El costo de oportunidad de la educación y la oferta institucional para cubrirlo

Víctor Aramburu Víctor Aramburu

Por Víctor Aramburu

De acuerdo con las cifras de la Secretaría de Educación Pública (SEP) para el ciclo 2013-2014, la tasa de cobertura de la educación media superior a nivel nacional fue de 69.4%. Esta cifra se refiere al porcentaje de alumnos atendidos en un nivel educativo, con respecto a la población que tiene la edad para cursar dicho nivel. Es decir, hay poco más de un 30% de jóvenes en edad de cursar la preparatoria que no lo están haciendo. Adicionalmente, la tasa de eficiencia terminal en educación media superior durante el ciclo 2014 fue de 64.7%. Este porcentaje se refiere al porcentaje de alumnos que concluyen un nivel educativo, respecto al número de alumnos que ingresaron a este nivel en un periodo determinado de tiempo (cohorte). Por su parte, la tasa de terminación para ese mismo ciclo fue de 52.1%. Esta tasa se refiere al porcentaje de alumnos que terminaron un nivel educativo, con respecto a la población que tiene la edad para terminar dicho nivel. Dicho de forma más sencilla, en más la gente que termina la educación media superior a cualquier edad que la que termina en la edad reglamentaria y, de los que empezaron a tiempo, hay una pérdida aproximada de 17 puntos porcentuales.

La Encuesta Nacional de Deserción en la Educación Media Superior 2012 puede arrojar luz acerca de las causas que expliquen estos indicadores. El 62.6% de los entrevistados mencionaron que una de las razones por las que dejaron la escuela fue por falta de dinero o porque trabajar era más importante, para 43.6%, fue la principal razón.

Para el sentido común esto es claro: dedicarse de tiempo completo al estudio, requiere tener satisfechas las necesidades básicas que incluyen comida, techo y vestido, así como tener un ingreso adicional disponible para los gastos que implica ir a la escuela (libros, transporte, útiles, uniformes, almuerzo, etc.). Si no se tiene el ingreso suficiente para satisfacer las necesidades básicas, será muy difícil ir o mantenerse en la escuela y los jóvenes buscarán un sueldo para pagarlas primero.

Al valor de la mejor alternativa que dejamos por elegir otra opción, los economistas le llaman costo de oportunidad. En este caso, el costo de oportunidad de la educación es el salario que reciben los jóvenes por dejar de ir a la escuela. Este concepto reside detrás de la lógica de programas como Prospera (antes Progresa y luego Oportunidades) y Prepa Sí: pagar a los padres o tutores de los niños o a los propios jóvenes más o menos lo equivalente a lo que ganarían en un trabajo de acuerdo con sus capacidades para que vayan a la escuela. La condición que hacemos los contribuyentes (porque no es el gobierno) para dar este pago es que los niños y jóvenes vayan efectivamente a la escuela. Por esta razón es que este tipo de programas se llaman transferencias condicionadas de ingreso.

Queda claro que el costo de oportunidad de la educación no es igual para todos, ya que puede variar debido a la profundidad de la pobreza —mientras más pobre se es, más apremiante será la necesidad de un salario para cubrir las necesidades más básicas-, la edad —un niño puede hacer menos actividades que un adolescente—, lugar de residencia —un joven que vive en una zona urbana puede llevar a cabo más actividades y mejor remuneradas como trabajar en una maquiladora, manejar un pesero o vender mercancía en el sector informal—, entre  otros. Asimismo, el costo de transporte para ir a la escuela puede variar fuertemente ya que, por ejemplo, es más probable que un joven que vive en una zona urbana tenga una prepa relativamente cerca de su casa que un joven que vive en una zona rural y marginada.

Considerando lo anterior, cabría cuestionar si las transferencias condicionadas que actualmente otorgan este tipo de programas son suficientes. A nivel nacional es claro que no, por las tasas anteriormente mencionadas y, en el caso del D.F. tampoco. La tasa de eficiencia terminal del D.F es del 66%, la de terminación del 79.7%, y la de cobertura 109.8%. Esta última puede sonar contraintuitiva, pero quizá se deba a gente de los municipios conurbados e incluso de otros estados que asiste a prepas localizadas en el D.F.

Lo que queda claro es que la cantidad de apoyos de Prepa Sí y sus montos, no son suficientes para una quinta parte de los jóvenes en edad de cursar el nivel medio superior y para una tercera parte de la gente que quizá no lo comenzó a cursar en la edad reglamentaria. En el caso de Prospera, ese monto oscila entre 865 pesos para los hombres de primer año hasta 1,120 pesos para las mujeres del tercer año. En Prepa Sí, el monto va de 500 pesos para los alumnos cuyo promedio va de 6 a 7.5 hasta 700 pesos para los que tienen promedio de 9.01 a 10. Cabe destacar que Prospera sólo se otorga a personas por debajo de la línea de pobreza establecida por el programa. Por esta razón, los jóvenes que estén edad de asistir a la prepa, pero que no tengan una cerca, por el propio diseño del programa, quedan excluidos de sus beneficios y por simple probabilidad, es de esperar que quien no vive en una localidad con una preparatoria cerca es casi seguro que vive en una zona de alta o muy alta marginación y por lo tanto, pertenece al sector de los más pobres entre los pobres.

Si bien Prepa Sí es supuestamente universal, excluye a los becarios de otros programas y a los estudiantes de escuelas privadas. Cabría cuestionar si los estudiantes que asisten a escuelas privadas en realidad son los que tienen el menor costo de oportunidad ya que es posible que algunos de los estudiantes que tuvieron mejores oportunidades en los niveles anteriores, incluyendo el asistir a mejores escuelas—las cuales tienden a ser privadas, en la educación media superior y superior opten por asistir a escuelas públicas, desplazando a los solicitantes con menores resultados en el examen de la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (COMIPEMS) hacia la oferta privada de menor calidad (para nadie es un secreto que abunda la escuela de prepas privadas “patito”). Incluso, es de esperar que haya una cantidad importante de jóvenes que simplemente no pudieron tener acceso a un lugar en la oferta pública —quizá debido a la baja calidad de la educación que recibieron en los niveles previos— y a que no tienen el ingreso suficiente para pagar una prepa “patito”. En la siguiente entrega, abordaré el tema de la calidad de la educación.

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