De fallas del mercado y del gobierno en la movilidad

La intervención del Estado en la economía se justifica a partir desde lo que el mercado no puede proveer de manera correcta. Sin embargo, así como el mercado no es la panacea para estos problemas, el Estado tampoco siempre lo es.

El nombre del blog no fue un acto gratuito. A veces se me escurre lo neoliberal y creo que parte de una crítica de izquierda tiene que pasar por una crítica del Estado. En la izquierda muchas veces existe la tendencia a solucionar los problemas causados por el Estado, con más Estado, esperando que quienes lo conforman cambien de la nada o, a que llegue un gobierno de izquierda y modifique lo que hace de manera incorrecta. Sin embargo, la realidad se ha encargado de mostrarnos que no siempre es el caso.

En la teoría neoclásica o neoliberal, como gusten llamarle, la intervención del Estado en la economía se justifica porque hay ciertos bienes y servicios que el mercado no puede proveer, los provee de manera escasa o, por el contrario, de manera sobreabundante. Las causas por las que esto sucede pueden ser múltiples, tales como la dificultad para excluir a los individuos que no pagan (gorrones), que no se valore lo suficiente el bien o servicio prestado debido a información insuficiente, que el consumo o producción genera un beneficio o costo social mayor que el beneficio o costo para el individuo que lo consume o produce, entre otros.

Con el propósito de regular la cantidad de consumo y producción de bienes, el Estado puede optar por distintas alternativas, como producir y vender directamente esos bienes y servicios, prohibir su consumo o producción, otorgar  o manipular los precios mediante subsidios, impuestos, precios uniformes, mínimos y máximos, entre otros. Cabe destacar que un precio no es más que un símbolo, que nos dice la abundancia o escasez de un bien o servicio en función de qué tan apreciado es por los miembros de una sociedad.

Mencioné todo esto porque a veces la izquierda defiende posiciones insostenibles desde un punto de vista equitativo. Un ejemplo es, por ejemplo, los subsidios a la gasolina o a la electricidad. Si analizamos quién tiene coche es evidente que son las personas con mayores niveles de ingreso. De hecho, las Hummers, adefesios que consumen gran cantidad de gasolina, suelen ser juguetes de ricos. No habría mayor consecuencia si el problema nada más fuera ése, sin embargo, para casi cualquier bien, siempre es posible pensar en un uso alternativo mejor. Por ejemplo, la gasolina que consume una Hummer quizá bien pudo haber sido utilizada para transportar niños a la escuela. Si se subsidia la gasolina, se están utilizando recursos de todos para financiar el goce privado. Otro problema es que el consumo de energéticos genera daños en forma de contaminación. Es decir que, si se subsidia la gasolina, no sólo estamos todos “regalando” una parte de nuestros impuestos a un rico, sino que, también estamos fomentando que nos dañe con la contaminación que genera y haciendo un uso ineficiente e inefectivo de un bien no renovable que podría tener un uso alternativo que al menos produjera un beneficio social. Por esta razón, más que un subsidio, los combustibles deberían tener un impuesto con el propósito de reducir su producción y consumo y el daño que generan.

Relacionado con este ejemplo está el de las carreteras y autopistas urbanas de peaje. Frecuentemente he oído la queja de que los impuestos deberían financiar su construcción y que deberían ser gratuitas. Ya señalé el punto de que la gente que tiene vehículo tiende a ser la de mayores ingresos. También ya apunté que conducir un vehículo genera daños en forma de contaminación. Adicionalmente habría que agregar que las obras viales como los segundos pisos tienen un alto costo el cual todos pagamos en mayor o menor medida con nuestros impuestos, pero que no todos utilizamos con la misma frecuencia. Cabría preguntar si esos mismos recursos podrían destinarse a otro tipo de construcciones que beneficien en mayor medida a un grupo con mayores necesidades o a un mayor número de contribuyentes. Se me ocurre, por ejemplo, el caso del agua potable que traería una reducción de la incidencia de enfermedades, el alumbrado público para disuadir ciertos crímenes, el transporte público que movilice a una mayor cantidad de personas, entre otros usos alternativos.

Así como el mercado presenta fallas, el gobierno en su labor también puede no ser eficaz para solucionar problemas debido a que los políticos y servidores públicos pueden actuar en beneficio propio. De hecho, es de esperar que casi siempre tratarán de hacer eso. El reto es alinear su objetivo de actuar en beneficio propio con el objetivo de beneficiar a una mayor cantidad de gente. Un ejemplo es que el político y los servidores públicos pueden utilizar su encargo público para extraer rentas de los ciudadanos a partir de la sobrerregulación. Como mencioné anteriormente, la regulación debiera tener como objetivo solucionar algún problema que el mercado no puede remediar. Así, por ejemplo, el gobierno expide licencias a los taxis con el propósito de reducir un problema de asimetría de información entre los clientes y los proveedores del servicio. Mediante la licencia, el gobierno nos envía la señal de que el taxista sabe manejar, que su auto se encuentra en buen estado, que cuenta con un seguro y que, en caso de algún percance, el gobierno cuenta con sus datos a efecto de hacerlo rendir cuentas. El problema se presenta cuando el gobierno no verifica todas estas situaciones y sólo utiliza las licencias como una forma de extraer un ingreso adicional. Pongo este ejemplo ya que, si el gobierno no hace valer los requisitos anteriores, entonces daría lo mismo contratar un servicio privado de taxis sin licencia que quizá sea más barato debido a que el dueño de éste no incurre en el costo de la licencia. Visto así, es claro que Uber se encuentra en esta última situación. Sin embargo, de manera privada, Uber lleva un registro de los taxistas y certifica que los autos se encuentren en buen estado. Quizá no cumpla con el criterio de garantizar que cuente con seguro que cubra a los clientes, sin embargo, la pregunta que queda en el aire es cuál sería la evidencia de acuerdo con el comportamiento del gobierno en el pasado como para poder tener la certeza de que una intervención del gobierno en este mercado realmente haría valer que los vehículos que prestan el servicio cumplan con ese requisito.

Conoce más de Marxista guadalupano, tecnócrata liberal

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