Zapatistas y partisanos: la resistencia desde la amistad, la familia, la felicidad y el amor

La posibilidad de construir una resistencia o una lucha política a partir del ejemplo zapatista y de los partisanos y las partisanas italianas. Las afectividades y los lazos sociales como condiciones primigenias para hacer política desde quienes aparentemente tienen menos posibilidades de ejercer el poder.

Por Ángel González

A bote pronto parece ser que la experiencia de hacer política y sobre todo de construir alternativas organizativas o resistir en determinada lucha es una tarea titánica que solamente los más preparados pueden llevar a cabo.

Esta idea junto con la idea de que la política solo es cosa de “los políticos” o los politólogos, es una de esos flagelos que han lesionado las posibilidades de las luchas políticas y las posibilidades de organizarse para preservar los bienes colectivos.

Incluso algunas formas que no parecen ser marcadas políticamente o efectivas organizativamente, a veces son  los reductos que posibilitan las rebeliones, pues logran reconstruir a través del trabajo colectivo una red activa de solidaridades que se representan de distintas formas.

En los últimos días me han llamado la atención dos casos en particular que son hitos en sus diferentes contextos. Uno pertenece a la experiencia de las partisanas y partisanos italianos entre  1943 y 1945, sujetos de estudio de Valerio Romitelli quien refiere de manera amplia el caso en una entrevista elaborada por Amador Fernández-Savater. Y el segundo caso es el de los zapatistas de la Revolución Mexicana y las referencias que Salvador Rueda Smithers, historiador mexicano, refiere acerca de los lazos que permitieron la construcción del Ejército Libertador del Sur, brazo militar popular de la revolución del sur.

Con sus justas diferencias hay una serie de similitudes valiosas para entender que la política puede ser construida a partir de la vida cotidiana, y por supuesto en escalada a partir de “lo común”. Es necesario hacer esta observación porque a veces se comete el error de menospreciar experiencias que no se encuentran en el espectro organizativo deseado. Friedrich Katz contrapone el caso de Villa y Zapata como ejemplo; procedentes de las clases más bajas y sin status de intelectuales, no organizaron partidos políticos.[1]

Partisanas y partisanos: Romitelli

El caso de los jóvenes italianos que enfrentaron la ocupación nazi había aparecido en cierta historia como una organización dependiente del Partido Comunista Italiano, cosa que seguramente también  atraía muchas alegorías y símbolos propios del comunismo que no le correspondían. Dice Romitelli que estos jóvenes se organizaban en banda y por iniciativa propia y en algún momento llegaron a ser hasta 200,000. Entre otras cosas sí lograron vencer la ocupación nazi, pero fueron expulsados del proceso de reconstrucción del nuevo Estado republicano[2].

La condición primigenia para poder echar a andar esta resistencia la dibuja Ada Gobetti, periodista y partisana: “la amistad era la clave de la batalla partisana”[3]. Romitelli acusa tratando de desplegar la reflexión:

El caso de los partisanos italianos es particularmente instructivo. El que pretendía combatir a los nazis aisladamente o mal organizado estaba abocado a desaparecer rápidamente y sin dejar rastro. De donde se deduce que la amistad, el amor estrechamente compartido por la misma causa, es la condición prioritaria de cualquier experiencia política (que implica también, por supuesto, el odio y el conflicto).[4]

De modo que si la condición obvia para desarrollar una resistencia o una lucha política es no hacerlo en la soledad, los lazos que se construyen incluso en términos de afectividades resultan enriquecedores no solo del que resiste, sino también de la resistencia.

Resulta sorprendente que ante todos los conflictos de diversa índole derivados de una ocupación militar como la que enfrentaron estas partisanas y partisanos, fuera la amistad, el amor y la felicidad por la causa otro fuerte motor fuerte. Para Valerio Romitelli la dicha de estos combatientes consistía en decidir sobre sus propios destinos.[5] Una tarea tal vez existencial que atraviesa a cualquier resistencia o lucha política emprendida; la necesidad de decidir partiendo de un nosotros, nuestro futuro, nuestro presente.

Los zapatistas: Rueda Smithers

Por otra parte en la experiencia mexicana revolucionaria, el ejemplo de los zapatistas “[…] uno de los dos mayores ejércitos dirigidos por campesinos que haya conocido la historia del continente desde Alaska hasta la Tierra del Fuego”[6].

Ignorando que entre los dos casos hay un par de décadas de diferencia, contextos históricos totalmente distintos e incluso un tiempo de guerra también diferenciado, en el zapatismo podemos encontrar una forma similar a la de los partisanos para construir la lucha política.

El zapatismo para Rueda Smithers, por poner un ejemplo de interpretación que nos sirve para articular esta reflexión, está empujado por un núcleo constituido como una “guerrilla familiar” a través de “mecanismos secretos de familias extensas de campesinos”:

Lazos de parentesco, compadrazgo y amistad, así como el de obligaciones religiosas y de política interna, anudaron los hilos de respeto, la solidaridad y la afinidad de intereses: esta lógica nos descubre a la dirigencia del Ejército Libertador en el centro de Morelos como una familia investida de poderes.[7]

Una familia que por cierto, no guardaba similitud con la forma de relacionarse de aquella élite política (poco diferente en ese sentido a la actual) que hasta aquél entonces se venía perpetuando en el poder de la mano del  poder económico despojando del patrimonio colectivo.

La importancia de estas formas de cohesionarse políticamente fueron expresadas explícitamente no solamente por los partisanos, sino también por el propio Zapata, quien sabía que uno de los componentes posibles del crecimiento del Ejército Libertador del Sur eran esos lazos. Durante la promulgación del Plan de Ayala, Gildardo Magaña, historiador y jefe local de la revolución del sur, recogió un relato del teniente de caballería del ELS, Macedonio García, describiendo dichos de Zapata durante aquél acontecimiento:

Y ya luego que terminó el Plan de Ayala y el juramento, nos dijo a nosotros el general Zapata, dice, váyanse pa’sus pueblos ya no estén aquí, váyanse y por allá van a hacer la revolución, con el compadre, con el amigo, con el que sea pero quiero que cada [uno levante] movimiento por allá.[8]

Explotar del modo en el que se analizó acá estos lazos y vínculos entre los seres humanos para hacerlos catalizadores de resistencias y luchas políticas por supuesto es uno de los muchos mecanismos que existen. Se piensa en este mecanismo en específico porque tiene la virtud de sanar, reconstruir y reproducir el tejido social y generar alternativas políticas que a veces quizás no son lo suficientemente explícitas. Como en el caso de los partisanos quienes probablemente oponían la vida a la muerte y la libertad a la opresión nazi sin pensar necesariamente en desplegar un proyecto político concreto. Y otras veces que sí son explícitas y van tomando forma en tanto la experiencia va aumentando. Tal vez como el caso del zapatismo en la Revolución Mexicana que sigue en vías de ser restituido políticamente como uno de los proyectos políticos más radicales que vio la luz en este país.

La propuesta en abstracto es que si la dinámica del capitalismo sigue “desvalorizando el mundo humano en razón directa a la valorización del mundo de las cosas”[9], una de las tareas permanentes de las resistencias y las luchas políticas es procurar las relaciones entre unos y otros, como consigna Silvia Federici, activista y teórica feminista:

[…] se tiende a reducir el tiempo que se da a la amistad, el amor, a la convivialidad […] Se le da valor a un teléfono nuevo, pero no a la capacidad de los seres humanos de ser más solidarios, de no tener hostilidad, de no tratarnos como enemigos.[10]

Conoce más de Todos el fuego el fuego

[1] Katz, Friederich. 2012. Pancho Villa.  Tomo 1 Ediciones Era. p. 12

[2] Entrevista con Valerio Romitelli, “Política partisana contra política de partido: entrevista al historiador Valerio Romitelli”, Amador Fernández-Savater,  eldiario.es, 11 de diciembre del 2015: http://www.eldiario.es/interferencias/Politica-entrevista-historiador-Valerio-Romitelli_6_461663848.html

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.

[6] Gilly, Adolfo, 2010, “Genealogía de las rebeliones”, La Jornada, 8 de mayo, p. 32.

[7] Rueda, Salvador. 2000. Emiliano Zapata, entre la historia y el mito, en El héroe entre el mito y la historia. UNAM  y Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, coordinado por Navarrete Federico y Olivier Guilhem, México. p. 253.

[8] Pineda, Francisco .2014. La irrupción zapatista 1911. Ediciones Era. México. p. 194.

[9] Marx, Karl, Manuscritos económicos y filosóficos 1844, Biblioteca de Autores Socialistas, Disponible en: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/index.htm

[10] Entrevista  con Silvia Federici, “No puedes resistir a la opresión si no tienes confianza en que otros lo harán contigo: Silvia Federicci” ,Eliana Gilet, 2 de noviembre del 2015, Disponible en : http://desinformemonos.org.mx/no-puedes-resistir-a-la-opresion-si-no-tienes-confianza-en-que-otros-lo-haran-contigo-silvia-federici/

Texto editado por Gerardo Rayo.

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