Las gasolineras de su colonia y la reforma energética: afectaciones inesperadas

La reforma energética trae consigo la posibilidad de que franquicias gasolineras se abran de forma rápida y desordenada a lo largo y ancho del país, siendo el vecino quien más resentirá el grave problema re regulatorio en manos de municipios y delegaciones.

Una de las novedades que trajo consigo la reforma energética es la posibilidad de que el sector privado participe en la venta de gasolina, actividad previamente reservada para el Estado vía PEMEX. En la práctica, este cambio se traducirá en la diversificación de los logos y colores que usted, estimado lector, podrá ver en las gasolineras de su colonia. En la actualidad, la venta de gasolina a consumidores finales —automovilistas y transportistas— se lleva a cabo mediante un modelo de franquicia, donde un inversionista adquiere el derecho de operar una gasolinera con el modelo de negocio y logo de alguna petrolera —o en su caso, aunque en menor medida, una empresa distribuidora de combustibles—. La diversificación de “marcas” gasolineras promete ser benéfica para los mexicanos por simple lógica de mercado: los diferentes actores en competencia buscarán proveer servicios competitivos de buena calidad y ganar así la preferencia de los consumidores.

Sin embargo, esa misma diversificación constituye un reto de ordenamiento territorial impresionante, por cuyos efectos el paisaje local de las colonias en todo el país se verá profundamente trastocado. La razón central detrás de este potencial riesgo es que una mayor participación del sector privado en la venta de combustibles, potenciada a su vez por la posibilidad de abrir franquicias con compañías internacionales como Exxon, Shell o Chevron, se traducirá en un aumento desmedido de gasolineras a lo largo y ancho de todo el país. No se trata de un peligro que pertenece únicamente a la esfera económica, donde la demanda local insatisfecha dicta lógica y ordenadamente el surgimiento de nuevas gasolineras, sino que tiene implicaciones graves de ordenamiento territorial, crecimiento urbano y uso armónico de suelos, aspectos que tienen un efecto directo y tangible sobre la calidad de vida de los vecinos. Los riesgos y peligros asociados a las gasolineras son particularmente alarmantes en el ámbito local: fugas de gases y vapores, derrames de combustibles con el subsecuente peligro de explosión, los efectos perniciosos a la salud, afectaciones viales, etc. Incluso, cuando las gasolineras están fuertemente reguladas para evitar desgracias y mal uso de recursos, sus vecinos sufren por la presencia del negocio.

La ubicación de las gasolineras es un tema local, y por ende, su regulación recae directamente sobre una de las instituciones de gobierno con mayor heterogeneidad de gestión, es decir, el municipio. Este ámbito de gobierno tiene la atribución de ordenar el desarrollo de su territorio mediante programas de desarrollo municipal o delegacional, lo que incluye establecer normatividad respecto al tipo de actividades que pueden realizarse en diferentes tipos de suelo, es decir, diferentes zonas del territorio. Como resultado de la autonomía municipal, su planeación difiere de forma amplia, por lo que no todos regulan en qué zonas y bajo qué condiciones territoriales es posible construir una gasolinera. Así es, se trata de un tema poco regulado dentro del ámbito de competencia de una institución muy diversa, con restricciones importantes de personal, recursos financieros y expertise técnico.

Me gustaría concluir esta reflexión recordando que la reforma energética constituye un reto regulatorio que trasciende al gobierno federal al ser compartido en múltiples y poco visibles materias por los gobiernos locales. El tema preocupa, naturalmente, pues como usted sabe, el municipio es célebre por las grandes limitantes que aquejan su gobierno. Tan sólo ayer Animal Político publicó un reportaje sobre el crecimiento desmedido de las gasolineras en la capital del país, situación que dejando de lado el matiz económico, señala incluso a los gobiernos locales como aquellos que cuentan con mayores capacidades pero que tienen poca injerencia en este tema tan vital para nuestra vida de ciudadanos. Si este incremento desordenado ya ocurre en la capital, ¿quién sabe qué puede ocurrir en otras latitudes nacionales con la llegada de las grandes petroleras internacionales y sus franquicias gasolineras?

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