia política

Víctor Aramburu nos presenta algunas cifras que apuntan a que la alternancia en el partido en el poder no necesariamente mejora la percepción de la corrupción, al menos en México.

En las últimas semanas parece que, el otrora partido en el poder, el PAN y, el partido en el gobierno, el PRI, han decidido retomar una reforma estructural que ha quedado pendiente: la creación o, en su caso, la modificación de las instituciones encargadas del combate a la corrupción con el propósito de hacerlas, ya no digamos más, sino al menos algo efectivas. Quizá este repentino interés responde a las críticas que se han vertido en los editoriales de los principales medios de información del mundo que se refieren al énfasis que el gobierno federal y sus partidos aliados en el Congreso decidieron otorgar a las reformas estructurales enfocadas en las leyes relacionadas con la distribución de las rentas como palanca para el crecimiento económico, sin haber emprendido reformas primero para hacer de México un país donde primero se respeten las leyes. Los acontecimientos trágicos de las recientes semanas nos han recordado que existen delincuentes infiltrados en diversos órdenes de gobierno. La transición a la democracia y la alternancia en el partido en la Presidencia hicieron poco para reducir, en el mejor de los casos, si no es que agravaron, en el peor, la prevalencia de la corrupción, como veremos a continuación.

En las últimas dos décadas, México ha experimentado cambios acelerados en el diseño y operación de sus instituciones que culminaron en el establecimiento de mayores controles democráticos y pesos y contrapesos entre los poderes—la reforma al Poder judicial de 1994, la reforma electoral de 1996, la creación de la Auditoría Superior de la Federación en 2001, la entrada en vigor de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental y la creación del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos en 2003, la alternancia del partido en el poder en la Presidencia de la República en el año 2000 y el regreso de éste en 2012, la prevalencia de gobiernos sin mayoría desde 1997 a la fecha, por mencionar algunos de los más importantes a nivel federal (Cejudo y Sour, 2007; Casar y Marván, 2012).

Sin embargo, estos cambios no vinieron acompañados de un mejoramiento en los distintos indicadores de la corrupción en México. Diferentes encuestas parecen señalar que la percepción de la corrupción en México, en el mejor de los casos, se ha mantenido estable y, en el peor, se ha agravado. Por ejemplo, la encuesta más reciente de Transparencia Internacional (2010a) señala que tres cuartas partes de los mexicanos respondió que la corrupción se había incrementado de 2007 a 2010—la primera mitad del sexenio de Felipe Calderón. Asimismo, el 52% de los entrevistados consideró que los esfuerzos del gobierno para combatir la corrupción han sido inefectivos. De hecho, desde la alternancia en la Presidencia de 2000, el Índice de Percepción de la Corrupción que publica Transparencia Internacional (2010b) se ha mantenido relativamente estable, oscilando entre un mínimo de tres obtenido en 2011 y un máximo de 3.7, en 2001.

5. VA FIG1

Fuente: Elaboración propia con base en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional para distintos años.

Otras mediciones parecen confirmar que se trata de un patrón sistemático. En el Índice de Control de la Corrupción elaborado por el Banco Mundial, México muestra un retroceso desde la alternancia del partido en la Presidencia. En el año 2000, México se encontraba en el percentil 51, mientras que para 2013 cayó al 39. De acuerdo con las Enterprise Surveys levantadas por este mismo organismo internacional, en el año 2010, el 33.7% de las empresas encuestadas afirmaron que esperaban tener que otorgar regalos para asegurar un contrato con el gobierno. Este porcentaje fue de los más altos de América latina, sólo superado por Venezuela (65.5%). Asimismo, el costo promedio del regalo esperado ascendió, según los empresarios encuestados, a un 4.5% del valor del contrato, cifra que es también la más alta de la región, a excepción de Venezuela (9%).

5. VA FIG 2

Fuente: Elaboración propia con información del Índice de Control de la Corrupción del Banco Mundial.

Ha pasado más de una década desde que México experimentó una alternancia en el partido que ocupa la Presidencia, de un partido dominante que gobernó durante casi setenta años a una democracia pluripartidista, pero, al parecer, como hemos visto en las cifras anteriores, la opinión general de los mexicanos es que la corrupción no se ha detenido ni revertido, sino que incluso podría haberse agravado. No es poco común escuchar comentarios nostálgicos que apuntan a que de alguna forma se estaba mejor antes ya que, con los mismos, o más bajos  niveles de corrupción, había mayor efectividad gubernamental. A pesar de que algunos académicos (Johnston y Paniagua, 2005: 361) han señalado que es normal esperar hasta cierto punto que haya una brecha temporal para que los ciudadanos ajusten sus percepciones si es que las políticas de combate a la corrupción efectivamente han tenido un buen desempeño así como que este tipo de mediciones pueden estar sesgadas por estereotipos acerca de los países o por factores no relacionados con la corrupción (Seligson, 2006), quizá después de más de una década desde la alternancia política sería suficiente para notar al menos un cambio marginal en las mediciones de percepción de la corrupción, pero éste no ha sido el caso. Después de la desilusión que trajo la alternancia política en este aspecto y los pocos esfuerzos de la gran coalición que actualmente gobierna por hacer efectivas a las instituciones encargadas de ejercer las leyes, quizá varios de nosotros veamos con escepticismo, a partir de la experiencia reciente, que esta vez las reformas sí vayan en serio.

Conoce más de Marxista guadalupano, tecnócrata libertal

Referencias:

Banco Mundial (2013) Enterprise Surveys, disponibles en:
< http://espanol.enterprisesurveys.org/Graphing-Tool&gt;

Casar, M. e I. Marván (2012) “Pluralismo y reformas constitucionales en México: 1997-2012”, Documento de Trabajo No. 247, México: CIDE.

Cejudo, G. y L. Sour (2007) “¿Cuánto cuesta vigilar al gobierno federal?” Documento de Trabajo No. 189, México: CIDE.

Johnston, M. y K. Paniagua (2005) “Es posible medir la corrupción, ¿pero podemos medir la reforma?”, Revista Mexicana de Sociología, Vol. 67, No. 2, pp. 357-377.

Seligson, M. (2006) “The Measurement and Impact of Corruption Victimization: Survey Evidence from Latin America”, World Development, Vol. 34, No. 2, pp. 381–404.

Transparencia Internacional (2010a) Barómetro Global de la Corrupción.

Transparencia Internacional (2010b) Índice de Percepción de la Corrupción.

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