¡Ah pa’ diablitos! Una mirada energética a la informalidad

México enfrenta el reto de mejorar la calidad del servicio eléctrico y regularizar su uso en aras de volverlo más eficiente, lo que implica resolver el uso ilegal de energía que se lleva a cabo en la economía informal.

En México, los mercados y los tianguis populares son componentes habituales de la vida diaria, sin importar que la mayoría de sus actividades se desarrollan dentro de los confines de la economía informal. Incluso cuando no somos ajenos a los mercados, ni tampoco a los problemas que éstos generan como resultado de regulaciones débiles en el ámbito local, una de sus afectaciones que recibe poca atención en la plaza pública es el consumo constante e irregular de energía eléctrica por medio de los “diablitos”.  Aunque en teoría son subrepticios, los diablitos se han asimilado como parte del folklore económico mexicano, por lo que esta columna tiene como objetivo analizar brevemente la relación entre la economía informal y el consumo energético en el país, así como sus efectos.

diablito 1

La economía informal es resultado, en una medida importante, de condiciones económicas precarias, las cuales obligan a grupos amplios de la población a dedicarse al comercio en el margen de las reglas formales, pues no cuentan con las posibilidades de acceder a otras oportunidades de desarrollo. En su carácter de respuestas improvisadas a situaciones económicas desfavorables, los tianguis suelen llevarse a cabo sin contar con las óptimas condiciones económicas que son necesarias, lo que implica la carencia de infraestructura necesaria para su operación, como es la provisión de agua o energía eléctrica. No se trata de una pérdida menor, pues según datos de la CFE, se calcula que 4.5% de la energía eléctrica que se transmite en la red eléctrica en el país se pierde por conexiones irregulares o “fallas no técnicas” –lo que equivale a un total de 50 mil 033 millones de pesos anuales–.[1] Es importante señalar que la cifra anterior no se acota a conexiones provenientes exclusivamente del comercio informal, pues una parte de este total se deriva del uso de electricidad por parte de asentamientos irregulares o “paracaidistas”, ni debe dejarse de mencionar que una parte de los mercados sobre ruedas cuentan con las licencias apropiadas; sin embargo, sí se trata de un problema público relevante, cuya solución encierra importantes posibilidades de impulsar el uso de energías renovables.

A diferencia de otros países, México no enfrenta el reto de aumentar de forma significativa la cobertura de la red eléctrica, pues la mayoría de la población está conectada a la red, sino que el país necesita concentrar esfuerzos en mejorar la calidad del servicio y regularizar su uso en aras de volverlo más eficiente. En la actualidad, los diablitos están penados con multas de 3,000 pesos por la Comisión Federal de Electricidad; no obstante, la economía informal ha encontrado maneras de evadir el castigo, ya sea mediante corrupción o simplemente ante las escasas capacidades de monitoreo de las autoridades correspondientes. Por consiguiente, los tianguis constituyen oportunidades interesantes para la articulación de políticas públicas orientadas a fomentar el uso de dispositivos fotovoltaicos, los cuales puedan proveer a los comerciantes nómadas la energía necesaria sin que tengan que incurrir a conexiones irregulares. En este sentido, una alianza estratégica entre proveedores de dicha tecnología, la CFE y autoridades locales pertinentes abonarían a la regularización energética de los comerciantes, además de mejorar sus condiciones de trabajo y fomentar el respeto al Estado de Derecho.

diablito 2

La propuesta anterior, que difiere de acercamientos centrados en la persecución y sanción de la economía informal, reconoce la necesidad de regularizar fuentes de ingreso que sostienen a miles de familias mexicanas, y pese a sus ventajas, su implementación no está exenta de múltiples complejidades. Uno de los principales retos al fomentar el uso de fuentes renovables es la resistencia al cambio por parte de los usuarios, así como la necesaria inversión que éstos deben realizar para adquirir y operar la tecnología. Por un lado, los acuerdos políticos en el ámbito local que permiten la operación de diablitos en el país se vería  profundamente trastocados por la implementación de unidades descentralizadas de energía fotovoltaica, conocidas en la literatura como generación distribuida. Por el otro, los ingresos promedio de los comerciantes informales constituyen una restricción importante a la cantidad total que pueden disponer para este tipo de inversiones, incluso frente al temor de ser penalizados por las autoridades –o incluso mayores que el gasto, ya calculado, en que incurren para pagar la mordida correspondiente–.

Los puntos señalados anteriormente constituyen parte de la complejidad detrás de toda estrategia orientada a atender aspectos de la economía informal. No obstante, considerando el alto porcentaje de la población que se encuentra en dicha condición, vale la pena afrontar el reto y diseñar estrategias interesantes para su resolución.

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[1] El Universal Querétaro, Miércoles 10 de Diciembre del 2014, consultado el 8 de diciembre del 2014.

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