El sello sangriento de las elecciones

Uno de los mayores problemas que tienen las y los políticos en frente no es el que algún ciudadano les cierre la puerta de su casa o lo increpe en un acto público, es confrontarse con la violencia que día a día azota al país y que esta vez los mira directamente. A eso, hoy no pueden darle la vuelta.

Ángela Guerrero Ángela Guerrero

Hace semanas iniciaron las campañas electorales en todo el país. El 7 de junio se elegirán nueve gobernadores, más de 900 presidencias municipales, 639 diputaciones locales y 500 federales. En los días de campaña que han transcurrido candidatos y candidatas se han enfrentado al cansancio, indiferencia e incredibilidad de la sociedad por las típicas propuestas de campaña, por los trasnochados eventos y, por supuesto, por el desgaste de un régimen político que apenas y se sostiene.

Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las y los políticos no es el que algún ciudadano les cierre la puerta de su casa o se los increpe en un acto público, sino la violencia que día a día azota al país y que esta vez los mira directamente. A eso, hoy no pueden darle la espalda.

En un recuento hecho por el periódico El Universal en días pasados se encontraron 28 casos de candidatos, precandidatos y operadores que han sido víctimas de balaceras, amenazas y extorsiones; de éstos, tres resultaron muertos y uno desaparecido. De las 31 entidades al menos en 11 algún candidato ha recibido alguna amenaza.

Ejemplo de lo anterior es el caso de Guerrero, donde al menos 64 de los 81 municipios conviven con diversos grupos delictivos. Ahí se presentó el caso de Aidé Nava, candidata al municipio de Ahuacuotzingo, quien fue asesinada en días pasados; o bien, el de Luis Walton candidato de Movimiento Ciudadano al gobierno de Guerrero, quien fue encañonado junto a su equipo de campaña por 20 hombres en la cabecera municipal de Chilapa en días recientes.

La misma situación se presenta en Michoacán, donde candidatos de distintas organizaciones políticas han sido agredidos o amenazados, como el perredista Israel Peña Cárdenas, candidato a la alcaldía de Zamora, Michoacán, quien denunció que su domicilio fue balaceado. Otro caso relevante es el asesinato en San Luis Potosí de Cecilia Izaguirre, presidenta del Comité del PRI en Lagunillas.

En Morelos, entidad que encabeza los lugares con mayor número de amenazas, esta situación de violencia atraviesa por prácticamente todos los partidos políticos. Incluso, la situación ha llegado al punto de que los candidatos del PAN a las presidencias municipales de Puente de Ixtla, Tlaquiltenango, Amacuzac, Coatlán del Río, Tetecala de la Reforma y Jojutla han abandonado temporal o definitivamente sus campañas electorales debido a las amenazas por parte del crimen organizado.

Situación similar se ha vivido en Veracruz, Oaxaca y Tamaulipas, donde también se han tenido que suspender las campañas electorales o bien, se ha solicitado por parte de los partidos políticos formalmente seguridad para sus contendientes.

Ante esta situación es interesante observar cómo gran parte de la población, en un ejercicio casi mecánico asocia los asesinatos o amenazas con el crimen organizado. Es decir, antes siquiera de saber si hay algún vínculo entre el crimen y el candidato, el público de inmediato lo asocia como miembro de éste, y no es que el blindaje electoral funcione y esté garantizado que los candidatos que hoy se presentan a pedir el voto no tengan ningún ilícito en su currículum, sino que simplemente es una muestra más de cómo el proceso de normalización de la violencia y del discurso amigo-enemigo impulsado por Felipe Calderón y fortalecido por el actual gobierno, ha permeado en lo más profundo de nuestras conciencias.

Frente a ello, pareciera que la clase política no considera necesario tomar medidas contundentes para sus propios candidatos, pues la actitud que se ha mostrado hasta ahora es la de, simplemente, asumir el costo de dejar que estos casos pasen desapercibidos con tal de mantener intacta la jornada electoral y no cuestionar seriamente si hay condiciones para llevarlas a cabo en buena parte de la República Mexicana.

Los datos presentados nos muestran que el problema de la violencia en nuestro país requiere de mucha más atención que el propio proceso electoral. El negar que la violencia ha llegado a las puertas de la clase política es continuar con la ceguera institucionalizada. Un gobierno que no quiere ver la violencia que vive su país no acepta su responsabilidad en ello y, por supuesto, no actúa en consecuencia, aun cuando hoy los asesinados sean sus propios compañeros de partido.

Conoce más de La partitura del gran garrote

Referencias:

Esther Sánchez, Arrecian agresiones contra candidatos, Periodico El Universal, México, 18 de abril. Consultado en: http://www.eluniversal.com.mx/estados/2015/arrecian-agresiones-contra-candidatos-1093358.html

Hector Briseño, En Guerrero encañonan al candidato de MC a gobernador, Periodico La Jornada, México, 26 de abril. Consultado en: http://www.eluniversal.com.mx/estados/2015/arrecian-agresiones-contra-candidatos-1093358.html

Redacción, Violencia; constante nacional: Asesinan a candidato del PRD en Oaxaca, Revolución 3.0, México, 18 de febrero de 2015. Consultado en: http://revoluciontrespuntocero.com/violencia-constante-nacional-asesinan-a-candidato-del-prd-en-oaxaca/

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