La montaña de Guerrero: entre la marginación, la pobreza y la impunidad. Una entrevista a Ana Paula Hernández

Hace tres meses Guerrero volvió a ser el centro de atención debido a la desaparición de estudiantes de la escuela Isidro Burgos en Ayotzinapa. Ángela les comparte un extracto de la historia oral temática que realizó a Ana Paula Hernández, quien trabajó durante cuatro años como subdirectora del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.

En Guerrero y en particular en la región de la Montaña existe una condición estructural de pobreza, marginación e inacceso a la justicia. Frente a esta situación surgió hace más de veinte años el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan. Desde sus primeros años de existencia, empezó a construir lazos de solidaridad y lucha con las poblaciones indígenas de la región para exigir el respeto de los derechos humanos.

Hace cuatro meses Guerrero volvió a ser el centro de atención debido a la desaparición de estudiantes de la escuela Isidro Burgos en Ayotzinapa. De cara a estos hechos y nuevamente con el ímpetu de reflexionar sobre nuestros problemas actuales, les comparto un extracto de la historia oral temática[1] que realicé a Ana Paula Hernández, Maestra en Derechos Humanos, quien trabajó durante cuatro años como subdirectora del Centro de Derechos Humanos Tlachinollan. A partir de su visión se puede entender la distancia cultural, económica y política que existe entre la ciudad y la Montaña, los retos que enfrentamos y el papel que se debe jugar ante la crisis de inseguridad que actualmente vivimos.

9.1

Las particularidades de la Montaña

Pasan los años y pasan y siguen pagándoles nada a los jornaleros, con dinámicas de tiendas de raya, de explotación extrema en los campos y nadie mira eso.

En la montaña de Guerrero hay cuestiones estructurales que tienen que ver con la geografía y que la hacen una de las zonas con mayor pobreza del país. Las tierras de la montaña, la forma en que geográficamente está situada, hace que sembrar sea muy complicado y que la riqueza de las tierras sea mucho menor en comparación con comunidades de Oaxaca o Chiapas donde sembrar una cantidad de cosas se da más fácil. La montaña tiene eso de antemano, la tierra de ahí es más difícil de cultivar, produce menos y hace que tengas que producir en diagonal, sobre la montaña.

Otra característica es que es una zona de producción de amapola. Ese ha sido el cultivo histórico de la región por eso la gente tiene una convivencia constante con el ejército, pues la han sembrado desde hace 30 o 35 años. Es una producción artesanal en la que en algún momento se produjo el 63% de la goma de todo el país.

Además, están los conflictos agrarios que han destrozado a las comunidades en términos de matanzas. Esos factores hacen que esa zona sea marginal en términos de pobreza donde ha habido muchos recursos destinados a la región pero nunca se han traducido en algo que beneficie a la población, ya sea por la corrupción de los políticos o por otras razones. De ahí que sea un lugar donde sigues viendo niveles altísimos de desnutrición, por esa razón se le compara con países de África.

Es un sitio que pareciera estar destinado a la pobreza eterna y a dinámicas sociales, que vienen de muchos años atrás y que se mantienen, como lo es la migración interna que sigue siendo la opción para las familias, pasan los años y pasan y siguen pagando nada, con dinámicas de tiendas de raya, de explotación extrema en los campos y nadie mira eso.

Tlapa

Llegué a Tlapa y dije “este es el infierno”. 

Me enteré que Tlachinollan existía cuando trabajaba en el Centro de Derechos Humanos Agustín Pro y estaba en el área de educación (popular). Fue en el año 2000 y ya Tlachinollan existía, era una organización pequeña pero se empezaba a convertir en una referencia; ya llevaban casos de derechos humanos, tenían un área de educación que se había formado por voluntarios que venían de la Ibero-León y se habían quedado a trabajar ahí. Tlachinollan empezó con abogados que atendían algunas cuestiones jurídicas. Llegan estos chicos y se abre un área de comunicación y de educación. Yo me entero porque el área de educación contacta al Pro para que fuéramos a dar un taller en el contexto del aniversario del Tlachinollan, que desde ese entonces ya era conocido porque se hacía una gran fiesta. Cuando llegué a Tlapa me pareció un lugar terrible con un calor espantoso. Esa fue mi imagen.

La verdad es que al principio no me llamó la atención, fui y me dije que nunca viviría aquí. Pero pasaron los años y tuvo que ver con un proceso personal e institucional del Centro de Derechos Humanos Agustín Pro, pues muere Digna Ochoa y todo lo que hubo alrededor de su muerte; el Pro sufre un desgaste interno muy fuerte. Además, tenía ganas de ir a algún lugar donde tuviera un contacto más directo con las víctimas, pues aunque el Pro tiene vínculo con los estados y viaja y documenta nunca va a ser lo mismo estar en el DF que estar en terreno directamente donde están sucediendo las cosas.

Decidimos irnos una semana a ver qué pasaba y nos quedamos cuatro años, yo tenía la idea de lo fuerte que era ir, y llegar allá fue confirmar que era un lugar terrible, con una pobreza tremenda.

Abel Barrera, Tlachinollan y su mística 

En Tlapa no hay nada, pero el trabajo te jala y también te jala el compromiso y la mística de Abel Barrera.

Cuando nosotros llegamos empezaba la inseguridad, pero la característica principal era la militarización de la zona por la siembra de amapola. Ello te obliga a tener una convivencia constante con los militares porque tienes el batallón militar al inicio de la ciudad y eso marca la dinámica social del lugar, entonces ¿qué haces los fines de semana? Trabajar ¿Qué haces en la noche? Chambear porque tampoco la dinámica de trabajo ni la situación te lo permite.

Sin embargo, a pesar de lo complejo que es vivir allá, el compromiso de Abel no tiene límites. Su compromiso está por encima de su salud, su familia, de todo. Para las víctimas de derechos humanos eso es algo raro, que normalmente no pasa. Es su nivel de compromiso y también el de Tlachinollan pues si tú miras a varios de los compañeros, por ahí van.

La política de puertas abiertas 

No se le cierra la puerta a nadie, eso significa que se atienden desde casos de violencia intrafamiliar hasta conflictos agrarios durísimos.

La dinámica de Tlachinollan no solo es estar llevando los siete casos emblemáticos, es atender a la gente de la región y tener una política de puertas abiertas. Los abogados dan asesorías de todo tipo. No se le cierra la puerta a nadie, eso significa que llevan desde casos de violencia intrafamiliar, conflictos agrarios durísimos, hasta robos de pollos, donde te dicen: el vecino me robó una gallina y ese es mi sustento de vida. No son cosas para la gente que sean banales y es parte de la falta de acceso a la justicia en todos los niveles de la región, la gente no tiene a dónde ir. Si tiene que ver un asunto de violencia intrafamiliar o de una pensión saben que las autoridades no lo van a atender.

En la Montaña hay un asunto de impunidad de racismo y de discriminación, por eso Tlachinollan atiende todo, no solo de derechos humanos; hoy tú vas a Tlachinollan y ves la fila de gente saliendo de la oficina esperando recibir asesoría de la cantidad de problemas que tiene, desde lo mínimo hasta el más fuerte.

Los fuereños y los locales 

Por más de que te chingues en las comunidades y estés ahí 24 horas al día nunca vas a poder entender lo que es la montaña, nunca lo vas a experimentar.

Parte del éxito de Tlachinollan y la razón por la que se ha mantenido por más de 20 años tiene que ver con que ha logrado un balance entre gente de la región y gente de fuera, cubriendo ciertos perfiles.

El área internacional siempre ha tenido un perfil de gente de fuera porque debe ser alguien que se mueva en ámbitos internacionales. El área de recaudación de fondos también es para alguien de afuera relacionado con alguien de la región. Lo que ha sido muy fuerte es el perfil jurídico del equipo de abogados que es de la región y de un tiempo para acá gente que ha estudiado una licenciatura que Abel creó junto con la UPN que es de desarrollo comunitario y llega a trabajar a Tlachinollan con otro perfil más sociológico, el cual contribuye mucho al trabajo de la organización. Ese balance se ha logrado muy bien aunque con sus tensiones porque, claro, el decir que es gente de la región es decir que es gente que ha vivido todo lo de la región, es decir, que han pasado por situaciones muy complejas. Uno no tiene ni idea de lo que es vivir eso, sea cual sea el perfil, desde donde tú vengas, ya sea el DF, Puebla o lo que sea, es otra cosa. Entonces por más de que pases 5, 7 o 10 años ahí nunca vas a poder entender lo que es eso, nunca lo vas a experimentar, por más de que te chingues en las comunidades y estés ahí 24 horas al día vienes de otro lugar y estás en otro lugar.

David y los jornaleros

La situación de los campos es dramática, ganan una absoluta miseria, llegan a los campos y todo lo tienen que pagar a los dueños de las zonas agrícolas.

Cuando llegamos, se abrió el caso de jornaleros agrícolas. Fue empezar a observar una realidad completamente invisibilizada en este país al día de hoy, pero mucho más en ese entonces. Eran familias enteras que se iban a campos agrícolas al norte y que nadie hablaba de esa migración interna. Ahí no sólo eran los hombres, eran también las mujeres con los hijos. Tú ibas a una comunidad de la montaña y todos se iban, y eso era todo un tema.

A los dos años se dio un caso de un chavo de 10 años que murió en los campos y entonces todo el tema del trabajo ilegal de los niños se dio a conocer. Ahí te empiezas a dar cuenta que nada lo puedes interpretar como si trabajaras derechos humanos desde el DF, esto es un ejemplo de la distancia que existe porque lo que tu dirías desde acá es que se elimine el trabajo infantil en los campos, pero las familias decían “por supuesto que no, necesito que mis hijos trabajen porque solamente con el ingreso que obtenemos como familia podemos sobrevivir en la montaña”.

Ese fue el caso de David, que fue muy trágico en toda su extensión, primero por conocer más de cerca la situación de los campos, que es dramática. Ganan una absoluta miseria, llegan a los campos y todo lo tienen que comprar ahí, toda su comida, su sustento se lo tienen que pagar a los dueños de los campos agrícolas. Les rentan un cuadro de concreto donde viven, entonces la ganancia al final de los 4 o 6 meses es mínima y fue muy dramática la experiencia con esa familia porque el papá tenía 25 años de ir a ese mismo campo y cuando su hijo tiene ese accidente, que se tropieza en un hilo y lo atropella un tractor y fallece, el dueño trata de encubrir el caso para no tener ninguna responsabilidad. Entonces el papá tenía una tristeza tan profunda de ir durante 25 años a ese campo, muere su hijo y tratan de cambiar la historia para que el dueño no tenga ninguna responsabilidad.

Durante meses fue primero trabajar para la eliminación del trabajo infantil, las familias diciendo que si lo lograban no la iban a armar y luego, con la familia tendrían que encontrar otra opción para que no tuvieran que volver a ser jornaleros. Entonces tratamos que la niña empezara a estudiar y que fuera mesera y que el niño hiciera otra cosa y después de un año tuvieron que regresar al campo. Son cosas son muy fuertes, te demuestran el nivel de desesperación y lo que es la pobreza estructural, por eso no se resuelve con el programa oportunidades.

9. 2

La comunidad de Carrizalillo y sus corridos 

Se arma un plantón de cuatro meses, terminan forzando a que la empresa se siente a negociar. Hoy tienen un acuerdo que no tiene ninguna comunidad de América Latina con una empresa minera.

El caso del Carrizalillo lo empezó a llevar Tlachinollan en el 2007. Es una comunidad que tiene una de las minas más importantes de oro en la que había una empresa canadiense que tenía la concesión. Con el apoyo de Tlachinollan y de una comunidad muy organizada se arma un plantón de cuatro meses, donde terminan forzando a la empresa a negociar. Logran un acuerdo que no tiene ninguna comunidad de América Latina con una empresa minera, pues les pagan por las tierras, cada año revisan el contrato, les resuelven muchas cosas como pavimentar los caminos y demás, algo que no existe en otro lugar.

En ese momento fue muy emblemático, por lo que se había logrado, por lo organizada que estaba la comunidad, que tal cual hicieron que se parara la mina y que viniera la gente de Canadá a sentarse con ellos a negociar. La calidez de la gente y su agradecimiento, llegaron al punto que tenían una banda y cada año iban al aniversario de Tlachinollan, tocaban y tenían una canción sobre Tlachi, un corrido sobre el plantón y la negociación. Todas esas cosas te muestran los claroscuros de trabajar ahí.

Ayotzinapa: El reto 

Lo complejo de estar en terreno es que no puedes regresar a tu casa y cerrar la puerta, te quedas ahí, no hay como no atender a las familias o poner distancia.

A varios años de haber salido de Tlapa, lo que puedo decir sobre Tlachinollan es que aunque no es la primera situación complicada a la que se enfrenta sí es la más grave. Tienes una situación de completa emergencia que, literalmente, te chupa por completo recursos, energía, personal que pudo pasar cuando fue el desastre natural de Ingrid y Manuel, pero esto es mucho más grave porque tienes que atenderlo de manera prioritaria y llevas más de dos meses haciéndolo y sin embargo tienes una organización que tiene casos ante la Comisión Interamericana, casos de jornaleros, casos de la policía comunitaria, de minería, no es que de pronto sea lo único. Todo lo demás sigue a la par de que estás atendiendo esa situación.

Es muy complejo porque no puedes dejar de atenderlo pero todo lo demás se te viene encima, desde plazos jurídicos, cuestiones agrarias hasta muchas otras cosas y es muy difícil y hace que no duermas. Yo te puedo asegurar que Abel, María Luisa, Vidulfo Rosales y el equipo de abogados de Tlachinollan no han dormido en dos meses y no van a dormir en seis más porque no hay manera de hacerlo. Esa es la parte compleja de estar en terreno, no puedes regresar a tu casa y cerrar la puerta, te quedas ahí, entonces no hay cómo no atender esos casos o poner distancia y menos ahora que el equipo argentino está ahí y tú eres el principal vínculo. Ese es el reto, por un lado mantener la institución en términos del personal y financieros y esa es la realidad de Tlachinollan porque estar en terreno y trabajar como trabaja Tlachinollan hace que aunque tengas tus financiamientos debes mantenerte en Chilpancingo dos meses y esas cosas que no se miran, son el apoyo para seguir manteniendo esto.

Por otro lado, aunque haya dudas sobre la versión de la PGR entiendo que cada vez hay más probabilidad de que así sea. Tienes un hueso y la demanda de los padres de saber la verdad.

La tarea ahora es cómo tomar esta situación y traducirla en algo sostenible, esta energía y atención cómo traducirla. El tema de desaparecidos que es el gran tema de este país, que había estado invisible a partir de este caso sale a la luz, entonces ¿cómo aprovechas este momento para avanzar en todo lo que no se ha logrado? ¿Cómo hacer para resolver los casos de desaparición forzada en los últimos siete años? Ese es el reto para el movimiento, para jóvenes y académicos, ¿cómo traducirlo en cambios de inmediato y mediano plazo? ¿Cómo tenemos argentinos forenses y no hay un equipo forense en este país cuando tenemos más de 400 fosas y cada vez más? Es decir, hay que ver cómo este caso saca a la luz eso y al estar en la mira internacional permite avanzar cosas que de otra forma no avanzan. Es el gran reto para el movimiento. Para Tlachinollan y para las familias es otro tipo de reto. Es el duelo, el dolor y el querer saber qué es de sus hijos.

Conoce más de La partitura del gran garrote

[1] La historia oral temática es un tipo de  entrevista a profundidad en la cual se busca captar el testimonio y las vivencias de la entrevistada sobre un tema específico. Para mayor detalle consultar http://codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/BFTF8P5K1ILTV85CCF1D6M2FNPK6RI.pdf

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