Norma Piña Hernández: salvada por la transmisión

Los problemas de Norma Piña comenzaron cuando tuvo que abandonar la seguridad de su discurso. Fueron muchos los temas que abordaron en el Senado, pero hubo un común denominador en las respuestas de la compareciente: ambigüedad –del verbo “nunca pudo responder de forma directa ni una pregunta de sí o no”.

Apenas tuvimos tiempo para reponernos de la desastrosa comparecencia de Sara Patricia Orea Ochoa, cuando a las 9 de la mañana (hora del Senado, como cuarenta minutos después en el reloj de cualquiera) empezó la comparecencia de la candidata mejor posicionada en los medios de comunicación. Norma Lucía Piña inició con la misma seguridad con la que presentó su candidatura la semana pasada, aunque su lenguaje corporal dijera lo contrario. Aprovechó para hablar de la estructura del poder judicial, de los mecanismos de control constitucional y de la importancia de la protección de los derechos humanos ­—siempre nos pone alerta cuando defienden su compromiso con los derechos de las personas y sólo lo enuncian sin argumentar más.

Los problemas de Norma Piña comenzaron cuando tuvo que abandonar la seguridad de su discurso. Fueron muchos los temas que abordaron en el Senado, pero hubo un común denominador en las respuestas de la compareciente: ambigüedad –del verbo “nunca pudo responder de forma directa ni una pregunta de sí o no”. La experiencia ante el Senado le permitió un mejor desempeño que a su antecesora, lo que tampoco era difícil.

Su estrategia consistió en que si la Suprema Corte ya había resuelto algún caso relacionado a lo que le preguntaban, entonces adoptaba el criterio de la Corte. Si no había caso, pero sí alguna norma en la Constitución al respecto, la estrategia era referir que existía norma expresa. En caso de que los dos pasos anteriores fallaran, el as bajo la manga de Norma Piña fue defenderse diciendo que no podía adelantar criterio sobre un caso que pudiera conocer, porque ello le generaría una responsabilidad –tomen nota de estos tres pasos, nunca sabemos quién podría terminar una terna porque nadie lo ha podido justificar hasta ahora–.

Por la manera en que Norma Piña respondió durante su comparecencia podríamos concluir que, de ser designada como ministra, no podríamos esperar criterios innovadores en los que ella sea ponente. Lo anterior queda demostrado con los cuestionamientos de la senadora Martha Tagle (quien hizo suya una de las preguntas que enviamos al Senado, gracias por eso) y de Armando Ríos Piter de que, después de 15 años de ser magistrada, Norma Piña sólo ha emitido un criterio relevante. Una señal de esperanza hubiera sido que a la pregunta –tipo test de revista para adolescentes– de a cuál ministra o ministro admiraba, contestara por ejemplo Olga Sánchez Cordero, quien además fue su jefa. Sin embargo prefirió referirse a Aguirre Anguiano y Mariano Azuela, el dúo conservador de la novena época, aclarando que no compartía necesariamente sus criterios, pero que no queda más claro debido a la ambigüedad de sus respuestas en temas como mariguana, eutanasia o sobre derechos sexuales y reproductivos.

Especialmente grave fue su respuesta cuando fue cuestionada sobre las observaciones emitidas por el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas en el sentido de que la tortura es una práctica generalizada en el Estado mexicano. Cuando pudo haber argumentado un verdadero entendimiento sobre los derechos humanos, la relación entre los tratados internacionales y la Constitución Federal, las obligaciones de protección y reparación que deben observar todas las autoridades del país, la candidata a la Suprema Corte respondió que no podía pronunciarse sobre el informe y tomó asiento —pausa para recuperar el aire después de nuestro sobresalto.

El momento más difícil para Norma Piña fue cuando tuvo que justificar el rezago en la resolución de asuntos en el Tribunal Colegiado que integraba. La respuesta se rebotó entre que ella sí estudiaba a fondo sus asuntos (por lo que tuvo que aclarar que no es que sus compañeras y compañeros no lo hicieran [¿?]) y procuraba garantizar la protección de las personas (lo que no concuerda con la falta de criterios relevantes emitidos por ella), pero que después, dijo, involucraba cuestiones administrativas, y luego que las estadísticas no estaban individualizadas. En este punto, una cuestión técnica –jamás pensaríamos mal, claro, porque no hay antecedentes en este país– interrumpió la transmisión, frenando los saltos argumentativos que veíamos en el monitor.

El desempeño de Norma Piña frente a su compañera de terna fue mejor en la comparecencia. Sin embargo, sólo pudimos ver a una juzgadora que cita criterios resueltos y el texto literal de la norma. Si la favorita para ocupar el cargo que dejó la Ministra (con mayúscula) Olga Sánchez Cordero no puede enfrentar la responsabilidad de tomarse los derechos en serio e ir contra corriente ¿qué será del futuro de la Suprema Corte de Justicia?

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1 Comentario en Norma Piña Hernández: salvada por la transmisión

  1. Lástima que se va Sánchez Cordero aunque no estoy de acuerdo con todas sus decisiones fue congruente y progresista durante sus 21 años en la corte. EPN mandó una mala terna claramente favoreciendo a esta señora que ya perdió la elección pasada, sé que Norma Lucía Piña nunca leerá mis comentarios pero su jefa merecía una mejor sucesora.

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