Dos caminos diferentes, una misma lucha

Los casos de desaparición en México se han vuelto parte del acontecer cotidiano. La falta de respuesta de las autoridades ante tal situación es en suma preocupante. Sin embargo, ante este escenario de desolación, los familiares de las víctimas han logrado organizarse para demandar al gobierno una respuesta eficaz, para hacer visible esta realidad que el propio gobierno quiere ocultar. En este texto se exponen cinco historias de mujeres que han permanecido en la lucha por localizar a sus familiares.

Por Amara Gabriela Enríquez Ángeles, Eduardo Emmanuel Hernández Arroyo, Gabriela Godínez González y Rosa María Luisa García Valenzuela

Es viernes 10 de mayo de 2013, en una mañana soleada frente al Monumento a la Madre en la Ciudad de México se encuentran reunidos cientos de familiares de personas desaparecidas, todos vestidos de blanco con flores y pancartas en las manos. La mayoría son mujeres: madres, esposas, hijas o hermanas. Caminan todas unidas por el dolor en la segunda Marcha de la Dignidad Nacional “Madres buscando a sus hijos e hijas y buscando justicia”. Ese acto es el reflejo de la lucha que han decidido emprender ante la falta de respuesta en la investigación de cada uno de sus casos.

Mujeres en grito por la justicia / Foto: Amara Enríquez

Mujeres en grito por la justicia / Foto: Amara Enríquez

Entre la multitud se distingue un rostro con la mirada llena de angustia por la pérdida de su hermana, esa “amiga” de la infancia, que un día salió de casa para no volver. Teresa Vera Alvarado sostiene en sus manos una lona en donde se pueden mirar una fotografía y un texto que dice “Ayúdale a regresar a casa, Minerva Vera Alvarado, sexo: femenino, edad: 60 años, estatura: 1.55, tez morena clara, ojos grandes café oscuro, cabello ondulado, se extravió en el municipio de Matías Romero Avendaño, Oaxaca, el 29 de abril de 2006”.

Teresa buscando a su hermana, protestando el 10 de mayo de 2013/Foto: Gabriela Godínez

Teresa buscando a su hermana, protestando el 10 de mayo de 2013/Foto: Gabriela Godínez

Desde hace siete años Teresa, costurera de profesión, inició la búsqueda por el paradero de su hermana Minerva. Jamás imaginó encontrarse bajo esta situación:

Yo nunca me imaginé tener este tipo de problemas, nunca, nunca, yo veía por ejemplo en las estaciones del metro pegadas las fotografías de personas, pero decían extraviadas, y para mí esa palabra de “extraviadas” quiere decir momentáneamente, tal vez se olvidan, porque no llegaban a un domicilio correcto, extraviadas, pero a las dos, tres horas vuelven a retomar su camino, su destino.

Entre ellas existía una muy buena relación. Teresa recuerda que cuando eran niñas, ella cuidaba de su hermana, como una madre a una hija. A pesar de que Teresa radica en la Ciudad de México la distancia nunca las separó, se mantenían en constante comunicación y en algunas ocasiones se visitaban.

Con una tristeza infinita, pero con una mirada alegre, regresa a su mente la imagen de Minerva, aquella mujer generosa y abnegada a la que le gusta la fiesta y el baile, quién un día salió de su casa con la intención de ir a la estética y desde ese entonces no ha vuelto.

El día 29 de abril de 2006, a las 6:00 pm, Teresa se encontraba en su domicilio cuando recibió una llamada donde le avisaron que su hermana había salido de casa desde temprano y no había regresado. Sus demás familiares estaban buscándola con amistades de la región; sin embargo nunca la hallaron. En su angustia por no tener respuesta de su paradero, Teresa se trasladó inmediatamente a Oaxaca para llegar a la comunidad Matías Romero Avendaño, donde se encontraba el hogar de Minerva.

Al llegar al municipio comenzó a buscar por todas partes, en las colonias y pueblos aledaños, haciendo una búsqueda que hasta la fecha no ha cesado. De acuerdo a su testimonio, en su andar abarcó varias ciudades de Oaxaca, Veracruz y después otros estados:

―Decidí salir a buscar, en la misma ciudad, en todas las colonias, en los pueblos cercanos, rancherías y así sucesivamente hasta llegar desde Coatzacoalcos hasta Salina Cruz, que es la región del Istmo de Tehuantepec y posteriormente recorrer varios estados de la República Mexicana llevando su fotografía, para que me informaran, les pedía yo ayuda a las autoridades, al DIF, a Protección Civil, a bomberos y a todas las personas que yo me encontraba para saber si la habían visto, y todo fue negativo―.

Con la esperanza de recibir asesoría y ayuda, se dirigió hacia las autoridades del Distrito Federal, quienes le dieron un volante en el que Minerva era considerada como extraviada. Estando en contra de esta acción, Teresa exigió la investigación y el esclarecimiento de su caso. Volvió a la Ciudad de Oaxaca, pero como no existían oficinas de búsqueda de personas desaparecidas, la mandaron a otra oficina donde al igual que en la anterior, no le solucionaron nada. Teresa recuerda que al llegar a la instancia correspondiente sólo le tomaron comparecencia, pero no trabajaron, no hicieron nada.

Después de considerar que el trabajo de las autoridades era ineficiente, pidió el traslado del expediente que se encontraba en el municipio de Matías Romero hacía la capital de Oaxaca, pero al no ver una mejoría en las investigaciones, decidió viajar a la Ciudad de México para manifestarse en el zócalo capitalino, exhibiendo en sus manos la fotografía de su hermana. Ante esta acción, mujeres del Estado de México inmersas en la misma situación, se sumaron a esta protesta.

Teresa, con el retrato de su hermana pegado siempre al pecho, recorrió de norte a sur el territorio nacional, debido a que se unió a la Caravana por la Paz, encabezada por el poeta Javier Sicilia,

Yo estuve ahí acompañando esa caravana, y ya de acuerdo con esto fue que decidí organizarme con ellos, porque sé que sólo organizados podemos lograr muchas cosas para que la autoridad siga investigando y siga trabajando―.

Al unirse a esta caravana, comenzó a ser parte del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad; durante su lucha uno de sus principales logros ha sido obtener una recompensa para quien dé información sobre el paradero de su hermana. Teresa no ha parado en la búsqueda de su cómplice de la niñez.

Y aquí en la marcha rumbo al Ángel de la Independencia, está protestando como hace siete años, exigiendo el pronto regreso de Minerva, entre gritos y suplicas por la justicia, Teresa pide ayuda y expresa el dolor que lleva con ella todos los días.

―Es una angustia terrible, un tormento horrible que no se lo deseo a nadie, no saber de ella hasta la fecha, que ya lleva 7 años 8 meses, no saber de ella, qué es lo que está pasando, quién la tiene, cómo está, si come, si duerme, es una angustia terrible que uno como familia lo está sufriendo―.

Las mujeres avanzan por Paseo de la Reforma hacia el Ángel, paralelamente a las afueras del edificio de la Procuraduría General de la República (PGR) se hallan nueve madres y un padre de familia, todas con hijos e hijas desaparecidos. Un día antes montaron un campamento repleto de lonas y pancartas con fotografías e información de sus familiares para realizar una huelga de hambre que duraría nueve días.

Madres huelga de hambre marchas por la Dignidad Nacional, 2013/ Foto: Luisa García

Madres huelga de hambre marchas por la Dignidad Nacional, 2013/ Foto: Luisa García

Sin tenerlo previsto ambas protestas se unen, se brindan apoyo y gritan a una sola voz “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, con lágrimas en sus rostros piden justicia a las afueras de la procuraduría. El obispo Raúl Vera, quien se ha caracterizado por su activismo y sus declaraciones en contra de las acciones injustas del Estado y el crimen organizado, se acerca e intenta alentarlas con sus palabras para aminorar su profundo dolor; gracias a esto, los medios de comunicación centran su atención en ese encuentro.

4

Mujeres que marchan hacia el Ángel de la Independencia, se unen a las que están en huelga de hambre, 2013/ Fotografía: Eduardo Hernández

Las cámaras enfocan a una mujer que a la altura de su pecho sostiene una pequeña lona con la fotografía de un joven y una leyenda en la que se puede leer “¡Ayúdanos a encontrarlo! Francisco Albavera Trejo, desapareció el 26 de marzo del 2012 en la línea 1 del metro Pantitlán, es estudiante de UPIICSA del IPN, se agradecerá cualquier información”.

Lunes 26 de marzo de 2012

6:15 am. No sonó el despertador, toda la familia Albavera Trejo se despertó tarde para realizar sus actividades, Francisco le comentó a su madre ―no tengo ganas de ir a la escuela―, pero ella le insistió ―sí, pero debemos ser responsables y cumplir con nuestras obligaciones y una de ellas es la escuela―.

A las 6:30 am lo encaminaron al metro Pantitlán para que tomara un camión que lo acercaría a la institución donde estudiaba.

2:00 pm. Después de un día muy tranquilo para Irma, en donde siguió con su cotidianidad, preparando los alimentos que esperarían a sus hijos, Francisco no llegaba, dicho retraso fue un poco extraño para ella debido a que él siempre estaba en casa a las dos en punto, pero pensó que habría tenido un contratiempo.

3:00 pm. Fernando su otro hijo llegó a casa, y las dudas sobre el retardo de Francisco abrumaron a Irma: ¿por qué no hablaría? Él siempre avisaba cuando iba a llegar tarde, ¿tendría alguna dificultad?, ¿estaría con sus amigos?

5:00 pm. Irma intentó comunicarse con Francisco, le envió el primer mensaje, pero no le contestó, ante esto ella procuró mantener la calma. Después de media hora le hizo la primera llamada a su celular, pero siguió sin obtener respuesta, con tal de no desesperarse Irma pensó que quizá no tendría batería.

6:30 pm. Irma y Fernando descubren a través de las redes sociales que uno de sus compañeros de escuela le había mandado un mensaje, en el que le pedía que se pusiera en contacto con él. Ella habló por teléfono y le cuestionó si sabía algo de Francisco, la respuesta fue ―mire, Francisco no llegó a la escuela y por eso yo le envié el mensaje, yo no sé nada, pero hay un amigo que tiene un mensaje y que tal vez pueda servirle―.

Ella se comunicó con el otro joven de nombre Rodolfo, quien le dice que Francisco no llegó a la escuela y que a él a las 2 de la tarde le enviaron un mensaje que decía: ―A tu amigo Paquito lo tenemos guardadito, les vamos a llamar a partir de las 12 para que empiecen a cooperar, no llamen a la policía porque sino se muere―. Ante esta noticia Irma le pregunto por qué no hicieron nada, y el joven le contestó ―¡Uy! señora, yo pensé que quizá era una broma, que Francisco había perdido su celular por eso le enviamos el mensaje a medio día para que se comunicara, así que no le tomé mucha importancia.

7:00 pm. Irma le marcó a su esposo y para cuando éste llegó deciden ir al Ministerio Público, en donde le dijeron:

―Mire señora, nosotros estamos acostumbrados a que muchas mamás vengan aquí llorando a decirnos que su hijo está desaparecido porque muchas creen que porque se pelearon con su hijo, nosotros vamos a salir a buscarlo, pero así no funcionan las cosas, haga conciencia y analice bien si su hijo está harto de vivir con usted―.

Irma se sobrepone a esta respuesta por parte de las autoridades consiguiendo levantar la denuncia, un poco más tarde les indican que el siguiente paso es esperar.

Mayo de 2012

Luego de dos meses sin noticia alguna, Irma se desespera ante la ineficiencia de las autoridades, decidió imprimir unos carteles con información de su hijo y asistir el 10 de mayo a la primera Marcha de la Dignidad Nacional “Madres buscado a sus hijos e hijas y buscando justicia”, en la cual algunos medios la tomaron en cuenta y difundieron la información de su hijo.

Noviembre de 2012 

Después de participar en la Marcha del 10 de mayo, la madre de Francisco comienza a integrarse en algunas organizaciones y a participar en manifestaciones, una de ellas fue apoyando a tres mujeres que realizaron una huelga de hambre en las instalaciones de la PGR. Irma junto con un grupo de madres, decidieron ayudar a estas mujeres estando con ellas todo el tiempo.

Ante la creación de algunas instancias gubernamentales para el apoyo a este tipo de problemas, las víctimas (quienes en realidad son los familiares que están en la espera de su ser querido), se dan cuenta que no pasa nada durante los siguientes meses; es por ello que Irma junto al grupo de personas que habían realizado la huelga de hambre en noviembre del año pasado, deciden realizar actividades para que el gobierno escuche su inconformidad con ciertas irregularidades. Así el 9 de mayo de 2013 llevan a cabo una huelga de hambre para que las autoridades se sensibilicen y realicen un trabajo eficiente.

A pesar de que el actual gobierno reconoce que existen cerca de 28 mil desaparecidos sólo durante el sexenio anterior, en lo general no ha existido una respuesta de la sociedad, no sólo es que la gente se muestre indiferente, sino que es desconocedora del tema. Así lo percibe Irma Trejo:

―Soy […] una mamá que cuando veía a una persona desaparecida, creía que todo eso sucedía en los periódicos, pero tristemente tienes que darte cuenta que nuestro país vive una gran violencia y que nosotros como sociedad a veces somos muy indiferentes […] algunas personas te aceptan un volante el cual inmediatamente tiran a la basura, pero otras ni siquiera te lo aceptan, yo creo que tenemos que pensar y ser conscientes que tal vez esto te puede pasar a ti―.

La herencia de una triste lucha

La búsqueda no es unidireccional, además de haber madres en busca de sus familiares desaparecidos, también existen hijos e hijas en busca de sus padres, como es el caso de Tania y Pavel, quienes buscan al lado de su madre Sara Hernández, a Rafael Ramírez Duarte.

Sábado 7 de octubre del año 2013

El reloj de la Catedral Metropolitana marca las 12:00 pm, el ambiente que se vive en el centro de la capital no es el habitual, además del tráfico, estrés y el imparable ir y venir de la gente, característico de las calles de la Ciudad de México, en la plancha de la Plaza de la Constitución se respira un ambiente de solidaridad, ya que en esta ocasión, debido a los desastres que produjeron los huracanes Manuel e Ingrid, se instaló un centro de acopio para los damnificados, rodeando con vallas la plaza y sus calles aledañas.

Sin embargo, en uno de los puntos cercanos a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la organización Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S. México) se encuentra protestando. Se observa en su mayoría a mujeres de distintas edades quienes reparten folletos con información referente a la realidad que alberga sus vidas y que afecta a cientos de hogares a quienes les hace falta un ser querido. Reclaman la presentación con vida de hijos, hijas, esposos, esposas, de un padre o una madre.

Estas familias fracturadas, ahora frente a la SCJN, recuerdan a ese ser querido con fotografías en blanco y negro colgando de sus cuellos, dejándolas notar a la altura de su pecho, retratos de personas quienes algún día conocieron la feroz represión del Estado mexicano en la llamada Guerra Sucia.

5

Protesta de la organización H.I.J.O.S. México a las afueras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, 2013/ Foto: Gabriela Godínez

Aquí, protestando junto a esta asociación civil sobre la calle Venustiano Carranza, exigiendo justicia y el regreso de todos los desaparecidos se encuentra Sara Hernández de Ramírez, quien en su lucha se dedica a brindar información con el objetivo de concientizar a la sociedad, para que descubran esa obscura realidad que por muchos años ha ocultado el país.

Sara, con un estilo conservador y siempre con una sonrisa en su rostro, no pierde la esperanza de volver a ver a su compañero de toda la vida, Rafael Ramírez Duarte, quien fue detenido y desaparecido junto con sus cuatro hermanos el 9 de junio de 1977 por el Estado mexicano, encarcelados en los sótanos del Campo Militar número uno, siendo éste el único dato que se obtuvo. Sus hermanos fueron liberados; sin embargo, él nunca regresó a casa. Desde ese momento, Sara junto a su hijos asumieron esta lucha para recuperarlo, exigiendo la presentación con vida de este padre de familia.

Actualmente la organización H.I.J.O.S. México tiene registrado en los archivos del Comité ¡Eureka! a 561 desaparecidos durante la llamada Guerra Sucia. La doctora Pilar Calveiro, comenta en entrevista sobre la problemática de la desaparición forzada, utilizada como una estrategia en países dictatoriales, y aunque México en ese entonces no llevó a cabo este tipo de gobierno, hizo uso de este método como forma de represión.

―La desaparición forzada durante los años 70 y 80 fue utilizada en toda América Latina, en este caso, en México se le conoce actualmente como Guerra Sucia y es precisamente eso, aquellas luchas en las que el Estado recurría a métodos ilegales, clandestinos, para deshacerse de la diferencia política, utilizando la metodología principal de la desaparición forzada, seguida de tortura ininterrumpida, asesinato, desaparición de los restos, etc.―

Rafael con la preocupación de que su esposa Sara utilizara el transporte público, el día 9 de junio de 1977 salió de su hogar a las 8 de la mañana para comprar un automóvil, prometiendo regresar a las 11 hrs. Sin embargo ese día Sara Ramírez con su hijo Pavel, y a cuatro meses de que naciera su hija Tania, recibió una llamada telefónica de su cuñado Juan Manuel, quien le confesó la militancia de Rafael en una organización guerrillera y que probablemente había sido detenido por el Estado mexicano. La organización guerrillera urbana Liga Comunista 23 de Septiembre, que durante los setentas concentró la mayoría de los activistas de tendencia marxista leninista, cuyo nombre surge de la fecha del asalto a un cuartel madera del ejército en 1965.

En ese momento Sara no sabía de las desapariciones, así que confió en que al día siguiente sabría de Rafael. Sin embargo, no fue así, al contrario, como lo menciona Sara en entrevista el Estado era muy hipócrita, era terriblemente perverso―, para intimidar a Sara días después de la desaparición de Rafael, realizaron llamadas anónimas por teléfono de forma amenazante.

―En ese momento ya no pude salir de la casa, me quedé esperando a que pasaran los primeros días críticos; una intimidación terrible, a las seis de la mañana sonaba el teléfono, corría y era un clarinete, seguramente era una guerra psicológica y de terror que hacía el Estado―.

A pesar de que eran tiempos en los que la represión del Estado era muy fuerte y después de lo que le había pasado a su esposo y a sus cuñados, Sara no hizo caso del terror psicológico del que afirmó haber sido víctima, por lo que decidió negarse a las palabras de sus familiares y abogados quienes la incitaban a huir del país, permaneciendo en México para continuar en la búsqueda de Rafael.

De esta manera, junto a su suegra y hermanos decide poner una denuncia ante el Ministerio Público, dándose cuenta que no sólo era un problema personal, sino social. En este lugar se encontraron con otras madres quienes iban por la misma causa. Un pedazo de papel que decía ―si tienes algún familiar que no sepas de su paradero, denúncialo y comunícate con nosotros― llegó a sus manos. Fue un volante que sacó Rosario Ibarra de Piedra durante las desapariciones dadas en la época de los años 70, donde ponía su número telefónico. La suegra de Sara conservó el papel y días después se contactó con ella integrándose de esa manera al comité.

―Mi suegra desde el inicio se incorpora a esta agrupación [El Comité ¡Eureka!], yo no porque el embarazo iba creciendo, yo me incorporo ya que Tania nace, pero mi suegra sí, es de las fundadoras de este comité―.

Sara y su suegra iniciaron un vaivén de investigaciones, y se dieron cuenta que no había respuesta de las instancias correspondientes, por lo que se unió en una lucha permanente al Comité ¡Eureka!.

La participación de Sara se dio porque ella misma notaba que socialmente había una forma de no decir lo que en verdad estaba pasando: ―la prensa no lo decía, la televisión no lo decía, nadie lo decía―. Es entonces cuando ella junto con los integrantes del Colectivo ¡Eureka! deciden salir a las calles para dar a conocer lo que ocurría en este país. Volantearon y trataron de informar a la gente ―que la gente sepa lo que pasa, […] que la gente vea lo que hay, […] yo lo siento como una tarea indispensable.―

La participación de Sara en el Comité ¡Eureka! duró hasta el fallecimiento de su suegra y al entrar Rosario Ibarra al Senado de la República, dejaron de reunirse con la misma frecuencia, por lo que terminó su trabajo con el comité; sin embargo la politización que esta mujer fue adquiriendo con los años empapó a sus dos hijos, Tania y Pavel que hoy son líderes de una de las organizaciones internacionales de búsqueda e información sobre la desaparición en la Guerra Sucia, H.I.J.O.S México.

Entrevista con Sara en su casa, 2013/ Foto: Gabriela Godínez

Entrevista con Sara en su casa, 2013/ Foto: Gabriela Godínez

Hoy Sara apoya a sus hijos que continúan buscando a su padre. Ahora son ellos quienes la invitan a participar en las manifestaciones, ―H.I.J.O.S. México es una organización que hereda una triste lucha, […] Ellos dicen que si sus papás quisieron un mundo mejor es porque le tenían un profundo amor a la vida, entonces ellos asumen su lucha así, con amor a la vida y con alegría por la vida―.

 

Voces indómitas

Miércoles 28 de agosto de 2013

La Plaza de la Constitución de la Ciudad de México está repleta de casas de campaña debido a la manifestación que realiza la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Es un ambiente de protesta en donde destaca un grupo de personas, la mayoría de avanzada edad, a las afueras de la Catedral Metropolitana. Es difícil distinguir las mantas que llevan en sus manos que con dificultad tratan de instalar entre dos puestos ambulantes. Comité ¡Eureka!, es lo único que se logra descifrar entre la multitud.

Dentro del grupo resalta una mujer vestida de playera negra y un pantalón de mezclilla, con tono de voz grave, potente y acento norteño, habla sobre las manifestaciones que ha realizado en Ciudad Juárez, Chihuahua, junto con la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa, esa voz es de Norma Andrade quien relata: ―a raíz del asesinato de Alejandra, una nueva Norma surge como luchadora social y empieza a exigir y trabajar en contra del gobierno, descubriendo que he vivido en una burbuja de cristal―.              

Norma Andrade dando palabras de agradecimiento al Comité ¡Eureka!, 2013/ Foto: Eduardo Hernández

Norma Andrade dando palabras de agradecimiento al Comité ¡Eureka!, 2013/ Foto: Eduardo Hernández

14 de febrero de 2001

Día del amor y la amistad, donde se vive un ambiente de romanticismo que hace significativa esta fecha para muchas personas, pero que en 2001 cambió la vida de la maestra de primaria Norma Esther Andrade, quien desde muy temprano se despidió de su hija Lilia Alejandra García.

Alex como prefiere llamarla, esa mañana se dirigía a su trabajo para poder sostener los gastos de sus pequeños Jade y Kaleb. Norma se quedaba con sus nietos mientras se despertaban para hacer sus actividades, Jade dormía con ella y Kaleb con Alex, y todos los días le llevaba a su nieto a la cama para que siguieran dormidos, mientras hacia este cambio sólo se dijeron ―mamá me prestas para la ruta― a lo que Norma le respondió ―agarra dinero de mi monedero, está en la mesa―.

Esa noche Alejandra no llegó a su hogar a la hora habitual, que oscilaba entre las 8:00 pm, a su mamá dicho retraso se le hizo muy extraño ya que Alex acostumbraba avisar si llegaba tarde. Después de dos horas de esperar, Norma decidió marcar a la fábrica donde laboraba su hija para preguntar si estaba trabajando tiempo extra, le dijeron que la vieron salir en su horario de siempre, por lo tanto tendría que haber regresado a casa a las 8:30 pm. Norma decidió salir a esperarla en la parada del transporte ―yo me fui a esperar a ver si la veía llegar, me estuve como hasta la una de la mañana―.

Al ver que no llegaba su hija, decide comunicarse con sus compañeros de la fábrica, esperando a que estuviera con alguno de ellos, pero todos le respondían lo mismo, que Alejandra a la propuesta de ir a una fiesta respondió –No, mi mamá me tiene castigada, ya me voy para la casa―.

A las 4:00 am, Norma decidió hablarle a Leonardo, un joven que pretendía a Alex, ―estuvo un rato conmigo en la máquina y ella se fue y yo estoy en el turno de la tarde y salgo hasta las seis de la mañana, ella se quedó un rato conmigo pero después se fue, Alejandra salió de la maquila como a las 7:30 pm iban a dar las 8:00 pm―.

Al otro día, después de una exhaustiva búsqueda en hospitales, se dirigió a las instancias correspondientes para poder hacer la denuncia, recibiendo como respuesta: ―no hace ni siquiera 24 horas que está desaparecida, […] búsquela entre sus amistades que al rato aparecerá, […] lo que pasa es que ustedes como madres son muy descuidadas con sus hijas, […] usted de seguro la tiene muy apretada, la asfixiaba y lo que ella quería era espacio―.

 

Viernes 16 de febrero

Finalmente en el MP aceptaron que Norma realizara su denuncia, pero ella comparte que el agente le dijo ―pues vamos a tratar de localizarla pero nomás somos mi compañero y yo, y tenemos alrededor de 200 jóvenes con denuncia de desaparición, no le garantizo absolutamente nada―.

 

Domingo 18 de febrero

La espera para esta madre fue suficiente, Norma decidió elaborar como ella dice, una pesquisa y comienza a repartirla en el centro comercial aledaño a su lugar de trabajo y en la ruta que debió haber tomado su hija para regresar a casa.

 

Miércoles 21 de febrero

Cerca del mediodía, cuando Norma llegó de entregar volantes, se le acercó una vecina diciéndole que posiblemente habían encontrado a su hija, inmediatamente le habló por teléfono un joven, quien le comentó: –estaba comprando en Soriana y al salir me percaté que había un cuerpo de una joven y las características coinciden con las descritas en su volante, por eso me decidí a hablarle―.

En ese momento sin pensarlo, decide ir al anfiteatro para confirmar si era ella, pero no la dejaron entrar, así que esperó a su hermano y cuñado quienes entraron a reconocer el cuerpo de la joven, dejaron a Norma en la sala de espera.

Con la esperanza de que no fuera su hija, le preguntó a la Ministerio Público sobre qué calcetas llevaba y cuando le dijeron que traía calcetas escolares, Norma deseó que no fuera su hija, ya que ella usaba tines, pero en cuanto vio el rostro de su hermano perdió esa esperanza, debido a que su mirada le confesaba la realidad. Cuando se acercó, se lo confirmó. Se trataba de Alex.

Después de enterarse, se les aproximan dos Ministerios Públicos, quienes les indicaron que ellos llevarían a cargo la investigación y los citaron al otro día en la fiscalía.

Jueves 22 de febrero

9:00 am. Llegaron a la fiscalía y los esperaban para una rueda de prensa, ―nos exhibieron a nosotros los familiares, la fiscal no nos entrevistó a ninguno, no nos tomaron denuncia ni testimonial, nos tuvieron ahí alrededor de 10 horas, en donde llegaba la prensa y mi estado les decía inmediatamente que yo era la madre―, de acuerdo a la declaración de Norma ellos sólo siguieron las instrucciones de la fiscal, no hablar, sólo aparecer mientras ella declaraba, ―lo que hizo, fue un circo para exhibirnos a los familiares y para decir según ella que habían hecho su trabajo―.

7:00 pm. El cuerpo de Alejandra fue entregado a sus familiares y se encontraba según Norma mal manejado por los forenses ―el cuerpo con una autopsia echa para la basura definitivamente, porque borraron muchas evidencias y cosas que debieron de haber hecho y no hicieron, que a lo mejor en su momento no nos dimos cuenta―.

Domingo 25 de febrero

Después de dos días de haber enterrado el cuerpo de Alex, el ministerio citó a Norma y a su esposo para decirles que su hija sufrió una violación tumultuaria, pues se había encontrado gran cantidad de semen en ella. La fiscal, Suli Ponce, les indicó ―les fue bien a comparación de otras mamás―, por lo que Norma muy molesta le dijo ―me acaban de asesinar a mi hija y ¿me dices que me fue bien?―.

Ante ello, Norma perdió momentáneamente la fuerza, cuando otras familias le pidieron su apoyo para luchar por la justicia de sus familiares también desaparecidas, ella se negó, ya que en ese instante vio como un fracaso el trabajo que realizó en el caso de Alex, pero su hija mayor Malú le hizo cambiar de opinión con unas palabras –ayúdalos mamá, precisamente porque a mi hermana no la pudimos ayudar, ayúdalos a ellos―. Ante esto, Norma inició una lucha por las mujeres que han desaparecido en Ciudad Juárez.

Junto con otras madres que padecían la misma desgracia, Norma comenzó haciendo manifestaciones y plantones en el Palacio de Gobierno, enunciándose, exigiendo que buscaran a las hijas de las madres de Chihuahua.

Siempre siendo una persona que resaltaba al exigir los derechos de sus compañeras, Norma se fue convirtiendo en la líder de estas señoras –las mamás me fueron siguiendo cuando veían que no me quedaba callada, cada que estábamos en una marcha, no faltó un funcionario quien me hizo enojar y entonces brincaba y les decía de todo―.

Después de marchas, plantones, acudió a foros y fiscalías, e incluso se trasladó a Los Pinos para exigir el esclarecimiento de sus casos, ella y el resto de mujeres unidas comienzan a tener diálogos con instituciones del gobierno, pero la respuesta de parte de éste eran siempre promesas, incluso agresiones pero no acciones. Norma recuerda que el servidor público Filiberto Terrazas, les dijo ―es que ustedes son una bola de viejas argüenderas que nomás están viendo como joden al gobernador―.

Fue precisamente esta respuesta lo que provocó en Norma la necesidad de una movilización mayor, es quizá este momento en el que se potencia su subjetivación política, pues le respondió al fiscal:

―Bien, como somos una bola de viejas argüenderas, a partir de mañana somos una organización, para que no me vuelva a decir vieja argüendera, y le digo una cosa, la asesinada era mi hija, no la suya, así es que ni soy vieja argüendera ni mucho menos. Soy una madre que quiere al asesino de su hija en la cárcel y todas las que estamos aquí queremos lo mismo―.

Ahí fue donde todas las madres que estaban en esa reunión deciden organizarse legalmente, una señora llamada Lucía, les consiguió el primer notario, quien se ofreció a apoyarlas, debido a que no tenían dinero para poder pagar ni siquiera su registro, también algunas organizaciones del Distrito Federal las ayudaron de manera económica.

Desde ese momento la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa, que inició como tal en 2002, se dedicó a apoyar de forma legal y psicológicamente, a madres que sufrieron la desaparición de una hija, iniciando en Ciudad Juárez para ser una organización nacional, involucrándose con madres de estados que estaban viviendo la violencia en Chihuahua.

Dicho trabajo ha tenido sus frutos. El 17 de octubre de 2013, premiaron a la representante de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, Norma Andrade con el premio QUO en mente humana, debido a su interés por cambiar la situación del país:

―Como a todo ser humano, le gusta que le reconozcan su trabajo, pero están reconociendo un trabajo doloroso, que es una lucha por los asesinatos de nuestras hijas, entonces si es muy difícil recibir un reconocimiento en esa situación, […] yo le veo más mérito quien está en la lucha sin haberlo vivido, que a mí por ejemplo, que pues yo me hice en el camino y me hicieron―.

Ahora Norma se integra a manifestaciones apoyando a la persona que algún día le ofreció su mano para persistir en su lucha. Son las 12:58 pm y se ve a lo lejos a una mujer de avanzada edad, vestida de negro con dificultad para caminar entre los campamentos.

Norma Andrade y Rosario Ibarra de Piedra en el 35 aniversario de la Primera Huelga de Hambre del Comité ¡Eureka!, 2013/Foto: Eduardo Hernández.

Norma Andrade y Rosario Ibarra de Piedra en el 35 aniversario de la Primera Huelga de Hambre del Comité ¡Eureka!, 2013/Foto: Eduardo Hernández.

Lo que la caracteriza es su cabello rizo recogido y un medallón que cuelga de su cuello con la fotografía de un joven de no más de 25 años de edad; esta mujer es Rosario Ibarra de Piedra, que hace 35 años estuvo aquí mismo, frente a la Catedral, realizando la primer huelga de hambre junto con 82 madres de familia, exigiendo la presentación con vida de sus hijos desaparecidos durante la represión de la Guerra Sucia.

25 de noviembre de 1973, a las 7:00 pm el segundo hijo de Rosario Ibarra, Jesús Piedra Ibarra que militaba en la Liga 23 de Septiembre, salió de su casa a comprar víveres para la cena, a partir de este día su familia no volvió a saber de él. Su madre comenzó a acercarse a las autoridades para levantar la denuncia correspondiente ante la desaparición de su hijo. Cuatro meses después, Jesús se comunicó con ella, ya que su padre Jesús Piedra Rosales fue arrestado, encarcelado y torturado por agentes policiacos, con la finalidad de dar con el paradero del joven Piedra Ibarra.

La comunicación clandestina de Jesús duró poco más de un año, fue el 18 de abril de 1975 que Rosario tuvo un instinto de madre, presentía que algo malo le pasaría a su hijo. Esperando una nueva llamada de él, descolgaba el teléfono en cada timbre que de éste se desprendía, sin embargo la línea ya no transmitía la voz de aquel joven guerrillero.

30 de abril de 1975, el diario El Norte publicó la noticia, que indicaba la captura de un supuesto peligroso guerrillero, miembro de la Liga 23 de Septiembre. Recuerda Rosario que el encabezado decía “Cae Piedra Ibarra” ―a partir de ahí empezamos toda la familia a luchar por saber en primer lugar dónde estaba, dónde lo tenían, qué le habían hecho, porque no sabíamos nada, sólo decía “Cae Piedra Ibarra”―.

Con la información de que a Jesús Piedra hijo, lo habían trasladado al Campo Militar número uno en la Ciudad de México, Rosario decidió emprender la búsqueda de su hijo, llevándola a cambiar totalmente su vida y residencia ― Hubo cambios en nuestra vida, los que son obligados, por ejemplo yo vivía en Monterrey y me vine para acá, a pelear más cerca donde está el poder máximo de la Nación―. Al mudarse a la capital del país, se encontró con una ciudad y gente desconocida, recorriendo cada rincón, en busca de las instituciones gubernamentales correspondientes para hacer su denuncia.

―Una llega a un lugar a donde se supone tienen a tu familiar, en una prisión dentro del Campo Militar número uno, que era famoso aquí por las detenciones, a recorrer todas las instancias judiciales a donde los llevaban en primer término. Sin obtener ninguna respuesta, tuve la necesidad de investigar en cualquier parte, preguntándole a mucha gente, ya que entendían el problema y abría las puertas para darse cuenta de lo que había pasado―.

La depresión y tristeza fueron la fuerza para que Doña Rosario, como es conocida desde aquella época, iniciara una nueva vida como activista. Tras varios días de investigaciones propias y las persistentes visitas en instancias gubernamentales, hicieron que otras madres en la misma situación se acercaran a ella, pidiéndole apoyo para enfrentar las barreras autoritarias.

―Muchas familias se dieron cuenta de lo que andaba haciendo y me buscaron, entonces las invité a Las Doñas, nos dicen a todas las doñas, a formar una organización, el Comité ¡Eureka! de la palabra griega Eureka que significa hallado, encontrado, entonces le pusimos así porque precisamente queríamos encontrar a los hijos, a los esposos, a los familiares―.

Lunes 28 de agosto de 1978, la Catedral Metropolitana ha sido encuentro de 83 mujeres provenientes de distintas partes de la República, principalmente madres que perdieron contacto total con sus hijos en el marco de un Estado represor. Después de dos años de búsqueda incansable y sin obtener respuesta alguna de su hijo, Rosario es quien encabeza esta manifestación, a quien la indiferencia, los engaños, la incompetencia y el silencio por parte de las autoridades, provocaron en ella una transformación.

A pesar de tantos años transcurridos y de que el tiempo ha cobrado la vida de algunas Doñas, quienes se han llevado a la tumba la incertidumbre del paradero de sus hijos, Rosario regresa a los pies de este templo reclamando la presentación con vida de sus desaparecidos, hijos que tercamente, como lo afirma en entrevista con Elena Poniatowska, seguirá buscando, porque también son Jesús, son sus hijos, convirtiéndose de esta manera en la madre simbólica de los desaparecidos.      

Rosario y las doñas en el Museo Casa de la Memoria Indómita, 2013/Foto: Gabriela Godínez

Rosario y las doñas en el Museo Casa de la Memoria Indómita, 2013/Foto: Gabriela Godínez                                                

Hoy fueron ellos, mañana puedes ser tú

En estos periodos donde se ha suscitado la desaparición, las respuestas por parte gobierno han ido cambiando, mientras que en la década de los setenta no existía una instancia especializada para atención a las víctimas de este tipo de delito, en los últimos años se han creado algunas leyes, fiscalías o dependencias gubernamentales a las que las personas con desaparecidos pueden acudir; sin embargo, por la inestabilidad de las mismas y la poca o nula respuesta a cada caso, los familiares se han visto en la necesidad de tomar la rienda de la investigación.

En septiembre de 2011 se creó la Procuraduría Social de Atención a Víctimas (Províctima), que nació a partir de la exigencia de atención al tema, gracias a las actividades del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y las madres y familiares participantes del mismo. La duración de ésta fue de poco más de dos años, y el 9 de enero de 2014 se dividió en dos: Províctima se convirtió la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas y la Subprocuraduría de Personas Desaparecidas o No Localizadas fue trasladada a la PGR.

Un año antes de la bifurcación de Províctima, la respuesta con el entrante gobierno de Enrique Peña Nieto a las manifestaciones de madres que exigieron justicia a las afueras de la PGR, fue la creación de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas en 2013, que desde un principio contó con sólo 12 agentes del Ministerio Público Federal para buscar a los miles de desaparecidos registrados durante la administración anterior.

En ese mismo año, el 9 de enero se promulga la Ley General de Víctimas, la cual reconoce el derecho que tienen las víctimas de recibir ayuda, asistencia y atención; sin embargo, hasta el momento, en el caso de la desaparición y/o feminicidio no se ha obtenido un dato concreto acerca de este apoyo.

A la par de las movilizaciones que han emprendido estas mujeres, se unen a la causa muchas personas que desde diferentes ámbitos han colaborado para visualizar la problemática y significancia de esta tragedia humanitaria.

Ante la gravedad de la situación y a la falta de cobertura por parte de medios masivos de comunicación, surgen iniciativas de comunicación activista, que aunque no han vivido la desaparición de un familiar en carne propia, se esfuerzan en documentar estos acontecimientos. Es el caso de la Red de Periodistas de A Pie y Nuestra Aparente Rendición que a través de un periodismo alternativo y comprometido, utilizan los medios digitales para dar a conocer la violencia que vive México.

De igual manera, artistas visuales contribuyen a la difusión implementando nuevas formas de comunicación a partir de puestas en escena en espacios públicos, como es el caso de Laura Valencia quien vivió de cerca el problema de la desaparición en 2009. En diciembre de 2011 inicia su trabajo con el performance CUENDA, llevándolo a cabo en Paseo de la Reforma de la Ciudad de México, este acto consistió en cubrir trece esculturas con 26 madejas de hilos llamadas cuendas, donde cada una representaba a un desaparecido.

Hoy se cuentan sólo cinco historias de mujeres que han permanecido en la lucha por localizar a sus familiares, pero estos testimonios son el reflejo de lo que está pasando en el país. Los culpables siguen sin pisar la cárcel y las personas aún faltantes en nuestra sociedad continúan en un destino incierto.

No se sabe qué ha pasado con los miles de casos de desaparición en México, ni tampoco se puede aventurar una respuesta, pero de lo que sí existe certeza es de que algunas víctimas tienen en las calles a sus representantes, mujeres y familias que luchan día a día no sólo por resolver su caso, sino por hacer notar socialmente que este es un problema que ha contaminado nuestro país, hoy les pasó a ellos, pero en esta situación de violencia e impunidad actual, nadie está exento.


Amara Gabriela Enriquez Angeles. Licenciada en Comunicación Social egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco. Ha trabado en el sector cultural como asistente de comunicación en la Fundación Rene Avilés. Actualmente es miembro del equipo de Marketing en la empresa de comercio electrónico Petsy.mx

Eduardo Emmanuel Hernández Arroyo. Egresado de la licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco, actualmente es reportero para la sección de Metrópoli en el diario El Universal temas sobre seguridad y justicia de la Ciudad de México, así como de Movimientos Sociales y de Derechos Humanos. También ha colaborado para el periódico El Gráfico, cubriendo nota policiaca.

Gabriela Godínez González. Egresada de la licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco, cuenta con certificación como locutora. Actualmente colabora en la organización civil periodística Comunicación e Información de la Mujer.

Rosa María Luisa García Valenzuela. Egresada de la licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco. Prestó su servicio social en la Dirección General de Televisión Educativa como Asistente en la Coordinación de Producciones no Curriculares; además, colaboró como practicante en el periódico El Universal.

Anuncios

Populares

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: