Moviendo a México… a crecer menos

El anuncio hecho hoy por Agustín Carstens de un recorte a los pronósticos de crecimiento económico para 2016 se suma a las sospechas de distintos analistas económicos de que se asoma una recesión económica para México.

Por Carlos Brown Solà

En medio de todo el caos entre la visita de Trump a México para encontrarse con el presidente Peña y el impeachment de Dilma, el Banco de México presentó hoy su Informe Trimestral de abril-junio de 2016. En estas publicaciones, el banco central mexicano suele presentar las decisiones de política monetaria, el contexto nacional e internacional y las proyecciones para los principales indicadores económicos mexicanos.

Una vez más, este informe vino sin sorpresas: el pronóstico de crecimiento económico para 2016 se actualizó (otra vez) a la baja, para ubicarse en un rango entre 1.7 y 2.5 por ciento, desde uno de 2 a 3 por ciento. Este rango esperado se encuentra justo por debajo del crecimiento alcanzado el año pasado, que fue de 2.5 por ciento.

El anuncio hecho hoy por Agustín Carstens se suma a las sospechas de distintos analistas económicos de que se asoma una recesión económica para México. Apenas el pasado 22 de agosto, el INEGI reportó que el producto interno bruto (PIB) durante el segundo trimestre de 2016 se redujo en -0.2% de manera real con respecto al mismo período de 2015. Esto implica que, de enfrentar una reducción en el próximo trimestre de este año, estaríamos entrando a una recesión técnica [1].

Ha habido diversas señales del lado del gasto para creer que estamos por entrar a una recesión, como ya ha mencionado Jonathan Heath en esta columna: además del recorte al gasto público por parte de la Secretaría de Hacienda y el alza de las tasas de interés de referencia hecha por Banxico para hacer frente a las decisiones de política monetaria de las economías desarrolladas ­­–especialmente Estados Unidos–, los índices manufactureros, los datos de consumo privado, la inversión fija y las exportaciones han tenido un comportamiento a la baja en los últimos meses, en mayor o menor medida. Dicho de otra manera, ninguno de los componentes del producto interno bruto por el lado del gasto muestra un comportamiento favorable, lo que podría terminar de confirmar las sospechas.

Esto se suma a que la próxima semana, la Secretaría de Hacienda propondrá el Proyecto del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2017 que se discutirá este año en el Congreso, donde se decide cómo se gastará el presupuesto público el próximo año; y al anuncio de hace unas horas de que la deuda externa pública de México ha aumentado casi 10% en los últimos 7 meses en un entorno de bajo crecimiento nacional.

En las próximas semanas sabremos si estos indicadores reflejan una tendencia a la baja o si es sólo un choque temporal en la economía mexicana, por lo que este tema debe mantenerse en el centro del debate. Una recesión económica tiene un impacto directo en la población del país y sus carteras, al implicar que la economía no está creciendo (e, incluso, está reduciéndose) para satisfacer las necesidades de la población general, a pesar de las promesas hechas a raíz de la agenda de reformas estructurales promovida por el actual gobierno federal.


[1] Para entender mejor el debate sobre la definición de recesión en México, recomiendo este texto de Marco Gómez Lovera.

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