Masculinidades en los medios de comunicación

La investigación académica sobre masculinidades y medios de comunicación se remonta a los años de 1980. Una de las primeras líneas de análisis se interesó en la representación de las masculinidades en el cine de Hollywood. A ella le han seguido los análisis en la ficción televisiva, deportes, la publicidad y la música popular. En este artículo, la autora da cuenta de las categorías elaboradas por Nick Trujillo para el estudio de la representación de la masculinidad hegemónica en los medios de comunicación.

Imagen: Interscope Records

R. W. Connell definía ya desde los años de 1990 la masculinidad hegemónica como la forma culturalmente idealizada del carácter masculino. De acuerdo con Connell, el poder es definitorio de la masculinidad y, asociados a él, se encuentran la fuerza física, la agresividad, la violencia, la competitividad, la subordinación de las mujeres y la marginación de los hombres gays.

¿Por qué la denominación de hegemónica? Porque es ampliamente aceptada por una cultura y porque esa forma de identidad cultural dominante funciona como norma invisible que refuerza la ideología de género. Y también, porque naturaliza las relaciones de poder y privilegios de los hombres.

Si bien la masculinidad no constituye un monolito, estático en la historia, ni cuenta de la misma forma para todas las culturas, sí constituye la base sobre la que se construyen las relaciones de género en las sociedades.

En este tenor, la clásica representación de la masculinidad, asociada al hombre fuerte, se ha transformado, adaptando el modelo al contexto y condiciones actuales. En este punto, nos aclara Robert Hanke, precisamos entender que las nuevas formas de masculinidad no se dan en aislamiento, sino que responden al empoderamiento de las mujeres en la sociedad y a las conquistas políticas y ciudadanas del movimiento gay.

Por otro lado, admitimos también que la clase y la raza aportan elementos diferenciadores que hacen de la masculinidad un abanico muy diverso, que va de la más poderosa a las marginales.

En este sentido, y aunque en la realidad sean muy pocos los hombres que exalten las formas de masculinidad más poderosas (esas asociadas al hombre blanco, de clase media, heterosexual y profesional), entre los que se cuentan a artistas, deportistas, políticos y empresarios, aclara Connell, un gran número de hombres se benefician de estas definiciones culturales que evocan el liderazgo masculino.

Como lo ha sugerido Jackson Katz, si queremos entender qué ha sucedido con las masculinidades en nuestra sociedad, es preciso revisar qué ha pasado en los medios de comunicación, qué ha sucedido en ellos en términos de representación de la subjetividad de los hombres.

En este tenor, debemos señalar que la investigación académica sobre masculinidades y medios de comunicación, no es nueva. Se remonta a los años de 1980. Una de las primeras líneas de análisis se interesó en la representación de las masculinidades en el cine de Hollywood. A ella le han seguido las masculinidades en la ficción televisiva, masculinidades y deportes, masculinidades y publicidad, y masculinidades y música popular.

Con el fin de dirigir los análisis, Nick Trujillo elaboró en los años de 1990 un listado de categorías útil para el estudio de la representación de la masculinidad hegemónica en los medios de comunicación. La veremos a continuación, a la luz de algunos ejemplos.

El primer recurso del que echan mano las industrias culturales, es de la evocación del poder masculino a través de la fuerza física y el control. Esta superioridad, representada tradicionalmente a través del cuerpo masculino, naturaliza la superioridad de los hombres en la sociedad. Así, es habitual observar en las imágenes del cine de ficción, en la televisión, las noticias, los programas deportes y la publicidad, la representación del poder masculino asociado a fuerza física, velocidad, control, agresividad, dominación y la violencia, que tiene como principales víctimas a las mujeres.

El segundo, es el éxito laboral en el contexto del capitalismo neoliberal. En este punto, observa Trujillo, la masculinidad hegemónica refuerza la división sexual del trabajo que asocia a los hombres al trabajo remunerado, cualificado, que goza de un reconocimiento social, y a las mujeres a labores tradicionales, poco reconocidas. Este rasgo lo ejemplifican nuevas series como XY e Infames, en las que se evoca al espacio público como el lugar “natural” de los hombres, y a su éxito laboral como parte, también natural, de su condición de género.

El tercero es la alusión a la familia patriarcal. En este punto, la masculinidad hegemónica es definida a partir de la dominación ejercida por los hombres sobre las mujeres y los niños de la familia. A los hombres se les continúa representando como protectores, sostenedores y como figuras paternas muy fuertes. En este punto, y aunque las “nuevas” masculinidades representadas en los medios de comunicación, “permiten” a los hombres compartir con las mujeres tareas de la vida doméstica –ejemplo de ello es la publicidad y series como XY–, como señala Trujillo, continúan privando los privilegios de género que promueven que los hombres gocen de lo mejor de ambos mundos –del público y del privado–, compartiendo los placeres más que los problemas (especialmente en el cuidado de los hijos).

Un cuarto recurso tiene que ver con la alusión a la audacia masculina, es decir, al hombre competitivo, que no encuentra límites en su búsqueda por conquistar el mundo. Un ejemplo clásico es el “hombre Marlboro”.

El último recurso del que echa mano la representación mediática de la masculinidad hegemónica, es la definición de los hombres desde una perspectiva heteronormativa. En este sentido, a la heterosexualidad masculina se le representa como buena, normal y natural. Baste, para ello, revisar las representaciones tradicionales que privan en los medios: como señala Trujillo, en las programaciones mediáticas, los hombres mantienen relaciones SOCIALES con hombres y SEXUALES con mujeres.

Desde luego, la de Nick Trujillo no es una tipología normativa, pero nos ayuda a entender cuáles son las formas “culturalmente idealizadas” de la masculinidad.

Podemos señalar también que, aunque se han transformado las subjetividades masculinas que circulan en los medios, estos han sido cambios principalmente de forma, pero no de fondo. Hoy asistimos a nuevos modos de subjetividad, pero no del sujeto, como aclara Robert Hanke, sino del consumidor; de un consumidor que cuida su imagen física y luce bien, pero evitando romper el canon de la masculinidad hegemónica. En este contexto, se insertan estrategias publicitarias como las del “hombre metrosexual”, que “dan permiso” a los hombres de practicar el cuidado y la belleza física, pero sin transgredir las normas del patriarcado. Y lo que hacen estas estrategias es reforzar las normas existentes, mas no romper con ellas.

¿Con qué objetivo los medios incorporan estas otras masculinidades en sus programas y productos? Con el de sumar mayores ganancias, no dejando escapar a este poderoso nicho de mercado. Así, estas “nuevas” identidades masculinas son definidas exclusivamente desde una perspectiva mercantil que ve beneficios económicos, pero que no beneficia los derechos humanos.

¿A qué podemos denominar entonces como nuevas masculinidades? Siguiendo a Robert Hanke, a una rearticulación entre masculinidad, género y economía capitalista, “donde consumo y cultura de masas” no es más un terreno exclusivo de otros grupos sociales.


Aimée Vega Montiel. Feminista. Doctora y Máster en Periodismo y Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Maestra y Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigadora del Programa de Investigación Feminista del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM. Coordina la investigación “Género, comunicación y Poder” (UNAM PAPIIT). Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Fue Presidenta de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación, en donde actualmente co-coordina el grupo de investigación sobre “Género y Comunicación”. Es Vice-Presidenta de la International Association for Media and Communication Research (IAMCR), en donde ha sido co-coordinadora del Grupo de investigación “Gender and Communication Studies”, la Task Force y es integrante del Comité de Revisión Científica. Actualmente, es representante de esta asociación ante la UNESCO en la Global Alliance for Media and Gender. Es Integrante de la Red de Investigadoras por la Vida y la Libertad de las Mujeres, presidida por Marcela Lagarde, y desde la cual impulsó la propuesta “Lineamientos y Mecanismos para una Ley de Medios con perspectiva de Género” presentada al Senado de la República.


Referencias

Connell, R. W.. 1995. Masculinities. Cambridge: Polity Press.

Hanke, Robert. 1998. “On Masculinity. Theorizing Masculinity with/in the Media”. Communication Theory Volume 8, Issue 2, pp. 183–201, May.

Katz, Jackson. 1999. Men, Masculinities and Media: Some Introductory Notes. USA: WCW Research Report Spring.

Trujillo, Nick. 1991. “Hegemonic Masculinity on the Mound: Media Representations on Nolan Ryan and American Sports Culture”. Critical Studies in Mass Communication. Vol. 8, pp. 290-308, September.

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