Cuando los malos no son tan malos

Más allá de la amistad que una a México con Chile, nuestros países se hermanan por el peso de nuestros pasados. Sobre los dos países han recaído dictaduras, y en éstas también han brillado los rasgos de la contrariedad, reflejo surrealista de ambos terrenos: Díaz autorizando una colonia socialista en pleno Porfiriato; y Pinochet patrocinando a un vidente homosexual. Curiosos pequeños pasados dentro del Pasado, es lo que hacen fascinante la historia de Latinoamérica.

Fernando Guerrero Fernando "Fedo" Guerrero

Por Fedo.

Personajes de la talla de rigor de Porfirio Díaz y Pinochet ¿se imaginan al primero autorizando la fundación de una colonia socialista durante su reinado? ¿Y al segundo protegiendo a un vidente que luego cambió de sexo? Revisando las dictaduras de ambos dictadores, se encuentran dictámenes que resultan sumamente curiosos ¿Desde qué circunstancia fueron dictados entonces? Desde la conveniencia por supuesto. Dulce conveniencia que permite conceder permisos, incluso a los más malvados.

La Ciudad (que no fue) Ideal

Usa la imaginación. Transporta tu mente a una región vasta, de exuberancia tropical. Dos acantilados (Punta Afara y Punta Copas) cercan este territorio lamido por el mar. Es una bahía. Un monte. El cerro de San Carlos da la bienvenida.  Nos encontramos en la bahía de Topolobampo en Sinaloa. Dimos vuelta en las páginas del libro de la Historia en retroceso. Muy, muy atrás. Es el año de 1889. Llega un barco. Un barquito si lo comparamos con la altivez de los acantilados. Un barco rugiente si lo comparamos con la paz del mar.

Dentro de ese barco va Alberto Owen. ¿Cuál es el sueño de Alberto? Fundar una colonia socialista en México. Sin propiedad privada, ni religión, ni dictadores. Sí, es el año de 1899. Año del dictador. Del Lobo y el Mono[1]. El lobo es Porfirio Díaz; el mono: Yves Limantour, su secretario. Ninguno de los dos es recordado por ser tolerantes ante políticas extrañas, muchos menos liberales. ¿Entonces qué pasó? Alberto Owen era astuto, sobretodo tenaz. Los indígenas locales le hablaron de  la bahía en 1872, refiriéndose a ella como una isla rodeada de altas montañas, flotante en aguas cristalinas. Topolobampo era eso y era más: un terreno misterioso y aislado, privilegiado y perdido.

México, como la grandiosa máquina que es, vomitaba y avanzaba, hollín, fusil y sangre. Padecía cambios y cambios, y entre más cambios producía, más hollín vomitaba. Topolobampo quedaba olvidada, perdida en sus rincones. Esto permitió a Owen juntar firmas, recaudar fondos, realizar un discurso ingenioso, una labor de convencimiento que resultara convincente. Por fin, el 5 de diciembre de 1882, el presidente Manuel González ratificó un oficio otorgándole la bahía.

Pero el Dictador se coronó. Llegó Díaz al poder. Ya no estaba Manuel González pero permanecía la astucia de Alberto. Porfirio y su consejero, el mono Yves, eran adversarios recios. Dijeron que revocarían la petición. Que nunca y nunca permitirían tal cosa. “Si ustedes lo permiten” increpó el deseo de Alberto “quitaré la carga sobre los hombros del indio” y “ayudaré a quitarle a México el mote de salvaje”. El Lobo y el Mono, que tanto despreciaban la mugre, -lo vulgar- abrieron los ojos, prestaron atención. Ellos, que se relamían en lo elegante, en lo moderno, pensaron que… tal vez y sólo tal vez… ¿podrían?, ¿acaso?, ¿de verdad lo harían? La vanidad pesa en los animales de alto rango y otro oficio fue expedido en 1886 no sólo autorizando las concesiones, sino ampliándolas. Por 99 años, Alberto Owen gozaría de total libertad sobre Topolobampo[2].

Vidente, loca y zarina

La Virgen apareció ante miles, pero sólo uno la vio. Su nombre era Miguel Ángel Poblete. El año es 1983 en Peña Blanca, Chile. Peña Blanca: un pueblo perdido, transgredido, hundido en un anonimato ante el resto del mundo, ante el resto de Chile. Miguel Ángel Poblete: un marginal, un huérfano, un histriónico[3]. Y la Virgen decidió aparecérsele a él, sólo para mostrarle al mundo lo contradictorias que son las divinidades. Porque sí, porque a la Virgen se le dio la gana aparecérsele a un chico amanerado. ¿Qué carajos van a entender los pobres mortales acerca de los Altos Mandatos?

Divinidades locas que eligieron a una loca para que Peña Blanca fuera un centro mediático. Pues eran miles de chilenos los que estaban convencidos de que el joven era el emisario de los Cielos, que poco importaban sus amaneramientos notorios en una época tan represiva, que qué más daba que una vez hubiera salido de un pastel –casi desnudo- en saludo hacia la Virgen, quedaba igual el destino incierto de todos los donativos que recibía. Y así, llegaron los reporteros hacia Peña Blanca a entrevistar al santo muchacho.  Y así, Pinochet, brindó protección armada hacia los peregrinos. Y así, la Santa Iglesia protestó. Pero Pinochet calló y dejó a Miguel Ángel hacer y deshacer,  ser un beato espectacular que se dejaba ser filmado y daba autógrafos.

Mientras que en otras partes de Chile cualquier indicio de homosexualidad era castigado con prisión o muerte, el santo niño corría libre, mano en cintura, voz aflautada, hablando con la Virgen. El período de las apariciones constó desde 1983 hasta 1988: se hicieron pósters con el beato enmarcados de rosa, se cantaron canciones, se hicieron perfomances, y de repente, tan tranquilo como llegó a la fama, Miguel Ángel se retiró de Peña Blanca… Claro, la Virgen lo llamaba lejos.

¿Y qué pasó después?

Esta vez no fue México el culpable de la destrucción de la Ciudad Ideal. Como gran máquina que es, México se dejó hacer. Abrió sus goznes al extraño pero esta vez fueron los colonos, los migrantes culpables de la destrucción. Uno a uno, de par en par después, en oleadas al final, regresaron a sus tierras tras problemas financieros, disputas entre ellos y mal lograda infraestructura. De todos los edificios que debía tener la Ciudad Ideal, sólo se llegó a construir un hospital, una escuela y un comedor comunal; para apresurar las obras, se pusieron a trabajar a los niños y ancianos. El dinero de Estados Unidos tardaba en venir, el agua en llegar, la enfermedad en irse. Sólo la Muerte fue una constante compañera de los colonos. Todo se quebró. Hasta la voluntad de Alberto Owen. Se fue, en un barquito pequeño que lo vio alejarse no de la misma manera a cómo llegó: feliz y rico.

Miguel Ángel Poblete también volvió: esta vez convertido en mujer por obra de la Virgen y con un nuevo nombre: Karole Romanov. Sí, también en su ausencia la Virgen le reveló que ella descendía de las duquesas rusas; y ahora, fundadora de un grupo sectario que traducía sus visiones marianas (mezcla de latín y mapuche) dio rienda suelta a su alcoholismo que la mató en el año 2008. Pero su culto purpúreo sigue vigente, visitando aún el cerro donde la Virgen le habló por vez primera a Miguel Ángel.

De esas pequeñas historias, que conforman la Historia:

Sobre la Ciudad Ideal puedes leer: Don Porfirio ¿Socialista? de Eduardo Luis Feher. 2010. editado por la UNAM. Y Los Socialistas Utópicos, de Desanti Dominique, 1973. editado por Anagrama.

Sobre Miguel Ángel Poblete puedes leer: Crónicas del Sidario por Pedro Lemebel, la crónica titulada “La transfiguración de Miguel Ángel (o la fe mueve Montañas) disponible online en http://bvlgtb2.blogspot.mx/2012/12/loco-afan-cronicas-de-sidario-de-pedro.html.

O bien, puedes ver un video de Miguel Ángel presenciando a la virgen, disponible online en: https://youtu.be/8nWkkevaiKA

Conoce más de Mirilla

[1] Es el mismo Owen quien en una carta se refiere así a Díaz y Limantour (The Wolf and the Monkey), aduciendo en ellos la astucia y prepotencia en estos animales.

[2] La Ciudad Ideal sería poblada por colonos sin distinción de nacionalidad, religión o sexo. Debería ser más imponente que Nueva York. No habría propiedad privada. Todas las propiedades y poderes creados por el pueblo serían estimados como patrimonio de la comunidad; el individuo sólo tendría derecho al producto de su trabajo. Una tercera parte de la ciudad sería destinada a jardines, bulevares y plazas públicas.

[3] El Trastorno Histriónico de la Personalidad es un trastorno del tipo “B”, siendo una de sus principales características, la extravagancia y necesidad constante de llamar la atención. Miguel Ángel Poblete padecía este trastorno.

La responsabilidad del contenido de los textos publicados por la Revista Ala Izquierda corresponde a sus respectivos autores. Cualquier cuestión relativa a los mismos puede ser informada a través de nuestros canales de comunicación. El Consejo Editorial se reserva el derecho de retirar en cualquier momento los textos que violenten los derechos de terceros. Editor responsable: Francisco Martínez Cruz.

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2 Comentarios en Cuando los malos no son tan malos

  1. Nos cuentas dos episodios que parecen muy distantes en el tiempo y en sus circunstancias con la frescura de una historia recién inventada. Eso se agradece. Felicidades,

  2. Fernando Guerrero // octubre 4, 2015 en 21:35 // Responder

    Muchas gracias por leerme Julio. Para mí fue más grato leer tu comentario. Un abrazo

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