Contra los homofóbicos

Ustedes son los agresivos, los que amedrentan, los que persiguen. Ustedes son los que nos impiden la entrada a lugares, nos niegan derechos, nos miran con desprecio, cada semana nos gritan ‘puto’ en el estadio con nefanda alegría.

Este texto es un contrataque. Es un texto enojado y dolido. Es un texto agresivo. Es un texto violento, pero que conste que la violencia la iniciaron ustedes. Es contra ustedes, los y las homofóbicos de a pie, de la ciudad y del campo, los jerarcas de la iglesia, los políticos, los terroristas. Matan a 49 personas y hieren de gravedad a 53 en Orlando, Florida, en un exitoso antro gay donde se presentaron artistas trans en noche latina, y en Twitter hay quienes justifican al terrorista estadounidense y #MatarGaysNoEsDelito se vuelve trending topic en la Ciudad de México, como si la sexualidad específica de las víctimas fuera atenuante de la masacre. ¿En qué mundo vivimos?

En México llevan casi un mes declarando públicamente su homofobia, criticando las iniciativas de ley del Presidente de la República sin ningún argumento, pura cantaleta podrida. Que si no somos naturales, que si somos un poder fáctico transnacional con intereses oscuros, que si la OMS se equivocó al retirar la homosexualidad de su lista de enfermedades; que si dios nos quiere, pero no nos acepta tal como somos. Es muy difícil discutir abiertamente con ustedes, porque se apoyan exclusivamente en dogmas inquebrantables, en refritos de hace miles de años que quién sabe quién escribió, pensando en qué, en un libro tanto interesante cuanto fantástico. Insisto: ustedes no tienen argumentos. No tienen la razón. Nunca la tuvieron.

Apuradamente decretan que no somos naturales, que somos… ¿qué somos? Como si no estuviera perfectamente documentado que en el reino animal existen al menos 450 especies con comportamiento homosexual, con mucha convivencia, con penetración anal. Lo hacen los caballos y los pingüinos y los leones y los delfines. Como si nuestro gusto por nuestros congéneres no viniera directamente de nuestros genitales, se transmitiera químicamente por nuestras hormonas y pasara por nuestro cerebro. Mens et manus, mente y manos, como dicen en el MIT (una institución de excelencia académica totalmente plural y diversa). Todo aquel que haya tenido una erección o cuya vagina se haya mojado repentinamente sabe de lo que estoy hablando. Son ganas que llegan, fulminantes, ineludibles. Para ser tan retorcidos como ustedes nos piensan no nos hace falta mayor esfuerzo.

¿Y qué si el ser humano fuera el único animal homosexual? También sería y es totalmente legítimo. Antes que naturaleza somos cultura. La cultura es la naturaleza humana. Pocas cosas más naturales que el sexo, que el placer carnal, que se culturaliza. La homosexualidad no es fenómeno reciente; hay registro de su existencia desde la antigüedad. En el mundo occidental, en la Antigua Grecia, y también en las civilizaciones mesoamericanas, en pueblos de Oriente y en tribus africanas y del Pacífico. Hombres tenían sexo con hombres antes de que ustedes nos llamaran sodomitas, mucho antes y mucho después de que Jesús apareciera en el mapa.

La homofobia no es natural, la inventó la iglesia y tuvo éxito en difundirla, en socializarla y hacerla parte del sentido común. La religión es una construcción social, una de las más clásicas de ellas. Las religiones, especialmente las monoteístas, suelen tener una vena totalizante, intolerante, excluyente, porque su dios es el Dios verdadero, el único válido, el mero mero; y los demás, que son muchísimos, son farsantes. Antes de la Ilustración, hubo más de un siglo de cruentas guerras de religión por toda Europa entre cristianos. ¿Y es que cómo puede ser que alguien piense diferente de ustedes? Les enoja mucho, me imagino. Las religiones son un efectivo mecanismo de control social en manos de las iglesias. La Iglesia católica históricamente ha sido una institución del poder conservador, en defensa de los privilegiados. Ustedes son los opresores y siempre lo han sido; son profundamente autoritarios. En América Latina, bastión del catolicismo, surgió la Teología de la Liberación a favor de los de abajo. Juan Pablo Segundo, ese viejo anticomunista (no lo quiere todo el mundo), usó su poder internacional para deshacerse de ella. A veces me dan ganas de citar a Bakunin, quien corrige a Voltaire: si dios existiera, habría que matarlo.

Para ustedes somos antinaturales, inmorales, peligrosos (cercanos al buen Satanás, el eterno rebelde) y estamos enfermos, desviados, incorrectos. Algo está mal con nosotros, pues. Bueno, ahora hablemos de ustedes. ¿Qué me dicen de la pederastia que día con día varios de ustedes practican y cobijan? Por si faltara más contexto, recomiendo ampliamente el largometraje Spotlight, ganador del Oscar a mejor película, que trata sobre una investigación periodística sobre la enorme pederastia eclesial encubierta en Boston, Massachusetts, una ciudad católica, blanca, próspera. Ustedes se autoimponen un cinturón de castidad, el celibato, que por supuesto no detiene sus erecciones. Y van y buscan a la gente más vulnerable, la que se les acerca de buena fe en busca de guía, deposita su confianza en ustedes, que los respeta, que los ve para arriba y los escucha, y ustedes utilizan esa cercanía, se aprovechan de la jerarquía, para satisfacer sus antojos más mundanos y egoístas, causando trastornos emocionales, mentales y sociales de por vida. ¡Ustedes son los que lesionan a la niñez y a la juventud, culeros de mierda!  Ustedes son los depredadores, los victimarios, los que violentan y salen impunes. Ya entrados en esto, cuéntenme: ¿Por qué abusan de niños de su mismo sexo, con pene y ano al igual que ustedes? Ya sé que no todos los curas son pederastas y qué bueno, faltaba más, no se pasen de verga. Pero sin duda las máximas autoridades eclesiásticas los protegen estructuralmente, los encubren, les ofrecen una salida fácil, cobarde. No enfrentan a la justicia, ni siquiera la divina. Sus abusos y atropellos están plenamente documentados y hay casos en todo el mundo. En contraste, no se sabe de ningún matrimonio entre personas del mismo sexo que haya maltratado a sus hijos. Se preocupan por cómo van a crecer esos niños, en esos hogares. Sin duda mucho peor si ustedes continúan siendo como son, juzgando sin pudor ni empatía, sin humanidad, con sus moralinas hipócritas y represoras, con sus crímenes sexuales.

Ustedes son los agresivos, los que amedrentan, los que persiguen. Nosotros no. Nosotros vivimos nuestra vida, nuestros afectos, nuestros placeres y no hacemos daño a nadie. Ser como somos y vivir como vivimos de ninguna manera les impide ser y vivir como ustedes quieran. Como denunciara Sor Juana: ‘en perseguirme, mundo, ¿qué interesas? ¿En qué te ofendo cuando sólo intento poner bellezas en mi pensamiento y no mi pensamiento en las bellezas?’

Ustedes son los que nos impiden la entrada a lugares, nos niegan derechos, nos miran con desprecio, cada semana nos gritan ‘puto’ en el estadio con nefanda alegría. Es cierto, nosotros no procreamos (y eso está por verse, Santa Ciencia Bendita), y eso qué más da. Tenemos libre albedrío, no la obligación de tener relaciones sexuales para hacer nacer a un bebé, que no a un conjunto de células. Además, no hace falta esforzarse por perpetuar la especie, eso va a darse solito. ¿Ya vieron cuántos miles de millones de personas vivimos en el mundo? ¿Ya vieron cuántos no tienen hogar ni alimentación ni atención médica ni educación? Y si adoptamos no será porque “peor es nada”, sino porque es nuestro derecho, porque vamos a ofrecer una mejor vida al pequeño humano que adoptemos. Porque somos gente cariñosa, sensible, más abierta, protectora de los nuestros, en muchos casos con “ideología de género”, que es una ideología incluyente, respetuosa, igualitaria. Porque nuestros hijos siempre serán planeados y no consecuencia de la calentura, de una insensatez producto de un ideal virginal retrógrado y pendejo, de la falta de información y la ignorancia que ustedes promueven. Porque somos conscientes de las adversidades que enfrentamos y enfrentarían nuestros hijos, otra vez, por culpa de gente como ustedes. Gente intolerante, incivilizada, decadente, jodida.

Ay sí, ay sí, táchenme de intolerante por señalar su intolerancia y decirles que son unos imbéciles, porque lo son. Apelen a su libertad de creencia y de expresión, adelante, que yo estoy ejerciendo la mía. Tu opinión no es suficiente. Tu opinión es una mierda. Estás equivocado. Estás en el error. No me interesa caerte bien. No quiero que me quieras. Me vale madres tu bendición. Tú no tienes autoridad sobre mí. No te necesito. Yo vivo de agua fresca, no estancada como la bendita. A la Iglesia católica la odio y la desprecio, me aburre y me estorba. Pero no me es ajena, porque se lanza en contra mía y de los míos y no voy a permitirlo. Vas a respetar nuestros derechos, te guste o no. Vas a someterte al poder público, a la Constitución Política, te guste o no. En México gobierna el César y al César también le gustaban los hombres. ¡Viva Carlomagno!

Por fortuna no todos los heterosexuales ni todos los creyentes son homofóbicos; la gran mayoría de los que forman parte de mi vida no lo son. Tenemos muchos aliados. Tenemos mucha gente querida. Tenemos diversos apoyos. No estamos solos. No somos pocos. ¿Qué sabes tú de amor y solidaridad con el prójimo, tú qué tanto cacareas y luego desvías la mirada cuando no ocurre en tus términos? ¿Saben ustedes el número de muy queridas mujeres amigas que tenemos, las mismas que ustedes abiertamente relegan a un segundo lugar, a quienes una y otra vez niegan su soberanía corporal? ¿Saben de la existencia de múltiples espacios donde nos expresamos libremente y así nos quieren y acogen, como en el Pulse? ¿Saben la cantidad de amigos heterosexuales que nos tienden la mano, nos dan palmadas en la espalda y nos ofrecen su hombro para llorar (y también de repente su pene erecto para disfrutar)? Y esto no es tolerancia ni filantropía, es una sana amistad humana, proviene de un sencillo y profundo respeto mutuo.

Hermanas y hermanos de la diversidad sexual, personas trans, bisexuales y gays y lesbianas, personas sin género, personas que se resisten a la etiqueta, todes ustedes, de México y del mundo, quiero decirles que les quiero mucho. Que su existencia alegra la mía. Que me da mucho gusto compartir el mundo con ustedes. Que los quiero vivos y coleando y los quiero ver triunfar. Que tienen aquí un amigo, un aliado, uno de los suyos. Somos millones y estamos en absolutamente todo el mundo, en cada rincón del planeta. El gran miedo que algunos nos tienen también nos da mucho poder. Aprovechémoslo. Organicémonos. Defendámonos. Aquí estamos y no nos vamos.

Not afraid and proud!

¡Venceremos!

Santiago Álvarez Campero, un pinche puto.


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