Javier Laynez Potisek: en el Senado quisieron dormir al velador

En su comparecencia, Laynez se posicionó acerca de la necesidad de romper ortodoxias y propuso una visión distinta para la construcción de las resoluciones de la Corte. Las cualidades de Laynez superaron por mucho a sus pares en las ternas. La pregunta, entonces, es: ¿podría ser un Ministro independiente?

Hoy fue el último día de comparecencias de las y los candidatos para ocupar las vacantes en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Después de cuatro días de grandes decepciones, necesitábamos que nos regresaran la esperanza de que no todo está perdido para la Corte. Por fortuna, el turno de comparecer fue de Javier Laynez.

Cuando Laynez presentó su candidatura la semana pasada describió con bastante claridad cómo ha evolucionado la Suprema Corte desde la reforma de 1994. La precisión no era para menos pues él participó en la elaboración de dicha reforma, por lo que demostró conocer los medios de control constitucional, los cambios que han sufrido y los retos que enfrentan hoy en día. En su comparecencia, Laynez ahondó en las diferentes técnicas para la interpretación de normas, se posicionó acerca de la necesidad de romper ortodoxias para implementar efectivamente la reforma de derechos humanos de 2011 y propuso una visión distinta para la construcción de las resoluciones de la Corte en la que su diseño se haga de forma colegiada como en otros tribunales constitucionales.

Las respuestas de Laynez muchas veces tuvieron un carácter anecdótico. La razón fue que en su trayectoria en el servicio público ha participado en muchas de las reformas constitucionales y legales más importantes del país. Fue muy grato que en todas sus intervenciones tuvo participaciones muy técnicas en las que utilizó tratados internacionales, normas constitucionales, leyes, estadísticas y opiniones de la academia, además con mucha claridad. El Senado no pudo replicar mucho al candidato –conocía mejor el trabajo legislativo del Congreso que muchas de las personas presentes.

Las cualidades de Laynez superaron por mucho a sus pares en las ternas. La pregunta, entonces, es ¿podría ser un Ministro independiente? A nuestro parecer, su permanencia en cargos de alto nivel y el profesionalismo con el que se ha desempeñado sin importar la administración en turno –así nos lo han confirmado personas de la academia, que colaboraron con su trabajo y que fueron sus estudiantes– son indicadores que juegan a su favor.

Otra cuestión que nos dejó satisfechos, y que consideramos abona en ese sentido, fue su capacidad de argumentar en sus respuestas. Los ministros no son electos porque por sus funciones existe el conceso de necesitar personas con capacidad técnica y por tanto se someten a un control de los otros dos poderes al momento de su designación. Así, su legitimidad tienen que construirla con base en las argumentaciones que formulen en sus sentencias. En el caso de Laynez pudimos escuchar a alguien capaz de emitir pronunciamientos desde una visión de las funciones del Estado. En temas polémicos expuso una interpretación de derechos en las que privilegió la protección de las mujeres, de la infancia, de los pueblos indígenas, las personas sujetas a procesos penales y las víctimas de violaciones a derechos humanos. También se pronunció como un federalista que conoce los problemas que han generado el reparto de competencias en leyes generales, las dificultades que representa la implementación del sistema penal acusatorio, la relación entre el presupuesto y el desarrollo de políticas públicas. Esa capacidad técnica no es menor, y si lo consideramos con los otros factores que hemos precisado, nos permite concluir que son las mejores garantías de independencia a las que podemos aspirar dadas las reglas existentes para la designación –el cual necesita una urgente reforma.

Es una lástima que Javier Laynez tenga que comparecer en condiciones de un procedimiento fuertemente cuestionado por sus deficiencias, en el que el Ejecutivo no fue capaz de justificar las ternas que presentó y donde el Senado no tuvo la capacidad de evaluar a fondo las respuestas que dieron las y los candidatos. Las fallas del proceso no deberían repercutir en el juicio acerca de la idoneidad de Laynez. Sin duda es el único candidato que demostró, a nuestro juicio, que puede ser Ministro.

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