Campañas musicales: la transparencia del cinismo

En el actual periodo de campañas numerosos candidatos han recurrido al uso de covers de diversas canciones populares como propaganda. En esta ocasión, el autor argumenta que esta forma de hacer política refleja la poca legitimidad y creciente irrelevancia de de la vía partidista y electoral en México.

Alejandro de Coss Alejandro de Coss

Los candidatos que en estas campañas han decidido promoverse a través de covers de canciones pop son la vanguardia de la política electoral mexicana.

Se han despojado de la pretensión de proponer soluciones a problemas comunes. Llevan a sus últimas consecuencias la transformación de la arena electoral en espectáculo para el consumo. Han asumido, con una capacidad envidiable de burlarse de sí mismos, que la política que defienden no se decide con los electores, sino a pesar de ellos, lejos de toda deliberación pública.

Los admiro. Hay que tener una reserva casi inagotable de cinismo para buscar la diputación federal por Apatzingán, Michoacán, a través de una versión insulsa de “Toma que toma”. No hay necesidad de discutir los graves problemas de seguridad del municipio. No es necesario hacer referencia a la posible ejecución de civiles desarmados en esa localidad. Eso pertenece al campo de la política real, de la que no se decide en los agotados espacios de la supuesta representación popular.

Es necesario reconocer otra cosa. Los candidatos y sus equipos saben bien que la política electoral ya no atrae a nadie. Percibida cada vez más como un lastre para la vida pública mexicana, se vuelve blanco de escarnio y burla. La solución que encuentran es convertirse voluntariamente en bufones. De esta forma ya no hay posibilidad de señalarlos como hipócritas. Quienes voten por ellos no podrán alegar haber sido engañados.

Tal vez estemos presenciando el inicio de una política distinta. Los candidatos de los partidos hegemónicos reconocen su irrelevancia. Saben que irán solamente a votar por lo que dicten las cúpulas de sus partidos y los poderes fácticos con quienes se asocian. Ya no hay voluntad de simular.

La farsa del estado actual de la democracia representativa se vuelve transparente. Así lo muestra la alianza PRI-PAN-PRD en Tancítaro, Michoacán o la PAN-PT en Querétaro. Las ideologías son adornos que los partidos pueden quitarse según el momento. Lo importante es ganar.

¡Viva la transparencia del cinismo!

Una nota final: las campañas que operan como comedia voluntaria abonan a desprestigiar la vía electoral como mecanismo para acceder al poder. Reproducen la noción de que no hay otra opción más que las ya establecidas. Incrementan la indignación al tiempo que la cerrazón del sistema electoral se fortalece. Dan como salida la apatía, la sumisión o la promesa de una rebelión que, al menos en los grandes espacios urbanos del país, parece lejanísima. Son una herramienta temible, al esconder su perversidad detrás del ridículo. Así, al contrario de lo que gritan, merecen ser tomadas en serio.

Conoce más de La región más transparente del aire

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