Verónica Sánchez Valle: juzgar con ojo de buen cubero

Verónica Sánchez Valle supo tomarse tiempo para responder. Sus pausas ayudaron a que las participaciones de la compareciente fueran más articuladas que las de sus predecesoras, o así fue hasta que comenzaron los cuestionamientos que exigían de ella aplicar su criterio jurídico. La perspectiva de género fue su mayor problema.

Hoy compareció la última de las integrantes de la terna para ocupar —que no sustituir— el puesto que dejó Olga Sánchez Cordero en la Suprema Corte. Las dos candidatas anteriores dejaron todo que desear y Verónica Sánchez Valle decidió mantener ese estándar.

Desde el discurso en el que Sánchez Valle presentó su candidatura —el que parecía más bien la lectura de un dictamen de la reforma constitucional de junio de 2011— pudimos anticipar que su perfil era el de una juzgadora formalista. Su forma de responder confirmó esas sospechas. Los primeros cuestionamientos involucraron decisiones polémicas de la juzgadora en casos relacionados con extradiciones y que le valieron el inicio de investigaciones por parte de la PGR, así como amonestaciones por parte del Consejo de la Judicatura Federal. La estrategia de Verónica Sánchez fue describir cada uno de los procedimientos de ley con la finalidad de justificar su actuar. Con su participación nos quedó claro que conoce la ley y gracias a eso pudo “salir bien librada gracias a Dios”.

Verónica Sánchez Valle supo tomarse tiempo para responder —la presentadora del Canal del Congreso tuvo que salir varias veces para romper el silencio que reinaba mientras la candidata anotaba qué respondería a las y los senadores. Sus pausas ayudaron a que las participaciones de la compareciente fueran más articuladas que las de sus predecesoras, o así fue hasta que comenzaron los cuestionamientos que exigían de ella aplicar su criterio jurídico. La perspectiva de género fue su mayor problema.

Cuando Sánchez Valle fue cuestionada acerca de su posición respecto a la interrupción legal del embarazo, contestó que era necesario hacer una ponderación –cuando la hizo aplicó el criterio de “a ojo de buen cubero”– entre la salud de la mujer y el “derecho a la vida digna del niño [sic]”. En este punto perdimos toda esperanza de que Sánchez Valle entendiera lo que significa juzgar con perspectiva de género. Si bien el tema es polémico, esperaríamos que la persona que tenga que pronunciarse sobre el mismo y otros similares desde un asiento en la Suprema Corte de Justicia de la Nación sea capaz de argumentar una posición fundada en derechos y principios constitucionales protegidos. Lo único que Sánchez Valle mostró fue que tiene una frase o refrán popular para cada caso.

Otro de los puntos cuestionables de las respuestas de la candidata involucra cuestiones de seguridad nacional. La magistrada fue muy concisa —en esto sí— que con base en el derecho penal del enemigo, existían casos en los que por seguridad nacional (lo que sea que esto signifique) podían ignorarse los derechos de los delincuentes. De esta forma justificó la existencia de figuras como el arraigo y la extinción de dominio.

En algún momento quisimos desistir en nuestro esfuerzo de dar seguimiento a la comparecencia, pero dijera la candidata “pues vamos viendo”. Una pregunta importante fue sobre la falta de equidad de género en el Poder Judicial. Verónica Sánchez defendió que ella construyó su carrera con base en el esfuerzo y que consideraba adecuado el procedimiento de exámenes de oposición para designar a jueces y magistrados. Sobre la falta de juezas y magistradas su respuesta fue “es que no se presentan a los exámenes”, sin más. Al parecer, pedirle a alguien tan formalista que entendiera las circunstancias que mantienen techos de cristal y que dificultan el acceso a las mujeres a este tipo de cargos fue mucho. Al respecto, el propio Consejo de la Judicatura ha publicado estudios en los que identificó cuestiones como la doble jornada de trabajo, los problemas de horarios para las capacitaciones y los problemas de movilidad que enfrentan las servidoras públicas en los órganos jurisdiccionales, que limitan su desarrollo profesional y que no enfrentan los hombres en los mismos puestos.

Verónica Sánchez dejó en claro que aplica la ley. Incluso dijo que lo mejor sería que todo estuviera legislado para que las personas que imparten justicia no tuvieran que interpretar. El proceso que presenciamos es para elegir a una ministra, intérprete preferente de la Constitución. Alguien que pueda entender un caso en su contexto y cuestionar desde los hechos hasta las normas. Que entienda que la interpretación que hace la Corte puede modificar estructuras de poder para resolver desigualdades o agravarlas. Sánchez Valle demostró que no puede levantar los ojos del expediente y que necesita que el Congreso le dé las respuestas porque ella es incapaz de aportar las propias.

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