Las nuevas coordenadas para el debate de la regulación de marihuana. Una entrevista al Doctor Sergio Sánchez Bustos

Ángela Guerrero Ángela Guerrero
Ángela Guerrero. / Santiago de Chile

Ángela Guerrero. / Santiago de Chile

Por Ángela Guerrero

En días recientes se dio a conocer que, por primera vez en México, un ministro de la Suprema Corte propone un proyecto para aprobar el uso de marihuana recreacional y declarar inconstitucionales cinco artículos de la Ley General de Salud que actualmente prohíben la siembra, cultivo y posesión de la droga para autoconsumo con fines recreativos.

Con ello, nuevamente se abre el debate sobre la regulación de cannabis en México. Para abonar a la discusión, es preciso mirar al sur y conocer cómo han abordado el tema otros países latinoamericanos y qué estrategias han generado a favor del uso medicinal. Por ello, hace varias semanas, entrevisté al Doctor Sergio Sánchez Bustos, asesor sobre políticas de drogas del Colegio Médico de Chile, quien ha jugado un papel clave para la aprobación del uso medicinal de la marihuana en su país. En esta ocasión les presento la primera parte de la entrevista:

Ángela Guerrero: ¿Podrías hacerme un análisis general de cómo observas los cambios a las políticas de drogas en Latinoamérica?

Sergio Sánchez Bustos: Lo que nosotros hemos visto es que, en efecto, la legalización de jure que se ha producido de marihuana medicinal y recreacional, en Colorado y Washington y también en Uruguay, de alguna manera ha empujado a los actores políticos a que se sientan llamados a participar, al menos en Chile. Se han identificado con los cambios políticos y ellos, a su vez, han impulsado cambios en la legislación que ahora se discuten en el parlamento, especialmente de marihuana, que es justo en lo que se han concentrado.

Los activistas también se han concentrado en impulsar la regulación de la marihuana hasta lograr que se puedan sembrar seis plantas, 500 gramos y, para portación en calle, 10 gramos. Estos cambios son definitivos y han impulsado a otros actores a participar. Donde tienen una postura interesante en el contexto internacional es en Colombia, Guatemala y México, pero a nivel interno parece que no logran cuajar una fuerza política que impacte a nivel interno.

Es curioso el fenómeno porque la agenda foránea lleva consigo cambios mientras que, en la agenda interna, no han sido capaces de implementarlo, que es justo lo contrario a lo que sucede en Chile, donde la agenda internacional sigue siendo conservadora mientras tienes dos plantaciones de marihuana, una en Santiago y otra en los Ángeles, que ya están autorizadas y las plantas están en procesamiento.

AG: En el caso chileno, ¿A qué atribuyes esa dicotomía?

SSB: A que el Estado no ha sido capaz de moverse a la misma velocidad que los cambios se producen. Tenemos una base activista muy sólida en Chile, con muchos líderes, y muy diferentes, que están impulsado la agenda de la marihuana y el Estado se quedó estancado. Hace dos años que la marihuana era la planta del diablo, igual que en el resto de América, y ahora esa misma gente, que está cómodamente gerenciando estas leyes restrictivas, tiene que dar cuenta de una nueva situación y no han sido capaces de estar a la altura del debate, no se logran configurar. 

Ejemplo de ello fue una reunión hace un par de meses con el ministerio de salud. Los funcionarios expertos decían que no estaban seguros de permitir el consumo recreacional, a lo que contestamos que en Chile ya estaba permitido, las plantaciones estaban en proceso y se estaban produciendo cantidades de marihuana a portar. Es muestra de un problema cultural y los actores políticos y los parlamentarios van más rápido porque tienen menos costos que pagar que los gobiernos centrales.

AG: Has mencionado que hay muchos tipos de activistas, ¿Podrías decirme cuantos y qué tipos de activistas hay?

SSB: Desde la ideología política, hay gente que viene del mundo liberal que considera que uno tiene el derecho de hacer en su cuerpo lo que le plazca y, por lo tanto, el Estado no puede meterse a colonizar ese territorio. Hasta gente vinculada al partido comunista, que está con la misma tesis de Mujica, desde la cual esto se considera una herramienta para combatir el narcotráfico y para facilitar también la formación de comunidades y poder popular.

Dentro de estos extremos están los activistas por la marihuana medicinal. Hay activistas por el uso y la libre capacidad para desarrollar el más alto espíritu posible –que son activistas espirituales– donde han estado las iglesias rastafaris, sobre todo una organización que se llama Trigragrama; una escisión chilena de la iglesia del Santo Daime. Hay gente que ocupa plantas todo el rato, y que son los que han puesto la cara más visiblemente por el derecho a consumir marihuana de manera espiritual, y la Corte Suprema le ha dado la razón.

Ha habido activistas médicos, como yo y como gente del Colegio Médico, que están impulsando la necesidad y el derecho de los enfermos para ocupar la marihuana de manera legal y digna, dado que la ley en Chile lo garantiza. También ha habido grupos de pacientes que se han organizado, como Mamá Cultiva, que son madres de niños que tienen epilepsia refractaria; ellas están cultivando sus propias plantas sin el apoyo de algún médico o tratante y se las administran a los niños porque han visto en la televisión casos que han mejorado.

Esta variedad de liderazgos ha sido muy positiva para sacar adelante el tema porque el gobierno no logra identificar un oponente. Es una guerra de guerrillas, viene por todos lados, los argumentos son muy buenos y han permitido que los políticos tomen esta hebra y a éstos les ha ayudado para reencontrarse con las bases.

AG: De estos cuatro grupos de activistas, ¿Cuál es la agenda en común y cuáles son sus principales diferencias?

SSB: La pregunta es interesante, yo creo que lo que todos tienen en común es el autocultivo como herramienta que soluciona, para la gente liberal, el derecho a consumir, para los comunistas, la necesidad de evitar el contacto con el mercado negro, para los usuarios religiosos, lo mismo y, para los usuarios medicinales, igual. Aunque, en este último caso, se han ido diferenciando activistas que luchan por un aceite, porque hay intereses secundarios, pues hay un laboratorio de nombre KNOP que se ofreció para hacerlo pero tiene fines de lucro, ya no es un fin social. Estos activistas han estado defendiendo el uso del aceite de marihuana.

Otra diferencia entre los recreacionales y medicinales es que los primeros dicen que, en el fondo, el uso no es medicinal. No han entendido que en el fondo la argumentación de ellos ha servido como punta de flecha para penetrar en el corazón de la prohibición y están ansiosos porque el debate se enfoque luego en el consumo recreacional. Actualmente, el proyecto de ley que cuenta con los votos vincula las dos cosas: habla de consumo medicinal y recreacional así que en cierta medida se ha logrado aunar un esfuerzo por vincular los dos temas.

AG: La mayoría de los grupos, incluso a nivel regional o mundial, son críticos de este modelo prohibicionista, siempre hablan de que la política de drogas debe integrar temas de seguridad y de salud. En este sentido, ¿Cuál es la perspectiva de seguridad de estos grupos de activistas que has identificado?

SSB: El éxito de los grupos ha sido posicionar en el relato público que el objetivo de la política debe ser combatir el narcotráfico y no al consumidor. Desde esa perspectiva se ha desarrollado la idea de que el autocultivo te protege contra eso, le quita el mercado a los narcos y favorece la gestión del autocultivo y del consumo. Y lo que se ha pedido al ministerio público, y a las autoridades encargadas de la seguridad pública, es que se concentren en combatir el gran narcotráfico y no el pequeño menudeo y ha funcionado pues las autoridades lo han entendido.

También el argumento se vuelve importante porque, finalmente, el consumo está permitido por ley y lo que no está permitido es el cultivo. Entonces, si tu permites el cultivo y el consumo, la policía no tiene que estar persiguiendo a consumidores, debe ir detrás de los grandes narcos y ese es el desafío que tendrán que enfrentar porque los grandes narcos parece que tienen sus propias formas de trabajo que no son despreciables.

AG: Escuché, en varias entrevistas que has dado, que una de tus preocupaciones es que el debate se centre solo en la marihuana, ¿Cómo asumen los grupos de activistas el debate por la regulación de otras sustancias?

SSB: Son grupos bien marihuanizados. Cuando iniciamos el trabajo con marihuana medicinal, no pensamos que iba a ser tan rápido ni tan efectivo: en dos años cambiamos el debate y el escenario, y la verdad es que ya no se discute si la marihuana es buena o mala sino de qué manera se va a permitir. El precio que se ha tenido que pagar es alto en cuanto a que las personas que consumen otras drogas se han invisibilizado y se ha instalado la idea de que la marihuana es buena y las otras drogas no.

Esto tiene que ver con que no hay capacidad de organización en los grupos de activistas para defender el consumo de pasta base o de coca, por ejemplo. Entre otras razones porque la pasta base, al ser baratísima, es ocupada por gente que vive en el arrabal, mientras que la cocaína es consumida por gente de elite que tiene dinero y que no necesita de asociaciones para poder consumir de manera segura; son consumidores que no están sujetos a una presión policial, ni social, por dar cuenta de su consumo. No han salido a dar la cara y eso es preocupante porque al final esa gente es la que más se va a criminalizar ahora al tener una ley para la marihuana.

AG: Entonces, ¿En Chile ahora habrá consumidores de primera y consumidores de segunda?

SSB: Probablemente sí. Claro, ahora todo el mundo va a consumir marihuana bajo el amparo de la ley pero los que consumen pasta base se quedarán ahí. Como gremio médico tampoco hemos salido a decir que puede haber usos medicinales de la coca, no nos lo hemos planteado como discurso. Ahora vamos a tratar de posicionar el discurso de pasta base desde los derechos humanos, como esas personas que usan pasta base y que necesitan un mayor cuidado de salud que las personas que no la consumen, pero no sé qué éxito tenga. Parece que ahora es el momento de la marihuana.

AG: ¿El hecho de que se haya marihuanizado el debate responde también a un contexto propicio a nivel internacional?

SSB: Exacto. Es que, de alguna manera, la marihuana era más fácil porque tiene usos medicinales milenarios. Aunque la coca también los tiene, han estado más restringidos, hay menos estudios y hace falta un mejor uso de la coca como una droga de consumo recreacional y un buen discurso que funcione en este contexto ya que cambió el escenario. Habrá que pensar en uno que incluya a la coca y otras sustancias.

AG: ¿Cuáles fueron los elementos que los llevaron a decidir que el camino era la marihuana medicinal y no la recreativa o de cultivo?

SSB: Nosotros nos dimos cuenta de que ésta había sido la estrategia que habían utilizado los americanos –que venían desde hace 50 años hablando de derechos y de libertades personales y de expansión de conciencia– pero que el verdadero cambio en la política fue en el año 2000, cuando permiten el uso medicinal y cuando tienes las consultas médicas llenas de gente que, en el fondo, quiere buscar su receta por razones lúdicas pero igual van al médico porque es la alternativa que se les ofrece. Después de eso se transparenta el mercado y se divide en medicinal y recreacional y muchos de los dispensarios medicinales se convierten en dispensarios recreaciones.

Nos dimos cuenta de que ese era el camino para sociedades conservadoras como las nuestras porque no somos Holanda, no estamos en Europa y la gente no tiene un criterio funcional y práctico. Quizás eso es porque somos hijos del rigor. Era más fácil hablar de marihuana medicinal que de libertades personales, porque si no iban a salir a decir que queríamos libertinaje y es más fácil ser portador del estigma del libertinaje. Este discurso no estaban preparados para recibirlo y no sabían que hacer: ¿Cómo estar en contra de que alguien deje de sufrir? Ese fue el acierto.

AG: ¿Este es el fin del camino en la lucha por la regulación o solo un paso?

SSB: No, solo es un paso. Ahora tenemos el desafío de levantar el debate de la pasta base, para eso estamos con el proyecto de centros de servicio para mujeres, que estamos levantando fondos, y esperamos hacerlo visible a partir de eso. Queremos montar un centro de tratamiento para mujeres que tengan consumo problemático e incluso tratarlas con cannabis, con MDMA, que también es muy bueno. Porque además esta gente que consume pasta está vinculada con una situación de pobreza y lo que ha tenido que vivir, las oportunidades que han perdido y el daño que pueden tener, hay que detenerlo. Pensar en una buena consigna desde el lado medicinal para ayudar a esta gente que está sufriendo.

Entrevista realizada en Santiago de Chile, Junio 2015.

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Texto editado por Carlos G. Torrealba.

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