Hagiografías de los Santos Prohibidos

Esa palabra que se llama fe, que como cualquier sentir humano se decanta a precipicios donde el hombre guarda sus deseos de múltiples colores. Deseos de noche o de Sol, dependiendo del óculo con que se mire.

Fernando Guerrero Fernando "Fedo" Guerrero

Por Fedo

Este es un esboce, apenas un desliz, de un proyecto de investigación más grande. Cualquier plagio, suplantación o copia será castigado por alguna de estas deidades oscuras; por los dedos tenebrosos de la Niña o la risa estruendosa de Malverde.

 

Esa cosa rara y loca que dicen mueve montañas, esa palabrita de la que se aferra la esperanza y a veces obnubila la razón. Cuando ya nada queda, o el temple en defenestre va, palabra de débiles que los hace fuertes, de fuertes que intentan doblegar al adversario, de contrarios que intentan encontrar compás y ordenar a buenos causes su desdicha. Esa palabra es la fe, que como cualquier sentir humano se decanta a precipicios donde el hombre guarda sus deseos de múltiples colores. Deseos de noche o de Sol, dependiendo del óculo con que se mire.

En este mi mágico México, somos juntura de sombra y luz. La fe también se mueve por esos tamices de opiniones mixtas, de lenguas que hablan quizá sin percatarse que su fe es igual de loca, de demente, de prohibida, que aquella que juzgan de vedada.

La Niña Blanca

Jesucristo Vencedor,

Que en la cruz fuiste vencido,

Vence a -fulano de tal-,

Que esté vencido conmigo…

Ella no se anda con medias tintas, la más poderosa y temible de todas las deidades: La Santa Muerte, la Niña Blanca, la Santísima. A sus santuarios llega algo de marginalidad, de fronterizo límite social pidiendo la caricia de sus dedos-hueso. La Niña Blanca sólo pide lo mismo que sus siervos le suplican: sentirse iguales, acariciados, escuchados, queridos. Ella, con esa pinta de enemiga, de terrible guardiana, sólo quiere cariños y lealtad, que le recuerden a cada rato, que Ella es la única a la que sus fieles acudirán cuando tengan penurias.

Los católicos, ignotos que ellos adoran la imagen de un carpintero semidesnudo cubierto en llagas, con los huesos salientes, con la cara de trauma, de agonía; una muerte terrible y ardiente colgada de una cruz; una muerte sanguinolenta; una martirio sádico de horas y horas… dicen asustarse de la Santa Niña. Que Ella sí, desafiante, les recuerda a todos su cadavérica natura tras la sangre y el latir carótido de la palabra vida.  Por ello tiene el mundo a sus manos o a sus pies, una guadaña que no respeta ni a María, ni a Magdalena en su ofendida santidad.

¿Cómo voy a sentirme santo? Yo que soy ladrón, yo que soy puta, yo que mato por vivir (policía), yo que mato por vivir (sicario), yo que cobro por vivir (chichifo), yo que dicen que no entraré al reino de Dios (homosexual barriobajero), yo que tengo tanto odio con tanto hombre que se dice santo, y sólo a dañar se ha enseñado, y  este odio no se va, me consume (migrante centroamericana violada)… por eso me uno a ti, Niña. Tú sí me entiendes. Tú sí sabes consolarme cuando la hipocresía de los otros Santos huyen de mi mugre, de mis manos, tú sí entiendes mis deseos de venganza, mi sentir de humano pisoteado. Tú sí me darás protección bajo tu manto cenizoso e inmortal cuando las otras deidades se han asqueado de mi ser. A ti sí te puedo mirar el rostro y sentirme en comprensión. Tú sí me cobrarás caro todo el daño que me han hecho.

Si no fuera porque tampoco existes. Porque también eres parte de un imaginario proletario que pide a gritos igualdad y trato digno. Si no fuera porque al igual que las otras deidades de todos los tiempos, eres un reflejo de quien te reza. Si no fuera porque eres un arquetipo de venganza, de justicia marginal, reflexión de aire sobre un mundo triste y una realidad social que se aferra a ti como consuelo ficticio. Si no fuera porque sólo vives en la imaginación de todos tus adeptos, también a ti Niña Blanca yo te rezaría, porque eres genuina, eres devastadora y lo ostentas con orgullo. No te disfrazas en la hipocresía de la pureza.

Quien te reza a ti, Señora Muerte, es como tú: peligroso, portador altivo de una frase que resume su blasón: Cuidado, no juegues conmigo, soy lo que ves, atente al juego si así quieres, pero recuerda que si titubeas, que si me fallas, te puedes cortar con el filo de mi larga Oz.

Verdor Maldoso

Me encanta su juego de palabras. Su intención poética de contrario en ese nombre musical: la maldad y el verdor; ¿y qué es eso que es verdino y maligno? La marihuana dicen. Es fresca pero su tráfico se ha empapado de sangre, de negro, de rojo, de coágulos, amputaciones, angustia y velorios pólvora. Por eso soy Malverde, que rima con malverse, con bien verse, bien mirarse en el retrovisor del tráiler una vez dada mi bendición en mi santuario custodiado por mis hijos metralleta. Porque mi protección, en amuletos se esparce por el marketing, deshaciendo las fronteras en camisas, pulseras, carteras, carterones y playeras, identificando al narco, al narquillo, al sicario, a las flacas (nuestras hijas guerreras de la droga), a la abuela que ha acudido a que le cuide su progenie traficante.

Con un nombre santo impostado antes del apellido coral: Jesús. Jesús Malverde fue un ladrón que fue colgado ante la amenaza de que quien le diera sepultura moriría del mismo modo. Arrojado a una fosa común, su sepulcro fueron las piedras de los paseantes que –pasando por ahí- arrojaban queriendo tapar los restos del ladrón insepulto. Sepa por qué razón, con cada piedra lanzada, el truhán les concedía un milagro a los que se apiadaban de su castigo a la intemperie. El montículo de piedras creció, haciendo crecer la fama milagrosa de este personaje de cuestionable reputación. Un ranchero guapetón que no tiene biografía escrita (sino oral) es la hagiografía de Malverde; un antihéroe que a diferencia de la Santa Muerte, no concede milagros a cualquiera. Señor Verdor Maligno sí distingue a sus adeptos de aquellos que sólo juegan con su nombre. Cuidado lector curioso, este santo prohibido se ve bonachón pero recuerden que en vida fue un bellaco; él como nadie conoce los embustes, y a los embusteros disfrazados de creyentes.

Santo Patrón de los Tramposos protégeme a mí también, que yo como tú me pongo del lado de los truhanes con bella alma, de los maldosos con corazón noble, de los villanos que luchan contra héroes de apariencia afable y moral corrupta. Yo te entiendo guapo ladrón que les robas el corazón a muchas, pues yo también les pongo el pie a los buenos, a los mustios, a los mojigatos. Y espero sinceramente que tu mano rápida les quite el sueño a tantos pelagatos. Que tu leyenda se extienda como la pólvora de tus sicarios y aplaste –o por lo menos dañe, angustie, socave- a los persignados timoratos de esta otra religión más dañina y venenosa que permea a mi México.

Señor Malverde. Mister Evilgreeen. Don Ladrón. Señor de las Tretas. Ten por seguro que si paso por tu tumba, o por alguno de tus altares en todo el mundo, de mí tendrás la más sincera piedra, la más bonita que te hayan concedido sobre tu efigie ficticia.

Divino Eunuco

Tu distrofia sexual te permitió quedar niño por siempre. Con tu voz atiplada, casi femenina, tus brazos flacuchos en ese torso que te quedaba un poco grande. Como un eunuco te rodeaste de mujeres a las que no podías tocar. Tu fama, en un revés del síndrome Malinche la inició un alemán al que curaste cuando tú eras su peón, allá en la hacienda El Espinazo, en Nuevo León. De eso más de un centenario y tus feligreses siguen adorando tu recuerdo eunuco de herbolario.

El Niño Fidencio traspasa sus poderes al representante de su iglesia, para que otras manos continúen su labor celícola aquí en la tierra año con año. Él, que fue una curiosidad de travestismo celeste, de forma asexuada y tenue que se disfrazaba de la Virgen, vaticinó su propia muerte. Le decían Mamita y a él le gustaba, le encantaban los flashes, las poses, las fotos que reflectaran su divinidad. Por medio del lodo donde hacia los emplastos con plantas medicinales curaba a decenas de tullidos, minusválidos, parapléjicos: toda una horda de quejosos que llegaban arrastrándose a los faldones de Mamita.

Curiosamente a ti Niño, que eras una peculiaridad de la Naturaleza, que podrías alterar a los mojigatos por tu sexualidad difusa, vacua, de escasa masculinidad por tu ausencia de gónadas desarrolladas, por tus andares maternales y ese gusto por las capas femeninas; curiosamente de ti he encontrado sólo cosas buenas. Tu culto es afable como fuiste tú: incluyente y amistoso. Tú no eres una deidad oscura pero sí prohibida. Trabajabas día y noche para curar a tus enfermos, y fue la ingesta alcohólica de tus emplastos, de tus medicinales curas, que cumplió la profecía de la muerte joven en forma de cirrosis. Ahora las voces de tus médiums copian tu tiple, tu vocecilla juguetona y santa que evoca tu santidad hermafrodita.

Me gustas por distinto y porque tu bondad hacia los otros triunfó más allá del estigma sexual que tenías de nacimiento. Triunfaste en un tiempo donde otros hubieran terminado asesinados o invisibilizados simplemente por ser diferentes a la supuesta biología normal. Te erigiste Santo en una época aún retrógrada, en una época que castigaba con violencia al que se antojaba diferente de la media. En un tiempo dificultoso, de balas restallando por doquier, jugaste como niño que eras, jugando incluso con el mismo Plutarco Elías Calles en plena guerra cristera, saliendo completamente ileso del encuentro.

Tu culto pasó inofensivo, mientras cientos de católicos huían despavoridos por las balas de la persecución. Te fuiste cuando te tenías que ir Niño Fidencio. Quizá este mundo no te habría entendido si te hubieras quedado un poco más. Quizá te fuiste antes de que este mundo cruel y fisgón reparara  en esa peculiaridad sexual tuya que ahora tanto sigue incomodando.

El Cristonaco

“Si eres pobre te pongo el dolor y me gritas y me pides con el llanto y Yo no te oiré,  así como tú no me oíste, si eres rico te mando el dolor aunque te encimes a tus médicos y las medicinas no te alivian y te mueres porque así es mi voluntad y de que te sirvió tu sobervia (Sic.)”

Ese Dios que se parió a sí mismo a través de una adolescente en una región mugrosa, que no encontró mejor solución para expiar los pecados que Él mismo impuso que matarse a sí mismo de la forma más tortuosa que pueda existir. Ese Dios del que se han valido los poderosos para ponerle permisos a los sentimientos; que han usado su Nombre para arrasar tierras, y gente, e ideas de los que se oponen a los portadores sádicos de la batuta de ese ente invisible. Ese mismo Dios que usa al ser más bello que creó como carcelero de un infierno injusto, alegando aún así comprensión y amor infinito. Ese Dios incongruente, limítrofe y bárbaro se parió por segunda vez en un pueblo grisoso de México. No me extraña en lo más mínimo su decisión. Se engendró la primera vez en una región paupérrima. Se engendró la segunda vez en un lugar aún más deplorable.

El nombre del Cristoñero, del Cristonaco era Leonardo Alcalá Leos y emigró muy joven a la Ciudad Gris desde Guadalajara. El tapatío convertido en chilango erigió su templo con doce leyes que Él mismo se reveló a los 9 años, y al igual que su primer reencarnación murió de la misma forma deshonrosa. La primera crucificado en una tabla, vapuleado por la chusma. La segunda, crucificado igual pero de un semáforo, ésta vez aplaudido por la chusma.  De la muerte primera no existen textos confiables que nos cuenten a detalle qué pasó: un montón de pergaminos manoseados, corregidos y aumentados a través de los siglos, con autores anónimos y plagados de glosas de distintos escribas. De la segunda muerte tampoco: notas del periódico alarma y la prensa, además de una película de bajísimo presupuesto perdida en los anales del cine de ficheras.

El primer cumpleaños se celebra el 24 de diciembre, bastante inexacto al aniversario del nacimiento de este Dios: en realidad esta fecha es la de la Saturnalia, una fiesta pagana romana que tributaba al solsticio de invierno. El segundo cumpleaños sí es exacto y se celebra el 12 de septiembre: una copia del acta de nacimiento de Leonardo Alcalá comprueba la exactitud del natalicio. Aunque tu culto se esté evaporando en la miseria que te engendró, sabes bien que así empezó tu primera venida: tus seguidores eran un montón de pordioseros tilosos y desesperanzados que después fueron jalando a intelectuales paganos que le hicieron enmiendas a tu fe depauperada. Sí, porque aunque tú hablaste arameo en tu primer venida (una lengua chunda, vulgar) los cuatro evangelios oficiales están en griego jónico (una lengua elegante y refinada). Entonces ten fe que quizá tu segunda reencarnación, este tal Leonardo Alcalá, el Campesino Chilango, se corone por encima del Carpintero en unos 600 años, comenzando a esparcir sangre  y guerra como a ti te encanta. Unas nuevas Cruzadas tal vez para recuperar el nombre santo de Distrito Federal…

Loca fe que mueves Montañas, quédate en las mentes sanas, te lo pido yo que no soy creyente. Quédate con las personas listas que saben usarte sin caer en la locura. Amén.

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