La permisión social de la violencia extrema contra las mujeres

Este es un pronunciamiento de rabia e indignación. El 20 de febrero pasado fue encontrado el cuerpo de Samaí Alejandra Márquez Salgado, mujer de 25 años. Las investigaciones señalan a su pareja como principal sospechoso de su muerte. Existe una permisión en México para disponer de la vida de las mujeres. En esta sociedad hay cuerpos que no importan y sobre los cuales se justifica la violencia.

Por María del Pilar González Barreda[1]

Este es un pronunciamiento de rabia e indignación. El 20 de febrero pasado fue encontrado el cuerpo de Samaí Alejandra Márquez Salgado, mujer de 25 años. Las investigaciones señalan a su pareja como principal sospechoso de su muerte.

Samaí, al igual que Gudelia, Paulina, Mireya, Iraís y Karla, fue privada de la vida estando embarazada, presumiéndose que la razón de este hecho ilícito es que su pareja sentimental no quería hacerse responsable del embarazo.

Samaí no fue la única mujer que perdió la vida este fin de semana en el estado de Puebla. Maribel Hernández Martínez fue golpeada y ahorcada con las agujetas de sus zapatos en Tepeaca; en la comunidad de San Jerónimo Caleras fue encontrado el cuerpo de una mujer no identificada con un golpe en la cabeza y en San Pedro Cholula, otra mujer fue encontrada degollada, desnuda, con golpes en el rostro y cabeza.

En redes sociales las opiniones se polarizan. Es indignante leer argumentos que señalan a estas mujeres como culpables de lo acontecido;[2] señalizaciones que están impregnadas de estereotipos de género, descalificaciones no informadas que sólo reflejan algo: la permisión social que existe en México para disponer de la vida de las mujeres. En esta sociedad hay cuerpos que no importan y sobre los cuales se justifica la violencia.

Se trata de una cultura patriarcal que considera a las mujeres como cuerpos que se pueden utilizar y desechar sin consecuencias. ¿Qué pasa con aquellos hombres que al no querer asumir una paternidad deciden terminar con la vida de la mujer y su deseo de ser madre? Samaí, Gudelia, Paulina, Mireya, Iraís y Karla fueron mujeres con proyectos y sueños que alguien más decidió truncar.

Entender esto no es cosa difícil, al menos no debería serlo. Históricamente ha existido un orden que ha considerado a las mujeres en un plano subordinado respecto a los hombres. Si bien es cierto que esto se vive de forma distinta en cada espacio geográfico y temporal, se trata de un orden que aún impera en nuestros días y que se refleja en nuestra cotidianeidad, a veces de forma imperceptible u, otras más, en hechos tan desgarradores como los expresados ahora.

De forma lastimosa recordamos las frases que histórica y culturalmente han pesado sobre la vida sexual  de las mujeres: “no es para tanto, a todas les pasa”; “se lo buscó por ser mujer”; “para qué anda tan solita a esas horas”; “mira cómo se viste, con razón le pasó eso”; “ella lo provocó”. Tristemente la pregunta siempre faltante es, ¿Por qué?, ¿por qué alguien tiene la convicción de poder disponer de la vida de una mujer y aun así salir impune?

La violencia feminicida entendida como la violencia extrema contra las mujeres por el hecho de serlo, se muestra victoriosa cada vez que alguien opina que “ellas se lo han buscado”. No hay ofensa más grave para los padres y madres de estas mujeres que después de lo ocurrido haya quienes culpen a sus hijas.

Es alarmante lo que sucede en el país, después de dos alertas de violencia de género (entendidas como acciones gubernamentales de emergencia para enfrentar y erradicar la violencia feminicida) en el Estado de México y Morelos, las víctimas en esas entidades siguen aumentando. En lo que va del año, se han documentado 11 casos en Morelos; mientras que en el Estado de México, la procuraduría de la entidad reconoce 8 feminicidios en el año y organizaciones reportan 20.

A pesar de la legislación especializada en la materia hay una inaplicación del marco normativo, indisposición de las autoridades por hacerlo valer e incluso un desconocimiento de lo que ya la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha dictado para nuestro país (caso González y otras, así como los casos de Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantú).

En el año 2015, la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el amparo en revisión 554/2013 destacó la obligación del Estado de investigar con perspectiva de género toda muerte violenta de una mujer, para determinar si se trata o no de un feminicidio, es decir, para determinar si hubo o no razones de género[3] en la causa de la muerte.

Si el marco legal existe y los criterios argumentativos del Poder Judicial de la Federación son contundentes, ¿dónde encuentra su justificación la persistencia de esta violencia brutal? Precisamente en la permisión que existe en la sociedad mexicana para que esto suceda. Comentarios como los expresados estos días por lo acontecido en Puebla, son una muestra de ello.

Nos queda nombrar este y otros hechos como lo que son: FEMINICIDIOS. Recordar que hay un orden sociocultural que normaliza la violencia cometida contra las mujeres, y que la violencia feminicida es su manifestación extrema, producto de una cultura que permite que a una mujer se le deseche cuando estorba.

Nos queda presionar y exigir a las autoridades para que no reproduzcan estereotipos de género en sus investigaciones, que actúen de acuerdo a los más altos estándares de protección de los derechos humanos. De igual forma, nos queda mucho por hacer en lo cotidiano, desde un nivel comunitario e individual, para que esta permisión social que existe y que impera en nuestras sociedades sea erradicada. La verdad es que a todos y todas nos queda mucho por hacer.

[1] Licenciada en Derecho por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Maestra en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es profesora de asignatura en la Facultad de Derecho de la UNAM y capacitadora en temas de género y derechos humanos en los sectores público y privado; integrante de la Red de Abogadas (os) por la Defensa en la Reproducción Elegida, RADAR 4º.

[2] Léanse algunos de los comentarios señalados en las siguientes notas: Feminicidios en Puebla: 6 asesinos que mataron a sus novias por estar embarazadas, Disponible en: http://www.periodicocentral.mx/2015/nota-roja/6-feminicidos-en-puebla-no-quisieron-ser-padres-y-mataron-a-sus-novias?platform=hootsuite , Hombre mata a su novia embarazada en Puebla; van 14 asesinadas este año, Disponible en:  http://www.proceso.com.mx/431021/hombre-mata-a-su-novia-embarazada-en-puebla, Buscan en basurero de Puebla el cuerpo de embarazada asesinada por su novio, Disponible en: http://www.proceso.com.mx/414231/buscan-en-basurero-de-puebla-el-cuerpo-de-embarazada-asesinada-por-su-novio . Fuentes consultadas el 23 de febrero de 2016.

[3] De acuerdo al artículo 325 del Código Penal Federal, se considera que existen  razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias: 1. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo; II. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia; III. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima; IV. Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza; V. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima; VI. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida; VII. El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público. Para analizar cada razón de género, léase el Protocolo de investigación ministerial, policial y pericial con perspectiva de género para el delito de feminicidio, de la Procuraduría General de la República.

Texto editado por José Luis García

La responsabilidad del contenido de los textos publicados por la Revista Ala Izquierda corresponde a sus respectivos autores. Cualquier cuestión relativa a los mismos puede ser informada a través de nuestros canales de comunicación. El Consejo Editorial se reserva el derecho de retirar en cualquier momento los textos que violenten los derechos de terceros. Editor responsable: José Luis García.

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