El año del hartazgo

Termina uno de los años más dolorosos para este país en el cual la violencia nuevamente se hace presente. En este texto se reflexiona sobre la situación de seguridad y de justicia que se vive actualmente y se plantean los retos por venir en el año que inicia.

Terminó uno de los años más dolorosos para este país. El año de los desaparecidos, de los condenados, el año del hartazgo.

2014, sin duda, será recordado por la crisis política derivada de los gastos estrafalarios e injustificados de nuestra clase política; por la crisis de violencia desatada por los hechos ocurridos en Iguala; por el erróneo y abusivo uso de la fuerza con el cual ejecutaron a 22 personas en Tlatlaya, y por supuesto, por las manifestaciones sociales presenciadas a raíz de estos hechos.

Sin embargo, la crisis de seguridad en el fondo no sólo deriva de Ayotzinapa o Tlatlaya, es simplemente un caso paradigmático de lo que se vive en el país. Tal es el caso que en los últimos años en nivel de homicidios dolosos sigue siendo alto, tan sólo entre 2013 y 2014 sumaron 32, 744[1] muertes a nivel nacional, 9 mil 336 más que en los dos primeros años del gobierno de Felipe Calderón, que fue de 23 mil 408.

En el caso de secuestro de 2012 a 2013 aumentaron de 1,418 a 1,698; asimismo, las cárceles siguen estando sobrepobladas en más del 120%, porcentaje que la ONU estableció como límite para indicar la existencia de trato inhumano en los centros de readaptación; y a pesar de las continuas reformas al sistema de justicia y de seguridad, la violencia no cede.

Es decir, el hartazgo no sólo tiene que ver con la manera atroz con la que asesinaron a 22 personas en Tlatlaya o con la terrible desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa. La crisis con la que inicia este año no comenzó hace unos meses, lleva décadas en las cuales los dirigentes no han hecho más que dar continuidad a las políticas enfocadas en el combate hacia el narcotráfico, a través de implementar operativos en las zonas más inseguras, lo que ha provocado que en el mejor de los casos la violencia disminuya por lapsos de tiempo muy cortos y, en mayor o menor medida, buscar desmovilizar a los grupos inconformes que protestan contra la violencia que se vive.

No obstante, pese a la implementación de estrategias fallidas estrategias de seguridad, el gobierno actual ha seguido con la idea de estabilizar al país mediante dos estrategias principales: la implementación de operativos especiales en las zonas de conflicto y la presentación de reformas legislativas.

En el primer caso, encontramos que en la estrategia de operativos -si bien ha representado un gasto gubernamental de más de 100 millones de pesos-, los resultados aún son inciertos, pues a pesar de que han disminuido los homicidios y el secuestro en la región, los conflictos y actos violentos con grupos de autodefensas, como el ocurrido en diciembre de este año entre “El Americano e Hipólito Mora, siguen suscitándose en el estado de Michoacán.

Ahora bien, en el caso de las ocho reformas legislativas presentadas por la Presidencia de la República, a raíz de lo ocurrido en Iguala, destaca que nuevamente el Presidente pretendió gobernar reformando, pero en esta ocasión las medidas no han tenido la misma suerte que las anteriores, toda vez que a un mes de haberse presentado no han tenido el consenso necesario para ser discutidas en el Congreso.

Además de estas dos estrategias que parecen insuficientes y en la mayoría de los casos erróneas, se añade que frente a las protestas suscitadas en los últimos meses la organización Artículo 19-México registró un patrón represivo por parte de las autoridades, en el cual son agredidos sistemáticamente manifestantes y comunicadores por autoridades federales o locales.[2]

Así, sus métodos parecen enfocados en medir la eficacia de su actuación en función de la desmovilización, y no en la disminución o por lo menos contención a largo plazo de la violencia desatada en el país. De ahí que este gobierno reprima manifestantes y no centre sus esfuerzos en reflexionar sobre lo ocurrido y busque soluciones participativas en las que se incluyan las demandas de todas y todos.

Frente a ello, es momento de dar el paso, de la indignación, a la acción política, llegó el punto en el que las decisiones gubernamentales dejaron de ser un placebo o un paliativo eficaz para salir de la coyuntura política negativa. Hoy más que nunca las decisiones y las estrategias deberán generarse desde los pequeños colectivos, desde aquellos grupos que han salido a protestar por los desaparecidos, por los olvidados, por los estudiantes. En la medida en que el proceso de reflexión colectiva se amplíe y se organice desde las distintas realidades que el país tiene, podremos comprender mejor las causas de la crisis que actualmente vivimos, y actuar en consecuencia para nunca más tener un Ayotzinapa, un Tlatlaya.

[1] En Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Incidencia delictiva nacional, México, 2014.

[2] Articulo 19, México: Red Rompe El Miedo documentará marcha del 1 de diciembre, México. Consultado en: http://www.article19.org/resources.php/resource/37784/es/m%EF%BF%BDxico:-red-rompe-el-miedo-documentar%EF%BF%BD-marcha-del-1-de-diciembre#sthash.unAHksXY.dpuf

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