Guatemala: protestas, elecciones y transformaciones pendientes

Ala Izquierda

Por Ana Eugenia Paredes Marín[1]

Las últimas semanas Guatemala ha sido motivo de buena crítica a nivel mundial. Esto se debió al anunció de Roxana Baldetti, exvicepresidenta de la República, recluida en la prisión Santa Teresa por estar ligada a un proceso judicial, pues existían indicios de su participación en una red de desfalco a la Superintendencia Tributaria (SAT)[2]. A partir de ese momento, se anunció que al entonces presidente, Otto Pérez Molina, se le retiraría la inmunidad (fuero), una acción que permitiría llevarlo a juicio por su vinculación con la misma red, según indicios del Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad (CICIG).

La fecha histórica: el día 2 de septiembre de 2015, el presidente renunció. Seis días despues, fue ligado a proceso.

Cuando esto ocurre en una país que se ha caracterizado por tener gobiernos inmersos en redes de corrupción e incapaces de garantizar condiciones dignas para la reproducción de la vida de la población, noticas como la anterior, sin lugar a duda, son ejemplares para otras naciones. Sobretodo cuando se atribuye este hecho a las movilizaciones de miles de guatemaltecos y guatemaltecas que por 20 semanas[3] exigieron la renuncia de estos exfuncionarios, y al trabajo eficaz del MP apoyado por la CICIG[4].

Sin embargo, en esta coyuntura existen matices. Hasta el momento, mi reflexión como guatemalteca me permite identificar que si bien la ciudadanía se levantó y el sistema de justicia dio luces de cambio en su accionar, las transformaciones básicas quedan pendientes. Este argumento se refleja en dos circunstancias precisas: los logros de las movilizaciones, más a allá de las renuncias de ambos ex funcionarios, y los resultados de las elecciones generales suscitadas el pasado domingo 6 de septiembre.

Las movilizaciones ciudadanas en sus inicios fueron conformadas, principalmente, por población ladina[5], clase media de las zonas centrales de los departamentos del país, estudiantes de instituciones públicas y privadas y hombres y mujeres en grupos o individualmente sin organización partidaria o ciudadana formal, que se identificaron con la demanda: “Renuncia de la vicepresidenta y del presidente”.

Poco a poco, organizaciones campesinas y algunos sectores sindicales se unieron a las protestas, hecho que pintó cada vez más estas manifestaciones. La diversidad permitió introducir otras demandas a la protesta: la necesidad de identificar que las condiciones coyunturales no eran propicias para que las elecciones generales se llevaran a cabo; por lo tanto se argumentaba y justificaba su retraso hasta que la ley electoral fuera reformada; también se pedía la investigación de altas cúpulas del sector empresarial involucrado en los hechos de corrupción y la cancelación de los partidos políticos que violaran la ley electoral. La única demanda cumplida, totalmente, y no es menor, fue la renuncia de los altos funcionarios y el inicio del juicio pertinente.

En Guatemala, por mucho tiempo, la guerra interna desestructuró las organizaciones políticas críticas a los gobiernos, el mecanismo del terror funcionó a la perfección y la mayoría de población se acostumbró a ver, oír y callar. Ante esto, encontrarse todos los sábados muchas de las plazas centrales con hombres y mujeres, familias y organizaciones ciudadanas armadas de carteles, bubuselas y decididas a gritar alguna consigna, generó impactos en todos los niveles de la población.

Ahora, ¿cómo entender los resultados electorales del pasado domingo 6 de septiembre? Dichos resultados reflejan la preferencia electoral a partidos que cuentan con miembros vinculados con el narcotráfico, redes de corrupción, financistas y allegados al partido de los exfuncionarios encarcelados y con organizaciones militares que justifican, y que realizaron, el genocidio durante la guerra.

Los resultados electorales indican que la mayoría de población que fue a emitir su voto no se desligó de esta lógica. Me atrevo indicar que muchos de los electores de estos partidos también participaron en las manifestaciones. ¿Sirvieron entonces las movilizaciones realizadas durante 20 semanas en las plazas centrales? ¿Las otras demandas serán cumplidas? ¿Cambiarán las lógicas de hacer política en Guatemala? ¿La población cambió su forma de analizar las relaciones de poder que legitiman al sistema político actual?

Muchos guatemaltecos y guatemaltecas concordamos que el despertar de la clase media es fundamental, pero no necesariamente el quitarse el miedo a manifestar hace que la construcción y legitimación del abuso de poder sea transformado, no implica que se  haya comprendido las inequidades a las que una gran mayoría de la población está sometida, y que muchas veces justifica el clientelismo durante las elecciones. Ya no se diga que los partidos políticos electos en el poder legislativo y el próximo presidente vayan a apoyar las reformas de la Ley Electoral y de Partidos Políticos, pues esta decisión afectaría las herramientas que les han permitido ser máquinas electorales y no representantes y legitimadores de las demandas y las necesidades de la población.

Cuestiono esto a partir de las experiencias que se observaron en las manifestaciones que acaerieron de abril a agosto, es decir, nunca tuvieron estructuras que permitieran concretar planes para cambios legislativos y generación de políticas públicas que transformaran las inequidad en el país. Aun así, sirvieron para que un sector que no acostumbra a usar el recurso de la protesta, y normalmente lo critica, se apropiara de esta herramienta democrática.

La eliminación de la corrupción en Guatemala es un proceso de largo aliento, no nace con Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti; y seguramente continuará, porque ha sido la práctica más efectiva utilizada por funcionarios públicos, grandes y medianos empresarios, para favorecerse de un país que tiene mucho que dar y que cuenta con pocos mecanismos que regulan el saqueo.

Importante es reconocer que los hechos ocurridos evidencian la potencialidad de grupos que no se habían pronunciado. Estos pueden levantarse y lo hacen porque sus interese particulares y sociales están siendo afectados; sin embargo, la solidaridad ante las condiciones de “los otros” siempre es limitada.

En Guatemala nos gana el racismo y clasismo; y esto hace que se deslegitimen otras luchas que han denunciado la corrupción y que han sido reprimidas seriamente por evidenciar el despojo como la política más eficaz en el país.

La esperanza es que el sistema de Justicia y la CICIG volteen a ver otros espacios donde se ha denunciado corrupción y tráfico de influencias; que esas otras líneas sean también desestructuradas. Queda la esperanza que legislaciones básicas sean reformadas y, sobre todo, que el próximo gobierno sea fiscalizado por la ciudadanía empoderada.

Qué sigamos trabajando por transformarnos para vivir en armonía con nuestro maravilloso entorno. Que la conciencia nos siga creciendo, como la lucidez y la energía… y que no olvidemos que el camino es largo… todavía nos falta hacer la revolución

 Ana María Cofiño. Feminista guatemalteca.

[1] Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Rafael Landivar en Guatemala. Actualmente, es estudiante de la Maestría en Sociología Política del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora en México.
[2] A la ex vicepresidenta se le acusa de los siguientes delitos: cohecho pasivo, asociación ilícita y caso especial de defraudación aduanera. Para más información sobre el caso ver: Veliz, Rodrigo. El caso SAT. Legado de la inteligencia militar, 17 de abril 2015, en: https://cmiguate.org/el-caso-sat-el-legado-de-la-inteligencia-militar/
[3] Este dato es un aproximado semanal, todavía no se contabiliza el número exacto de eventos de protesta. Estos actos no se realizaron únicamente en la plaza central de la capital de Guatemala, se organizaron también en varias cabeceras departamentales cada sábado desde el 25 de abril, hasta el 5 de septiembre.
[4] El papel de la Embajada de Estados Unidos también es clave en el proceso, para más detalles ver: Bermúdez, Ángel. El papel clave de Estados Unidos en la crisis de Guatemala, 3 de septiembre 2015, en: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/09/150831_guatemala_estados_unidos_corrupcion_cicig_ab
[5] Término identitario utilizado en Guatemala que designa a un grupo poblacional que no se adscribe como indígena.
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