Ínula Campana

Me puse a pensar qué sería lo peor que le podría a pasar a México en este año nuevo. Les dejo esta fantasía distópica ajena al narcotráfico y el homicidio vulgar. Siempre con mis mejores deseos.

Fernando Guerrero Fernando "Fedo" Guerrero

Desde mi sedienta imaginación…

 

Por Fedo

Ínula Campana es la vieja con harapos que vive en las coladeras. Sólo viene de noche. Para llegar hasta sus potestades hay que cumplir primero el pacto. Desciendo hasta su reino, de electricidad intermitente, abandono y ruina silente. Cruzo por los drenajes hasta divisar el tren vacío. Sin vida

¡Vida! Eso que se escabulle entre mis piernas es vida. Vida podrida e insana, pero vida. Ratas tilosas que advierten mi llegada. Mensajeras de la noche que pronto avisarán de mi presencia. Su ama las alimenta con minucia. Están gordas y la sed parece ajena a ellas. Su pelaje es negro, brillante y abundante. Distinto a mí, que la sed me carcome, me hace desvariar. Promete sepultarme tras el polvo de una ciudad que se derrite al sol. El mundo ha cambiado y ella es la llave. La electricidad falla, centellea, me pone de cabeza -quizá mi visión se esté nublando. Las ratas se mueven inquietas mientras continúo adentrándome en el antro. Algo en mí las altera, eso que gotea de mi antebrazo izquierdo: pegajoso y denso como la miel. Sangre. Sangre. Falta el aire, es exhausto…

Las paredes del túnel comienzan a achicarse. Ínula Campana yace al fondo, sentada sobre sus aposentos de oscuridad. –Hola- me dice ella. Toda harapos, toda insania. Sus labios refulgentes y el cabello sano. No hay rastro de la sed tampoco en ella.

–Yo fui quien te llamó a través de las coladeras- le digo.

-¿Has traído el presente?- me pregunta. En seguida le descubro el frasco, mi mano izquierda amputada flotando en el formol. Parece complacida. Me lo quita y lo arroja hacia las ratas que enseguida reaccionan comiéndosela a besos. Mi cerebro está al borde de la deshidratación como para reparar en el horror. Mi lengua bubosa, blanquecina, sin rastro de saliva.

–Podrás beber entonces- me contesta. Ella se ha convertido en una divinidad de agua. Una reina antigua, hija de Tláloc. Desde luego es una loca, ni diosa ni deidad. Sepa dios cómo llegó hasta aquí; pero posee agua. Quizá hasta la última gota que pudiera quedar. Además las ratas la obedecen y devoran a todo extraño que llega sin aviso.

–¡Bebe de la Fuente de la Vida!- me dice señalando lo que ella intuye un manantial. Un oasis de otro tiempo. Cuando en realidad lo único que veo es un camión volteado. Una de las pipas de agua enviadas a la ciudad como último recurso. Por un minúsculo agujero el tanque rocía su contenido como si se tratara de una regadera. El agua se escapa, se escapa… Y el precio a pagar por ella es cada vez mayor. Ya no tengo orejas ni cuero cabelludo, me faltan dos dedos de la mano derecha y casi la totalidad de los pies. Las fiebres por las heridas me han reducido apenas a un batracio. Sólo quiero beber y beber. Morir después.

Una pandilla de sombras mutiladas se ha escabullido hasta este reino carente de humanidad o compasión. Buscan matar a la bruja tanto como desean calmar su sed. Traen armas y sus disparos iluminan la hediondez de los drenajes. Ínula Campana encara a los deformes, producto de sus pactos retorcidos. Les echará a las ratas para que terminen su labor. Para que roan ahí donde todavía queda carne sobre el hueso.

Yo sólo quiero ahogarme en esas aguas…

Hasta que la última gota se vierta por la fuga y termine en mi garganta…

Se escuchan disparos y el sonido de muchos dientes perforando la piel. Las ratas se han lanzado sobre los intrusos con toda su furia. Se desata una guerra, ahí en el Fin del Mundo. Ruido. Ruido. Ruido, y mi sed, apenas si calmada. Rayos relampagueando en la noche. Balazos entrando directamente en la pipa, destruyendo el único suministro de agua que nos queda.

El agua se escapa, se escapa…

Cuando la última gota se haya drenado por el tanque, entonces estaremos en serios problemas.

Conoce más de Mirilla

 

Texto editado por Nancy Hernández Martínez.

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