Después del 6-D: ¿Repunte de la polarización en Venezuela?

Las elecciones parlamentarias del 6 de Diciembre en Venezuela representan uno de los más importantes sacudones políticos en la región. Desde Enero, la oposición será mayoría en el poder legislativo y con muchísimas atribuciones. La incertidumbre reina dado lo inédito de la situación. El conflicto político polarizado ahora puede darse entre poderes del Estado; ejecutivo y judicial versus legislativo. De cualquier modo, más allá de cualquier enfrentamiento, los caminos institucionales siguen siendo elegidos por la ciudadanía como el mecanismo para dirimir el conflicto. Ahora habrá representantes estadales que reflejan de mejor manera la pluralidad de la sociedad venezolana; es un reto que puedan saber convivir.

Por Carlos G. Torrealba 

¿Co-gobierno o gobierno dividido?

Es una realidad que, desde Enero, habrá en Venezuela espacios de gobierno con diferente tono político y diversos recursos a utilizar. Llama la atención que, en comparación con asambleas pasadas, la que comienza en 2016 y llegará hasta el 2021 tiene la característica, en inicio, de no presentar candidaturas independientes, algo que puede leerse como un reforzamiento de la polarización política. En ese sentido, se reivindica la lógica de juego suma-cero, es decir, lo que es pérdida para ti es ganancia para mí y viceversa.

Esta situación podría exacerbar el enfrentamiento social, esta vez con la novedad de que las fuerzas chavistas estarían en rol de protesta a un poder que se percibe como adversario. También podría inducir a una suerte de parálisis institucional a través de un juego de dictámenes y vetos. Sin embargo, no debe perderse de vista que tal lógica es conveniente para ambos actores ya que mantiene el juego entre dos y deja muy factible la capitalización del error del único adversario posible. En otras palabras, también se genera un espacio para acuerdos y amnistías (en tiempo presente para un bando y en el futuro para el otro) entre polos que ya cohabitaban en varios espacios de gobierno, aunque no de la mejor manera.

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Desde varios lugares se pide que haya diálogo y consenso, pero mucha armonía también puede ser mal vista por los votantes de ambos bandos. La ventaja que tienen MUD y PSUV es que se percibe que plantean dos proyectos de país mutuamente excluyentes (asunto que es discutible), mientras eso ocurra, y se mantenga la lógica suma-cero, estas dos fuerzas políticas se garantizarán lugares de gobierno por unos ciclos más. Si se percibe que representan lo mismo, algo que se ve lejano, el sistema de partidos venezolano se verá nuevamente cuestionado. Así que es necesario mantener esa tensión entre conflicto contenido y consenso.

Respaldo a las instituciones

El gran victorioso del 6-D es el Estado. El proceso tuvo una abstención de alrededor 25%, un número envidiable para cualquier país en una elección presidencial, que es expresión del involucramiento de la población en la política en escenarios polarizados. Tal participación es una victoria para el Estado venezolano (ahora más plural en sus poderes), para su institución electoral y para el sistema bipartidista que se da en la práctica.

Si bien la participación y la confianza son cosas diferentes, una expresión tan alta en elecciones parlamentarias es signo de un espaldarazo a las instituciones como espacio para resolver el conflicto. Algo que nos habla también de las elecciones pasadas y su validación; si bien es posible sostener la tesis de que siempre hubo fraude y el 6-D fue el único día en que no, es más conveniente esgrimir la navaja de Occam y revalorizar el desempeño de la institución electoral desde una perspectiva más de larga duración, más allá del historial de ventajismo para con el chavismo. Además, si la victoria de la oposición se debe a algo es al abandono de la estrategia abstencionista y de cantar fraude, lo que, aunque con matices es un reconocimiento a la autoridad electoral.

Mensaje a la oposición

En un artículo previo, destacaba que uno de los retos de la oposición era capitalizar el descontento con el chavismo; lo lograron. Ahora la MUD debe ser inteligente y no confundir descontento por cómo el gobierno ha hecho las cosas con aprobación inmediata de todo lo que proponga la alianza opositora al ejecutivo. Son cosas muy diferentes y la legitimidad social que da el voto retrospectivo sancionatorio es muy frágil. Si ganaron porque el pueblo no es pendejo, eso mismo se aplicará para la evaluación de sus decisiones, así que mucha mesura, la victoria no implica que se aceptará todo, no la sobredimensionen.

Sobre todo si es difícil determinar el peso que tuvo el voto migratorio (de bando a bando) y el que supuso la conquista de parte del bloque nini que no tiene que ver con las bases electorales duras de cada polo. Es decir, habría que poner en duda, más allá de esos destacables 7 millones 700, si realmente aumentó la base dura de apoyo a la MUD.

Por otro lado, no debe olvidarse que ganó la MUD, no esta abstracción llamada “la oposición”. Dicha organización es una alianza coyuntural, con miembros periféricos y centrales y con diferencias destacables. Ahora enfrentan su máximo reto; ya no son oposición en la asamblea, lo que es un terreno desconocido. Los tiempos victoriosos pondrán a prueba la fortaleza del lazo, más aún si se perdió el máximo aglutinante (ser oposición). En esa línea, es un errror asumir que se levantarán las 112 manos siempre; esto dependerá de la capacidad de resistir intentos de cooptación chavista, y de la habilidad para alcanzar consensos previos dentro de la alianza.

Ya se ve en los medios artículos que expresan cosas como “se perdieron 4 diputados por Vente Venezuela, Bandera Roja y MAS”. Habría que pensar no en la culpa de estos partidos sino en la responsabilidad de la dirigencia de la MUD para que cosas como esa no ocurran.

Mensaje al chavismo

Yo estoy de acuerdo con la tesis de la guerra económica, me parece que es uno de los factores a incluir en el análisis de la crisis, pero no el único. Si vamos a aceptar dicho elemento, habría que decir que siempre ha habido guerra económica contra el gobierno bolivariano; no son pocos los intereses internos y externos que han tratado de desestabilizar al gobierno desde la economía.

Sin embargo, antes el gobierno la había ganado. La administración de Chávez salió airosa de un paro petrolero e incluso después disfrutó de sus mejores y más hegemónicos años. Entonces ¿Por qué culpar a la ciudadanía de no estar de acuerdo con cómo se ha combatido dicha guerra en los últimos tiempos? En lugar de estar castigando al voto castigo, la línea institucional debería tratar de comprender las razones de su emergencia y atenderlas. Son tiempos de re-visión y re-convencimiento, no de amenaza a la propia base, así el deterioro del apoyo solo se acentuará más.

Basta de tratar de silenciar a las voces críticas dentro del chavismo, el mensaje es claro; es deber escucharlas. Desde hace un buen rato se ha perdido la comunicación con la base y la directriz de arriba hacia abajo se ha acentuado. Es tiempo de reinventarse y de relegitimarse

Mensaje a los dos bandos

Sin querer hacer apología romántica de la sapiencia del pueblo, a lo Rousseau, la ciudadanía venezolana ha sido muy sabia. Ha apoyado lo loable y castigado lo punible. No se equivocó en todas las victorias otorgadas al chavismo pero tampoco se equivoca ahora. Hay que respetar la expresión de la voluntad popular.

En eso, la oposición tiene un mal historial, ojalá pueda seguir dándose cuenta de que la victoria del 6-D es producto de que se aprendió de los errores abstencionistas del pasado y a una posición madura con respecto al voto. El chavismo no está acostumbrado a perder y es urgente que tenga un mejor trato con la derrota y deje de pretender castigar al electorado. De cualquier modo, la democracia venezolana sigue ganando; no es poca cosa que en un escenario de confrontación política y social tan agudo, la ciudadanía siga prefiriendo los espacios institucionales para dirimir los conflictos antes de cualquier vía insurreccional. Como en otra ocasión, pido que esa siga siendo la línea.

Texto editado por José Luis García.

La responsabilidad del contenido de los textos publicados por la Revista Ala Izquierda corresponde a sus respectivos autores. Cualquier cuestión relativa a los mismos puede ser informada a través de nuestros canales de comunicación. El Consejo Editorial se reserva el derecho de retirar en cualquier momento los textos que violenten los derechos de terceros. Editor responsable: José Luis García.

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