Las guerra contra el crimen organizado, una guerra contra todos

El 31 de julio fueron torturados y asesinados Alejandra, Nadia, Yesenia, Mile y Rubén. Cada una de estas personas simbolizan la crisis y las consecuencias de una guerra que el gobierno —federal o estatal— ha decidido enfrentar, una guerra que tiene como pretexto las drogas, como discurso el crimen organizado y como objetivo la sociedad mexicana.

Ángela Guerrero Ángela Guerrero

Por Ángela Guerrero.

Cuando un gobierno decide combatir violentamente a las drogas, a los grupos delincuenciales o bien al crimen organizado, también decide combatir a su gente, a su sociedad y a un régimen que pretende ser democrático. En tal decisión no sólo van incluidos los costos económicos, la sobrecarga del sistema judicial o la falta de recursos para desarrollar al país, sino que también se encuentran acciones menos visibles con las que el Estado se vuelve el mayor perpetrador y victimario.

Para llevar a cabo esta estrategia belicista ha sido preciso realizar acciones que en su mayoría son autoritarias y violatorias de derechos humanos, en las cuales las autoridades actúan con total impunidad, al punto que el miedo entre la población se ha convertido en algo normal, con lo que día a día nos enfrentamos, incluso sin darnos cuenta.

Desde el sexenio anterior, al mismo ritmo con que se fortalecían los discursos belicistas y se desplegaban operativos militares, la violencia contra la prensa crecía hasta ubicarnos el día de hoy como uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Es decir, con el abrupto incremento de asesinatos, las cifras de trabajadores de la comunicación agredidos, amenazados o asesinados también crecieron exponencialmente, al punto que al finalizar dicho gobierno, mas de mil  trabajadores de los medios de comunicación habían sido agredidos.[1]

Ahora bien, si el gobierno anterior se caracterizó por la autocensura, la falta de medidas de protección para las y los periodistas y la escasez de garantías para informar, en este la situación es aún más grave. Como Artículo 19 ha manifestado, si en el gobierno de Felipe Calderón cada 48 horas se agredía a un periodista, en el gobierno actual sucede cada 26 horas aproximadamente.

En medio de este dramático contexto el 31 de julio asesinaron a cinco personas en el Distrito Federal: Alejandra Negrete mujer trabajadora y jefa de familia; Nadia Vera, activista y promotora cultural; Yesenia una joven estudiante; Mile Martín colombiana que había llegado a México para buscar suerte como modelo y Rubén Espinoza, fotoperiodista independiente que había salido de Veracruz, después de haber recibido amenazas por realizar su trabajo.[2]

Cada una de estas personas simboliza la crisis y las consecuencias de una guerra que el gobierno en sus tres niveles ha decidido enfrentar, una guerra que tiene como pretexto las drogas, como discurso el crimen organizado y como objetivo la sociedad mexicana.

Los acontecimientos dejan ver los estragos que ha tenido el discurso belicista disfrazado de seguridad, pues para varios medios de comunicación hoy es más importante difundir que dos de las personas asesinadas hayan supuestamente consumido algún estupefaciente que la manera tan brutal con la que fueron torturados y posteriormente asesinados. También, nos revelan que las instituciones enfocadas en proteger periodistas no funcionan en lo absoluto, pues desde su creación poco ha podido hacer para prevenir y darle protección a quienes son amenazados por informar, razón por la cual muchos periodistas no acuden a ella y tienen que generar sus propias redes de apoyo y protección, las cuales, lamentablemente, no son suficientes para mantenerlos con vida y fuera de peligro.

El caso de Alejandra, Nadia, Yesenia, Mile y Rubén muestran la manera en la que directa o indirectamente el gobierno pretende callar a las voces disidentes, las voces de aquellas personas que buscan un nuevo camino en la ciudad, de quienes trabajan para dar a sus familias una vida mejor de las que ellas pudieron tener. Calla las voces de todas y todos.

Conoce más de La partitura del gran garrote

[1] Artículo 19, Informe Estado de Censura 2014, Artículo 19, México, 2014.

[2] Con información de Animal Político. Consultado en: http://www.animalpolitico.com/2015/08/la-vida-de-nadia-yesenia-alejandra-mile-y-ruben-antes-de-la-narvarte/

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