¿Se violó la autonomía universitaria?

Si los hechos del fin de semana pasado en CU hacen relucir ciertas violaciones a la autonomía universitaria, lo cierto es que la experiencia muestra que constantemente se atenta contra ella y se le violenta.

A raíz de los hechos del 15 de noviembre pasado en Ciudad Universitaria, múltiples han sido las condenas contra la supuesta violación a la autonomía de la UNAM. En un contexto como el que vivimos y que está nutrido de violencia y provocaciones, debemos detenernos a reflexionar lo ocurrido.

La autonomía que la Universidad Nacional obtuvo con hartos esfuerzos en 1929, implicó desde entonces la idea de una protección frente al Estado para cumplir en plena libertad con su función principalísima de brindar educación superior de calidad. Estaba claro que si el objetivo era formar profesionistas con criterio y no a modo, y que además fungiera como un centro cultural por excelencia, era preciso asegurar que no hubiera injerencia alguna de grupos externos a su gobierno, mucho menos del mismo Estado. La universidad debía organizarse y administrarse por sí misma, debía ser autónoma. Si hoy lo queremos leer desde una perspectiva garantista, podemos decir que con la autonomía se garantizaron los derechos indispensables para cumplir el cometido de la universidad: el derecho a la educación, la libertad de pensamiento, la libertad de expresión y la libertad de reunión.

La autonomía no significa ni pretendió significar extraterritorialidad, no se trató de crear un feudo aparte. Como entidad pública, la universidad se encuentra integrada en el orden jurídico nacional. Por encima de las normas que a sí misma se da, por encima de su autonomía, se encuentra la Constitución. Cuando en 1968 el ejército tomó la Preparatoria de San Ildefonso y posteriormente Ciudad Universitaria, el rector en ese entonces, Javier Barros Sierra, protestó no propiamente por el hecho del ingreso de los militares, sino porque a causa de la extrema violencia con que lo hicieron y de la ocupación de las instalaciones educativas, habían impedido el desarrollo de las funciones básicas de la Universidad. Por ello hubo tanto interés que años después, en 1980, la autonomía quedara resguardada con la reforma al artículo 3º constitucional. ¿Se violentó entonces la autonomía universitaria el pasado fin de semana?

Creo que nadie se traga el cuento de la diligencia que se pretendía realizar (con la venia de las autoridades universitarias) a propósito del robo de un celular justo frente al auditorio mejor conocido como “Che Guevara” de la Facultad de Filosofía y Letras, pero el hecho en sí mismo de la presencia de un agente de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal no violentó la autonomía de la universidad. No obstante, considero que sí lo hizo la violencia con que el agente se condujo y la habilidad –increíble– que tuvo para echar balas al cielo y herir a un estudiante. También lo hizo la violencia con que los quinientos elementos de la policía trataron de llevarse el auto que había ya sido quemado. Como nada de esto estuvo bien, ayer 17 de noviembre, Héctor Serrano, Secretario de Gobierno del Distrito Federal, se disculpó por lo acontecido y señaló el ejercicio de la acción penal contra el habilidoso agente que hirió al estudiante; también señaló que el encargado del operativo desproporcionado con que se había tratado de recuperar el auto quemado, había sido separado de su cargo. No era para menos.

La presencia de los policías no es deseable en la universidad y no lo es por el temor que pueden generar entre la población universitaria, así como la posible vulneración que ello ocasionaría a los derechos garantizados por la autonomía. Creo que nadie estaría tranquilo ni se conduciría libremente si sostuviera una reunión sabiendo que hay personas que sospechosamente están al pendiente de lo que decimos. Ningún estudiante o académico se siente con tranquilidad estando hostigado por infiltrados de cualquier género o por la policía.

Dice Miguel León-Portilla que por su misma naturaleza, la autonomía universitaria es frágil y vulnerable. Si estos hechos hacen relucir ciertas violaciones a la autonomía, lo cierto es que la experiencia muestra que constantemente se atenta contra ella y se le violenta. Sin embargo, lo que ha estado pasando en el país tiene que ser reflexionado y analizado desde la academia con la libertad que nos permite la autonomía; para eso existen las escuelas, las universidades, los centros de investigación. Pero esto mismo debe conducir a toda la comunidad universitaria, no solo de la UNAM, a preferir la vía pacífica antes que la respuesta violenta. Consideremos que “existir como entidad autónoma de derecho público no es un regalo o concesión del Estado sino una conquista del pensamiento que sólo puede desarrollarse en un ámbito de libertad” (León-Portilla, p. 7). Tenemos que saber proteger esto que a tantas generaciones les ha costado, más aún ante la amenaza de la represión.

Si la violación de la autonomía nos produce tanto encono, más enojo nos debería causar si esa misma autonomía no ha podido darnos las herramientas necesarias para enfrentar cívicamente las censuras, las represiones, la violencia, la corrupción y el mal gobierno. Me parece que no es el caso. Contamos con las herramientas, y más aún con el conocimiento, para pensar en alternativas pacíficas. Vale la pena volver a traer las palabras de Barros Sierra que profirió con mucho tino y que son aplicables a toda la comunidad estudiantil que hoy se manifiesta legítimamente por las atrocidades que el gobierno ha venido cometiendo día con día:

La Autonomía no es una idea abstracta, es un ejercicio responsable, que debe ser respetable y respetado por todos.

Una consideración más: debemos saber dirigir nuestras protestas con inteligencia y energía.

¡Que las protestas tengan lugar en nuestra Casa de Estudios!

No cedamos a provocaciones, vengan de fuera o de dentro…

La Universidad es lo primero, permanezcamos unidos para defender, dentro y fuera de nuestra casa, las libertades de pensamiento, de reunión, de expresión y la más cara: ¡nuestra Autonomía!

Conoce más de El club de los nomófilos

Bibliografía consultada

González Pérez, Luis Raúl y Enrique Guadarrama López, Autonomía universitaria y universidad pública: el autogobierno universitario, México, UNAM, 2009.

León-Portilla, Miguel, “Humanidades, ciencias sociales y autonomía universitaria”, Revista de la Universidad de México, no. 30, 2006, pp. 5-11.

Monsiváis, Carlos, “Cuatro versiones de Autonomía Universitaria”, Letras Libres, noviembre de 2004, consultado el 17 de noviembre de 2014, http://www.letraslibres.com/revista/convivio/cuatro-versiones-de-autonomia-universitaria

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