Ciencia y democracia constitucional. ¿Tiene sentido?

En esta primera entrada se establecen el objetivo general y metodología del blog El Puntito Azul. Se busca indagar en la relación que existe o debe existir entre la ciencia y un régimen democrático constitucional, usando como base el caso mexicano.

Por Mercurio Cadena.

Ciencia sin conciencia sólo es ruina del alma.

-Francois Rabelais

Los esfuerzos de Carl Sagan, y en general de cualquier divulgader, pueden entenderse a partir de dos motivaciones: una emocional, y la otra más racional. Es mejor dejarle a él mismo la explicación de la parte emocional: No explicar la ciencia me parece perverso. Cuando usted está enamorado, quiere contárselo a todo el mundo. Este libro [El mundo y sus demonios] es una declaración personal sobre el amor de toda mi vida por la ciencia.

La racional, en cambio, me parece que parte del hecho de que el conocimiento científico da poder a sus detendadores, y por tanto, mientras más lo divulguemos, más empoderaremos a la sociedad, evitando los abusos de algunos cuantos iluminades. Esta motivación no es enteramente altruista, pues en la medida en que la ciencia requiere de la crítica y la deliberación constante de ideas, aumentar la base de personas inmersas en la discusión potencia los alcances de la misma.

Sin embargo hasta este punto el esquema es cojo, sencillamente porque no se ha respondido una duda ineludible: ¿poder para qué? Ante esta pregunta los científicos más conscientes han tenido que reconocer la insuficiencia, al menos por ahora, de su rama, y la necesidad de generar diálogos interdisciplinarios que arrojen luz a un asunto fundamental: la epistemología del sentido de la ciencia. ¿Por qué queremos desarrollar energías alternativas que permitan trascender las fuentes no renovables de manera sustentable? ¿Por qué nos interesa indagar acerca del comportamiento de la luz en sus distintas presentaciones?  ¿Qué buscamos al entender los distintos tipos de células y al decodificar el genoma humano?

Una de las respuestas tradicionales es el placer por el conocimiento. La diversión y la satisfacción son piezas clave en toda actividad humana, y olvidarlo deviene en rutinas mezquinas y enajenantes. Sin embargo, esto no brinda una respuesta completa; no termina por darnos un sentido que cumpla con nuestros deseos de trascendencia y, por tanto, necesitamos construir algo más; necesitamos recurrir a la fraternidad en el vacío, como decía Paz.

Propongo acompletar el sentido del quehacer científico a partir de un sentido más general. Hay dos nociones básicas que han servido para dar ensayos de respuesta a este asunto. Estas nociones son la libertad y la igualdad. Queremos ser seres humanes libres con las mismas oportunidades de ejercer esa libertad en la autodeterminación de nuestras existencias, con la esperanza de alcanzar con ello algún grado de felicidad, o al menos de sabiduría.

Dado que estas nociones se dan en contextos sociales, el diseño de las sociedades, en particular de los mecanismos a partir de los cuales se toman decisiones generales, se vuelve un asunto fundamental para su obtención. Uno de tantos diseños que se han desarrollado persiguiendo estas dos nociones es, justamente, el de la democracia constitucional, que puede entenderse como aquel régimen (o forma de gobierno) en el que el ejercicio del poder de decisión colectiva (fundado en la atribución de derechos políticos a todos los miembros adultos de la colectividad) se encuentra formal y materialmente limitado[1]. La limitación formal es el elemento democrático, que en un modelo representativo exige que todes les miembres adultes de la sociedad tengan voz y voto en la determinación de los cuerpos que tomarán las decisiones públicas. La limitación material, en cambio, es el conjunto de derechos y garantías fundamentales que limitan y determinan el quehacer del poder público.

¿Y dónde entra la ciencia en todo esto? Siguiendo a Bobbio, el régimen anteriormente esbozado tiene, en su ámbito democrático, ciertas precondiciones (reglas preliminares que permiten el desarrollo del juego) y condiciones (las reglas del juego) necesarias para su existencia[2]. Asimismo, a partir de sus procedimientos de decisión colectiva, este régimen genera también objetivos públicos. Mi tesis es que el desarrollo y uso de la ciencia son necesarios para garantizar, más allá de las buenas intenciones del papel y del consenso, la existencia de estas condiciones y precondiciones, así como la obtención de sus objetivos públicos. Una democracia constitucional, que aspira a la igualdad de sus miembros en el ejercicio libre de derechos fundamentales y en la participación de ciertos objetivos públicos, debe tomarse a la ciencia en serio para hacer de lo anterior una realidad. La ciencia, entonces, adquiere sentido como una herramienta que permite construir las precondiciones, condiciones y objetivos de una democracia constitucional.

A lo largo de las entregas de este blog analizaré algunos de los objetivos, precondiciones y condiciones de la democracia constitucional mexicana (sin hacer distinción entre ellas), tratando de explicar qué es lo que esas aspiraciones requieren científicamente para volverse una realidad. Con ello pretendo confirmar la necesaria relación que existe entre el régimen en cuestión y la ciencia.

A continuación, la distribución de los temas:

  • Artículo 4 constitucional. Derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar.
  • Artículo 4 constitucional. Derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad.
  • Artículo 4 constitucional. Derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal.
  • Artículo 6 constitucional. Derecho a la información.
  • Artículo 6 constitucional. Derecho al acceso a las tecnologías de la información y comunicación, así como a los servicios de radiodifusión y telecomunicaciones.
  • Artículo 11 constitucional. Derecho al libre tránsito.
  • Artículo 14 constitucional. Garantía de debido proceso.
  • Artículo 17 constitucional. Derecho a la tutela jurídica.
  • Artículo 25 constitucional. Rectoría del Desarrollo Nacional.
  • Artículo 35 constitucional. Derechos del ciudadano.
  • Reflexiones finales.

Espero, finalmente, que esto aporte en las discusiones de las personas interesadas en el diseño y la implementación de política pública.

Conoce más Del puntito azul

[1]     Definición hecha por Pedro Salazar Ugarte en “La Democracia Constitucional. Una radiografía teórica” a partir de la obra de Cfr. M. Bovero, “Diritti fondamentali e democrazie nella teoria di Ferrajoli. Un consenso complessivo e un dissenso specifico”, Teoria Politica, xvi, núm. 3, 2000. p. 37.

[2]     Cfr. N. Bobbio, Teoria generale della politica, cit. p. 381. Conforme a este autor, las condiciones necesarias son: 1) Todos los ciudadanos que hayan alcanzado la mayoría de edad, sin distinción de raza, de religión, de condición económica o de sexo, deben disfrutar de los derechos políticos, es decir, que cada uno debe disfrutar del derecho a expresar la propia opinión o de elegir a quien la exprese por él; 2) el voto de todos los ciudadanos debe tener igual peso; 3) todos aquellos que disfrutan de los derechos políticos deben ser libres de poder votar según la propia opinión formada lo más libremente que sea posible, es decir, en una competencia libre entre los grupos políticos organizados en competencia entre ellos; 4) tienen que ser libres también en el sentido de que deben encontrarse en condiciones de elegir entre soluciones diversas, es decir, entre partidos que tengan programas distintos y alternativos; 5) tanto para las elecciones como para las decisiones colectivas debe valer la regla de la mayoría numérica, en el sentido de que se considere elegido al candidato ose considere válida la decisión que obtenga el mayor número de votos; 6) ninguna decisión tomada por mayoría debe limitar los derechos de la minoría, particularmente el derecho a convertirse a su vez en mayoría en igualdad de condiciones. Las precondiciones, en cambio, son reglas previas al juego que son necesarias para que éste tenga sentido, como por ejemplo la libertad de pensamiento, de reunión, de asociación, y todos los demás derechos fundamentales encaminados a asegurar la libertad auténtica de los individuos.

La responsabilidad del contenido de los textos publicados por la Revista Ala Izquierda corresponde a sus respectivos autores. Cualquier cuestión relativa a los mismos puede ser informada a través de nuestros canales de comunicación. El Consejo Editorial se reserva el derecho de retirar en cualquier momento los textos que violenten los derechos de terceros. Editor responsable: Francisco Martínez Cruz.

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