Detrás del escándalo: el TPP y la política exterior del gobierno mexicano

México sigue un camino, aparentemente inexorable, hacia el ostracismo autoimpuesto: un Estado que no tiene respeto alguno por los Derechos Humanos.

Alejandro de Coss Alejandro de Coss

Las portadas de las revistas del corazón muestran fotos de la comitiva presidencial en Londres. Los ostentosos vestidos de una familia que viaja a expensas del erario se convierten en gasolina para la indignación de amplios sectores de la población.

Un mes después, la misma familia se pasea en los foros de la más emblemática serie fílmica británica: James Bond. No hay pausa para el cinismo.

La Organización de las Naciones Unidas, a través de una relatoría especial, hace una fuerte crítica al gobierno mexicano. La tortura es generalizada, dice (para muchos algo que sólo se comprueba una vez más).

El gobierno, indignado, acusa un sesgo y advierte que no trabajará más con el Relator Especial.

México sigue un camino, aparentemente inexorable, hacia el ostracismo autoimpuesto: un Estado que no tiene respeto alguno por los Derechos Humanos.

Detrás de esta política exterior de cinismo, indignación estudiada y ostentación obscena, hay procesos estructurales que marchan en paz, sin una crítica fuerte desde la sociedad civil y la oposición política (si es que eso todavía existe). Negociaciones que se han mantenido a través de los últimos dos sexenios.

El 25 de marzo de 2015, el diario peruano La República reveló información relativa al Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés). Lo ahí dicho representa un tema que debe colocarse en la discusión pública en nuestro país. Forma parte de uno de estos procesos estructurales que parecemos dejar olvidados.

Antes de abordar el contenido de esta filtración, y de otras que existen, es importante mencionar brevemente qué es el TPP.

El TPP es un acuerdo comercial y un mecanismo de regulación regional. Forman parte de sus negociaciones 12 países de la Cuenca del Pacífico.[1] El objetivo expreso del tratado es homologar reglas de comercio e inversión en los países firmantes. De acuerdo a la ONG Derechos Digitales, el Acuerdo incluye 26 capítulos de negociación, regulando temáticas tan diversas como el comercio de lácteos, los derechos laborales, los de autor, las patentes, las inversiones estatales y el medio ambiente (TPP Abierto).

Absoluto secreto ha sido la constante de la negociación del Acuerdo. Los capítulos y temas de negociación no son conocidos por la ciudadanía. En México, encima, la presión por conocerlos ha sido mínima.

A pesar de ello, numerosas filtraciones han comenzado a dibujar una imagen de lo que el TPP depara para los pueblos que terminen sometiéndose a sus disposiciones.

La clave es la armonización de las regulaciones. Como vanden Heuvel menciona en el Washington Post, a menudo armonizar es una excusa para que las corporaciones comiencen una carrera para rebajar los derechos laborales, de los consumidores y del medio ambiente.

Esta carrera al fondo se ejemplifica, por ejemplo, en lo que La República filtra. El TPP permitiría a las corporaciones demandara  los Estados sin agotar las vías legales internas. Existen compensaciones establecidas para pérdidas monetarias por conflictos sociales o por cambios en la legislación financiera, ambiental o de salud que afecten las ganancias de las corporaciones (Philip Morris ha demandado a Uruguay por una reconocida ley de salud pública, en una advertencia del futuro cercano).

Otro aspecto, relativo a la propiedad intelectual, es el que trata sobre la patente en semillas y cultivos. En Colombia este camino ya fue recorrido. Su Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos establece que sólo ciertas semillas ‘registradas’ pueden ser cultivadas. Las semillas no-registradas son ilegales. El Estado colombiano tiene la responsabilidad de destruirlas.

Los campesinos colombianos, dedicados a la siembra del arroz, han probado ya los alcances de esta normatividad. Sembrando las semillas que seleccionaron en la cosecha anterior, fueron perseguidos por el Estado, que las destruyó. El TPP puede dar pie a crear medidas similares para los campesinos mexicanos, despojándolos incluso del derecho a un cultivo de subsistencia autónomo.

En lo relativo a la patente de medicinas y productos culturales las medidas propuestas son igualmente duras. Se amplían los periodos de patente y se endurecen las penas a la piratería. Médicos Sin Fronteras ya ha advertido de los riesgos que esto puede traer para el acceso a la salud de las poblaciones marginadas.

El secreto con el que el gobierno mexicano ha negociado el TPP es sólo para algunos. Los reportes muestran que en el panel de negociación se sientan representantes de las grandes industrias. Son ellos quienes han diseñado las reglas. El Acuerdo es una medida elaborada por los grandes capitales globales para profundizar su control sobre el Estado, sobre las posibilidades de la producción no-capitalista y sobre la vida cotidiana de las colectividades y los individuos.

Así, el TPP es un instrumento de gobernanza diseñado para asegurar la reproducción del capital en un momento en el que su capacidad de empujar las fronteras de la acumulación disminuyen. Por eso legaliza la acumulación por despojo, permitiendo ampliar la capacidad de extraer plusvalor. Coloca a las empresas a la par de los Estados para apuntalar su poder de coerción. Así se asegura que, sin importar quien gobierne, serán los intereses del capital los que primen.

Los escándalos en torno de la corruptísima élite que nos gobierna no pueden ser una coartada para seguir ocultando los alcances de un acuerdo que pone en riesgo la posibilidad de una vida digna para todos. Los despropósitos del gobierno federal, graves como son, palidecen al lado de las posibilidades que el TPP abre para la profundización de la desigualdad, de la marginación y de la autonomización de poderes ajenos a todo mecanismo de control popular.

Toca, entonces, pugnar por una organización horizontal, plural, que tenga como bandera no sólo un cambio cosmético en el gobierno, sino un cambio de fondo en la política exterior económica y comercial de este pedazo de tierra que llamamos México.

Conoce más de La región más transparente del aire

[1] Estados Unidos, Japón,  Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur, Vietnam, Canadá, México, Perú y Chile.

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