Y ahora, ¿qué quieren? La importancia de la transversalización de la perspectiva de género en la generación “Y”

El hecho de “racionalizar” las opresiones, particularmente las de las mujeres, y de naturalizarlas, es un error, pues normaliza diferentes prácticas que al final conforman círculos de violencia, pobreza y subordinación y que impiden un cambio y una verdadera transformación social. La autora analiza cómo es que la transversalización de la perspectiva de género en las aulas, los espacios laborales, la oferta mediática y en los espacios recreativos representa en sí una posibilidad real de transformación.

Foto: Polly Thomas

Recientemente, el mercado de las agencias de servicios de citas y matrimonios entre mujeres de Europa del este y Asia central se ha expandido, primordialmente, en los Estados Unidos. Se trata de miles de mujeres, principalmente jóvenes que contraen nupcias con hombres –casi siempre de más de cuarenta años–, que con suerte han visto sólo una vez, y se mudan con ellos al otro lado del mundo. Incluso, el propio gobierno estadounidense ofrece el trámite de las llamadas fiancee visas o visados para novias.

A simple vista, este negocio no representa ningún tipo de actividad ilegal o de abuso: las tecnologías simplemente sirven de medios para lograr unir a dos personas que difícilmente se hubieran podido contactar. Se trata de mujeres queriendo hacerse de mundo y “buscando el progreso” y de hombres deseosos por complacer a una mujer y formar una familia.

El documental “E-mail order bride” (2009), explica el funcionamiento de al menos dos agencias que se dedican a elaborar “catálogos” llenos de perfiles y fotografías de mujeres de Rusia y Asia central interesadas en contraer matrimonio con hombres de distintas latitudes –preferentemente de Norteamérica o Europa Occidental–. En algún punto de este filme, una abogada norteamericana cuestiona esta clase de “negocios” y de “servicios”, y la forma en que ella lo hace, posiciona al espectador en un terreno distinto; los introduce a una nueva visión crítica del problema; la experta, a través de sus cuestionamientos, transversaliza la perspectiva de género –consciente o inconscientemente– en el fenómeno presentado en el video.

Género, ¿para qué? Tantas personas actualmente dirán “¡Pero si las mujeres y los hombres ya somos iguales!”, ¿qué tanto más quieren los grupos feministas y las asociaciones sociales –formales o informales- que buscan la equidad a través de la introducción e incidencia de la perspectiva de género?

Cuando en dicho documental entrevistan a la abogada experta, ella pone de manifiesto el carácter injusto y peligroso de las relaciones “sobre pedido” que ofrecen estas agencias:

  1. Se trata de un catálogo de mujeres solteras, viudas o divorciadas procedentes de países pobres o en vías de desarrollo con altos índices de machismo y subordinación femenina.
  2. Las mujeres “seleccionadas” cumplen con estándares de belleza occidentalizados, altamente selectivos y con una marcada reproducción de los estereotipos de género, donde las mujeres están sexualmente objetivizadas.
  3. Las relaciones derivadas de dichos encuentros, por lo general, corresponden a relaciones marcadas por el poder, es decir, en donde el hombre –originario de un país más desarrollado económicamente– tiene a su merced a una mujer que usualmente no habla el idioma ni está familiarizada con la cultura.

 Existe evidencia de que numerosos matrimonios derivados de dichas prácticas han terminado en violencia doméstica y asesinatos, como fue el caso de Anastasia King, originaria de Kyrgyzstan, que contrajo matrimonio con un estadounidense tras haberse visto un par de semanas. Al final, él mató a su “amada” esposa por negarse a tener relaciones sexuales con él.

Como se mencionó antes, uno de los grandes incentivos de este negocio son los estereotipos estéticos de las mujeres de estas zonas y los altos niveles de subordinación y dominación hacia las mujeres –idealmente siempre prestas a complacer y altamente sexualizadas–. Sin embargo, esta crítica tan atinada no sería posible sin la conciencia y la sensibilidad sobre la diferenciación entre los paradigmas del mundo masculino-heteronormativo y el del mundo feminizado-subalterno.

Recientemente, el piloto mexicano de la Fórmula 1, Sergio Pérez, comentó en una entrevista que “no sería bueno” que le ganara una mujer porque ellas están “mejor en la cocina”. Los medios criticaron sus comentarios, obligándolo a disculparse públicamente, diciendo que todo había sido una “broma”.

Resulta interesante rastrear el por qué existen bromas que directamente atacan y “ponen en su lugar” a las mujeres. El concepto de equidad en cuanto a género, en definitiva, no es algo internalizado por los hombres y tampoco por las mujeres. De hecho, según estudios de la Fundación Thomson Reuters, México ocupa el lugar 15 de 19 países analizados, a pesar de los acuerdos y tratados firmados y los esfuerzos de las organizaciones de la sociedad civil. Basta con tanto sólo observar las cifras de los feminicidios en el Estado de México, Ciudad Juárez y Tamaulipas, sin dejar de lado los altos índices de violencia intrafamiliar, rezago educativo y exclusión laboral de los que son víctimas las mujeres, lo que indica que México aún tiene un largo camino por recorrer en la búsqueda de la justicia y la equidad por sus mujeres.

¿Qué pasaría si el suceso de la Fórmula 1 también pudiese ser leído con una perspectiva crítica y de género? ¿Cuáles serían los nuevos caminos que provoca el cuestionamiento sobre el posicionamiento real de las mujeres en nuestras sociedades provoca? Y ¿cuál es la función de las teorías –y particularmente– de las teorías de género?

La autora Cherrie Moraga en “La güera” de Esta puente, mi espalda (1988), explica que el “peligro radica en alinear estas opresiones…El peligro radica en tratar de enfrentar esta opresión en términos meramente teóricos.”

El hecho de “racionalizar” las opresiones, particularmente las de las mujeres, y de naturalizarlas, es un error, pues normaliza diferentes prácticas que al final conforman círculos de violencia, pobreza y subordinación y que impiden un cambio y una verdadera transformación social.

Esta tesis tan poderosa de Moraga, también lanza una crítica al quehacer puramente teórico de quienes estudian el género y el feminismo, cuando éste no tiene una vinculación directa con la práctica, pues se pierde su poder transformador y en muchos casos, también se normaliza y naturaliza prácticas injustas y opresoras debido a una disociación entre lo que se piensa y lo que se hace.

A menudo, el análisis de género pone bajo la luz verdades incómodas, revelaciones que van más allá de las cuestiones femeninas y que sacan a relucir cómo el poder orienta y urde las relaciones sociales, políticas, económicas y subjetivas.

La importancia de la transversalización de la perspectiva de género –y la importancia como perspectiva per se– radica en desenmascarar las prácticas, lo que de facto se considera normal, es dejar ver las funciones e intenciones a menudo ocultas en las formas de ordenar el mundo y también implica la posibilidad de posicionarnos ante perspectivas nuevas, diferentes, críticas, donde el género, la clase, el sexo, el color y la especie fungen como ejes motores de la sociedad.

A nuestra generación, la generación “Y” o Millennials, nos toca repensar ¿Cuáles son los encierros y limitaciones sociales que hasta hoy se derivan del género? ¿Cuál es la vigencia de la importancia de pertenecer a una cierta clase, tener un color determinado o ser parte de una especie[i] en referencia al acceso a la justicia y qué tendría que ver con nuestros propios accesos?

Mujeres, hombres, niños, jóvenes, adultos mayores, población LGBTTTI, personas en reclusión, migrantes, personas adscritas a ciertas religiones y, en general, los “diferentes”, nos encontramos ante una situación de constante vulnerabilidad. Una vulnerabilidad difícil de reconocer y por ello de cambiar. Pero es aquí cuando las perspectivas de género inciden, nos transforman, nos concientizan y hacen posible un cambio en nuestra situación/ubicación en medio de las relaciones humanas del siglo XXI.

Nuestra generación debe ser consciente de las carencias y las brechas abiertas que presenta esta sociedad. El contexto de nuestro país debe ser un motivo de lucha y preocupación que debe ser transformado desde una mirada crítica y no desde el caudal de (des)información al que estamos continuamente expuestos. La transversalización de la perspectiva de género en las aulas, los espacios laborales, la oferta mediática y en los espacios recreativos representa en sí una posibilidad real de transformación. ¿Qué queremos? Queremos seguir trabajando para lograr una realidad más justa, más equitativa. Podemos hacerlo.


María del Mar Gargari Casas. Licenciada en Estudios Latinoamericanos con Mención Honorífica por la UNAM. Se ha enfocado en proyectos sociales y culturales. Actualmente ocupa un puesto como coordinadora del Proyecto Mujeres en Espiral: Sistema de Justicia, Perspectiva de Género y Pedagogías en Resistencia (UNAM-CDHDF-INMUJERES). Además es parte de la red internacional de organizadores de eventos TEDx en el proyecto TED Conferences de la Fundación Sapling, como directora de TEDxIztapalapa.


[i] El eje clasificatorio de la especie corresponde a los cuestionamientos éticos y jurídicos sobre los accesos a la justicia y garantía de los derechos de los animales.


Referencias

“E-mail order bride” (2009), National Geographic, USA.

Moraga, Cherrie (1988), “La güera” en Esta puente, mi espalda: Voces de mujeres tercermundistas en los Estados Unidos, San Francisco, ISM Press.

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