La calidad de la educación en el nivel medio superior

Víctor Aramburu Víctor Aramburu

Por Víctor Aramburu

En la entrada anterior abordé la problemática de la educación media superior en México desde el lado de la demanda, como dirían los economistas. Es decir, desde el punto de vista de quienes utilizan estos servicios y los problemas que potencialmente pueden enfrentar como que su costo de oportunidad sea alto debido a que sus ingresos no son suficientes para cubrir los gastos que implica ir a la escuela y entonces prefieran trabajar, además de otros costos como los de transporte—que dada la baja oferta de planteles de educación media superior en México, especialmente en zonas rurales, pueden ser bastante altos—y otros variables como los útiles escolares. Una de las alternativas de política pública para atacar este problema es el otorgamiento de becas que cubran el costo de oportunidad y los costos de transporte de tal manera que el monto sea suficiente para que los demandantes de educación media superior queden al menos indiferentes—es decir, que les dé lo mismo—entre la decisión de ir a la escuela o trabajar. El monto de la beca tendría que ser ligeramente superior a lo que ganarían en el mercado laboral—teniendo en consideración sus capacidades y habilidades dada su edad—y a los costos de transporte de manera que logren inclinar la balanza hacia la asistencia a la escuela. Como comenté en esa misma entrada, ésta es la lógica y teoría detrás de programas de transferencias condicionadas de ingreso como Prospera—antes Oportunidades.

Sin embargo, así como hay problemáticas desde el lado de la demanda, también las hay desde el lado de la oferta. La primera de ellas es la insuficiencia de planteles y profesores para atender a quienes están en edad de asistir a este nivel educativo pero no lo hacen. En la entrega anterior, comenté que la tasa de cobertura de la educación media superior a nivel nacional fue de 69.4%, para el ciclo 2013-2014. Esta tasa significa que este nivel educativo tuvo 4’682,336 alumnos de una población de 6’745,953 adolescentes de entre 15 y 17 años. Es decir, existen todavía 2’063,617 adolescentes que no asistieron a la escuela. Resulta difícil saber si su inasistencia se trata de un problema de demanda o de oferta. Lo más probable es que la respuesta se encuentre en una combinación de ambas dado que para ese ciclo existía un promedio de 18 alumnos por profesor y 391 por plantel. Claramente se puede observar que con la capacidad instalada actual de profesores, es posible incrementar el número de alumnos. El problema es que con base en este dato no se puede saber dónde están esos profesores que están siendo subutilizados. Quizá haga falta construir más planteles y contratar más profesores, pero tambien se puede ampliar el radio de acción de los ya existentes mediante becas que cubran el costo de transporte hacia ellos, especialmente en las zonas rurales donde las distancias tienden a ser mayores.

Otro problema crucial desde el lado de la oferta es la baja calidad de la educación. De acuerdo con los resultados de la prueba Planea 2015—la que sustituyó a la prueba Enlace—el 51.3% de los alumnos obtuvo un nivel de dominio 1 (deficiente) en matemáticas. Este porcentaje fue de 43.3% para lenguaje y comunicación. No obstante, existen diferencias relevantes dependiendo del subsistema al que pertenecen las escuelas, el grado de marginación de las localidades y las entidades federativas en el que se ubican. Esta última fuente de diferencias no la abordaré debido a que parece no haber un patrón claro que las explique.

Como es de esperar, las escuelas localizadas en zonas de marginación media a muy alta obtuvieron resultados por debajo de la media nacional. Esto puede deberse a que los alumnos que asisten a esa escuelas probablemente vengan de secundarias localizadas en zonas con el mismo grado de marginación, que es a donde asisten alumnos provenientes de hogares en condición de pobreza y que, por lo tanto, muchas veces tienen que trabajar al mismo tiempo que asisten a la escuela, quitándoles tiempo disponible para el estudio. De hecho, en un modelo económétrico elaborado por el INEE (2007) se encontró que el factor con mayor peso negativo para los resultados de los alumnos de tercer grado de secundaria en la prueba Enlace de matemáticas fue que las escuelas concentraran una gran proporción de alumnos que además de estudiar también trabajaran. A la luz de estos resultados, se refuerza la idea de que aun cuando algunas becas logren cubrir el costo de oportunidad de los alumnos para asistir a la escuela quizá sea necesario todavía incrementar más su monto de manera que se les pueda liberar tiempo por las tardes para que lo dediquen al estudio.

Sin embargo, los resultados de la prueba Planea 2015 no son necesariamente los esperados a nivel subsistema, al menos a primera vista, debido a que las escuelas con una menor proporción de alumnos en el primer nivel (deficiente) tanto en matemáticas como en lenguaje y comunicación son las técnicas industriales federales y los bachilleratos autónomos (los que dependen de las universidades autónomas, excepto la UNAM que no participa en la prueba), seguidas ya después por las privadas y los subsistemas estatales técnicos agropecuarios, colegio de bachilleres, telebachilleratos y Conalep. Comento que este resultado es contraintuitivo de primera instancia porque en los niveles previos—primaria y secundaria—las escuelas particulares son las que tienen una menor proporción de sus alumnos con niveles insuficientes o elementales. Una razón por la cual algunos subsistemas de escuelas públicas obtienen mejores resultados que las escuelas privadas quizá se debe a que algunos alumnos provenientes de escuelas secundarias privadas deciden continuar sus estudios en este tipo de preparatorias porque saben que tienen buenos resultados a costos menores. Otra razón quizá radica en que desde hace algunas décadas el Estado parece haber privilegiado el otorgamiento fácil de reconocimiento a muchas prepas privadas de baja calidad “patito” ante su incapacidad o falta de voluntad para ampliar la oferta pública de calidad en este nivel educativo.

Cabe destacar que es altamente probable que los alumnos que se encontraban en mayor desventaja por tener que trabajar durante sus estudios de secundaria no hayan podido seguir sus estudios de educación media superior, agravándose esta situación por la escasez de oferta. No obstante, aun en presencia de oferta suficiente, dado su rezago y lugares de origen—zonas de marginación media a muy alta, rurales o una combinación de éstas—es altamente que estos alumnos obtuvieran lugar en alguno de los subsistemas que obtiene los resultados más bajos.

En vista de lo que comenté en los párrafos anteriores, queda como una primera opción de política pública el incremento del monto de las becas a los estudiantes que asisten a escuelas secundarias localizadas en zonas de alta y muy alta marginación, especialmente del subsistema telesecundaria con el propósito de cubrir el costo de oportunidad de hacer tareas y dedicar horas de estudio por la tarde. Otra opción es el incremento en el monto de las becas de los alumnos del nivel medio superior que asisten también a escuelas públicas localizadas en zonas de marginación media a muy alta, rurales o ambas con el propósito de incrementar el radio de influencia de la capacidad ya instalada—i.e. cubrir el costo de transporte hacia mayores distancias. La siguiente opción implica la construcción de más planteles y la contratación de más profesores. En el caso de las escuelas particulares de baja calidad, lo recomendable sería que la Secretaría de Educación Pública condicionara el reconocimiento a la mejora de su desempeño y en el caso de las públicas, un reforzamiento en las competencias de los profesores y de las habilidades gerenciales de los directores. Es posible también que los bajos resultados de las escuelas de algunos subsistemas se deban a que, al igual que en el caso de las escuelas secundarias con bajo desempeño, éstas concentran alumnos que trabajan por las tardes, sacrificando tiempo dedicado al estudio. De tal manera que valdría la pena explorar la posibilidad de otorgar becas o, en caso de que ya las reciban, incrementar su monto, a efecto de cubrir el costo de oportunidad de este tiempo.

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Texto editado por José Luis García. 

La responsabilidad del contenido de los textos publicados por la Revista Ala Izquierda corresponde a sus respectivos autores. Cualquier cuestión relativa a los mismos puede ser informada a través de nuestros canales de comunicación. El Consejo Editorial se reserva el derecho de retirar en cualquier momento los textos que violenten los derechos de terceros. Editor responsable: José Luis García.

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