Ocho días de recuento, marcha unida y cuadro apretado en Cuba (segunda parte)

En esta segunda parte de la reseña del viaje a Cuba, Santiago Álvarez describe el sistema económico cubano y explica las dinámicas sociales que lo envuelven. También, narra su visita a Playa Girón, en la Bahía de Cochinos, lugar de la fallida invasión “mercenaria” y símbolo de la victoria de la Revolución cubana.

Santiago Álvarez Santiago Álvarez

Por Santiago Álvarez Campero.

El sistema económico cubano es más complicado. Hay que decir claramente que no da señales de crisis, aunque sí de cierto estancamiento. Creo que más que socialismo, se trata de capitalismo de Estado. No es que no haya empresas, sino que existe un gran monopolio: el gobierno. La economía estatal se desdobla de distintas maneras (restaurantes, hoteles, aviones, taxis, museos…) con varias ofertas según las demandas. Puede haber mucho lujo y también mucha accesibilidad. Generalmente, los precios resultan atractivos, pero casi siempre hay algún truco escondido. Comer langosta cuesta 15 cuc (pesos convertibles, atados al dólar estadunidense, que son equivalentes a 24 pesos cubanos) y una sabrosa croqueta de pollo un peso cubano. Hay pequeñas tiendas de comida y bebida que abren toda la noche. La cerveza Cristal cuesta 1.5 cuc, los refrescos Ciego Montero 1,  el ron Havana Club alrededor de 5, el pan con perro 1.5 y los libros alrededor de 8 pesos cubanos (unos cinco pesos mexicanos). Los precios casi no varían de lugar en lugar; es una economía de mercado centralmente planificado. Es notable la palpable sustitución de importaciones; en cambio, las telecomunicaciones son raquíticas y el internet carísimo y escaso. Las exportaciones más importantes de la isla son, sin duda, el ron y el tabaco. Todavía no sé por qué la única marca extranjera de cigarros de venta masiva son los Lucky Strike.

En Varadero compré una caja de habanos marca Cohiba. Me los ofrecieron muy discretamente y a la mitad de precio. Es que nosotros competimos (nótese el competir) con el Estado, me dijo el vendedor de la tienda de artesanías, un negro encantador, cuyo nombre prefiero no mencionar por su seguridad (sé que no le habría gustado). Con el guardia de seguridad del hotel, el primer oferente de habanos, hicimos un trueque. Traje de baño, pantalones y una gorra por una botella de litro de buen ron. Buenos términos de intercambio para él, buena experiencia para nosotros. Le preguntamos si conoce a alguien que nos pueda llevar a Playa Girón, en la Bahía de Cochinos, en la Ciénaga Zapata. Rápido nos dice que sí y muy fácilmente nos contacta con su amigo Ariel, un ingeniero que trabaja de taxista, que nos cobra por ser nuestro chofer por varias horas 93 cuc (más de 2 mil pesos cubanos, un dineral para él). Ariel pasa por nosotros al hotel puntualmente. Nos dice que nos subamos a su “máquina” del otro lado del puente, porque no puede recoger turistas en la zona hotelera. Su coche es de los cincuenta, bien conservado y con asientos de piel roja bastante cómodos. Su taxi tiene un botón para emitir un chiflido a modo de cumplido. Ariel lo usa frenéticamente ante tanta mujer guapa que se le presenta en el camino. Más adelante volveré a nuestro trayecto a Girón.

La economía preocupa más que la política, que la democracia. El cubano quiere dinero para aumentar su consumo. Nadie muere de hambre, pero pocos viven con lujos. Sí hay desigualdad económica, pero no tanta. Eso me imagino, porque no hay información pública como para el resto de América Latina. En un país donde el Estado es dueño, el dinero es rey. Las alternativas no son infinitas, por supuesto, pero todo está abierto a la negociación, al negocio. Los cubanos hablan mucho, son excelentes vendedores y resultan descaradamente seductores, tan apuestos y coquetos. Entre los dedicados al turismo, que son muchos, existe cierto sistema de cuotas por contacto y por amistad. Cualquier cubano te ofrece los servicios de algún amigo suyo, te los asegura (sea para comer, para llevarte, para conseguirte, para darte). Uno va pagando al que presta el servicio y también al que lo introdujo (en los paladares suelen dar comida a quien presente al comensal, por ejemplo). Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga, le echó a Burundanga, le hinchan los pies… ¡Oye qué lío! Aunque lo nieguen, en cada transacción se extrae cierto porcentaje que va para las personas involucradas, que tienen como fin apoyarse mutuamente. Por lo demás, puede percibirse un renovado ánimo emprendedor. En el eterno elevador del hotel de La Habana, por ejemplo, una recamarera cuenta a sus compañeras que puede comprar artículos de belleza y sugiere que le compren artículos para montar una peluquería u ofrecer manicure o maquillaje; todas están deseosas, pero tienen que hacer cuentas. Hay muchísimo más capital social que en México.

En el camino a Playa Girón, cruzamos el campo cubano de costa norte a costa sur. Es territorio de bicicletas y carretas con caballos, quienes portan unos lindos “lentes” de sol. Los campos están cultivados, aunque también hay arbustos y ganado suelto. En el trayecto de dos horas, hay más carteles con referencias a la obra y las bondades de la Revolución. Resaltan mucho la unidad y el progreso. Ya hacia Girón, donde la fracasada invasión del ejército mercenario apoyado por la CIA, hay muchas tumbas que honran a los caídos y anuncios orgullosos de la victoria implacable de 1961. Bay of Pigs, como dicen los gringos, fue un fiasco como política pública de Kennedy, sí, pero se explica mejor, creo, por la vigorosa disciplina del ejército cubano comandado por Fidel Castro (que en los primeros años se hacía llamar Primer Ministro, no sé por qué). En el Museo de la intervención aparece un collage imponente: “Girón: victoria del socialismo”. El museo explica el contexto revolucionario de finales de los 50 y principio de los 60: reforma agraria, nacionalización de grandes empresas, campaña masiva de alfabetización, leva y disciplina en las Milicias Nacionales Revolucionarias, obligatorias para los nuevos varones (que no los homosexuales contrarrevolucionarios). Las dos salas están repletas de documentos históricos, fotografías y armas de combate (las dejadas por los invasores, de fabricación americana, y las suyas, checoeslovacas, es decir, soviéticas).

En abril de 1961, aviones estadounidenses con insignias cubanas bombardearon aeropuertos militares cubanos. Al día siguiente, se declaró el estado de alerta máxima y se declaró socialista la Revolución. Poco después y durante tres días, la Brigada 2506, ejército “mercenario” (eran cubanos), desembarcó en la Bahía de Cochinos con la intención de establecer un gobierno alternativo y derrocar al de Castro. Los insurrectos invasores lograron avanzar pocos kilómetros y fueron completamente derrotados por las tropas al mando de Castro, quien dirigió la defensa desde un cuartel cercano. El gobierno socialista se fue para arriba, ayudado por los misiles soviéticos que se instalarían clandestinamente al cabo de unos años; el mediador cubano de este acuerdo, el diplomático, fue Ernesto Guevara.

Declaración de estado de alerta.

El Comandante en Jefe y Primer Ministro del Gobierno de la República declara al país en Estado de Alerta y

ORDENA:

Al Ejército Rebelde, a las Milicias y a todas las fuerzas de seguridad, aumentar la vigilancia y proceder sin contemplaciones contra los que sean sorprendidos cometiendo o tratando de cometer actos de sabotajes, tiroteos o atentados.

A los Comités de Defensa de la Revolución, redoblar su actividad de vigilancia, descubrimiento y denuncia de los contrarrevolucionarios y sus actividades.

EXHORTA:

A los obreros, campesinos e intelectuales, a todo el pueblo trabajador a mantenerse en sus puestos y redoblar su esfuerzo por la producción y la enseñanza.

A toda la población, a mantener el orden y la disciplina más estrictos y cooperar a aplastar a los mercenarios, quintacolumnistas, saboteadores y contrarrevolucionarios en general.

Todos a la acción por Cuba Libre y Soberana

Todos a la acción por la Revolución redentora de los humildes, la Revolución patriótica, democrática y socialista de Cuba, con el lema de

¡PATRIA O MUERTE!

¡VENCEREMOS!

Fidel Castro

Comandante en Jefe

Primer Ministro

(tengo la foto del recorte de periódico)

El orgullo patriota es más fuerte que nunca. Los más de mil soldados hechos prisioneros, dicen, habían sido prósperos propietarios en la Cuba de Batista. Hubo un juicio masivo, público. Muchos fueron encarcelados y luego intercambiados a Estados Unidos (donde fueron recibidos por Kennedy como héroes de guerra) por una suma millonaria de alimentos y provisiones. Los exmilitares de Batista fueron fusilados.

“La composición social de la brigada mercenaria revelaba los intereses que pretendían reimplantar los apátridas. Un análisis de los prisioneros demostró que 800 de ellos, o sus familias, habían poseído 370,628 hectáreas de tierra, 9 666 casas y edificios, 70 industrias, 10 centrales azucareros, 5 minas y 2 bancos. Figuraban, además, 135 exmilitares de la tiranía batistiana y 65 delincuentes, entre estos 3 connotados asesinos y torturadores. Durante varios días, la televisión y la radio llevaron a todo el país los interrogatorios practicados a los mercenarios. La derrotada Brigada 2506 mostró ante el mundo su naturaleza reaccionaria y criminal” (Museo de la Intervención, Playa Girón).

Compañeros poetas, tomando en cuenta los últimos sucesos de la poesía, quisiera preguntar –me urge– ¿qué tipo de adjetivos se deben usar para hacer el poema de un barco sin que se haga sentimental, fuera de la vanguardia o evidente panfleto? Si debo usar palabras como flota cubana de pesca y Playa Girón (Silvio Rodríguez, “Playa Girón”)

Diversa y enigmática, seductora y mañosa, única y mundial, nalgona y socialista, Cuba no será la misma mañana, como tampoco es ya el satélite soviético del ayer. Como dice el calendario de amor: bien, va bien y va a estar mejor. Como canta Silvio Rodríguez: que escriban, pues, la historia, su historia, los hombres del Playa Girón. Como se despide Reinaldo Arenas: “Cuba será libre. Yo ya lo soy”.

Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui, allá dios que será divino, yo me muero como viví… y que viva la Revolución.

Conoce más de Dancefloor politics o el baile de los de abajo

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