De Ardides y Tontinas

Un encuentro literario perfecto entre la astucia y la inocencia. Dos formas de belleza, compleja y simple, juntan sus caminos; ganando en apariencia la astucia que aplasta a la inocencia. Pero al final, la triste astucia se queda sola, añorando esa inocencia que mató.

Fernando Guerrero Fernando "Fedo" Guerrero

Por Fedo

 A mí que me encantan las metáforas, los arquetipos, los juegos de palabras, las dobles intenciones, los ardides, los símbolos, era obvio que me iba a enamorar del personaje de la Reina Ardid. Personaje femenino increíblemente detallado, creado por Ana María Matute (premio Cervantes de Literatura) en la novela de fantasía oscura, Olvidado Rey Gudú.

Ardid significa maña, astucia, revés, disfraz, engañifa, treta, triquiñuela; sin embargo Ardid es capaz de amar y emanar belleza, protección y cariño. Ahí radica su complejidad. Ella, que alguna vez fue despojada de su familia, ayudada por un hechicero y un trasgo logra engañar al rey (el asesino de sus padres) para desposarse con él; usando toda su astucia para manipular a todos los personajes que se cruzan con esta extraordinaria criatura de belleza física e inteligencia únicas, consigue deshacerse no sólo del Rey, sino de todos los que le pusieron el pie.

Ardid que lucha con el amor, creyendo que éste es la peor de las debilidades, toma una decisión que le cuesta caro a ella y a todos los seres –mágicos y humanos- que, por equívoco o no, unen sus caminos –aunque sea de modo momentáneo- con ella. Por medio de un encantamiento, Ardid le pide al Trasgo del Sur y al Hechicero que le quiten la capacidad de amar a su hijo, el futuro Rey. El encantamiento surte efecto, pero existe una condición en el conjuro: sin amor no hay lágrimas, pero si por alguna razón el Rey llora, su llanto mandará todo lo que él pisó al olvido. Y olvido, Olvido en mayúsculas, es la palabra que Ardid más teme.

La primera vez que Ardid siente el terror de la palabra olvido cimbrándole la piel, es cuando conoce a la Princesa Tontina, la prometida de su hijo. Ardid que simboliza la astucia y la belleza que engaña, se topa cara a cara con la inocencia, con la belleza sin ardid, sin doble intención de la Princesa Tontina. La Princesa simboliza la infancia y la ingenuidad, a ella le precede un séquito de niños y un guardián: el Príncipe Once; que es un niño eterno, con ala de cisne en vez de brazo, Protector del Tiempo de la Infancia, Consejero del Tiempo y Emisario de la Muerte. Ardid ve a Tontina descender de su carruaje corriendo a toda prisa y, en un abrazo de genuina felicidad, se prende del cuello de la Reina sin protocolo o solemnidad alguna.

“Ay Ardid, Ardid, tal vez te estás enfrentando a algo que, por vez primera, no puedes controlar […] Recordó aquella palabra, que más que palabra era un siniestro alarido, mudo, surgido de sus mismas entrañas, más aún, de las entrañas de su memoria: OLVIDO. ¨Del Oeste, el olvido¨, rememoró, casi como el eco de otra palabra pronunciada mucho, mucho antes.

Ardid se estremeció. Pero aún quedaba en ella el espíritu de una niña con ojos de ardilla, de corazón valiente y ambición desmedida. Ambición sobre todo, de venganza. Venganza que la había llevado hasta allí, hasta aquel día, hasta aquel momento preciso”.

La intensidad de este encuentro vibra el corazón de Ardid, una cosquilla que ella no entiende pero que curiosamente alguna vez sintió. Ella, que dicen que duerme con un ojo cerrado y otro abierto, no comprende la simpleza de Tontina, ni el por qué su ausencia de malicia. Se esmera en encontrar secretos donde no los hay, en descifrar en lo que es evidente, descubrir tretas donde sólo la sinceridad tiene cabida. Ardid, que alguna vez fue una niña como Tontina, termina encariñándose con ese ser tan simple y tan bello en comparación a ella: un ser complejo, pero igualmente bello en diferente forma.

Sin embargo, la lucha constante de la Reina Ardid por expeler el amor de su interior termina ganando la partida. Cuando el Rey Gudú es rechazado por Tontina, éste corre con su madre y le pide que queme a Tontina en leña verde, que aniquile a su séquito de niños junto con el Príncipe Once; que destruya sin piedad a ese ser tan bondadoso que se atrevió a desdeñarlo. Ardid, guardando nuevamente su compasión, manda al Príncipe Predilecto y a su escolta a cumplir la orden: quemar a Tontina y acribillar a sus acompañantes.

Lo que ignora Ardid es que el Príncipe Predilecto está enamorado de Tontina, y éste corre a salvarla en vez de darle muerte, a desafiar la autoridad de la Reina en vez de obedecerla. El desenlace de Predilecto y Tontina es sumamente triste, muriendo después de su entrega sin jamás volverse a ver, vagando por los mares en barcazas que custodian sus cuerpos yertos, de dos amantes que nunca pudieron estar; pero que incluso en su muerte encuentran esa palabra que Ardid tuvo a borbotones y expelió de sí. Al final, cuando Ardid siente la vejez, cuando se despide de su belleza e inteligencia en el invierno de su cuerpo, cuando ve morir a todos aquellos que la amaron, cuando siente en sus hombros el peso de sus malas decisiones, añora esa palabra que jamás pudo recuperar. Esa palabra que se llama amor y que pudo salvarla de su cruel destino, de caer en esa otra palabra tan temida, tan horrible.

La palabra olvido que arrasa y borra todo.

Conoce más de Mirilla

Texto editado por Nancy Hernández Martínez.

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2 Comentarios en De Ardides y Tontinas

  1. Fernanda Medina // abril 29, 2016 en 07:06 // Responder

    Yo leí esta novela para mi tesis y me conmueve lo que dices. Supiste captar muy bien la interioridad de Ardid y de Tontina

    • Fedo Guerrero // mayo 2, 2016 en 08:10 // Responder

      Tocaya, muchísimas gracias por leerme, y gracias también por tus palabras; me conmueve a mí que te haya gustado mi texto. Ardid es mi personaje femenino favorito por mucho, y me encanta encontrar fans de ella desperdigados por la red.

      Un abrazo muy grande tocaya y hasta siempre.

      Fedo.

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