Hacer comunidad. Participación y trabajo comunitario

La participación en los municipios oaxaqueños que se rigen por sus propias normas no puede entenderse sin el cumplimiento de obligaciones, como el servicio en los cargos y el trabajo comunitario, que configuran deferencias entre hombres y mujeres.

Por José Alfredo Cortés

@joseruschke

En la entrada pasada intenté introducir a algunos problemas de la participación política en los municipios oaxaqueños que se rigen mediante el derecho consuetudinario, es decir, aplicando normas comunitarias propias que se reproducen y son mutables. Apuntamos que las mujeres no son el único grupo que suele ser excluido, que en la mayoría de municipios tienen el derecho a participar y que esta exclusión no es una característica inherente a todos estos municipios, pues también se encuentra en el sistema de partidos.

A diferencia del sistema de partidos, en los municipios que ejercen sus normas comunitarias no suele haber una concepción en la que los derechos de participación son otorgados a todas las personas sino que estos derechos son reconocidos a quienes cumplen con la comunidad. Los derechos de participación se adquieren a través del cumplimiento con la comunidad, se trabaja para poder ejercerlos; antes de tener este tipo de derechos, las personas tienen que servir a la comunidad, a diferencia del sistema de partidos donde no se trabaja en comunidad para adquirirlos.

El trabajo comunitario, el tequio, es una práctica comunitaria fundamental para poder tener derechos a participar. Puede consistir desde una limpieza del pueblo y de sus caminos hasta la construcción de alguna obra para el bien comunitario, trabajos a los que son convocadas todas las personas de la comunidad y que tiene sanciones si no se acude a ellos. Aquí hay tres aspectos para aclarar: el primero es que todas las personas contribuyen en el trabajo comunitario; el segundo es que generalmente se les reconoce a los hombres y el tercero es que en algunos lugares esta práctica ha disminuido.

Al decir que todas las personas contribuyen con el trabajo comunitario quiero reconocer algunos trabajos invisibilizados. Generalmente se entiende que el trabajo comunitario lo hacen las personas involucradas directamente en la acción u obra que se lleva a cabo; así, si se convoca a una limpieza se le reconoce el trabajo a quienes limpian y si se hace una obra se reconoce el trabajo de quienes están construyendo la obra.

Sin embargo, muchas veces no se visibiliza la contribución de otras personas en estos trabajos, principalmente las mujeres. A quienes se les reconoce es a las mujeres que acuden a realizar el trabajo, generalmente madres solteras y viudas, quienes son convocadas para llevar los alimentos y la bebida para los hombres que trabajan. Pero no se suele reconocer el trabajo de todas las demás mujeres que desde sus hogares hacen posible que sus esposos acudan al trabajo comunitario, así como las limpiezas comunitarias que realizan las mujeres suelen no considerarse como trabajo comunitario en algunos municipios debido a que está requerido por un programa social que les transfiere dinero.

Es a los hombres a quienes se les reconoce el trabajo comunitario, pues son la mayoría, son aquellos que se hacen visibles en el trabajo, quienes pueden hacer los trabajos considerados pesados. Las construcciones de género en muchas de estas comunidades diferencian el trabajo de hombres y mujeres, vinculando a las segundas a las labores del hogar, consideradas menos pesadas, y a los hombres los trabajos públicos “más pesados”. Así, aunque tanto hombres como mujeres contribuyen al trabajo comunitario, es a ellos a quienes se les reconoce.

Por otra parte, estas prácticas han cambiado en algunos municipios y comunidades afectadas por las transformaciones económicas. En algunos lugares, la emigración de hombres ha sido tal que algunos cargos ahora los desempeñan las mujeres pero la idea de que ellas no pueden hacer trabajos pesados persiste, por lo que el trabajo comunitario puede ir disminuyendo al haber menos hombres. Por otro lado, las transferencias económicas de los programas de gobierno y el pago para el desempeño de los cargos de concejales que se ha comenzado a realizar en algunos municipios, han provocado que cada vez menos personas quieran realizar trabajo comunitario -el cual es gratuito- pues exigen un pago.

Además del trabajo comunitario en estos municipios se tienen que desempeñar cargos, desde los comités hasta los concejales, para ir escalando en un sistema que han llamado de escalafón. Esto implica que para poder acceder a los cargos principales, como los de concejales y entre ellos el de la presidencia municipal, hay que desempeñar antes los cargos más básicos, como el de topil. En algunos municipios aún se exige con rigor el escalamiento en este sistema, en otros se ha flexibilizado a través del reconocimiento en la asamblea, y se puede acceder a los principales cargos sin haber ocupado todos los del escalafón.

Esta flexibilización también tiene que ver con otros procesos sociales y políticos con los que se relacionan los municipios y comunidades, tales como los cambios legales desde otros niveles de gobiernos. Estos cambios legales pueden requerir que personas con mayores grados de educación formal y que manejen nuevas tecnologías ocupen cargos en los municipios para cumplir con las obligaciones administrativas y fiscales, por mencionar algunos ejemplos. Otros cambios legales están orientados a exigir el reconocimiento de los derechos políticos para que los hombres y las mujeres puedan votar y ser votados. Tales cambios se viven de manera diferente en cada municipio, en algunos se van adaptando los procesos mientras en otros se originan conflictos.

Los problemas de limitación de la participación política de las mujeres es uno de ellos en los que los derechos constitucionales y las prácticas comunitarias entran en tensión. Los lugares donde llegan a ocasionar un conflicto parecen ser aquellos donde sólo se apela a los derechos políticos establecidos en la Constitución y en los acuerdos internacionales, sin reconocer los procesos comunitarios para acceder a cargos o donde las autoridades y las personas que tienen el acceso a participar y decidir, oponen mayor resistencia a estos cambios.

Así, el tema de la participación política de las mujeres, cuando se trata de estos municipios, es complejo. Los cambios legales y las exigencias de los otros niveles de gobierno llegan a verse como una intromisión en la vida de las comunidades y una violación a su autodeterminación. Por otra parte, no se puede ignorar que existen desigualdades de género construidas y reproducidas tanto por las familias como por las autoridades comunitarias, de lo contrario no se reconocería la dominación masculina que se manifiesta en la división sexual del trabajo, el reconocimiento desigual por el ejercicio del mismo y el acceso desigual a los cargos municipales y comunitarios de gobierno.

Pero tampoco hay que dejar de ver que no es una situación inherente a estas comunidades, es una construcción social más general. Tratar de imponer la igualdad a través de modificaciones legales desde una posición donde también persisten las desigualdades de género y la dominación masculina puede ser incongruente. De lo contrario, ¿existiría la disposición para que no sólo los cargos de elección popular, sino todos los cargos de gobierno, tuvieran tal paridad?, además ¿habría disposición para que se obligara a que en todos los niveles de gobierno existiera una proporción de personas indígenas ocupando cargos equivalente a su población?

Estas construcciones sociales de desigualdad no se pueden cambiar inmediatamente a través de decretos, es necesario construir prácticas que conduzcan a esa igualdad. Considero que sería un error querer imponer una visión de la igualdad de género que destruya las demás prácticas que hacen comunidad, pues una y otra no están peleadas. Es decir, hacer comunidad a través del trabajo comunitario y construir relaciones de género igualitarias no implica un antagonismo.

Los tiempos y prácticas de las comunidades son distintos, algunas comunidades han comenzado cambiar estos procesos y relaciones, ya están construyendo esos caminos. Quizá seamos nosotros quienes tenemos que aprender de esos procesos, quizá seamos quienes tenemos todavía mucho camino que hacer.

Conoce más de Olor a tierra mojada

Texto editado por Paola Pacheco.

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