Apuntes sobre la crítica de género

Las ciencias sociales y las humanidades, deben conocer y hacer suyos los análisis teóricos de la crítica de género, para reorientar el discurso y poder tomar una distancia crítica e inventar formas de visibilizar y denunciar las injusticias del sistema social patriarcal. En este artículo, la autora reflexiona acerca de la importancia de la crítica de género a las estructuras sociales y culturales.

Ilustración: Karla Monterrosa

Los distintos feminismos académicos han sistematizado saberes críticos a partir de sus preocupaciones políticas y han hecho de la construcción social del género su objetivo analítico. Han encaminado su crítica a desmontar un dispositivo que genera, sobre las diferencias y la pluralidad de los individuos, una oposición jerárquica y relaciones de dominación complejas con el apoyo de discursos que normalizan, es decir, -naturalizan por un lado y proveen reglas por otro- la desigualdad y la violencia hacia las mujeres y los cuerpos inferiorizados. Sus teorías afirman que el género es producido social, política y económicamente. Y que esta producción implica la división jerarquizada y excluyente del trabajo, de la propiedad y, en general, de todo tipo de relaciones de intercambio.

El género es una categoría de análisis a través de la cual se estudian las formas y las prácticas en que tienen lugar la producción y la normalización de las figuras de lo “masculino” y lo “femenino”. Figuras que forman parte de un dispositivo reforzado con la participación de saberes hegemónicos.

Para la filósofa Judith Butler, pensar el género en términos de dispositivos de normalización, implica entender que el poder regulador no actúa sobre un sujeto pre-existente, sino que lo produce activamente mediante las relaciones de fuerza que constituyen a lo social; y también implica, que estar sujeto a un reglamento, es estar subjetivado por él, esto es, devenir como sujeto del género a través de una reglamentación política (Butler, 2006). En consecuencia, los saberes dominantes son precisamente aquellos que requieren e inducen al sujeto del género; y lo producen en un régimen naturalizador y disciplinario, es decir, mediante una norma de género.

De acuerdo con esta perspectiva, es posible distinguir los ordenamientos de género o normas impuestas por la tradición o por los usos y costumbres que intervienen dentro de las prácticas sociales como el estándar implícito de la normalización, proceso que, a la manera de una operación regular y repetitiva, induce comportamientos que ajustan a los individuos a las figuras dominantes de la heterosexualidad (masculina y femenina); los efectos que produce son la manera más clara mediante la cual se pueden discernir.

En ese orden de ideas, el género es una norma que se encuentra incorporada en cualquier actor social. Aún más, la norma, entendida de esta manera, rige la inteligibilidad social, permite que ciertos tipos de prácticas sean reconocibles en un régimen de verdad que conforma lo social y define los parámetros de lo que aparecerá y lo que no aparecerá dentro de esta esfera y su consiguiente reglamentación moral y jurídica.

La ciencia jurídica debe tomar en cuenta que, las teóricas feministas sistematizan de una forma interdisciplinaria los saberes críticos, y se han apropiado estratégicamente de nuevas reglas de enunciación capaces de hacer públicos y visibilizar los dispositivos que gobiernan el género (Lindig, 2013). Es por ello que su acucioso análisis ha incidido sobre la circunstancia epistemológica y política del debate sobre los derechos de las mujeres, logrando que el vocablo género, como categoría de análisis, tenga un reconocimiento jurídico en los instrumentos internacionales y mediante la ratificación de tratados de derechos humanos -que tutelan a las mujeres- mandata procesos de homologación.

Con esas nuevas reglas de enunciación en lo jurídico y en lo político, las teóricas han elaborado una crítica fundada y motivada de los dispositivos y procedimientos que normalizan las relaciones desiguales de poder entre mujeres y hombres. Es decir, han logrado conceptualizar y ejemplificar en la singularidad, que la dominación es eficaz en un triple sentido: produce el género, su asimetría y su jerarquía, o lo que es lo mismo, se conduce como dispositivo de dominación y de poder; un dispositivo es una red de relaciones de fuerza que someten a hombres y mujeres al interior de prácticas institucionales, administrativas, legales y de saberes; estas prácticas constituyen a los individuos como sujetos de una relación de poder.

Es pertinente definir -poder- como una serie de mecanismos y tecnologías que administran las exclusiones, determinan y asignan labores, espacios y roles a los distintos agentes sociales. Asignación de tareas, situaciones y formas de deber ser y estar en el mundo, basándose en concepciones de desigualdad y limitación de las libertades individuales.

Las ciencias sociales y las humanidades, deben conocer y hacer suyos los análisis teóricos de la crítica de género, para reorientar el discurso y poder tomar una distancia crítica e inventar formas de visibilizar y denunciar las injusticias del sistema social patriarcal. Entendiendo el sistema patriarcal como el ámbito sujeto a cierto ordenamiento o regulación que, mediante prácticas discursivas y no discursivas, asigna espacios determinados y formas de acción específicas a los diversos actores sociales, excluyendo, necesariamente, a determinados grupos o individuos de los espacios, prácticas y saberes privilegiados. La asignación del espacio público al género masculino y el privado al femenino ha sido un ejemplo de esta distribución, producto de una normatividad moral paradójica.

En este orden de ideas, se propone entender la crítica de género como un ejercicio de postulación que implica una fuerza incondicional de proposición. En el sentido de que toda crítica es una práctica heterónoma en la medida en que no contiene su ley en sí misma, sino que está abierta a la serie de objetos que la animan. El filósofo Michel Foucault estudia la crítica en relación con las artes del gobierno que conforman las técnicas modernas de la gubernamentalidad, las cuales producen un saber del individuo y del cuerpo social organizado como una población (Foucault, 2002).

La crítica de género, como la han formulado las teóricas feministas, posee la capacidad de postular nuevos objetos del saber, de formas de problematización, de lecturas estratégicas y de deconstrucción de los discursos (Martínez de la Escalera, 2007). Busca profundos cambios socio-culturales, ya que su crítica es a la dominación de género, a las desigualdades y exclusiones, a la naturalización de las violencias y a la prohibición de decidir sobre el propio cuerpo y tener un proyecto de vida autónomo.

En conclusión, la crítica de género a las estructuras sociales y culturales es de las tareas más urgentes de la política, puesto que la política trata del conflicto inmanente a toda relación social, conflicto que, como se ha descrito, está atravesado por dispositivos de sujeción. Es por ello que la justicia respecto a la historia pasada, al presente y al porvenir de las mujeres y los cuerpos inferiorizados, es realizar un análisis exhaustivo de las formas de dominación sobre su subjetividad y sus efectos tensionales de sujetación/resistencia (Martínez de la Escalera, 2010), es desmontar el éxito aparentemente total e imperecedero de la disciplinarización y del control de sus vidas, dando cuenta del entramado de los bio-poderes (Hernández, 2013) que configuran sus cuerpos y fuerzas como propiedad de una estructura patriarcal que se apoya en ciertas tecnologías de necro-política (Mbembe, 2003) o políticas de aniquilación de lo diferente y de institucionalización de las violencias.


Lourdes Enríquez Rosas. Abogada y maestra en derecho por la UNAM, colaboradora del Programa Universitario de Estudios de Género y de la Cátedra UNESCO de Derechos Humanos con sede en la Facultad de Ciencias Políticas. Integrante del Seminario permanente de investigación “Alteridad y Exclusiones” en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Asociación Mexicana de Retórica y de la comisión jurídica del “Pacto Nacional por la vida, la libertad y los derechos de las mujeres”.


Bibliografía

Butler, Judith. 2006. Deshacer el género. Barcelona España: Paidós.

Foucault, Michel. 2002. Defender la sociedad. México: Fondo de Cultura Económica.

Hernández Castellanos, Donovan. 2013. “Estrategias Feministas“. En Alteridad y Exclusiones: Vocabulario para el debate social y político. Martínez de la Escalera, Ana María y Lindig Cisneros Erika (coordinadoras). México: FFyL UNAM y Juan Pablos Editores.

Lindig Cisneros, Erika. 2013. “Feminismos Estratégicos”. En Alteridad y Exclusiones: Vocabulario para el debate social y político. Martínez de la Escalera, Ana María y Lindig Cisneros Erika (coordinadoras). México: FFyL UNAM y Juan Pablos Editores.

Martínez de la Escalera, Ana María. 2007. “Documento de Feminicidio y Política”. Ponencia presentada en el Simposio Crítica al Vocabulario de las Exclusiones del XIV Congreso Nacional de Filosofía Identidad y Diferencia. Mazatlán, Sinaloa.

Martínez de la Escalera, Ana María (coordinadora). 2010. Feminicidio: Actas de denuncia y controversia. México: Programa Universitario de Estudios de Género, UNAM.

Mbembe, Achile. 2003. Necropolitics, Public Culture, Duke University Press.

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