El poder de la ciudadanía virtual en los movimientos sociales

El internet abre un espacio de oportunidad para la participación de la ciudadanía digital y se ha configurado como una herramienta relevante para la movilización social. Hoy en día los movimientos sociales no pueden vivir sin la participación de los ciudadanos virtuales.

Por María Ángeles Góngora Fuentes

Los movimientos sociales tienen caducidad. Después del momento en que la indignación, las acciones colectivas y la proyección mediática convergen, un tic tac comienza a jugar en su contra esperando su desaparición. El principal problema radica en la proyección. Cuando el movimiento social deja de parecer noticia de coyuntura en los medios tradicionales de comunicación, ¿cómo mantiene su conexión empática con la población?

Para la conservación del movimiento –además del avance en el cumplimiento de sus objetivos– la empatía con la población es necesaria, pues ganar adeptos e incrementar los vínculos de cooperación con otros grupos sociales o instituciones no gubernamentales se traduce en la sostenibilidad del proyecto. Sólo la acumulación de fuerza social podrá generar legitimidad hacia sus causas y fuerza en sus procesos de cambio en el terreno político, económico o social (Ramírez, 2006).

Sin esfuerzos de difusión constantes, la presión y el apoyo social que permitió la conformación del movimiento social se debilita e incluso, se difumina. Por ello, cada minuto al aire en radio y televisión, o cada palabra publicada sobre su causa son bocanadas de aire fresco que permiten su actualización y recuerdan a la población su existencia. Sin embargo, el poder de informar está en manos de unos pocos, distribuido desigualmente, dejando un espacio limitado para quienes pugnan por el cambio (Sartori, 2005).

Las posibilidades de proyección en los medios tradicionales de comunicación son reducidas, incluso cuando sean mencionados y el sentido de la nota favorezca la correcta difusión de sus objetivos, se requieren condiciones específicas para que el espectador decida romper su rutina, haga a un lado los tabúes entorno a las acciones colectivas y adopte su rol como ciudadano crítico que apoya una causa en la que cree.

Romper la rutina de la población y mostrarle que con su participación se logra el cambio es una tarea casi titánica. La última Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (INEGI, 2012) mostró que el 65.43% de los mexicanos nunca ha tratado de organizarse con personas afectadas por alguna problemática en común y el 88% nunca ha asistido a una manifestación. Bajo este panorama, la conexión empática de la población con un movimiento social pareciera que se genera en su mayoría cuando una problemática ataca drásticamente y la vulnerabilidad deja de ser ajena. De esta forma, el concepto tradicional de ciudadanía, deja de ser de apoyo para la preservación o fortalecimiento de un movimiento social.

Frente a esto, el internet abre un espacio de oportunidad para la participación de la ciudadanía digital, un concepto empleado para referirse al conjunto de acciones que fomentan la democracia a través de las redes digitales (Robles, 2009), pero que es criticado por mostrar incoherencia entre la falta de participación pública y el constante activismo virtual que se queda en las palabras sin llegar a fortalecer la acción colectiva.

Aún con esta debilidad, la participación de la ciudadanía virtual da en redes y plataformas digitales la proyección que los movimientos sociales requieren para seguir con vida. Cada publicación –en redes sociales, canales de videos, blogs y servicios de streaming– en apoyo a un movimiento social crea un vínculo multidireccional que no sólo favorece su preservación. El empleo del internet como instrumento de búsqueda de información rompe con la línea impuesta por los medios tradicionales de comunicación y permite al usuario ser su propia agencia de noticias y, difundiendo sus hallazgos, promueve el crecimiento de la ciudadanía digital. Así, el interés, la empatía con algún movimiento o la indignación propia ante una problemática fungen como brújula para identificar nuevas rutas informáticas que, al reproducirlas, crea un ciclo alternativo de comunicación.

El impacto de las publicaciones digitales es subestimado constantemente a nivel local. No obstante, la sola presencia de un tema permite que su proyección, en un espacio donde las fronteras no existen, se multiplique exponencialmente. El internet se ha configurado como una herramienta relevante para la movilización social (Castells, 2001), Twitter es un gran ejemplo de ello; menciones, retuits y hashtags dan proyección internacional a objetivos de diversas luchas sociales, generando que las conexiones empáticas traspasen lo local y alcancen a encontrar miles de aliados a nivel internacional.

En Twitter, el poder lo tiene el hashtag. Por citar algunos de los casos emblemáticos de 2014, #BringBackOurGirls, demandaba la liberación de 276 niñas nigerianas por parte del grupo extremista Boko Haram, obtuvo 3.3 milloness de menciones entre abril y mayo (TwitterMoments, 2014). En el reclamo cibernético participaron políticos como Michelle Bachelet, David Cameron, hasta la activista paquistaní Malalá y el Papa Francisco. La visibilidad internacional del tema tuvo como resultado el apoyo en la búsqueda de equipos británicos, franceses y estadounidenses, una campaña intensiva que Nigeria no hubiera podido realizar en solitario.

En el terreno del hartazgo ciudadano, #UmbrellaRevolution fue la bandera de jóvenes de Hong Kong que pugnaban por el derecho a nominar y elegir directamente a su ejecutivo. La etiqueta, seleccionada a partir del empleo de paraguas para evitar el gas pimienta arrojado por la policía a los manifestantes, fue utilizada 2.3 millones de veces tan sólo durante del mes de septiembre de 2014 (TwitterMoments, 2014). La proyección del movimiento acercó a grupos que buscaban el mismo objetivo pero desde el exterior del territorio, creando lazos que prometían la sostenibilidad de la causa.

Finalmente, las menciones al caso de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala: #YaMeCansé y #Ayotzinapa, dos hashtags que sirven de muestra entre una gama diversa de etiquetas sobre el tema que se fueron adaptando al momento político mexicano. #Ayotzinapa tuvo en un mes 1 millón de menciones, mientras que #YaMeCansé juntó la misma cantidad en tan sólo una semana (Indatcom, 2014). Los conteos finales contrastan, pues hay herramientas que arrojan que el segundo hashtag obtuvo en un par de días 2 millones 830 mil menciones. #YaMeCansé se posicionó en la lista de trending topics a nivel mundial por más de 3 semanas, un hecho que abonó a que los reflectores internacionales del periodismo y la política estuvieran sobre México y pidieran explicaciones al poder ejecutivo sobre el caso.

Una precisión importante hay que hacer: en los tres ejemplos los objetivos no fueron alcanzados, un desencanto del que también sufren los movimientos sociales que buscan apoyo en la ciudadanía sin recursos virtuales. No obstante, lo importante es concientizar sobre la idea de que en el siglo XXI los movimientos sociales no pueden vivir sin la participación de los ciudadanos virtuales ni las protestas callejeras. En las manifestaciones de la Primavera Árabe (2011), conocidas como el parteaguas de la acción ciudadana por redes sociales, dictadores en Túnez, Egipto, Libia y Yemen fueron derrocados gracias al ciudadano que asistió a manifestarse a las plazas como a aquel que tuiteaba desde su casa informando al mundo lo que sucedía.

La mediatización sigue siendo una necesidad ineludible de los movimientos sociales; sin embargo, el ciudadano virtual es una figura que tiene la posibilidad de reavivar a la población y comprometerla con una causa, mientras que para los movimientos sociales son un apoyo de proyección aún a la distancia. Hoy, el mundo no sólo escucha, también lee los gritos de quienes esperan un cambio en su entorno.


María de los Ángeles Góngora Fuentes. Internacionalista por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Investigadora y coordinadora de proyectos de la organización Ciudadanía para la Integración Social, AC.


Referencias consultadas

Castells, Manuel. 2001. La Galaxia Internet. Reflexiones sobre Internet, empresa y sociedad. Madrid: Areté.

INDATCOM. 2014. Impacto y crecimiento, 20 de Noviembre #Ayotzinapa y #Yamecansé. [En línea]. Disponible: http://blog.indatcom.mx/2014/11/25/impacto-y-crecimiento-en-redes-20-de-noviembre-yamecanse/ [Consultado marzo 28, 2015].

INEGI. 2012. Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas. [En línea]. Disponible:http://www.encup.gob.mx/work/models/Encup/Resource/69/1/images/Resultados-Quinta-ENCUP-2012.pdf [Consultado marzo 26, 2015].

Ramírez, Juan Manuel. 2006. Ciudadanía mundial. Guadalajara: ITESO- Universidad Iberoamericana.

Robles Morales, José Manuel. 2009. Ciudadanía digital: una introducción a un nuevo concepto. Barcelona: UOC.

Sartori, Giovanni. 2005. Teoría de la democracia 1. El debate contemporáneo. Madrid: Alianza Universidad.

Twitter. 2014. TwitterMoments. [En línea]. Disponible: https://2014.twitter.com/moments [Consultado marzo 28, 2015].

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