Las cosechas por Ayotzinapa

Ángela Guerrero Ángela Guerrero

Por Ángela Guerrero

En este año, hemos gritado cientos de veces del 1 al 43 para exigir justicia, para que no se olviden los desaparecidos, para que, con cada grito de protesta, unos ojos se iluminen porque su nombre ha sido recordado. Mientras las protestas seguían su curso, se pensó que la encrucijada en la que las autoridades estatales se encontraron, a partir de lo sucedido en Iguala, desembocaría en un replanteamiento radical que estableciera la desaparición de nuestros estudiantes como un antes y un después en la vida política y social.

Se llegó a pensar que la indignación que se vivía lograría unir esfuerzos para repensar un país con un sello que no fuera la violencia, la injusticia y la corrupción. Durante semanas de intensas movilizaciones, un buen grupo de quienes estaban allí sabía que lo que estaba en juego no era nada más la exigencia de la aparición con vida de los estudiantes, sino la posibilidad de lograr, mediante esta vía, retomar el rumbo del país.

En torno a una misma indignación, surgieron muchas visiones sobre lo que habría que hacer para enfrentar a un gobierno que, con la ayuda del crimen organizado, desaparece estudiantes. Se generaron muy diversas propuestas para resolver la grave crisis de derechos humanos que se vive y, como pocas veces, se utilizaron todos los recursos disponibles para mostrar la indignación y la necesidad de reconstruir un país marcado por la violencia, la injusticia y la corrupción.

En esas propuestas, algunas confrontadas entre sí, otras complementarias, se pudo observar que para cambiar un país no solo hace falta indignarse. Frente a la maquinaria mediática y política actual no fue (ni sigue siendo) suficiente poner sobre la mesa las estrategias políticas a seguir para verdaderamente sentirnos representados, proponer soluciones para lograr la tan esperada gran reforma que resolvería los grandes problemas del país, o bien, reflexionar sobre lo ocurrido en Iguala y considerarlo como un caso emblemático de los excesos en los que incurre el gobierno con tal de callar estudiantes.

Los críticos del movimiento por los 43 han aprovechado el momento y han dado por un hecho que los familiares realmente son movidos por otro tipo de intereses políticos. Buscan desacreditar al movimiento por las protestas que se realizan en varias ciudades de México, o bien, exigen la salida del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos debido a que, entre otras razones, pone en riesgo la estabilidad del Estado mexicano.

¿Su estrategia ha tenido éxito? No creo. Al final, frente a la poca disposición del gobierno para hacer justicia en el caso, lo que se ha logrado es que el objetivo de las protestas no sea únicamente que el gobierno busque a nuestros estudiantes. Hoy se marcha para mantenerse políticamente vivo, para permanecer como un colectivo e identificarse como críticos de las acciones del gobierno. Hoy aquellos que siguen en las calles exigiendo justicia también lo hacen para constatar que no olvidan, para recordar, en cada paso que se da, que todavía nos queda dignidad.

Puede ser que las protestas sean menos nutridas, que no haya cambiado ni un centímetro el gobierno, pero lo que sí ha logrado el movimiento por los 43 es establecer un antes y un después en la vida política y social del país, dimensionar la crisis de derechos humanos en que vivimos y, sobretodo, cuestionar las verdades oficiales. El camino recorrido hasta ahora nos muestra que las dolorosas semillas con las que se inició el movimiento han rendido frutos. Para cosechar un país diferente habrá que buscar caminos convergentes entre quienes no aceptan el olvido ni la imposición de una verdad como política de Estado.

Conoce más de La partitura del gran garrote

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Texto editado por Carlos G. Torrealba.

La responsabilidad del contenido de los textos publicados por la Revista Ala Izquierda corresponde a sus respectivos autores. Cualquier cuestión relativa a los mismos puede ser informada a través de nuestros canales de comunicación. El Consejo Editorial se reserva el derecho de retirar en cualquier momento los textos que violenten los derechos de terceros. Editor responsable: José Luis García.

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