Epítome de las mentes pequeñas

Cuando una mente pequeña habla en nombre de Dios, sólo se prolifera el prejuicio, la sangre, la estupidez y la guerra.

Fernando Guerrero Fernando "Fedo" Guerrero

Por Fedo

De niño le pedí mil veces a toda la Corte Celestial que por favor no me expulsaran del colegio cada vez que hacía alguna maldad. ¿Y qué pasó? Pues que efectivamente la Corte Celestial me salvó más de una vez de terminar en el tutelar de menores. ¿Qué clase de Corte sin moral y corrupta permite aquello?  Porque yo ni siquiera prometía portarme bien. Yo quería seguir siendo travieso, avieso y precoz: chantajeaba a los santos –y a Dios- con listones, monedas, o rezos. Así funcionaba el trato: ustedes déjenme ser, y yo les compro cosas coloridas, además de recomendar su trabajo de alcahuetas con mis amigos los mal portados de la escuela. El trato iba viento en popa hasta que topé con algo que me chocó: la Biblia. Unos pasajes en especial me trastocaron cuando niño, que hablan de la maldad de Ramsés, el hermano postizo de Moisés. Copio dos tal cuál se leen:

Éxodo 7:01 a Éxodo 7:03 “Dijo Yahvé a Moisés: He aquí que te he constituido dios para el Faraón, y Aarón, tu hermano será tu profeta, al cual dirás todo lo que Yo te mandare; y Aarón, tu hermano se lo dirá al Faraón, a fin que deje salir de su país a los hijos de Israel. Yo entretanto endureceré el corazón del Faraón, y multiplicaré mis señales y mis prodigios en el país de Egipto”. 

Éxodo 9:12Mas Yahvé endureció el corazón del Faraón de modo que no los escuchó, según Yahvé había dicho a Moisés”.

Se repite varias veces que Yahvé endureció el corazón del Faraón para poder lucirse y demostrar su poder, haciendo trucos de magia que tenían que ver con ríos sangrantes, tábanos purulentos y primogénitos muertos. ¿No habría sido más fácil ablandar el corazón del Faraón para que dejara ir a los hebreos sin mayor problema? Entendiéndolo así, quizá Dios entonces endurezca el corazón de algunos hombres –o les atrofia la amígdala- para que Él siga luciéndose en sus milagros. Sólo así tiene quorum al parecer.

A estos pasajes desafortunados siguieron otros, violentos, crueles, pareciera que redactados por el más cruento de los carniceros. Copio sólo uno de ellos para no extenderme más, sin embargo abundan y me los sé casi todos al dedillo:

Lucas 12: 51 a Lucas 12:53 “¿Pensáis que vine aquí a traer paz sobre la tierra? No, os digo, sino división. Porque desde ahora, cinco en una casa estarán divididos: tres contra dos, y dos contra tres. Estarán divididos, el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra”.

 Además de los pasajes enfrentados y contradictorios. Nuevamente sólo pongo un ejemplo de los  muchos que hay:

Marcos 14:12 y Marcos 15:25 vs Juan 19:14

Sobre día y hora de crucifixión de Jesús la cronología en Marcos dice:

Marcos 14:12El primer día de los Ázimos, cuando se inmolaba la Pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Adónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas la Pascua?”

Marcos 15:25Era la hora de tercia cuando lo crucificaron”.

Según Marcos, Jesús fue crucificado después de los preparativos pascuales, sin embargo Juan dice lo siguiente:

Juan 19: 14 “Era la preparación de la Pascua. Alrededor de la hora sexta”.

Entonces, Jesús fue crucificado antes, durante la preparación pascual.

Fue entonces cuando recibí la primer respuesta mañosa de los creyentes: Unos pasajes se tienen que interpretar de forma literal (los que convienen) pero otros se debe recurrir a la exégesis (los que son violentos, o estúpidos, o contradictorios) ¿Y cuántas exégesis hay? Pues miles. ¿Y cuál de ellas es la correcta? La que esgrime el creyente que tienes en frente ¿Y por qué? Pues porque sí.

A esto sumarle ir descubriendo la historia del Cristianismo: las Cruzadas, la Inquisición, la pelea entre católicos y protestantes con tantos muertos en medio, el período católico donde las meretrices papales gobernaron (bien por ellas, las astutas raposas que manejaron al varón cual dado; malo por seguir esparciendo en la tierra la hipocresía mayúscula: hablar de Dios y pureza, cuando los actos realizados provienen de la más bellaca alma), la Iglesia: la Pornocracia, la Masacre de San Bartolomé instada por Catalina de Médicis, los saneamientos judíos, las masacres de niños católicos a manos de protestantes, el fanatismo religioso de muchos dictadores como Hitler. Más algo peor: el dedo acusor de los propagadores de la palabra. ¿No me creen? En internet verán la verborrea excretora de los fanáticos juzgando al que es diferente a ellos. Católicos contra protestantes, testigos de Jehová contra mormones, todos estos unidos contra los judíos, y para rematar: musulmanes asesinando a todos los anteriores.

Dirán que soy un malagradecido, pero es que no se comparan mis peticiones de niño caprichoso y maldadoso (peticiones que siempre fueron concedidas) a las peticiones de otros niños enfermos de cáncer, huérfanos, o en espera de algún Rey Mago que jamás llegó. Claro que yo estaba convencido que Dios me salvaba de mis diabluras, así como los creyentes creen que ahora Dios les aumenta el sueldo, los cambia de casa, o les concede el viaje deseado. ¿En serio? ¿Tan poco pensamiento crítico existe en sus vidas?

El epítome al que se refiere este artículo se reduce a una palabra: fanatismo. Y el más grave de todos es el fanatismo religioso, hablar en nombre del Señor Invisible Mudo, como si hubieras recibido un fax del cielo de su parte. Que se apersone en mi cuarto, en vez de estar mandando mamarrachos a tocar interfonos, o que sea otro el conducto de su Voz, que algún pastor o cura violador, ladrón revestido de sotana o alguna mojigata de sexualidad represa. Y sin van a bombardearme con diatribas (ya sé que eso de la humildad y poner la otra mejilla es una farsa, y ustedes sólo saben señalar: y yo experto en quebrar dedos) por lo menos háganlo con buena ortografía.

Ya sabemos de todas las atrocidades que se cometen día a día en nombre del Señor Invisible Mudo –que de forma alguna los fanáticos perciben, y con esa percepción pretenden que se tome como última prueba de la existencia, de lo que (hasta ahora) es sinónimo de invento- empero el daño más atroz que considero es la sequedad producida en el cerebro. “Dios dispondrá” ¡Entonces deja de trabajar! “Lo que Dios quiera” ¡Pues Dios quiere todo y nada a la vez, porque es omnipotente! Ah y también omnipresente, y omnisciente… Y aquí entra una de las mayores paradojas, contradicciones, impasses en los que se meten los fanáticos con sus marcianas declaraciones: Si Dios es omnisciente, por lo tanto ya sabe cómo terminarán los caminos, incluido el tuyo, por tanto el libre albedrío no existe ¿Por qué? ¡Porque no importa el camino que elijas! ¡Él ya lo conoce de antemano! Es como un camino trazado, así funciona la omnisciencia: conocerlo todo en todo momento, desde tiempo atrás. Al momento de explicar la paradoja, sus cerebros desecados intentan emitir conexiones entre sus dendritas, produciéndose un cortocircuito que termina de matarles sus -ya de por sí inútiles- neuronas.

Otra explicación que hacen que les salga baba verde de sus bocas es cuando arguyen que existimos personas que apartamos a Dios de nuestras vidas. Pequeñas bestias: si Dios es omnipresente no podemos apartarlo ¿Por qué? Pues porque la omnipresencia significa estar presente en todo tiempo y momento.  Afortunadamente encontré una explicación hermosa –ajena a la estupidez fanática- que por fin me pudo dar razón de la maldad en el corazón de algunos hombres; la explicación vino de un libro, el más importante de mi infancia, pues fue el primero en llegar a mi concentro.

“Escucha, pues estúpida muchacha. Cada tribu tiene el dios que se merece; porque cada dios está hecho a imagen de quien cree en él. Y así la gente estúpida tiene un dios estúpido, los inteligentes tienen un dios inteligente, los buenos, un dios bueno, los malos, un dios malo. El dios de los hombres blancos es un dios terrible, celoso y vengativo, porque los blancos son gentes terribles, celosas y vengativas […] La religión del hombre blanco está hecha expresamente para poner diques a la maldad de una gente muy mala y que tiene gran miedo de morir. Su amor a Dios se funda en el miedo a la muerte. Créeme, es menester el alma de un hombre blanco para llevar el fardo de sus creencias, no un alma como la tuya […] Si crees que el dios cristiano es verdaderamente tan peligroso como lo describe Titerarti, entonces conviene esconderte de él. Si en cambio es bueno, como afirmaba Kohartok, nada tienes que temer. ¿Por qué el camino que conduce a un dios que pretende amarte tendría que ser un sendero pedregoso que te hiera los pies, en lugar de ser una pista lisa como el océano? ¿Crees que ese dios te quiere hacer feliz o infeliz?”

El libro es de Hans Ruesch y se llama el País de las Sombras Largas. Es un libro que ahonda sobre la naturaleza humana: su interior, y cómo éste interior se expele hacia afuera en forma de actos de bondad, inocencia, o prejuicio y maldad. Allí es en donde radica la bondad humana: el interior. No viene de Arriba o de Abajo, sino del centro mismo del ser. No se necesita de un dios para ser bondadoso; si tú lo crees así es porque en realidad tu única contención la pusiste en él, en ese imaginario. Qué triste: tu supuesta bondad radica en un miedo a la autoridad –ficticia por cierto- que te dice qué hacer. Te explico en una sola palabra cómo se puede ser bueno sin recurrir a dios: empatía. Pura y llana empatía. Hans Ruesch te lo dice a través de uno de sus personajes en uno de los diálogos más bonitos en toda la novela:

“Pero la luz interior que ilumina a todos los curanderos nos revela que quien hizo a los hombres los quiere felices y no infelices. No quiere ver caras fúnebres, sino caras sonrientes. No quiere oír lamentaciones, sino risas; así también él puede reír un poco. Y también quiere la felicidad de sus criaturas porque la gente feliz es buena, mientras que los infelices son malvados. ¿Comprendes?”

Como yo no le pido nada a lo que no tengo pruebas de (sin contar aquellas veces de niño que rezaba para que no me expulsaran), se puede decir que mi Dios es un dios cómplice, travieso, que me permite ser, en caso de que exista. Pues yo río, y vivo, y colecciono: momentos, anécdotas, vida. Si existiera, sólo le pediría una cosa: que en ese lugar llamado muerte, inexistencia, me permitiera ser de nuevo ese niño travieso, y este joven tenaz, que fue (que es) tan jodidamente feliz.

“Huye de un dios que te dice: quiero ser amado sobre todas las cosas porque de no ser así, te arrojaré a un horno en llamas. Cree en cambio, en un dios que te diga: Pequeña Ivalú, te amo mucho y no deseo otra cosa que tu felicidad”.

Hans Roesch, El País de las Sombras Largas.

Conoce más de Mirilla

Texto editado por Nancy Hernández Martínez.

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