Pensar la democracia: Amartya Sen y Luigi Ferrajoli

Ante la insuficiencia y problemática de poner el énfasis en las formas y procedimientos para la toma de decisiones de gobierno, reflexiones recientes en torno a la democracia y a su adecuado desempeño han centrado su atención en el contenido de la misma. En este texto, el autor analiza las propuestas hechas por Amartya Sen y Luigi Ferrajoli que brindan elementos importantes para una reflexión sobre el adecuado desempeño de la democracia más allá de la visión formal o procedimental.

Por Alejandro Rojas Méndez

1. Introducción

El fenómeno de la democracia es uno de los temas más socorridos tanto de la ciencia como de la filosofía política. Hoy en día existe una concepción ampliamente difundida, según la cual, la democracia es un método de formación de las decisiones públicas a través de un conjunto de reglas que establecen los procedimientos mediante los cuales se le atribuye al pueblo, o mejor dicho a la mayoría de éste mediante sus representantes, el poder de asumir las decisiones públicas. La definición anterior es denominada formal o procedimental, pues identifica a la democracia con las formas y procedimientos idóneos para que las decisiones públicas sean tomadas, mediante los representantes, conforme a la voluntad popular; dos de los teóricos más destacados de esta postura son Hans Kelsen y Norberto Bobbio. La definición formal o procedimental de la democracia identifica a ésta con el quién (pueblo o representantes) y el cómo (principio de mayoría) de la toma de las decisiones, independientemente del qué (contenidos) de esas decisiones.

Después de algunos hechos históricos que han mostrado la insuficiencia y problemática de poner el énfasis sólo en las formas y procedimientos para la toma de decisiones de gobierno, la reflexión en torno a la democracia y a su adecuado desempeño ha llegado a dimensiones que van más allá de la dimensión formal o procedimental. Desde formaciones distintas, las propuestas hechas por Amartya Sen y Luigi Ferrajoli nos brindan elementos importantes para una reflexión sobre el adecuado desempeño de la democracia más allá de la visión formal o procedimental.

Un adecuado desempeño o funcionamiento de la democracia es aquel en el que las decisiones públicas son tomadas mediante procedimientos democráticos, que incluyan tanto el principio de mayoría como la participación de la ciudadanía mediante la discusión pública, así como el respeto a los derecho fundamentales. En consecuencia, una reflexión en torno a la democracia no puede omitir las propuestas que van más allá de los procedimientos y las formas en la democracia.

2. Amartya Sen y el nyaya democrático

En contraste con la definición formal o procedimental de la democracia, Amartya Sen nos propone una concepción de democracia que parte de la discusión pública para la toma de decisiones públicas. Para Sen, el elemento característico de la democracia es el razonamiento público y no las instituciones características de las democracias occidentales contemporáneas.[1] En su formato institucional, el gobierno participativo tiene sólo dos siglos de existencia; sin embargo, la participación de los individuos y la discusión pública forman parte de una tendencia en la vida social que tiene una mayor existencia. A esta tendencia es la que Sen toma como punto de partida para hablar de la democracia.

Caracterizada por el razonamiento público, la democracia podría definirse como: “gobierno por discusión”. Además, la discusión pública es lo que le permite a Sen ligar a la democracia con la idea de justicia.[2] Mientras que la concepción institucional pone el acento sólo en las libertades políticas y las instituciones de la democracia, la propuesta de Sen se enfoca en la calidad de vida que permite llevar la democracia. A diferencia de la visón jurídico-institucional, según la cual, el problema de la democracia tiene que ver con las preguntas ¿quién gobierna? y ¿bajo qué procedimientos gobierna?; la propuesta de Sen responde a la pregunta ¿qué tipo de vida puedo llevar con la democracia? o, planteada de otra forma, ¿democracia para qué?

Para hablar del problema de la justicia, Amartya Sen, retoma la distinción existente en la India entre niti y nyaya. La idea de niti tiene que ver con la idoneidad de las instituciones y con la corrección del comportamiento de las mismas; por su parte, la idea de nyaya, tiene que ver con lo que surge y cómo surge, pero sobre todo, tiene que ver con las vidas que las personas con realmente capaces de vivir.[3] Extrapolando la distinción anterior, podemos identificar la concepción institucional de la democracia con el concepto de niti; mientas que la democracia como gobierno por discusión está vinculado con el concepto de nyaya.

Aunque Sen pone énfasis en la concepción de la democracia como gobierno por discusión, no niega la importancia y utilidad de la democracia procedimental. No obstante, la democracia procedimental para ser efectiva requiere de elementos adyacentes a las reglas de tipo electoral. En palabras de Sen “la efectividad de los votos depende de manera decisiva de lo que se juega en las urnas, como la libertad de expresión, el acceso a la información y el derecho a disentir. Votar a secas puede ser en sí mismo completamente inadecuado, como lo muestran con elocuencia las insólitas victorias electorales de tiranías en ejercicio o regímenes autoritarios del pasado y del presente, por ejemplo en Corea del Norte.”[4]

Como razonamiento público, la democracia requiere de medios de comunicación, libres e independientes. Sen expone cinco razones en favor de la importancia y utilidad de los medios de comunicación, libres e independientes, para la democracia como razonamiento público. La primera razón está vinculada con la libertad de expresión. Unos medios libres e independientes contribuyen directamente a la preservación y ejercicio de la libertad de expresión. Para Sen la libertad de expresión debe contribuir, también, a mejorar nuestra calidad de vida.

La función informativa de los medios es la segunda razón de utilidad de los medios de comunicación. El papel informativo, para Sen, está en la difusión del conocimiento que deben hacer los medios y en el fomento del escrutinio público. Ligada a esta función, los medios tienen una tercera razón de utilidad que es su función protectora, la cual, se cumple al momento de “dar voz a los olvidados y desaventajados, y contribuir así a la seguridad humana.”[5]

En cuarto lugar, los medios también cumplen con una función de formación de valores, de manera informada y libre. Esto sólo es posible si existe libertad de prensa. “A través del discurso público surgen nuevas normas y prioridades (como la reducción del tamaño de las familias y de la frecuencia de los embarazos o el reconocimiento de la necesidad de la igualdad de género), y es la discusión pública la que, una vez más, difunde las nuevas normas en diferentes espacios.”[6]

La quinta y última razón de la utilidad de los medios libres para la democracia como gobierno por discusión, señalada por Sen, es su función crítica. Esta última característica es la que se relaciona más estrechamente con el problema de la justicia y el razonamiento público que le es inherente. “La evaluación necesaria para la ponderación de la justicia no es un ejercicio solitario sino más bien una práctica discursiva. No es difícil ver por qué unos medios libres, enérgicos y eficientes pueden facilitar de manera significativa el necesario proceso discursivo. Los medios son importantes no sólo para la democracia sino también para la búsqueda de la justicia en general. La «justicia sin discusión» puede ser una idea opresiva.”[7]

Estas cinco razones muestran la necesidad de los medios de comunicación para una democracia, entendida como razonamiento público. Pero no sólo eso, de acuerdo con Sen, unos medios libre e independientes posibilitan también el derrumbamiento de las barreas “culturales” contra la democracia. “La inmediación y la fuerza del razonamiento público no dependen sólo de las tradiciones y creencias heredadas, sino también de las oportunidades para la discusión y la interacción que ofrecen las instituciones y la práctica.”[8]

Además de romper obstáculos, la democracia como razonamiento público contribuye al mejoramiento de la calidad de vida de las personas. Para Sen, la democracia puede evitar problemas sociales tales como la hambruna. En ese sentido, la democracia tiene un compromiso que va más allá de la celebración de elecciones periódicas bajo condiciones de libertad y protegidas por un marco jurídico adecuado. Empero, Sen no niega que sean útiles los elementos formales de la democracia. El papel crucial de la democracia en la resolución de problemas sociales es, para Sen, un fuerte argumento para “ir más allá del niti electoral hacia el nyaya democrático.”[9]

Un nyaya democrático conlleva una forma particular de la política. El activismo y la participación política o ciudadana son elementos constitutivos de la democracia como razonamiento público y del nyaya democrático. Los movimientos sociales, son, en ese sentido esenciales para la democracia. “Estos movimientos sirven para enfocar la atención en las fallas sociales concretas, en parte para complementar amplias discusiones públicas en los medios, pero también para ofrecer una ventaja política mayor a las demandas sociales importantes.”[10]

El punto más importante de la democracia es el reconocimiento del gobierno de la mayoría y el reconocimiento de la existencia y la protección de los derechos de las minorías. Amartya Sen le da un nuevo sentido a esta idea muy difundida en la teoría democrática procedimental. El reconocimiento y la protección de las minorías no se limitan sólo a la garantía de las libertades políticas y en la oportunidad de volver a participar en las elecciones con la posibilidad de ser mayoría. Para Sen, la protección de las minorías tiene que ver con la calidad de vida que las minorías pueden llevar.

El razonamiento público es el elemento característico de la democracia de acuerdo con Amartya Sen. Sin embargo, el razonamiento público por sí mismo no es una condición suficiente para un adecuado funcionamiento de la democracia. El razonamiento público sin ninguna restricción o límite puede llegar a ser perjudicial para la democracia misma. Por medio de una discusión pública se puede llegar a afectar los derechos fundamentales de las personas pertenecientes a grupos minoritarios; por ejemplo, en una comunidad con creencias religiosas muy arraigadas se podría llevar a cabo un proceso de discusión pública y tomar una decisión que afecte a los pocos miembros de la comunidad que no compartan tales creencias religiosas. Aunque Sen está en contra de actitudes parroquiales, no hay elementos en su propuesta sobre la democracia para evitar casos en los que se afecten a las minorías a partir del razonamiento público.

Para que una democracia funcione adecuadamente es necesario que todos los miembros de una comunidad gocen de un grado mínimo de igualdad. El razonamiento público no puede estar por encima de la igualdad de las personas y no puede afectar a las minorías o a las personas que tengan concepciones éticas distintas a las del grupo mayoritario. Una reflexión acerca del buen funcionamiento sobre la democracia debe pensar también en las formas adecuadas para que, sin importar los deseos de la mayoría, las minorías puedan ejercer sus derechos de manera libre y sin temor a lo que se ha llamado la tiranía de las mayorías.

3. La democracia sustancial como límite a la discusión pública

Luigi Ferrajoli, desde la perspectiva del constitucionalismo, nos brinda algunos elementos útiles para pensar la democracia. El jurista italiano parte del reconocimiento del hecho que en la actualidad la perspectiva formal o procedimental de la democracia es la perspectiva predominante. Frente a esta perspectiva, Ferrajoli propone la dimensión sustancial de la democracia. De acuerdo con el autor, “…la caracterización formal de la democracia no es suficiente para fundamentar una definición adecuada de ella”, por tal motivo, añade “…hay que integrarla –refiriéndose a la democracia formal- con la indicación de algún vínculo de carácter sustancial o de contenido.”[11]

La dimensión sustancial de la democracia se inscribe en el modelo garantista del derecho. El modelo garantista “equivale, en el plano teórico, al sistema de límites de límites y vínculos sustanciales, cualesquiera que estos sean, impuestos a la totalidad de los poderes públicos por normas de grado jerárquicamente superior a las producidas por su ejercicio.”[12] En otras palabras, el modelo garantista implica un conjunto de límites respecto al contenido de las leyes, es decir, establece, una “esfera de lo indecidible” en el derecho, una esfera sobre la cual no se puede decidir.

La esfera de lo indecidible, está conformada por los derechos fundamentales. Los derechos fundamentales[13] son la base de la moderna igualdad, una igualdad en derechos. La igualdad en derechos es una condición necesaria para el adecuado desempeño de la democracia. En ese sentido, los derechos fundamentales son, a la vez, una condición necesaria para la democracia y un límite al ejercicio del poder y de las tomas de decisiones públicas. En palabras de Ferrajoli, estos límites son “democráticos, ya que consisten en derechos fundamentales, que son derechos de todos, y hacen referencia por tanto al pueblo –como conjunto de personas de carne y hueso que lo componen- en un sentido más directo y consistente de cuanto lo hace la propia representación política.” Y a la vez “son contra-poderes, fragmentos de soberanía popular en manos de todos y cada uno, en ausencia de los cuales la democracia misma, como las trágicas experiencias del siglo XX han mostrado, puede ser arrollada por mayorías contingentes.”[14]

Los derechos fundamentales forman un freno a las decisiones de la mayoría, constituyen una esfera de lo indecidible. Esta esfera de lo indecidible supone una Constitución rígida en la cual los derechos fundamentales son plasmados y en la cual los derechos fundamentales no estén sujetos a la contingencia y a los cambios en la composición de las mayorías parlamentarias. La democracia, en ese sentido, implica necesariamente al derecho. Para Ferrajoli, no puede haber democracia sin derecho, aunque si derecho sin democracia.[15]

Que la democracia implique necesariamente al derecho no quiere decir que la democracia se define por las libertades políticas propias de la democracia formal; lo que quiere decir es que la democracia no puede funcionar adecuadamente sin tomar en cuenta a los derechos fundamentales y que éstos son garantizados por el derecho. La garantía de los derechos fundamentales es lo que liga a la democracia con el derecho. Mientras que la concepción formal o procedimental de la democracia se preocupa por el quién y el cómo se toma las decisiones públicas; la dimensión sustancial añade el qué de las decisiones. Este qué de las decisiones es, en palabras de Ferrajoli, “lo que no puede decidirse o debe ser decidido por cualquier mayoría, y que está garantizado por las normas sustanciales que regulan la sustancia o el significado de las mismas decisiones, vinculándolas, so pena de invalidez, al respeto de los derechos fundamentales y de los demás principios axiológicos establecidos por aquélla.”[16]

La dimensión sustancial de la democracia no niega la dimensión formal, al contrario, la añade. Tiene la virtud de establecer un conjunto de normas como límites a las decisiones y las discusiones públicas. Ninguna mayoría puede atentar contra los derechos fundamentales, los cuales son universales, indisponibles e inalienables. Los derechos fundamentales, así, son condición de posibilidad y límite de la discusión pública. Los derechos fundamentales posibilitan la discusión pública al establecer las bases para una esfera pública libre en la cual se puedan ejercer los derechos de expresión, asociación, participación, entre otros, que son inherentes a la democracia. Al mismo tiempo, los derechos fundamentales son un límite a la discusión pública; los derechos fundamentales no están a discusión, no están sujetos a la aprobación de la mayoría, los derechos fundamentales son horizontes a los que los Estados deben dirigir sus esfuerzos.

4. Pensar la democracia: discusión pública y dimensión sustancial.

La propuesta de Amartya Sen nos recuerda que la democracia no puede ser el resultado de un acto de autoridad, o de un cambio legislativo. La democracia surge de la participación ciudadana, surge de la discusión pública, la democracia es discusión pública. La democracia la crean los ciudadanos en las calles, discutiendo, con activismo, participando, en fin, ejerciendo sus derechos y libertades. No obstante, la democracia requiere un límite a la discusión pública, este límite son los derechos fundamentales. Los derechos fundamentales posibilitan y a la vez limitan el ejercicio de las libertades de discusión y participación propuestos por Sen. La dimensión sustancial de la democracia propuesta por Luigi Ferrajoli nos aporta esa limitación.

A la luz de las dos propuestas presentadas podemos decir que un adecuado funcionamiento de la democracia implica una doble direccionalidad del poder, a saber, ascendente y descendente. El poder se ejerce de manera ascendente en la medida que es a partir de la participación ciudadana y de la discusión pública como se toman las decisiones de gobierno; en esta lógica las decisiones gubernamentales obedecen a los intereses de la mayoría de los individuos, son expresión de la voluntad popular. El poder se ejerce de manera descendente cuando se ponen a los derechos fundamentales como límite a las discusiones y decisiones gubernamentales; la discusión y la participación ciudadana no puede afectar a los derechos fundamentales, en ese sentido se pone un poder por encima de los individuos y su garantía se da a pesar de los individuos. Además, se limita a la mayoría y se evita que las minorías puedan verse suprimidas por las primeras. Los derechos fundamentales posibilitan y limitan a la vez el ejercicio de la democracia.

Una reflexión sobre la democracia no puede dejar de tomar en cuenta estas dos direcciones del poder. Las propuestas de Amartya Sen y Luigi Ferrajoli son muy sugerentes en términos de los elementos que se deben tomar en cuenta para evaluar un adecuado desempeño de la democracia. Aunque desde perspectivas distintas y con algunos matices, las dos propuestas tiene en común el reconocimiento de la insuficiencia de la concepción formal de la democracia predominante en la teoría y filosofía política. La democracia no se agota en el establecimiento de un conjunto de reglas que nos digan quién y cómo se toman las decisiones públicas. Una democracia que funcione adecuadamente debe tomar en cuenta el qué de las decisiones y ese qué (contenido) debe estar garantizado en una Constitución. Asimismo, la democracia debe tomar en cuenta a los ciudadanos, cuya participación no se puede agotar en el acto de votar periódicamente; una ciudadanía participativa y activa es un elemento esencial para la democracia. En la reflexión filosófica y jurídica en torno a la democracia no se puede seguir omitiendo estas propuestas. La democracia se debe repensar a la luz de estos elementos.

Los resultados que se obtengan de una democracia en la que se incluya tanto la dimensión sustancial como la prioridad al razonamiento público son inciertos. Ferrajoli y Amartya Sen son optimistas y creen que se producirán cambios en la forma de vida de los individuos. Por un lado, con una democracia sustancial, de acuerdo con Ferrajoli se respetarán y garantizarán sus derechos fundamentales; por el otro lado, Sen nos dice que una democracia por discusión puede resolver los problemas sociales como la hambruna.

5. Conclusiones

La concepción formal de la democracia es insuficiente para comprender los problemas propios de la democracia y para su adecuado funcionamiento. Una democracia, para funcionar de manera adecuada, necesita tomar en cuenta la dimensión sustancial y el razonamiento público. Una democracia que funciona adecuadamente es aquella en la cual las decisiones públicas son tomadas a partir de un razonamiento público amplio, respetando siempre los derechos fundamentales.

Las propuestas de Amartya Sen y Luigi Ferrajoli pueden ser consideradas como complementarias para la reflexión sobre el adecuado desempeño de la democracia. Aunque tengan puntos de partida distintos y hablan desde disciplinas distintas, las dos propuestas coinciden en la insuficiencia de la perspectiva estrictamente formal o procedimental de la democracia; los dos autores abogan por una concepción más amplia de la democracia. El razonamiento público y el respeto a los derechos fundamentales son elementos de una concepción más amplia de la democracia.

El razonamiento público y el respeto a los derechos fundamentales nos muestran una doble direccionalidad del poder en una democracia que funciona adecuadamente. En una democracia existen una dirección ascendente del poder cuándo y en la medida que son los individuos que participan y discuten públicamente los actores principales en la toma de decisiones de gobierno. En ese sentido, las decisiones públicas son el reflejo de los intereses y de la voluntad popular. No obstante, la democracia tiene también una lógica descendente del poder, representada por los derechos fundamentales. Los derechos fundamentales son límites a las decisiones públicas, pertenecen a la esfera de lo indecidible; los derechos fundamentales no están sujetos a la voluntad popular, no pueden ser enajenados por ninguna mayoría contingente; en ese sentido, los derechos fundamentales son límites que se imponen a la voluntad de los individuos y que se resguardan a pesar de los individuos.


Alejandro Rojas Méndez. Licenciado en sociología por la UNAM, actualmente en proceso de titulación de la maestría en Filosofía política en la FFYL de la UNAM. Realizó una estancia de investigación en la Universidad de Turín, Italia, bajo la dirección de Michelangelo Bovero.


Bibliografía

FERRAJOLI, L., 2008, “La esfera de lo indecidible y la división de poderes”, trad. Miguel Carbonell, en Estudios constitucionales, año 6, núm. 1.

____,2009, Garantismo una discusión sobre derecho y democracia, trad. Andrea Greppi, Trotta, Madrid.

____,2010, Derechos y garantías. La ley del más débil, trad. Perfecto Andrés Ibáñez y Andrea Greppi, Trotta, Madrid.

____,2011, Principia iuris. Teoría del derecho y de la democracia, vol. 2 Teoría de la democracia, trad. Perfecto Andrés Ibáñez, Trotta, Madrid.

SEN, A., 1999, “Democracy as a Universal Value” en Journal of Democracy, núm. 10

____, 2003, “Democracy and Its Globals Roots” en New Republic, núm. 14, 2003.

____, 2006, El valor de la democracia, trad. Javier Lomelí Ponce, ediciones de intervención cultural/el viejo topo, España.

____, 2013, La idea de la justicia, trad. Hernando valencia Villa, Taurus, México.


[1] Cfr. Amartya Sen, La idea de la justicia, México, Taurus, 2013, p. 353.

[2] Ibid, p.356

[3] Ibid, p.19.

[4] Ibid, p.357; véase Amartya Sen, El valor de la democracia, España, ediciones de intervención cultural/el viejo topo, 2006, p. 14.

[5] Ibidem.

[6] Ibid, pp.366-367.

[7] Ibid., p.367. Las cursivas son nuestras.

[8] Ibid, pp. 367-368.

[9] Ibid., p. 381.

[10] Ibid., p. 383.

[11] Luigi Ferrajoli, Principia iuris. Teoría del derecho y de la democracia, v.2 Teoría de la democracia, Madrid, Trotta, 2011, p.9.

[12] Luigi Ferrajoli, Garantismo una discusión sobre derecho y democracia, Madrid, Trotta, 2009, p.42.

[13] Los Derechos fundamentales son, en palabras de Ferrajoli “… todos aquellos derechos subjetivos que corresponden universalmente a «todos» los seres humanos en cuanto dotados del status de personas, de ciudadanos o personas con capacidad de obrar.” (Luigi Ferrajoli, Derechos y garantías. La ley del más débil, Madrid, Trotta, 2010, p.37)

[14] Luigi Ferrajoli, Garantismo una discusión sobre derecho y democracia, ed. cit., pp.99-100. Las cursivas son nuestras.

[15] Luigi Ferrajoli, Principia iuris. Teoría del derecho y de la democracia, ed. cit., p.17.

[16] Luigi Ferrajoli, Derechos y garantías. La ley del más débil, ed. cit., p. 23.

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