De las Guerrillas de los años de 1980 a las actuales Coordinadoras de Género de las Cooperativas de Café: transformaciones en el empoderamiento de las mujeres nicaragüenses

Nicaragua tiene una compleja historia de agitación política y económica. Las mujeres nicaragüenses han sido increíblemente fuertes no solo al adaptarse a los cambios sociales, sino al redefinir sus roles con relación a los hombres. En este ensayo, la autora explora el grado en que las mujeres se han empoderado política y económicamente desde los años de 1970, periodo en que surge la Revolución Sandinista, hasta nuestros días.

Ninguna revolución sin emancipación de las mujeres: ninguna emancipación sin revolución.

– Asociación de Mujeres ante la Problemática Nacional (Ampronac)

 

Nicaragua tiene una compleja historia de agitación política y económica. Tanto los desastres naturales como los terremotos desafiaron la fuerza de voluntad de su pueblo, y los drásticos cambios ideológicos en la consciencia nacional han contribuido a su fama de agitación política y malestar desde la década de 1970 hasta hoy. Las mujeres nicaragüenses han sido increíblemente fuertes no solo al adaptarse a los cambios sociales, sino al redefinir sus roles con relación a los hombres. El propósito de este trabajo es explorar el grado en que las mujeres se han empoderado política y económicamente desde los años de 1970 a nuestros días.

A partir del movimiento sandinista, mucha de la retórica sobre empoderamiento de las mujeres se ha revuelto con aquel causado por el valor de preservar la familia. Para examinar cómo es que las mujeres han llegado a empoderarse política y económicamente a pesar de la cultura machista de dominación que restringe y perpetúa los tradicionales roles de género, me pregunto cómo definir “el progreso de las mujeres”. ¿Cómo es que las mujeres nicaragüenses construyeron sus identidades de género a la luz de su colaboración con los sandinistas? Comparadas con otros países latinoamericanos, ¿de qué manera las mujeres han tenido avances políticos y económicos? ¿Qué derechos se han ganado y perdido desde las décadas de 1980, 1990 y hasta ahora? El empoderamiento de las mujeres cambió de ser ideológico en la época de los sandinistas durante los años de 1980, a ser una forma de empoderamiento económico basado en la sociedad y autosustentable. Esto último será examinado al analizar el sentido del empoderamiento femenino promovido por una de las más grandes cooperativas de café de Nicaragua: Prodecoop. En este contexto, me referiré al término “empoderamiento femenino” como el reconocimiento del respeto de las mujeres por sí mismas, pero también al reconocimiento de su autonomía política y económica. Para ser autónoma, la mujer debe ser independiente de la dominación masculina.

Al analizar cómo es que las mujeres han luchado por la satisfacción de necesidades básicas, podemos explorar cómo es que las mujeres han tomado ventaja de la limitación de recursos para sostener a sus comunidades en nuestra era neoliberal. Mediante la lucha por empoderar a las mujeres sin la intervención masculina, debe notarse que la retórica de preservar la familia continúa manifestándose de maneras explícitas. Esto es problemático en el sentido de que las mujeres continúan siendo vistas como las salvadoras de la familia más que individuos que se empoderan a sí mismos de igual manera como lo hacen sus comunidades fuera de sus familias. La retórica de preservar la familia continúa justificando el empoderamiento de la mujer en el ámbito de la producción de café. A fin de entender cómo es que el empoderamiento de las mujeres ha fluctuado, se debe comenzar entendiendo el rol de la mujer sandinista.

 

La guerrillera materna de los años de 1980: una forma limitada de empoderamiento político

Durante los años de 1970, la economía de Nicaragua padeció una severa crisis. Debido a la corrupta administración del régimen de Somoza, que aprovechó y explotó la ayuda internacional enviada después del terremoto de 1972, el gasto del gobierno en programas sociales fue abismal (Bayard De Volo, 1). Para frenar el golpe del sismo en la economía, tan solo el gobierno de los Estados Unidos envió a Somoza cincuenta y siete millones de dólares, pero el tesoro de Nicaragua recibió solo dieciséis millones (Nicaragua: A Nation’s Right To Survive). Las prácticas corruptas del gobierno, el exceso del gasto y el crecimiento de la deuda externa permitieron a las instituciones internacionales de crédito presionar a Somoza para que implementase medidas de austeridad. Somoza recortó el gasto en educación, salud, así como subsidios de servicios básicos como agua y electricidad. El aumento de los precios de los alimentos también retó a las mujeres a satisfacer las necesidades básicas de sus familias. Muchas amas de casa y madres comenzaron a presionar al gobierno para atender esas necesidades, combatir la inflación y proveer los servicios sociales (Stevens). El aumento del activismo político también permitió a las mujeres unirse al izquierdista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Esta organización de izquierda derrocó al régimen de Somoza en 1979 en la llamada Revolución Nicaragüense (Reif en González-Pérez, 318).

En la medida en que pasan los acontecimientos históricos de la Revolución de Nicaragua de 1979, las contribuciones de las mujeres se pasan por alto. Las mujeres activistas del FSLN pugnaron por el desarrollo de una consciencia feminista donde las mujeres se esforzaran por empoderarse. Por ejemplo, la ex militar sandinista Gloria Carrión, trabajó como una trabajadora doméstica y como madre de nueve hijos. Ella afirmó que, antes de la Revolución “las mujeres no eran conscientes de nada: ellas solo lavaban, planchaban, cocinaban, tenían hijos y eso era todo. Pero ahora, les digo que nosotras estamos despiertas… la participación trajo un sentido de amor propio para muchas mujeres” (Flynn, 418). Una herramienta para el éxito del Fsln en el reclutamiento de mujeres fue la Asociación de Mujeres ante la Problemática Nacional (Ampronac). La falta de satisfacción de las necesidades básicas orilló a las mujeres a adoptar el Sandinismo y luchar en batalla asumiendo roles de mando, a veces cubriendo hasta la mitad de los puestos de liderazgo en la batalla. Al finalizar los años de 1970, las mujeres comprendían el 30% del ejército de la guerrilla sandinista y se desempeñaban en combate y en cargos de liderazgo además de puestos de apoyo (Reif, en González Pérez, 320).

Al hacerse referencia al impacto de las mujeres en el movimiento Sandinista, es interesante notar que los apoyos de la Revolución venían de diferentes bases socioeconómicas. Mientras que las mujeres más pobres eran las más directamente afectadas por la falta de bienes básicos, incluso mujeres de clase media como Gioconda Belli, tomó las armas como rebelde en apoyo del Sandinismo (Juárez, 71). Belli, ahora una poeta reconocida que creció dentro de la clase media de Nicaragua, frecuentemente cargaba una ametralladora como “bolsa de mano” y participaba en el tráfico de armas así como cubriendo embajadas extranjeras par posibles oportunidades de toma de rehenes (Campbell en González Pérez, 320). Ella hizo sus estudios en Europa y en los Estados Unidos, y fue inspirada por el FSLN para luchar por los derechos básicos que estaban siendo negados al pueblo de Nicaragua. La perspectiva machista del régimen de Somoza respecto de las mujeres, fue el que las confinó como madres pertenecientes al hogar, pero ya en la década de 1970, mujeres militares como Belli desafiaron el papel al que habían sido relegadas (González Pérez, 320). Mientras las mujeres conquistaban cada vez más poder en batalla contra el régimen de Somoza, enfrentaban desafíos del machismo al interior de los mismos sandinistas. El Fsln buscó incluir mujeres en sus esfuerzos políticos sobre todo porque las mujeres estaban ya motivadas por sus circunstancias extremas para presionar por el cambio, pero el Fsln no intentó retirar a las mujeres por completo de sus roles tradicionales de alimentadoras y cuidadoras. La comandante sandinista Mónica Baltodano, quien tomó un papel de liderazgo durante el final de la ofensiva del Fsln en Managua, se pronunció contra el machismo en aquella época: “a veces me daba cuenta que [los hombres] se enfurecían porque una mujer les había dado una orden. Cuando esto pasaba, yo tenía que ir a hablar con ellos. Yo tenía que hacerles saber que como mujeres, nos habíamos ganado nuestro derecho a participar en el conflicto. Yo les explicaba que nosotras nos habíamos ganado nuestro rango y que ellos debían entenderlo” (Juárez, 76). El sandinismo implicó un paso adelante para las mujeres porque ellas fueron por lo menos capaces de dejar el hogar para defender sus ideologías, pero ellas continuaron defendiendo su lugar fuera de casa.

El Fsln indudablemente dejó a las mujeres con la responsabilidad de defender sus posiciones de poder con relación a sus contrapartes masculinos. Además de permitirle al machismo prevalecer en el campo con la finalidad de mantener el status quo de los hombres al suplantar a las mujeres en importancia, el Fsln también perpetuó la consideración de las mujeres como una figura predominantemente materna. La maternidad llegó primero por los sandinistas. Muchas mujeres internacionalizaron la idea de que ser una madre era el oficio supremo, comparable a ser doctor o abogado (Juárez, 69). El simbolismo maternal fue usado en la propagada sandinista para “configurar subjetividades que podrían movilizar hombres y mujeres en las guerrillas” o por lo menos aplacar a las madres de los soldados caídos (Bayard de Volo, xiv). Una pancarta de Amnlae (anteriormente conocido como Ampronac) mostró la imagen de una mujer sandinista joven con un AK-47 colgada de su espalda y un bebé en su pecho (Bayard de Volo, 84). Las imágenes maternas han sido usadas a través de los siglos para indicar la esencia de las mujeres como criadoras del Estado. Tan pronto como su propósito subyacente es estar confinada a la casa y cuidar a sus familias, ellas no amenazarán la hegemonía masculina. Ahí radica la contradicción entre la llamada sandinista a las armas y la respuesta de las mujeres. Una vez que dejaron la esfera doméstica, las mujeres enfrentaron discriminación y machismo. Una vez que la Revolución finalizó, una abrumadora mayoría de mujeres se retiró a sus casas, muchas de ellas listas y voluntariosas a cumplir sus destinos maternales.

 

La Nicaragua sandinista: una utopía de corta vida

En 1993, los sandinistas abolieron la pena de muerte, construyeron 2500 escuelas, redujeron el índice de analfabetismo a menos del 10% de la población, erradicaron la polio y disminuyeron la tasa de mortalidad infantil a un 33%, a pesar de la escasez de recursos (Nicaragua: el derecho de una nación a sobrevivir). Este sentido de autonomía nacional amenazó los intereses corporativos de Estados Unidos y su hegemonía política en la región. La administración de Reagan, que previamente dio la espalda a Somoza, calificó a los sandinistas como comunistas y promovió una contrarrevolución, o “contra guerra” entre 1984 y 1990. La contra guerra causó daño durante un largo periodo al Estado nicaragüense y frenó el progreso del empoderamiento de las mujeres. En 1984, la plataforma del FSLN ayudó para que las mujeres “lograran igualdad con los hombres”, pero en la práctica este no fue el caso. Con la finalidad de priorizar el reclutamiento y sacar provecho de las tasas de fertilidad durante la Contra guerra, el FSLN siguió dando fe de la “maternidad combativa” en lugar de implementar políticas que pudieran garantizar la paridad de las mujeres y los hombres (Bayard de Volo, 85). Al término de la década de 1980, Nicaragua, que había visto a las mujeres y a los hombres de todas las clases sociales unirse contra la dictadura, estaba sufriendo turbulencias económicas (Ibid., 156).

En 1990, las consecuencias de la guerra, la inflación, y el agotamiento de los bienes llevó al 52.4% de las amas de casa a elegir a Violeta Chamorro, de la Unión Nacional Opositora, como su presidenta. Solo el 33.2% votó por Daniel Ortega del FLN (Ibid.). Mientras esto puede verse como si una presidenta mujer simbolizara una victoria de la representación política de la mujer, el liderazgo de Chamorro trajo un retorno a los recortes del gasto social. Ella perpetuó el rol de la madre como la aspiración suprema de la mujer, ella se describió a sí misma como “una gran madre” y “pacificadora” que podría resolver los problemas de Nicaragua a través del “autosacrificio sin límites” (Ibid., 157). Autoproclamada como no feminista, ella se propuso ponerle fin al proyecto y recortar el gasto, en lugar de centrarse en la igualdad de género. Al mismo tiempo, parecía la más sabia decisión para las mujeres elegir un líder que prometiera mantener a sus familias seguras de la guerra. A fin de combatir la inflación, Chamorro devastó la atención a la salud, educación y seguridad social, todo lo cual impactó negativamente en las condiciones de las mujeres. Con el propósito de mantener el apoyo del Fondo Monetario Internacional, Chamorro no pudo emplear más dinero en programas de bienestar social. Estos recortes propiciaron una pobreza desenfrenada que prevalece actualmente en Nicaragua.

 

Ganancias en la representación política de las mujeres

Mientras muchas mujeres nicaragüenses continuaron siendo algunas de las más pobres en el mundo, pocas han tenido avances políticos significativos. De acuerdo con el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas, entre las regiones en desarrollo del mundo, América Latina y el Caribe se encuentran en el más alto nivel en términos de servidoras públicas electas, con una media de 23%. En 2011, Nicaragua obtuvo el más grande progreso que cualquier otro país latinoamericano. “El partido nicaragüense que ganó una significante mayoría de escaños (62 de 90) tuvo una cuota voluntaria partidista para las mujeres de 30 por ciento. En las elecciones de 2011, más de 50 por ciento de sus escaños fueron ganados por mujeres –una indicación de que los partidos políticos desempeñan un papel en el apoyo y fomento de las mujeres en la carrera pública” (UNDP). Mientras algunos pueden argumentar que las cuotas no traen a las más calificadas candidatas y garantiza un escaño a una mujer sin mérito, este no es el caso. El sistema de cuota simplemente requiere que las mujeres sean nominadas, pero ellas deben aún realizar su campaña contra sus contrincantes masculinos. Después que las cuotas fuesen aplicadas para conseguir un empoderamiento político femenino, la proporción de las mujeres en el parlamento saltó de 18.4% a 40.2% en Nicaragua, el cual actualmente registra la mayor cantidad de mujeres parlamentarias en la región. Otros países latinoamericanos han visto un largo incremento en la representación femenina. Argentina, la cual es dirigida por una mujer presidenta, experimentó un crecimiento en las mujeres diputadas de 8.7 % a 37.4%. De forma similar, Costa Rica atestiguó un salto de 15.8 a 38.6%, pero Nicaragua tiene la mayor proporción de parlamentarias en América Latina (UNDP).

 

Una aproximación del siglo XXI al empoderamiento de la mujer

Debido a la falta de gasto gubernamental en programas sociales en la actualidad en Nicaragua, las comunidades se han unido para satisfacer sus necesidades básicas. Bayard de Volo señala que “los movimientos comunitarios se han centrado en obtener bienes y servicios que podría decirse son la forma de acción colectiva de más rápido crecimiento en la región” (Bayard de Volo, 8). Las mujeres constituyen una gran proporción de los participantes en estos programas comunitarios. Más que tener un propósito simbólico, las mujeres trabajan para cumplir con el material de subsistencia con la finalidad de sostener a sus familias, al igual que lo hicieron las mujeres en los años de 1980. Judith A. Hellman señala que los participantes latinoamericanos en los movimientos sociales pueden sentir un sentido limitado de autorrealización, pero la mayoría del trabajo que ellos realizan se enfoca en el acceso a la satisfacción de las necesidades básicas (Ibid). Las mujeres han tomado cada vez más roles de liderazgo en movimientos cooperativos para mantener a sus comunidades. Al analizar el progreso y las limitaciones enfrentadas por las mujeres en Prodecoop (una asociación nicaragüense de venta y producción de café), podemos explorar las contradicciones puestas por lo que significa ser una mujer empoderada en el siglo XXI: ¿ella continúa siendo una madre que vive para su familia?

Prodecoop, una de las más grandes organizaciones de comercio equitativo de caficultores, también conocida como Promotora de Desarrollo Cooperativo de Las Segovias, Sociedad Anónima, fue fundada en 1993 y atiende a un conglomerado de 2,300 pequeños agricultores de 40 cooperativas en la región montañosa norte-centro (Promoviendo la Equidad de Género en Nicaragua). Denia A. M. Colindres es la coordinadora de género de Prodecoop, y explica la forma en que la política de género de la organización ha drásticamente mejorado las oportunidades para el empoderamiento económico de las mujeres. El hecho de que una cooperativa incluso tenga una mujer que esté a cargo de las cuestiones de género, es un símbolo del progreso para las mujeres, aunque sea simbólico. Las mujeres constituyen el 25% de los miembros productores de Prodecoop. Antes del comienzo de Prodecoop, los productores de café como la madre de Colindres, fueron forzados a venderle a cualquiera que pudiese pagar. “Recuerdo cuán difícil era para ella”, Colindres dice. “El café no valía el esfuerzo que había tomado para crecer” (Ibid.). La falta de factores como el control de calidad, crédito y unidades de medida, hizo difícil para las mujeres el sostén de sus familias. Con el propósito de recibir préstamos, los campesinos fueron obligados a poner sus casas y tierras como garantías, las cuales los bancos podían fácilmente embargar si los campesinos no ganaban lo suficiente. Una vez que Prodecoop introdujo calidad, préstamos y capacitación, las mujeres comenzaron a tomar posesión de su potencial económico (Ibid).

El empoderamiento económico de las mujeres no pasó de noche. Al interior de las cooperativas, los hombres cayeron intimidados por las mujeres que respondían por sí mismas. Reminiscencia de la manera en que las guerrillas sandinistas masculinas desafiaron los roles de liderazgo de las mujeres, los hombres en Prodecoop fueron conducidos por sus creencias machistas a contrarrestar el empoderamiento de las mujeres. Cuando la cooperativa inició, los hombres siempre tomaron las decisiones para ambos géneros. Colindres argumenta que la única manera de combatir la cultura de la dominación masculina debía cambiar las reglas de la cooperativa con el propósito de incluir igual capacitación y financiamiento para las mujeres y tomar conciencia de esta importante cuestión. ¿De qué manera las mujeres en las cooperativas son desafiadas de formas diferentes a las de los hombres? Colindres explica las diferencias:

Si un hombre quiere atender un taller, él se despierta, lava, desayuna y se pone en marcha. Una mujer tendría que levantarse mucho más temprano, tan temprano como a las 2 o 3 de la mañana, llevar a cabo las tareas del hogar, alimentar a su familia, y a veces caminar por dos horas para llegar a tiempo a su trabajo. Ella necesita medidas especiales para ser capaz de tener acceso a las mismas oportunidades que un varón. Hombres y mujeres tienen que ser conscientes de que… todos participamos en la cadena de producción de café”. Las mujeres especialmente deben darse cuenta de su importancia. Para empezar, las mujeres dirían “no puedo” o “no sé leer o escribir”. Yo les diría “señora, fulano no sabe leer o escribir, ¡pero él es un líder!” (Ibid).

Desde 1993, Colindres ha visto mejoras radicales en términos de su propio empoderamiento económico y en la confianza general de trabajar junto a los hombres: “Cuando primero inicié, solía temblar. Ahora, veo cómo muchas mujeres participan y hablan. Sé que tengo la capacidad de educarme. Estoy incluso pensando en estudiar un doctorado en la Universidad Centroamericana” (Ibid). Colindres ha llegado a empoderarse económicamente y por ello está más determinada que nunca en avanzar socialmente al obtener un grado académico superior, algo que su madre no habría tenido oportunidad de hacer sin el esfuerzo conjunto de la cooperativa.

Actualmente, la frase de Prodecoop es “detrás de una taza de café, hay una familia” (Ibid). Mientras que en nuestra época neoliberal es esperanzador ver que pueden ser sustentables los esfuerzos basados en la comunidad que trabaja para satisfacer las necesidades familiares, la frase de Prodecoop nos plantea la siguiente cuestión: ¿cuándo, en Nicaragua, las mujeres se empoderarán política y económicamente, no solo para sus familias, sino para sí mismas? Al analizar cómo es que las mujeres han luchado por satisfacer sus necesidades básicas, hemos revelado la manera en que las mujeres han tomado ventaja a partir de los recursos limitados y la resistente cultura machista a fin de sostener sus comunidades en una economía neoliberal.

Como lo señala la frase del Prodecoop, la retórica del empoderamiento de la mujer con el propósito de preservar la familia, continúa siendo explícitamente promovida. Mientras el empoderamiento femenino no sea explícitamente alcanzado con el propósito de sostener a la familia, el hecho de que la frase asocie directamente la producción con la familia, es problemático. Las mujeres pueden continuar viéndose a sí mismas como madres que son motivadas por lazos familiares para hacer su trabajo, pero ¿qué hay si una mujer quiere lograr un empoderamiento económico independiente? Colindres ha probado que al obtener un grado doctoral, ella está motivada a regresar a sustentar a su comunidad en su conjunto y no solo a su familia. El hecho de que ella tenga la elección de proseguir sus estudios muestra el más grande nivel de empoderamiento femenino, pero ¿qué tanto otras mujeres tienen la elección o los medios de dejar sus familias en aras de una movilidad social?

Traducción de Francisco Martínez Cruz y revisión de Valentín Yahuitl García.


Charleen Johnson Stoever. Realizó estudios sobre feminismo en el Wellesley College, cerca de Boston. Ha laborado sin fines de lucro en el sector educativo de Ecuador, Texas y Boston. Ha impartido clases en el Brooke Charter School en Boston, y próximamente comenzará a impartir clases de inglés con los Cuerpos de Paz de Nicaragua.


Bibliografía

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