Mentes que gestan monstruos. Monstruos que aparecen solos

Fernando Guerrero Fernando "Fedo" Guerrero

Por Fernando Guerrero

Para Dulce,

que me dijo tan amablemente que

 literatura, psicología y filosofía no tienen nada que ver.

En las letras de Daphne du Maurier, de Graham Greene, de James Mathew, de Gore Vidal, hay esboces de perfiles y trastornos psicólogos, síndromes y patologías que deben sus nombres gracias a la mente de estos maestros en Alta Literatura.

Cansado de las adulaciones a Poe y Lovecraft en cada noviembre, en cada evocación al terror, al vacío, la Muerte, y los lugares lúgubres que en los que nos acechan sin futuros y horrores sin nombre, encuentro en la prosa e imaginación de Daphne du Maurier una figura femenina deliciosa. Sus libros siempre terminan mal, con giros insospechados y horrendos tanto para el lector como para sus protagónicos. En esas letras elegantes, oscuras y bellas se hundió Hitchcock para trasladar al cine el terror refinado de Daphne. Son los “Pájaros” y “Rebecca” obras maestras de la cinematografía gracias a la imaginación tenebrosa (y fuera de época) de esta dama.

En Rebecca encontramos una novela de fantasmas sin fantasmas: Rebecca ha muerto y su presencia ocupa toda la mansión Manderley, acechando y empequeñeciendo a la protagonista que llega, en nuevas nupcias, con el señor Winter (viudo de Rebecca). Pues Rebecca era perfecta, una mujer que no admitía segundas, parangón, ni rival: hombre, mujer o enfermedad. Su perfección trasciende incluso su muerte física –abatida por el mar supuestamente, una bala en realidad la mermadora del latir de su carótida- eclipsando cual sombra el corazón torturado de la nueva esposa del señor de Winter.

¿Cómo te enfrentas a alguien que ya está muerto? ¿Cómo deshaces el recuerdo de alguien superior a ti? Estas preguntas tortuosas son la clave para entender la psicología de la novela; tan detallada magistralmente que dio nombre a un síndrome: el Síndrome de Rebecca, diagnosticado por el temor patológico, destructivo y celotípico que inspira la pareja pasada ante la propia ineficacia amatoria en una núbil relación. La novela concluye con un incendio, así como generalmente concluyen las relaciones –y las vidas, si no es que en prisión- de las personas aquejadas con el Síndrome de Rebecca.

Sobre más oscuridades si ahondamos en ello, otro autor olvidado en el género del terror es Graham Greene; su cuento “El fin de la fiesta” contiene el desenlace más espeluznante que he leído en mi –todavía- joven vida. Recomiendo a mis miles de millones de lectores, su leída. Pero acá les hablo de otro relato, una novela de Graham Greene cuyo título fue cobijado por la Psicología (por Herbert Freudenberger, catorce años después de la publicación de la novela) para describir un estado de fatiga y cansancio que imposibilita la continuación del trabajo. El Síndrome de Burnout, es acogido por el ICD-10 para diagnosticar el agote en recursos emocionales, desensibilización e incertidumbre que se gesta tras largos períodos de tensión laboral.

En la novela “A Burnout Case”, Graham Green habla de un arquitecto que al borde del resquebrajo emocional huye a una colonia de leprosos para darle nuevo brío a su monótona y aburrida vida. La sintomatología del personaje es la misma de todos aquellos contemporáneos que ya padecen burnout, y la respuesta la tienen ahora ante sus ojos: huir a una colonia plagada de lepra, sarna y sarcoma cuando se sientan agotados de su feo y desmotivante empleo. Que vuelvan, no es garantía. Que le encuentren sentido a su gris vida, tampoco. Que estarán cambiados –ya sea por contagio o revelación espiritual- puede que sí. En esto último tampoco prometo mucho, pero  dejo una reflexión quizás al aire: compara el frío impersonal de la computadora en tu cubículo con la caricia ardiente –y propia, palpitante- de una llaga purulenta, contagiosa, ácida sobre la piel.

Del Niño Eterno al Psicópata. Todos hemos visto alguno y probablemente padecido ambos. Personajes tan dispares como Peter Pan y el príncipe Constancio Galo encubren fantasías adultas y oníricas. El primero es la eternización de la niñez: la inmortalidad de otrora una vida desenfadada, inocente, despreocupada y feliz. El segundo es un príncipe seductor, fascinante por lo bello de su aspecto y lo horrendo de su corazón podrido: el príncipe Constancio Galo era un asesino, un psicópata que seducía por su apariencia hermosa, manipulando a hombres y mujeres, desechando a los que le entorpecían el camino con variadas formas de homicidio.

El primero –El Niño Eterno- nos encanta porque quisiéramos remontarnos a ese sueño. El segundo –el Psicópata- nos fascina por la oscuridad que habitaba en su concentro. A ambos los vemos de lejos, distantes e hipnóticos, cada cual en su cuartel. Peter Pan fue creado por el dramaturgo James Mathew, tan inmerso él mismo en un mundo infantil que nunca abandonó; ese niño eterno que fue Mathew, es el mismo que llevó a Wendy a volar al País de Nunca Jamás en las páginas de su texto teatral. Gracias a él podemos dar nombre a otros tantos Niños Eternos alejados del añorado (y probablemente yermo) Nunca Jamás: el Síndrome de Peter Pan: caracterizado por el terror a dejar la infancia, a convertirte en un adulto vacuo y de perder la esencia impoluta del niño interior.

El príncipe psicópata Constancio Galo no fue fantasía del autor Gore Vidal, éste fue un personaje real, pero recreado tan excelsamente por el escritor que le valió el aplauso de la comunidad psicológica por capturar al dedillo una mente trastornada. Sin saberlo, Gore Vidal estaba retratando la acepción más actual de las personas diagnosticadas con psicopatía: gran capacidad de seducción, escasa empatía, cosificación de las personas y una anestesia emocional que nulifica cualquier culpa.

En las letras de una novela entonces, encontraremos un espejo. Que el reflejo sea justo, espero ahora.

Conoce más de Mirilla

Referencias:

* * *

Texto editado por Nancy Hernández Martínez.

La responsabilidad del contenido de los textos publicados por la Revista Ala Izquierda corresponde a sus respectivos autores. Cualquier cuestión relativa a los mismos puede ser informada a través de nuestros canales de comunicación. El Consejo Editorial se reserva el derecho de retirar en cualquier momento los textos que violenten los derechos de terceros. Editor responsable: José Luis García.

Anuncios

Populares

1 Comentario en Mentes que gestan monstruos. Monstruos que aparecen solos

  1. Eduardo Galeana // septiembre 29, 2015 en 22:36 // Responder

    Muy buen articulo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: